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viernes 22 noviembre 2019
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Tenemos que ver con ojos de Dios el futuro de nuestra Patria, dice Mons. Estanislao

Campanas. Luego de participar en el Sínodo Amazónico del 6 al 27 de octubre en Roma, Mons. Estanislao Dowlaszewicz, presidió la celebración Eucarística el domingo 3 de noviembre en el Altar Papal, en el Cristo Redentor, rezando y pidiendo por la Paz de Bolivia.

El Evangelio de Lucas que hemos escuchado se puede resumir en una expresión que dice todo. La mirada de Dios. La mirada de Zaqueo y la mirada de la gente, Zaqueo, un personaje, cuyo encuentro con Jesús va a cambiar toda su vida. A partir de esa mirada del divino Maestro que “comienza el milagro de la conversión del pecador de Jericó. “La mirada misericordiosa del Señor nos alcanza antes de que nosotros mismos nos demos cuenta de que necesitamos de ser salvados”, dijo Mons. Estanislao

Así mismo Mons. Afirmó que esta historia de Zaqueo se repite cada día también aquí y ahora. Son muchos los que, tras una vida desorientada, se encuentran con el Señor y su vida cambia radicalmente.

El prelado dijo: Quiero que seas libre y sin miedo, que no te intimides por el deseo de revancha ni de violencia. Quiero que sepas que la violencia no es el sinónimo de fuerza sino de debilidad. Quiero que sepas que la verdad es inalterable y firme. Que no se la pueda destruir ni arruinar a través de unas decisiones o algún decreto.

Quiero que sepas, donde hay injusticia, violencia, hipocresía, irrespeto a los derechos humanos ahí no hay lugar para el amor, no hay lugar para el corazón, no hay lugar para desinterés ni tampoco hay espacio a la renuncia a algo.

Quiero que sepas que ser libres hoy día significa vivir de acuerdo con su conciencia. Quiero que no te dejes vencer por el mal; antes bien, vence al mal con el bien. Manténgase perseverante y unido. Resista pacíficamente es tu propósito, expresó Mons. Estanislao.

Así mismo afirmó que el encuentro con Jesús no puede dejar a nadie indiferente, cambia la vida haciéndola más austera, más solidaria, más generosa, más humana, más feliz.

El Obispo Auxiliar de Santa Cruz pidió que la  Virgen María nos obtenga la gracia de sentir siempre sobre nosotros la mirada misericordiosa de Jesús, para salir al encuentro con misericordia de los que se han equivocado, para que ellos también puedan recibir a Jesús, que “ha venido a buscar y salvar lo que se había perdido.

 También Monseñor  pidió:  “No te dejes vencer por el mal… antes bien, vence al mal con el bien”

Ustedes  me han enriquecido con su testimonio de fe  y de civismo y de ser Cruceños de oro, no se dejen vencer por el  mal, dijo Mons. Estanislao.

 

 Homilía Completa

Domingo XXXI del Tiempo Ordinario (Ciclo C)

El Cristo (3 de noviembre de 2019)

 

Queridos Hermanos y Hermanas en Cristo reunidos aquí en este lugar muy emblemático, histórico porque aquí se vivía grandes momentos de nuestra historia de Santa Cruz. En estos días nuevamente este lugar y toda la ciudad son testigos de grandes acontecimientos.

Para entender algo de lo que pasa miremos con ojos de fe, los católicos y los hermanos de otras iglesias si están aquí presentes participando juntos en la oración con nosotros. Somos ahora una y unida familia cruceña.

El Evangelio de Lucas que hemos escuchado se puede resumir en una expresión que dice todo. La mirada de Dios. La mirada de Zaqueo y la mirada de la gente.

En su camino hacia Jerusalén, Jesús llega a Jericó, ciudad situada a unos 30 km. de la ciudad santa. El Evangelio nos presenta hoy a Zaqueo, un personaje, cuyo encuentro con Jesús va a cambiar toda su vida. Zaqueo era un hombre rico que recaudaba impuestos por cuenta del Imperio Romano y lo hacía no de manera honesta sino pidiendo “soborno” y “esto aumentaba el desprecio por él”.  

Zaqueo además era un hombre de pequeña estatura. Algo habría oído sobre Jesús y está decidido de ver a Jesús. Su deseo de verle era tal que nada ni nadie se lo va a impedir: se sube a un árbol por donde iba a pasar Jesús. Lo más importante para él es mirar al Hombre que pasaba de lejos.

