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martes 4 agosto 2020
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Sigamos los pasos de Jesús y “Seamos operadores de Paz, justicia, libertad, y amor, pide Arzobispo en esta Navidad”

Campanas. Desde la Basílica Menor de San Lorenzo Mártir – Catedral, en la tradicional misa de gallo, el Arzobispo de Santa Cruz, Mons. Sergio Alfredo  Gualberti Calandrina, aseguró que la Navidad nos llama a seguir los pasos de Jesús, el Príncipe de la paz, y a convertirnos en “operadores de paz”, de justicia, libertad, verdad y amor. Un compromiso a llevar como testigos alegres y valientes del Príncipe de la paz, del perdón, de la reconciliación y del amor.

Además nos colma de alegría saber que Jesús vino al mundo por cada uno de nosotros y que en él nos ha hecho hermanos entre todos, sin distinción alguna, llamados a construir un mundo de justicia y paz. Este es el motivo por el que debemos comprometernos en derribar los muros y barreras físicos y morales, en dejar a un lado resentimientos y rencores, en superar los prejuicios, en eliminar las divisiones y en desechar intereses personales e ideologías intolerantes que nos oponen, dijo el Prelado.

También el Arzobispo aseguró que Dios se ha hecho uno como nosotros y se ha solidarizado con nuestra condición humana, con sus limitaciones, fragilidades y debilidades, solamente por su amor sin límites y para liberarnos del pecado, el mal y la muerte. En el Niño Dios todos nos sentimos amados, acogidos, preciosos y únicos ante los ojos del Creador. Saber que Dios nos ama a todos, nos ayuda a tomar conciencia de lo que vale la vida de cada ser humano, desde su primer instante hasta su ocaso natural.

 Así mismo Monseñor Sergio dijo; Ser operadores de paz, nos compromete a practicar la no-violencia y a desarmar los infiernos de la violencia, las divisiones y enfrentamientos. En este sentido, hemos vivido una experiencia ilustrativa durante la crisis social y política de este año en nuestro país. Allí, la gran mayoría de la población, al pedir el respeto del voto ciudadano y la democracia, ha optado por los medios pacíficos. Gracias a ese esfuerzo de paz, a las oraciones, sacrificios y privaciones de tantas personas, se ha pacificado el país y se ha superado el serio peligro de una confrontación general con consecuencias nefastas incalculables.

El prelado nos exhortó a que atesoremos esta experiencia y sigamos trabajando con tesón y valentía para afianzar el proceso actual de pacificación y mirar con esperanza al desafío de consolidar la democracia en nuestro país.

Al finalizar su homilía el Arzobispo pidió que el Príncipe de Paz, en esta Santa Navidad, traiga paz, serenidad y dicha a todas  a las familias y a todo el pueblo de nuestra Arquidiócesis de Santa Cruz. En particular, que el Niño Dios haga sentir el calor de su amor y cercanía a los niños huérfanos y de la calle, a las personas solas y abandonadas, a los enfermos y ancianos, a los privados de libertad y a los migrantes que están lejos de su hogar, concluyó.

 

 

Homilía de Mons. Sergio Gualberti, Arzobispo de Santa Cruz

24/12/2019 “Misa de Gallo”

Les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor”, son las palabras del Ángel a los pastores que vuelven a resonar para nosotros esta noche. Esta noticia es gran alegría también por nosotros, como lo fue para el pueblo de Judá. Alegría porque el Salvador vuelve a nacer hoy para liberarnos de las tinieblas del mal y del pecado y hacernos partícipes de su vida, como el profeta Isaías había anunciado siglos antes: “El pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz”.

Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre”. A los pastores no se les da ninguna señal extraordinaria ni espectacular, solo un niño envuelto en pañales que, como todos los niños, necesita los cuidados maternos. Puede causar extrañeza que el Señor haya nacido en un establo y que no esté acostado en una cuna sino en un comedero de animales. Pero esta es la señal de Dios: un niño sencillo y pobre, señal que solo personas pobres y humildes como los pastores pueden entender y reconocer.

 Éste es el modo como el Hijo de Dios ejerce su señorío y reina. Él no viene con poderío humano y grandiosidad exterior, el busca nuestra adhesión libre y voluntaria por eso respeta nuestra libertad. Dios se ha hecho pequeño para que nosotros pudiéramos comprenderlo, acogerlo y darle nuestro amor. Él entra en la historia pobre entre los pobres, sin techo ni hogar: “No había lugar para ellos“, lejos de los centros de poder, del lujo y del prestigio porque nadie tiene que sentirse excluido ni temer en acercarse a él en el portal de Belén.

Pastores pobres y reyes magos se arrodillan de la misma manera para adorar al niño Dios, hecho que no sería posible en los palacios de los poderosos, allí solo entrarían los que cuentan en la sociedad.

