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domingo 16 junio 2019
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Septiembre, Monseñor Sergio pide tomar conciencia y evitar los chaqueos en Santa Cruz

En la ‘Celebración de la Palabra’ por el inicio del mes de Santa Cruz el Arzobispo Cruceño pidió tomar conciencia del impacto de los chaqueos y el uso desmesurado de pesticidas y fertilizantes, la tala  sistemática de árboles en el departamento entre otros males al medio ambiente.

El Prelado aseguró que “en nuestra región, ha llegado el momento impostergable de evitar el uso desmesurado de pesticidas y fertilizantes, el recurso a los chaqueos y a la tala sistemática de árboles, la emisión exagerada de los gases de las movilidades, el desmesurado uso de la plástica, el desperdicio de las aguas y el echar basura en las calles y en los ríos”.

En ese mismo sentido, animó a todos “buscar el equilibrio entre el respeto de la naturaleza y la preocupación por la mejora de las condiciones de vida de los más pobres, sin destruir el medio ambiente”.

El mes de septiembre comenzó con una ‘Celebración de la Palabra’ en el altar del Cristo

El altar del Cristo ha sido una vez más el escenario desde donde se abrió el mes de septiembre, mes de Santa Cruz, con la celebración de la Palabra que presidió Monseñor Sergio Gualberti, Arzobispo de Santa Cruz, quien pidió a todos trabajar por un desarrollo humano integral que asegure condiciones de vida digna para todos.

Cautiva el liderazgo pujante de Santa Cruz

En primer lugar destacó el creciendo en población debido a que “tantos hermanos y familias, de distintas regiones del país y también del exterior, cautivados por el liderazgo pujante de Santa Cruz, llegan aquí con mucha esperanza en busca de un futuro mejor y condiciones de vida más digna”.

Busquemos un Desarrollo Humano Integral para todos, en particular para los más pobres

Enseguida pidió a todos involucrarse y participar activamente en la vida de la sociedad, por lo que señaló que “el punto de partida es el reconocimiento de los lazos muy fuertes que nos unen e identifican a todos los habitantes de esta tierra bendecida por Dios y con una historia común…” enseguida añadió que “La primera preocupación de este proyecto tiene que ser el desarrollo humano integral, que favorezca la realización de todo ciudadano indistintamente, con políticas y programas sociales de educación, salud, viviendas, alcantarillado y todo lo que garantice la vida plena para todos, en particular por los más pobres, los discapacitados, los marginados, los niños de la calle y todos los necesitados”.

Ha llegado el momento de evitar los chaqueos y el uso desmesurado de fertilizantes y pesticidas….

Sin embargo, el Prelado advirtió que el Desarrollo Humano Integral no puede darse “sin el respeto del ambiente urbano y del campo, del que nosotros somos parte importante” y en se sentido señaló con preocupación que “en nuestra región, ha llegado el momento impostergable de evitar el uso desmesurado de pesticidas y fertilizantes, el recurso a los chaqueos y a la tala sistemática de árboles, la emisión exagerada de los gases de las movilidades, el desmesurado uso de la plástica, el desperdicio de las aguas y el echar basura en las calles y en los ríos”.

“Cada año en nuestra región, a la hora de los chaqueos somos testigos de voraces incendios que además de quemar bosques y matar a la fauna, llegan a quemar viviendas poniendo en peligros comunidades y pueblos enteros, como ha pasado en estos días en Guarayos”.

No puede haber verdadero desarrollo sin el cuidado del medio ambiente

“Debemos convencernos que no puede haber verdadero desarrollo sin el cuidado del medio ambiente, por eso es necesario implementar programas interconectados de economía, política y ecología, donde todos tenemos que involucrarnos, dejando a un lado nuestras malas costumbres de cada día”.

Busquemos el equilibrio entre el respeto de la naturaleza y la preocupación por la mejora de las condiciones de vida de los más pobres, sin destruir el medio ambiente

“No podemos ser egoístas y pensar solo en nosotros mismos. Hay que buscar el equilibrio entre el respeto de la naturaleza y la preocupación por la mejora de las condiciones de vida de los más pobres, sin destruir el medio ambiente, el legado indispensable para la vida de las generaciones futuras, de nuestros jóvenes y niños”.

HOMILÍA COMPLETA DE MONSEÑOR SERGIO GUALBERTI, ARZOBISPO DE SANTA CRUZ

1° DE SEPTIEMBRE DE 2018

BASÍLICA MENOR DE SAN LORENZO MÁRTIR

Ya se ha hecho tradición y buena tradición iniciar el mes de septiembre, aniversario de nuestra Ciudad y Departamento de Santa Cruz, aquí en el altar del Cristo, poniéndolos bajo su mirada protectora y providente. Acontecimiento no casual ni secundario, sino un acertado reconocimiento al nombre que lleva nuestra ciudad, aspecto fundante y constitutivo de nuestra identidad cruceña.

Las celebraciones que se desarrollarán a lo largo del mes, además de ser una hermosa ocasión para expresar nuestra alegría y nuestro agradecimiento a Dios por los dones que con tanta abundancia nos da y para encontrarnos, compartir y estrechar lazos de fraternidad.