Pero cuando Jesús llega cerca de él, levanta su mirada y lo ve. Y “esto es importante” porque “la primera mirada no es la de Zaqueo, sino la de Jesús” que busca entre tanta gente el rostro del pecador. La mirada de Jesús.

Cuando Jesús llegó al sitio, alzó la vista y le dijo: Zaqueo, baja pronto, porque hoy tengo que hospedarme en tu casa. Zaqueo baja rápidamente, y lo recibió muy contento.

A partir de esa mirada del divino Maestro que “comienza el milagro de la conversión del pecador de Jericó”. Jesús llama a Zaqueo por su nombre, invitándolo a bajar del árbol porque tiene “que parar en su casa”. Y sin reproches le dice que debe ir a su casa porque ésta “es la voluntad del Padre”.

“La mirada misericordiosa del Señor nos alcanza antes de que nosotros mismos nos demos cuenta de que necesitamos de ser salvados”.

La misericordia de Dios no tiene límites. Bonito lo expresa la primera lectura de hoy, tomada del libro de la Sabiduría:

“Tú te compadeces de todos, porque todo lo puedes, y apartas los ojos de los pecados de los hombres para que ellos se conviertan. Tú amas todo lo que existe y no aborreces nada de lo que has hecho, porque si hubieras odiado algo, no lo habrás creado”

Pronto empezaron las murmuraciones. La mirada de la gente. Jesús se iba a hospedar a casa de un pecador. La multitud es el obstáculo que impide a Zaqueo ver a Jesús y la multitud es la que se enoja cuando Jesús opta por quedarse con Zaqueo.

Para la multitud, por sus prejuicios, era imposible pensar que Zaqueo fuera un hombre justo, en cambio Jesús no lo llama pecador, lo llama hijo de Abraham.

Comer con un pecador era volverse impuro, ir contra la ley y hasta contra las formas tradicionales de la fe. Pisar la casa de un pecador público siempre es motivo de murmuración y de crítica, de escándalo. y desconocen la compasión y misericordia de Dios.

Zaqueo recibe con alegría al Señor, organiza un banquete, y le promete un cambio de vida: Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres, y a quien haya defraudado le devolveré cuatro veces más.

Zaqueo no se queda en buenos sentimientos ni en palabras bonitas, va al grano y se desprende de aquellas cosas que podían atar su corazón. Y sólo así pudo escuchar de labios de Jesús: Hoy ha llegado la salvación a esta casa, ya que también él es hijo de Abrahán

.Esta historia de Zaqueo se repite cada día también aquí y ahora. Son muchos los que, tras una vida desorientada, se encuentran con el Señor y su vida cambia radicalmente.

También nosotros debemos preguntaros si realmente queremos ver y encontrarnos con el Señor. Paro él es primero para vernos y mirarnos por dentro con amor.

Como dijo a Zaqueo nos dice a nosotros hoy y aquí:

Quiero entrar a tu casa, a tu vida, a la sociedad, a la vecindad, a las familias, a los colegios y universidades.

Quiero que seas libre y sin miedo, que no te intimides por el deseo de revancha ni de violencia.

Quiero que sepas que la violencia no es el sinónimo de fuerza sino de debilidad.

Quiero que sepas que la verdad es inalterable y firme. Que no se la pueda destruir ni arruinar atravesó de unas decisiones o algún decreto.

Quiero que sepas, donde hay injusticia, violencia, hipocresía, irrespeto a los derechos humanos ahí no hay lugar para el amor, no hay lugar para el corazón, no hay lugar para desinterés ni tampoco hay espacio a la renuncia a algo.

Quiero que sepas que ser libres hoy día significa vivir de acuerdo con su conciencia.

Quiero que no te dejes vencer por el mal; antes bien, vence al mal con el bien. Manténgase perseverante y unido. Resista pacíficamente es tu propósito.

El encuentro con Jesús no puede dejar a nadie indiferente, cambia la vida haciéndola más austera, más solidaria, más generosa, más humana, más feliz.

En la Eucaristía recibimos a Jesucristo como lo hizo Zaqueo, y su encuentro no fue superficial, fue profundo y cambió toda su vida. Que nuestro Señor, nos conceda recibir a Jesucristo con la misma alegría y las mismas actitudes de Zaqueo.

Que la Virgen María nos obtenga la gracia de sentir siempre sobre nosotros la mirada misericordiosa de Jesús, para salir al encuentro con misericordia de los que se han equivocado, para que ellos también puedan recibir a Jesús, que “ha venido a buscar y salvar lo que se había perdido.

Graciela Arandia de Hidalgo



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