Este Niño pobre es el Emanuel, el Dios con nosotros, que  quiere estar y caminar junto a nosotros compartiendo toda nuestra vida. Gracias al Emanuel que ha establecido su morada entre nosotros, el mundo se ha vuelto la casa común de todos, donde nadie es extranjero, donde todos merecen respeto y donde todos deben gozar de los medios para una vida digna. Por eso, es en la historia de cada día, en los gestos pequeños y cotidianos que se juega nuestra capacidad de reconocer al Señor, acogerlo y amarlo.

Por cierto, todos somos peregrinos, pero el niño Dios nos hace sentir como en casa en esta tierra santificada por su presencia. Una tierra donde todavía hay demasiadas inequidades e injusticias, y que nos pide trabajar para que sea de verdad una casa acogedora que brinda pan, amor y paz para todos.

Ante este acontecimiento maravilloso se eleva el canto de la multitud de Ángeles que alaban y agradecen a Dios: “Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres amados por él…”. Y nosotros esta noche nos unimos al coro de los Ángeles con alegría desbordante, porque Dios “amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en El no muera, sino que tenga vida eterna”  (Jn 3, 16).

Dios por amor nos ha dado la vida, por eso quiere que gocemos de su vida nueva que no tiene fin. San Ireneo tiene unas palabras muy hermosas al respecto: “La gloria de Dios consiste en que el hombre viva y la vida del hombre consiste en la visión de Dios.

Dios se ha hecho uno como nosotros y se ha solidarizado con nuestra condición humana, con sus limitaciones, fragilidades y debilidades, solamente por su amor sin límites y para liberarnos del pecado, el mal y la muerte. En el Niño Dios todos nos sentimos amados, acogidos, preciosos y únicos ante los ojos del Creador. Saber que Dios nos ama a todos, nos ayuda a tomar conciencia de lo que vale la vida de cada ser humano, desde su primer instante hasta su ocaso natural.

Además nos colma de alegría saber que Jesús vino al mundo por cada uno de nosotros y que en él nos ha hecho hermanos entre todos, sin distinción alguna, llamados a construir un mundo de justicia y paz. Este es el motivo por el que debemos comprometernos en derribar los muros y barreras físicos y morales, en dejar a un lado resentimientos y rencores, en superar los prejuicios, en eliminar las divisiones y en desechar intereses personales e ideologías intolerantes que nos oponen.

“Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres amados por él…”. Solamente habrá “paz en la tierra” si reconocemos el amor que Dios nos tiene a cada uno de nosotros como hijos suyos, y por consiguiente si nos tratamos como hermanos entre nosotros.

La paz es el don que nos trae Jesús, el Príncipe de la Paz, un don que pide nuestra acogida y colaboración. No cualquier paz, sino su Paz, fruto de su amor y su entrega a la humanidad: “La paz les dejo, mi Paz les doy”. Paz que es mucho más que la falta de conflicto y de guerra, paz que brota de nuevas relaciones con Dios y con los demás, y que es vida digna, armoniosa y fraterna para todos.  La Navidad nos llama a seguir los pasos de Jesús, el Príncipe de la paz, y a convertirnos en “operadores de paz”, de justicia, libertad, verdad y amor. Un compromiso a llevar como testigos alegres y valientes del Príncipe de la paz, del perdón, de la reconciliación y del amor.

Ser operadores de paz, nos compromete a practicar la no-violencia y a desarmar los infiernos de la violencia, las divisiones y enfrentamientos. En este sentido, hemos vivido una experiencia ilustrativa durante la crisis social y política de este año en nuestro país. Allí, la gran mayoría de la población, al pedir el respeto del voto ciudadano y la democracia, ha optado por los medios pacíficos. Gracias a ese esfuerzo de paz, a las oraciones, sacrificios y privaciones de tantas personas, se ha pacificado el país y se ha superado el serio peligro de una confrontación general con consecuencias nefastas incalculables.

 Atesoremos esta experiencia y sigamos a trabajar con tesón y valentía para afianzar el proceso actual de pacificación y mirar con esperanza al desafío de consolidar la democracia en nuestro país.

Que el Príncipe de Paz, en esta Santa Navidad, traiga paz, serenidad y dicha a ustedes aquí presentes, a las familias y a todo el pueblo de nuestra Arquidiócesis de Santa Cruz. En particular, que el Niño Dios haga sentir el calor de su amor y cercanía a los niños huérfanos y de la calle, a las personas solas y abandonadas, a los enfermos y ancianos, a los privados de libertad y a los migrantes que están lejos de su hogar.

Estas son mis Felicitaciones de Navidad para todos: “¡No tengan miedo! Les traigo una buena noticia, una gran alegría: hoy les ha nacido un salvador, el Mesías, el Señor”. Amén

Oficina de Prensa de la Arquidiócesis de Santa Cruz

Graciela Arandia de Hidalgo



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