Pero también es oportunidad para mirar hacia adelante, ya que nuestra Ciudad y nuestro Departamento siguen creciendo en población significativamente, aunque no al ritmo acelerado de hace unos años atrás. Tantos hermanos y familias, de distintas regiones del país y también del exterior, cautivados por el liderazgo pujante de Santa Cruz, llegan aquí con mucha esperanza en busca de un futuro mejor y condiciones de vida más digna.

Miremos todo esto a la luz de la parábola, llamada de los talentos, que nos presenta el Evangelio que acabamos de escuchar. Tres servidores son elegidos administradores de un patrimonio que su señor les confía al ir de viaje. A su vuelta, hace las cuentas: dos le entregan un patrimonio doble, mientras que el tercero devuelve el mismo monto recibido. “Señor, sé que eres un hombre muy exigente…  por eso tuve miedo y fui a enterrar tu talento”.  Los talentos son el patrimonio de la fe y del Evangelio, pero también podemos ver en ellos las capacidades y habilidades que cada uno ha recibido de Dios.

Estos  dones no son para enterrarlos en el egoísmo o para esconderlos en la ignavia, sino para multiplicarlos y para que den frutos de vida y de amor en abundancia. Con este bagaje, cada uno de nosotros inicia la aventura de la vida, y se va haciendo sujeto y artífice de su propia historia, historia no de individuos aislados sino de personas estrecha y existencialmente relacionadas con los demás y llamadas a compartir sus talentos con la comunidad.

Todos los que vivimos en esta tierra estamos llamados a participar activamente en la vida de la sociedad, como sujetos y forjadores de la historia común, cada cual de acuerdo a sus talentos, profesión, trabajo, oficio y responsabilidad que le compete. Todos tenemos que implicarnos, ser constructores de ciudadanía, de libertad, de democracia, y de convivencia pacífica sobre los cimientos de la justicia, la solidaridad y el bien común.

Nadie puede excusarse de participar en la construcción de una sociedad inclusiva, equitativa y sostenible bajo un nuevo humanismo que lleve al compromiso solidario y a una transformación en la que haya lugar productivo para todos y responsabilidad y frutos compartidos. Un compromiso que se construye con entrega, constancia y humildad como simples artífices en la vida de cada día.

El punto de partida es el reconocimiento de los lazos muy fuertes que nos unen e identifican a todos los habitantes de esta tierra bendecida por Dios y con una historia común: tenemos un mismo techo que nos ampara a todos y que incluye a indígenas, criollos y mestizos y a todos los que no pueden identificarse con ningún grupo étnico concreto, pero que también son fruto de un rico mestizaje cultural y étnico que nos hace a todos hijos de esta tierra.

La primera preocupación de este proyecto tiene que ser el desarrollo humano integral, que favorezca la realización de todo ciudadano indistintamente, con políticas y programas sociales de educación, salud, viviendas, alcantarillado y todo lo que garantice la vida plena para todos, en particular por los más pobres, los discapacitados, los marginados, los niños de la calle y todos los necesitados.

Un desarrollo humano integral que no puede darse sin el respeto del ambiente urbano y del campo, del que nosotros somos parte importante. Hace falta despertarse de la indiferencia y convertirnos de raíz de las actitudes utilitaristas, individualistas y materialistas que consideran a la naturaleza y al ambiente como fuentes indiscriminadas de explotación y de lucro. Hay que asumir una nueva manera de entender nuestra relación con la naturaleza, basada en una mística y espiritualidad liberadora, sanadora y armoniosa, y enmarcada en el horizonte de la solidaridad universal entre el ser humano y todas las criaturas vivientes.

Concretamente, en nuestra región, ha llegado el momento impostergable de evitar el uso desmesurado de pesticidas y fertilizantes, el recurso a los chaqueos y a la tala sistemática de árboles,  la emisión exagerada de los gases de la movilidades, el desmesurado uso de la plástica, el desperdicio de las aguas y el echar basura en las calles y en los ríos.

Cada año en nuestra región, a la hora de los chaqueos somos testigos de voraces incendios que además de quemar bosques y matar a la fauna, llegan a  quemar viviendas poniendo en peligros comunidades y pueblos enteros, como ha pasado en estos días en Guarayos.

Y cómo siempre, los más graves efectos de todas las agresiones ambientales los sufre la gente más pobre. Debemos convencernos que no puede haber verdadero desarrollo sin el cuidado del medio ambiente, por eso es necesario implementar programas interconectados de economía, política y ecología, donde todos tenemos que involucrarnos, dejando a un lado nuestras malas costumbres de cada día.

No podemos ser egoístas y pensar solo en nosotros mismos. Hay que buscar el equilibrio entre el respeto de la naturaleza y la preocupación por la mejora de las condiciones de vida de los más pobres, sin destruir el medio ambiente, el legado indispensable para la vida de las generaciones futuras, de nuestros jóvenes y niños.

Renovemos esta noche acá en el altar del Cristo nuestro compromiso y esfuerzos para hacer siempre más bella, acogedora y vivible nuestra ciudad de Santa Cruz y todas las ciudades, pueblos y comunidades del Departamento, partiendo de la convicción que “el oxígeno que respiramos, el agua clara que bebemos, la comida con que nos alimentamos, dependen de otras formas de vida. Sin ellas, no existiríamos”. Amén.

Oficina de prensa de la Arquidiócesis de Santa Cruz

Erwin Bazán Gutiérrez



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