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domingo 22 mayo 2022
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Siervas de María celebraron la fiesta de su Patrona, Nuestra Sra. De la Salud

Campanas. La Congregación Siervas de María, Ministras de los Enfermos celebraron el sábado 8 de mayo la fiesta de su Patrona, Nuestra Señora de la Salud, con una celebración Eucarística que fue presidida por Mons. Estanislao Dowlaszewicz, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Santa Cruz. Durante su homilía el prelado afirmó que la Virgen María, nos anima a no tener miedo de amar y ayudar a nuestro prójimo.

Mons. Estanislao Dowlaszewicz O. F. M. Conv., Obispo Responsable de la vida Religiosa, acompaño a las Hnas. Siervas de María-Ministras de los Enfermos Santa Cruz, en el aniversario de su patrona, nuestra Señora de la Salud.

El Obispo Auxiliar durante su homilía, destacó el fruto del amor como lo fue en la vida de la Virgen María, la obediencia; “Que se haga tu voluntad Señor”, “Yo soy tu sierva”. La obediencia y el amor es el fruto que cada uno de nosotros en este tiempo debe dar de sí mimo. San Pablo en su carta a los Efesios nos dice: “cuáles son y cuáles deben ser los frutos del amor´, también dice que: revertirse del hombre nuevo, no significa cambiar la camisa por otra, sino cambiar las actitudes, algunos gestos, cambiar las relaciones, primero dentro de la familia y después con los demás. San Pablo habla del fruto del amor que es; dejar de hablar mal del otro, no juzgar, no condenar, aprender a perdonar las ofensas, estos son los verdaderos frutos del amor.

Si hoy tomamos la decisión de cambiar algo de nosotros, seguramente vamos a sentir el gozo de poder alcanzar algo; “Les he dicho esto para que mi gozo sea en ustedes”, él comparte la alegría cuando actuamos bien, cuando hablamos bien del otro y no solamente reducimos nuestra religiosidad, nuestra fe a algunos gestos externos, dijo Monseñor.

Justo en este tiempo de pandemia, pregunto el Obispo Auxiliar ¿vivimos los mandamientos de Dios?, ¿cumplimos con las normas de bioseguridad?, ¿cómo tratamos a nuestros familiares contagiados?, justo hoy día dijo Mons. Escuché sobre un caso, el hermano mayor que ayudaba mucho a su hermana menor, y cuando él se contagió de Covid – 19, pidió ayuda a su hermana, ella dijo NO, no te voy a llevar al médico porque tengo miedo de contagiarme, hay tantas personas que por encima de todos, por el servicio, ayudan, y ese es el signo de generosidad, de solidaridad y el fruto del amor; “Ámense unos a otros, como YO los he amado”, y hoy día la Virgen María, nos anima a no tener miedo de amar y ayudar a nuestro prójimo, y seguir los mandamientos de Dios.

Siervas de María
Es una Congregación, cuya misión apostólica, no conoce precedentes en la historia de la Iglesia, ni de la sociedad en general: “ASISTIR A LOS ENFERMOS EN SUS DOMICILIOS”.

Fundada por Soledad Torres Acosta, por iniciativa del sacerdote servita español Miguel Martínez y Sanz, en Madrid, el 15 de agosto de 1851. Las religiosas de este instituto son conocidas como Siervas de María y posponen a sus nombres las siglas: S M. Esta congregación tiene presencia en la Arquidiócesis desde el año 1957.

Superiora: Sor Ana Malky Siclla
Residencia, Calle Bolivar 784

• Sor Elita Rosaly Bustamante
• Sor Juliana Gomez
• Sor Felicitas Pichardo
• Sor Benita Echeverría
• Sor Rosario Labarca Uranga
• Sor Genoveva Carrillo
• Sor Zulma Silvetti.

