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martes 19 enero 2021
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Seamos operadores de paz, la paz fundada sobre la justicia, la libertad, la reconciliación, el perdón y el amor, pide Arzobispo en esta Navidad

Campanas. Seamos operadores de paz, la paz fundada sobre la justicia, la libertad, la reconciliación, el perdón y el amor, pidió el Arzobispo de Santa Cruz, Mos. Sergio Gualberti en la Misa de Gallo, celebrada en la Basílica Menor de San Lorenzo Mártir – Catedral.

 La tradicional misa de gallo fue presidida por Mons. Sergio Gualberti y concelebrada por el Vicario de Comunicación y Rector de la Catedral, P. Hugo Ara y el Capellán de Palmasola, P. Mario Ortuño, hoy 24 de diciembre a las 20:00 horas.

El prelado afirmó que, hoy nuestro mundo está rodeado de las tinieblas a causa de la injusticia, el hambre, la pobreza; a causa de la opresión de unos cuantos sobre otros; a causa del orgullo del ser humano, de su avidez de poder y de dominio; a causa de la codicia que destruye la naturaleza y el medio ambiente y a causa también del recrudecimiento de la pandemia del COVID19 que sigue sembrando dolor y muerte.

Ante este escenario sombrío, el Evangelio hecha una luz de esperanza y gozo con las palabras del Ángel a unos pobres pastores de Belén:” Les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor”. Esta buena noticia del nacimiento del Hijo de Dios, resuena esta noche para nosotros y nos colma de gran alegría.

Así mismo dijo que, No nos debe extrañar que un evento tan asombroso no se manifieste a través de una señal espectacular, sino en un niño recién nacido, pobre, envuelto en pañales y acostado en un pesebre, y necesitado de los cuidados maternos, como todos los niños. Esta es la manera de actuar de Dios que hace grandes cosas en los hechos insignificantes para el mundo, una señal que solo los que tienen un corazón puro, sencillo y humilde, como los pastores, pueden reconocer.

 En el Niño Dios todos nos sentimos acogidos y amados, preciosos y únicos a los ojos del Creador, un amor que nos hace hermanos entre todos en una tierra santificada por su presencia, aunque todavía hay demasiadas inequidades e injusticias, muros físicos y morales, prejuicios, resentimientos, rencores y divisiones, expresó Monseñor Sergio.

Al establecer su morada entre nosotros, Emanuel, el Emanuel ha hecho posible que el mundo sea la casa común de todos, donde nadie es extranjero y donde todos, en igualdad y equidad, merecen el mismo respeto y pueden gozar de una vida digna de los hijos de Dios.

 

 En este espíritu de humildad, armonía y paz de Navidad, el Arzobispo invitó a todos, en especial a los que protagonizan la campaña electoral, a ser operadores de paz, a dejar de lado todo sentimiento de revancha, ataques personales, verbales y físicos, amenazas y todo lo que puede causar divisiones, odios y rencores.

También pidió que se busque dar valor a lo que cuenta de verdad, como es la instauración una convivencia reconciliada, justa y pacífica entre todos, sin distinción alguna, y para dar señales concretas de transparencia y de actitud de servicio a los más necesitados. Que se no se caiga en la tentación de la codicia del poder, de los gastos excesivos, de las prebendas, de la repartición de pegas y de las promesas irrealizables.

El Arzobispo de Santa Cruz, aseguró que nuestra población aspira a que nuestros pueblos y ciudades tengan mejores condiciones de vida, a que se presenten planes viables y evaluables que promuevan el bien común, la administración de la justicia libre de presiones económicas y políticas, las fuentes estables de trabajo y el acceso de toda la población a los servicios básicos de calidad.

Al concluir su homilía el preado pidió que el Príncipe de Paz, en esta Santa Navidad, traiga paz, serenidad y dicha.

Homilía de Mons. Sergio Gualberti, Arzobispo de Santa Cruz

24/12/2020 – Misa de Gallo

El pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz”. El profeta Isaías dirige este mensaje de esperanza y de gozo a un pueblo que vivía envuelto en las tinieblas del desconcierto y dolor por el dominio extranjero. Hoy también nuestro mundo está rodeado de las tinieblas a causa de la injusticia, el hambre, la pobreza; a causa de la opresión de unos cuantos sobre otros; a causa del orgullo del ser humano, de su avidez de poder y de dominio; a causa de la codicias que destruye la naturaleza y el medio ambiente y a causa también del recrudecimiento de la pandemia del COVID19 que sigue sembrando dolor y muerte.

Ante este escenario sombrío, el Evangelio hecha una luz de esperanza y gozo con las palabras del Ángel a unos pobres pastores de Belén: ”Les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor”. Esta buena noticia del nacimiento del Hijo de Dios, resuena esta noche para nosotros y nos colma de gran alegría.

Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño recién nacido, envuelto en pañales y acostado en un pesebre”. No nos debe extrañar que un evento tan asombroso no se manifieste a través de una señal espectacular, sino en un niño recién nacido, pobre, envuelto en pañales y acostado en un pesebre, y necesitado de los cuidados maternos, como todos los niños. Esta es la manera de actuar de Dios que hace grandes cosas en los hechos insignificantes para el mundo, una señal que solo los que tienen un corazón puro, sencillo y humilde, como los pastores, pueden reconocer. El hecho que el Hijo de Dios entre en la historia, pobre entre los pobres, sin techo ni hogar y donde nadie lo acoge: “No había lugar para ellos”, es porque Él busca nuestra libre y voluntaria adhesión a través de la sencillez y humildad de la vida cotidiana, y no una adhesión interesada por el afán del poder, las riquezas, el lujo y el prestigio de los grandes. Él se ha hecho pequeño y necesitado para que toda persona pueda acogerlo y darle amor.

En la humildad del portal de Belén, nadie se siente excluido ni tiene temor de acercarse a él; los pastores pobres y los reyes magos se arrodillan de la misma manera para adorar al niño Dios, hecho que no sería posible en los palacios de los poderosos, donde solo entran los que cuentan para el mundo.

En el Niño Dios todos nos sentimos acogidos y amados, preciosos y únicos a los ojos del Creador, un amor que nos hace hermanos entre todos en una tierra santificada por su presencia, aunque todavía hay demasiadas inequidades e injusticias, muros físicos y morales, prejuicios, resentimientos, rencores y divisiones.

Este Niño pobre es el Emanuel, el Dios con nosotros que ha asumido nuestra fragilidad y limitaciones humanas para solidarizarse con nosotros y caminar a nuestro lado por las sendas de la historia hasta alcanzar la vida sin fin en la casa del Padre. Al establecer su morada entre nosotros, Emanuel, el Emanuel ha hecho posible que el mundo sea la casa común de todos, donde nadie es extranjero y donde todos, en igualdad y equidad, merecen el mismo respeto y pueden gozar de una vida digna de los hijos de Dios.

La certeza de que el Emanuel está con nosotros, nos debe dar la fortaleza para no desmayar y seguir trabajando para transformar al mundo en el hogar que brinda acogida, pan, amor y paz para todos.

“Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres amados por él…”.Gloria a Dios” es una expresión de asombro, alegría y gratitud, por la actuación de Dios a nuestro favor, sentimientos que deberían albergar en nuestro corazón esta noche.

Asombro ante Dios que por amor se humilla y no se aferra a su origen divino sino que asume nuestra naturaleza humana. Alegría porque esta noche revivimos el misterio de la gracia que nos salva. Gratitud porque Dios libre y gratuitamente nos envía a su Hijo, como signo patente de su amor entrañable.

“Paz en la tierra”; solamente habrá paz si reconocemos el amor que Dios nos tiene a cada uno de nosotros como hijos suyos, y por consiguiente si nos amamos como hermanos, si valoramos el don sagrado de la vida y la dignidad de todas las personas, si somos corresponsables de la vida de los demás, compromiso que asume toda su urgencia e importancia en la actual pandemia.  

La paz es el don del Niño Dios, Príncipe de la Paz, al que tenemos que responder con generosidad, siguiendo sus pasos, para convertirnos en “operadores de paz”, la paz fundada sobre la justicia, la libertad, la reconciliación, el perdón y el amor.

En este espíritu de humildad, armonía y paz de Navidad, invito a todos, en especial a los que protagonizan la campaña electoral, a ser operadores de paz, a dejar de lado todo sentimiento de revancha, ataques personales, verbales y físicos, amenazas y todo lo que puede causar divisiones, odios y rencores.

Que se busque dar valor a lo que cuenta de verdad, como es la instauración una convivencia reconciliada, justa y pacífica entre todos, sin distinción alguna, y para dar señales concretas de transparencia y de actitud de servicio a los más necesitados. Que se no se caiga en la tentación de la codicia del poder, de los gastos excesivos, de las prebendas, de la repartición de pegas y de las promesas irrealizables.

Nuestra población aspira a que nuestros pueblos y ciudades tengan mejores condiciones de vida, a que se presenten planes viables y evaluables que promuevan el bien común, la administración de la justicia libre de presiones económicas y políticas, las fuentes estables de trabajo y el acceso de toda la población a los servicios básicos de calidad.

Que el Príncipe de Paz, en esta Santa Navidad, traiga paz, serenidad y dicha a ustedes hermanos y hermanas aquí presentes, a los que nos siguen por los medios de comunicación y a todos los habitan esta tierra bendita.

Abramos nuestro corazón al Niño Dios para que nos haga experimentar el calor de su amor y cercanía y, en particular, a los niños pobres, huérfanos y de la calle, a los ancianos y personas solas y abandonadas, a los enfermos postrados en los hospitales o en sus casas, a los privados de libertad, a los migrantes que están lejos de su hogar, a los que han perdido su trabajo y a todos los que están sumidos en el dolor y el desánimo. Deseo a todos ustedes los mejores augurios de Santa Navidad con las palabras del Ángel: “Les traigo una buena noticia, una gran alegría: hoy les ha nacido un salvador, el Mesías, el Señor”. Amén

Graciela Arandia de Hidalgo