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viernes 19 julio 2019
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Saludo de la Nunciatura Apostólica por la Centésima Primera Asamblea de Obispos de Bolivia

El P. Christopher Washington, Secretario de la Nunciatura Apostólica de Bolivia transmitió el saludo a los Obispos de Bolivia en representación al Santo Padre Francisco, en ocasión de la inauguración de la Centésima Primera Asamblea de Obispos de Bolivia.

Excmo Presidente de la
Conferencia Episcopal Boliviana
Mons. Ricardo E. Centellas Guzmán
Hermanos todos en el Episcopado

Excmo Presidente de la
Conferencia Episcopal Boliviana
Mons. Ricardo E. Centellas Guzmán
Hermanos todos en el Episcopado

Agradezco la invitación para participar de esta Asamblea General de la CEB, y me alegra transmitir el saludo del Papa Francisco, que está informado sobre la intensa semana de actividad y la agenda preparada para este importante acontecimiento eclesial.

Estoy contento de encontrarlos y de compartir días de Gracia, oportunidad del Espíritu Santo y presencia del Señor que está allí donde dos o tres de sus discípulos se reúnen para fortalecer la evangelización.

Hace unas semanas hemos sabido que el Santo Padre Francisco espera a los Obispos de Bolivia en Roma a partir del segundo semestre del año próximo de modo que, Dios mediante, el Año Santo se orienta hacia una nueva, alegre y entusiasta espera.

Este tiempo nos ayuda a atesorar la reciente invitación del Papa Francisco a partir de la necesidad de acogida que emana del alma del pueblo boliviano y la protección que asegura la fe cristiana que en Bolivia sabe reconciliar el pasado, frecuentemente marcado por la soledad, el aislamiento, la marginación, y con el futuro continuamente relegado a un mañana que se escabulle. Sólo en aquel regazo se puede, sin renunciar a la propia identidad, descubrir la profunda verdad de la nueva humanidad, en la cual todos estamos llamados a ser hijos de Dios.

El Año de la Misericordia nos impulsa a reclinarnos con delicadeza y respeto, en el alma profunda de nuestros hermanos de Bolivia, y el Papa Francisco nos pide desarrollar en este Año una mirada capaz de reflejar la ternura de Dios, y de fortalecer en nuestra persona y en nuestro Ministerio una mirada limpia, un alma trasparente y un rostro luminoso.

Con insistente cariño el Papa nos anima a no tener miedo a la transparencia y nos exhorta a vigilar para que nuestras miradas no se cubran con las penumbras y con la niebla de la mundanidad, que no se dejen corromper por el materialismo trivial, que no pongan su confianza en los «carros y caballos» de los faraones actuales, porque nuestra fuerza es la «columna de fuego», que rompe dividiendo en dos las marejadas del mar, sin hacer gran rumor (cf. Ex 14,24-25).

El mundo en el cual el Señor nos llama a desarrollar nuestra misión es complejo; y en un mundo así, Dios nos pide tener una mirada capaz de interceptar la pregunta que brota del corazón del Santo Pueblo de Dios. A ese interrogante es necesario responder que Dios existe y está cerca de nosotros en Jesús. Que sólo Dios es la realidad sobre la cual se puede construir, porque «Dios es la realidad fundante, el Dios de rostro humano» (Benedicto XVI, Discurso inaugural de la V Conferencia General del CELAM, 13 mayo 2007).

Y en nuestras miradas, el Pueblo de Bolivia tiene el derecho de encontrar las huellas de quienes «han visto al Señor» (cf. Jn 20,25), y han estado con Dios. Esto es lo esencial. A nosotros basta la gracia de «beber el cáliz del Señor», el don de custodiar la parte de su heredad que se nos ha confiado

El Papa Francisco nos dice que este es el tiempo propicio para redescubrir la sabia y humilde constancia con que los Padres de la fe de Bolivia han sabido introducir a las generaciones sucesivas en la semántica del misterio divino. Primero aprendiendo y, luego, enseñando la gramática necesaria para dialogar con Dios hecho cercano en la Persona de su Hijo Jesús, que hoy tantos reconocen en la imagen ensangrentada y humillada, como figura del propio destino. Nunca seremos suficientemente agradecidos a este inclinarse, a esta “sincatábasis”.

El Año de la Misericordia nos ayuda a recordarnos y a recordar al Pueblo cuán potentes son las raíces antiguas, que han permitido la viva síntesis cristiana de comunión humana, cultural y espiritual que se forjó en Bolivia.

Las alas del Pueblo boliviano se han desplegado varias veces por encima de no pocas vicisitudes, custodiando la memoria del largo camino hasta ahora recorrido, suscitando la esperanza de nuevas metas, porque el mañana será una tierra «rica de frutos» aunque puede plantear desafíos no indiferentes (cf. Nm 13, 27-28).

Queridos y Excmos. Hermanos, el Papa nos ha dicho que está seguro de que Bolivia y su Iglesia llegarán a tiempo a la cita con ellos mismos, con la historia, con Dios. Tal vez alguna piedra en el camino retrasa la marcha, y la fatiga del trayecto exigirá alguna parada, pero no será jamás bastante para hacer perder la meta. Porque, ¿puede llegar tarde quien tiene una Madre que lo espera? ¿Quién continuamente puede sentir resonar en el propio corazón «estoy aquí, Yo, que soy tu Madre»? Gracias.

Erwin Bazán Gutiérrez



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