Hospital San José Obrero –Portachuelo – Vicaría Santa Rosa de Lima

Las Siervas de María, Ministras de los Enfermos, como consagradas al servicio de Dios y de su Iglesia, aspiran a la caridad perfecta siguiendo a Cristo mediante la práctica de los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia, viviendo en comunidad y dedicándonos por amor a Dios a la asistencia esmerada y gratuita a los enfermos preferentemente a domicilio, viendo en ellos a Cristo, bajo la consigna evangélica “Estuve enfermo y me visitaste” (Mt. 25, 36) (Const. Nº 2).
La Sierva de María ha de ser…

• humilde y sencilla
• caritativa
• servicial y alegre
• pronta al sacrificio
• desprendida
• abnegada
• abierta a la convivencia fraterna y a la comprensión con las Hermanas.

Y ha de distinguirse por un profundo amor filial a María Santísima, Maestra de la vida humilde y escondida con Cristo en Dios. (Constituciones #6).
Carisma: Es el don otorgado por el Espíritu Santo a Santa María Soledad y en ella a todas su hijas para participar en la misión salvífica confiada por Cristo a su Iglesia: Curad a los enfermos y decidles: “el reino de Dios está cerca de vosotros” (Lc 10,9). Realizan esta misión junto a los enfermos, en asistencia esmerada y gratuita preferentemente a domicilio. La gracia carismática se refleja en la espiritualidad legada por nuestra Santa Madre:

• Contemplativa en la acción
• Abandonada a la Providencia
• Cooperadora con Cristo y María en la salvación de los hombres

  • Es esta una forma de asistencia del todo nueva, un campo nuevo en el ejercicio de la caridad:
    Mujeres que salen de sus conventos, de noche y se dirigen a los domicilios de personas enfermas, en muchos casos solas; sin distinción de raza, sexo, religión o clase social.
  • Mujeres frente al dolor, junto al dolor; con sus jornadas vividas al revés: duermen de día, trabajan de noche. Allí donde hay que atender un enfermo, aliviar y confortar la vida familiar, marcada por la cruz de una larga o corta enfermedad, eso si, siempre dolorosa.
  •  Cuando la gente ha terminado su jornada laboral, ellas la comienzan; se reparten por las casas donde son reclamadas y cada una, como María junto a la Cruz de Jesús, entra en el domicilio asignado por la obediencia, donde hay un Cristo viviente y herido por el dolor.
  • Para alguien que las ha seguido de cerca, son un “reguero de paz” y, asegura que “pueden dormir a gusto las gentes de esa ciudad”, porque a la cabecera de los que están enfermos, habrá una monja para cuidarles y limpiarles el sudor de la frente”.

Acogiendo esta afirmación y sentir de la Iglesia, las Siervas de María, ejercen su apostolado ministerial y evangélico, conscientes de que según su propio carisma: “tienen el deber de cooperar diligentemente en la edificación e incremento de todo el Cuerpo de Cristo”.

Un cuerpo roto, dolorido y crucificado, enfermo y malherido, ante el cual no cabe sino la reverencia, la delicadeza y el cuidado más esmerado, porque es al mismo Cristo a quien asisten en todo enfermo: “Dios debe ser siempre el objetivo supremo de nuestro proyecto evangélico”.

Desde esta visión sobrenatural, todas las Hermanas, se siente capacitadas para asistir al enfermo, cada día con renovadas energías, respetándole, amándole y prodigándole todos los servicios necesarios, tanto a nivel humano como espiritual, social y profesional. Son verdaderas portadoras del amor efectivo y sublime con que Dios los ama, sin distinción de clase social, raza, religión o enfermedad.

Ejercen este apostolado, en un campo amplio, universal y concreto al mismo tiempo, pues la atención prestada, no se limita sólo a la persona del enfermo, tiene una irradiación más vasta, extendiéndose al hogares. Servicio nocturno y diurno, preferentemente a domicilio familiar, implicando a cada miembro en esa delicada tarea de ser “terapeutas del amor”. Así se acrecienta la responsabilidad de sus servicios en entrega y profesionalidad. Esta entrega y profesionalidad la practican y reviste diferentes aspectos en el campo sanitario:

Todo este tipo o formas de asistencia, se extiende a tierras de misión, aunque adaptándose a las circunstancias propias de los lugares, culturas y necesidades que revisten cada campo y situación específica.

Fotografías: Miguel Ángel Miranda

   

Graciela Arandia de Hidalgo



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