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jueves 19 septiembre 2019
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Testimonio. JMJ: “Gracias a mi experiencia de vida en la pobreza, aprendí que mi fe en Cristo me ayuda a enfrentarme con cualquier circunstancia que me toque vivir”

Graciela Arandia. Cracovia: Gracias a mi experiencia de vida en la pobreza, aprendí que mi fe en Cristo me ayuda a enfrentarme con cualquier circunstancia que me toque vivir. Esta verdad no equivale a una vida de paz o fácil. A pesar de todo nuestro dolor, cada vez creo con mayor fuerza que Dios existe. A veces pienso que a través de nuestro propio dolor Él nos enseña el sentido verdadero del amor. Mi fe en Cristo es la razón de mi alegría y esperanza. Nadie podrá robarme esta verdadera alegría, nunca, este fue el testimonio de Rand Mittri de 26 años , nacida en  Alepo, Siria que escucho el Papa Francisco en la celebracion de la Vigilia Pascual del sabado 30 de julio en el campus CAMPUS MISERICORDIAE.

Me llamo

Puede que sea difícil para muchos de ustedes saber y comprender la magnitud de lo que sucede en mi querido país, Siria. Es muy difícil para mí poder expresar con palabras toda una vida de dolor, pero trataré de compartir algunos aspectos de nuestra realidad.

La muerte sobrevuela sobre nosotros cada día. Como todos ustedes, también nosotros cerramos la puerta de casa cada mañana, cuando salimos al  trabajo o a la escuela. En esos momentos el miedo nos invade porque no sabemos si podremos volver a casa, ni sabemos que sucederá con la familia durante nuestra ausencia. Podemos morir cualquier día, nosotros o nuestras familias. Es muy duro y doloroso vivir rodeados por la muerte y el asesinato, y saber que no hay forma de escapar: nadie puede ayudarnos.

¿Es posible que este sea el final y que hayamos nacido para morir en el dolor? ¿Acaso no nacimos para vivir, y vivir una vida lo más plenamente posible? Mi experiencia con esta guerra ha sido áspera y difícil, me ha hecho madurar, crecer antes de tiempo y ver las cosas bajo una perspectiva diferente.

Presto servicios en el Centro Don Bosco, en Alepo. Nuestro Centro acoge a más de 700 hombres y mujeres jóvenes, que solo esperan una sonrisa y una palabra de aliento. Ellos también buscan algo de lo que carecen en algún aspecto de sus vidas: un trato verdaderamente humano. Sin embargo, me resulta muy difícil transmitir alegría y fe a otros, cuando yo mismo me siento roto por dentro por esas cosas en mi vida.

 Gracias a todos. Y de verdad les pido que recen por Siria, mi amado país.

Fotografia: Facebook- JMJ.

Graciela Arandia de Hidalgo



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