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jueves 14 noviembre 2019
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Se Inauguró la CII Asamblea Plenaria de los Obispos de Bolivia

Mons. Mons. Ricardo Centellas, Obispo de Potosí y Presidente de la Conferencia Episcopal Boliviana, ha  inaugurado esta mañana  la CII Asamblea Plenaria de los Obispos de Bolivia, en la Casa Clemente Maurer de la ciudad de Cochabamba.

DISCURSO DE INAUGURACION DE LA CII ASAMBLEA DE OBISPOS DE BOLIVIA

Noviembre   2016.

Queridos hermanos  Obispos: bienvenidos a esta CII (Centésima segunda) Asamblea para renovar nuestro compromiso de comunión apostólica y seguir animando la vida y misión de la Iglesia en Bolivia.

Un saludo fraterno al Rvdo.  P. Christopher Washington, Encargado de Negocios a.i. de la Nunciatura Apostólica, que representa al Santo Padre entre nosotros.

Felicito a Monseñor Robert Herman Flock  por su nueva misión en San Ignacio de Velasco, que el Espíritu Santo guie tu responsabilidad de seguir acompañando esa Iglesia Local. Y a Monseñor Carlos Stetter le expreso mi gratitud por su servicio evangelizador durante tantos años y su apuesta y lucha  por una Iglesia sostenible.

Hago memoria de Monseñor Angel Gelmi que ha partido a la casa del Padre en junio pasado. Su misión evangélica, sencilla y silenciosa, sobre todo con las comunidades campesinas de Cochabamba, deja un testimonio luminoso de compromiso con los descartados.

Doy la bienvenida a Mons. Juan Espinoza, Obispo Auxiliar de Morelia en México y Secretario General del CELAM que nos ayudará a sentirnos en comunión con los hermanos obispos de América Latina y el Caribe.

Saludo también a los representantes de los distintos sectores de la Iglesia, a los colaboradores de la Conferencia Episcopal, a los medios de comunicación y a todo el pueblo de Dios.

La situación de la   familia hoy.

Nuestra Asamblea tratará el tema de la familia, a propósito, me permito citar la afirmación interpelante del Papa Francisco: “no podemos renunciar a proponer el matrimonio, como proyecto divino: frente al descalabro moral y humano” de tantas familias. Es  innegable en todo tiempo y lugar la importancia determinante de la familia para establecer una sociedad que recupere la humanización del mundo.

Estamos urgidos a recuperar la identidad y la misión de la familia que garantice el desarrollo integral de las generaciones presentes y futuras, que los padres asuman su responsabilidad de educadores. Este ideal, nos debe motivar a un acompañamiento cercano y sistemático, especialmente a tantas familias en situaciones conflictivas e irregulares; porque ellas no son un problema sino una oportunidad. 

El mundo materialista de hoy pretende, cada vez más, interpretar la institución de la familia como unión provisoria, pero desde siempre, ha sido y es  alianza permanente e insustituible. En este sentido, la familia debe ser asumida como fuente de vida inagotable, recibida de Dios.

En este contexto, todo cristiano y persona de buena voluntad está llamada a asumir la responsabilidad de superar los desafíos actuales que están deteriorando la estabilidad y consistencia de la familia: divorcio que destruye permanentemente la unidad; alcoholismo que degenera y oscurece la racionalidad; la mentira que debilita y anula el proceso de confianza reciproca; el machismo que origina la violencia intrafamiliar hasta el extremo del feminicidio;  la ideología de género que niega la diferencia y la reciprocidad natural del hombre y la mujer.

Iglesia al servicio de la Familia

“La Iglesia es familia de familias, constantemente enriquecida por la vida de todas las iglesias domésticas”. A partir de esta afirmación podemos decir, sin  duda alguna, que no puede haber Iglesia sin el concurso de las familias. Al respecto, la evangelización de la familia exige una visión pastoral renovada. Es decir, todos los agentes pastorales de la Iglesia debemos cambiar en nuestra mentalidad conservadora y hacer una opción fundamental de apostolado prioritario a favor de la familia. No simplemente acciones por la familia, sino procesos de acompañamiento de toda la Iglesia.

Nuestro actual servicio a la familia es insuficiente, realidad que nos motiva a comprometernos en un servicio serio y actualizado de la familia como eje transversal de toda pastoral en la Iglesia, porque como es la familia es la Iglesia y la sociedad. Este desafío, requiere una profunda conversión personal y pastoral sostenida en el espíritu de Jesús, porque sin su presencia en el seno familiar no hay consistencia. En este año de la misericordia, todos hemos sido bendecidos y estamos muy agradecidos por las diversas experiencias que fortalecen nuestra vida personal y familiar.   

Misión Profética

La familia responde a las expectativas profundas de la persona, por eso es necesario cuidar su integridad para que sea capaz de luchar con decisión por una verdadera paz, una auténtica justicia y respeto a la dignidad de toda persona y sus derechos. Impulsar una ética, que es la rectitud de la conciencia, para humanizar al hombre de hoy.

Es innegable que el vacío moral que padecemos es degradante, y vacío ético que es la causa de la corrupción en nuestro ambiente. El engaño y la mentira encuentran en el terreno propicio para crecer y distorsionar principios elementales de convivencia fraterna, presentando el poder como derecho y no como servicio. Necesitamos un proyecto ético común sin exclusiones, apoyado y valorado por todos los ciudadanos y las instituciones públicas y privadas, que nos permita participar de una familia boliviana donde nadie sea perseguido injustamente y seamos capaces de expresarnos con libertad en cualquier circunstancia.

La ética cristiana podría hacer una valiosa aportación a la ética civil de la que nuestra sociedad se encuentra tan urgida. Sin una ética básica nada se mantiene en pie y nuestra sociedad puede convertirse en una jungla y solo los que no tienen escrúpulos se mueven sin impedimento alguno. Los pueblos y sus gobiernos tienen la alta responsabilidad de consolidar una sociedad donde prevalezca la dignidad y la realización integral de sus ciudadanos. Porque una democracia sin ética no es democracia.

Que María, nuestra madre, interceda por todos y especialmente nos acompañe estos días de encuentro y reflexión. Gracias.

Graciela Arandia de Hidalgo



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