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jueves 20 junio 2019
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ROBORÉ. Monseñor Robert Flock pide que no se atropelle la reserva ecológica de la Chiquitania

El pronunciamiento de Mons. Roberto Flock, Obispo de la Diócesis de San Ignacio de Velasco, surge a raíz de los conflictos suscitados el día lunes 12 de noviembre, cuando pobladores de Roboré bloquearon varios lugares de la carretera que unen Roboré con Santa Cruz y los posteriores hechos violentos por parte de la policía que generaron reacción en la población.

Comunicado sobre los acontecimientos en Roboré

Hace poco hice un pronunciamiento en contra de los bloqueos de camino, por ser una instancia de “la ley del más fuerte” y una forma de violencia. Fue durante los bloqueos por mejorar la carretera desde Pailón a Trinidad. Por si acaso, apoyo la causa, si no la medida. Por cierto, hay situaciones en que el empleo de la fuerza se justifica, como por ejemplo, para defender la vida y la integridad personal ante un agresor. En tal caso, el no actuar equivale a dejarse violar o matar. Sin embargo, Cristo se dejó crucificar para ofrecer perdón a toda la humanidad en nombre de Dios, gesto que vale para toda la historia.

La quema de bosques en la reserva ecológica de Roboré, y la certeza de mayor destrucción a corto plazo, por asentamientos avalados por la INRA, obligó una auto defensa de la región, que ante promesas incumplidas, tomó la forma de paro cívico con bloqueo. Esto fue respondido con violencia despiadada de parte de los que deben estar al servicio de la seguridad de la población y no actuando como un ejército atacando a un enemigo invasor. Dado que la violencia engendra violencia, no sorprende la reacción de la población, con el peligro de provocar mayores represalias indisciplinadas en las filas de la policía o peor, ordenadas insensatamente desde arriba. Actualmente, la policía lamenta “el daño irreversible a las instalaciones policiales”; en realidad, mediante la represión violenta con agentes químicos han avalado un daño irreversible a la reserva ecológica y han arriesgado provocar daños irreversibles a personas desarmadas. En cambio, aunque costoso en este país pobre, es fácil reconstruir un puesto policial.

Como todo conflicto humano, este requiere diálogo respetuoso. Recurrir inmediatamente a la fuerza y la descalificación del otro, es rechazar el diálogo, señal de la falta de argumentos coherentes y respeto por el otro, actitud fundamentalmente soberbia e imperialista. Recurrir al diálogo, reconoce que ninguno es dueño absoluto de la verdad, y que nuestro desacuerdo es entre hermanos, o por lo menos, entre personas con derechos y obligaciones iguales. Descalificar a la Iglesia, que ofrece una iluminación desde la perspectiva de Cristo, con el Espíritu de la Verdad y la preocupación de Dios Padre, con el falso argumento de estar metiéndose en política, equivale negar a Dios mismo, cuyo interés es siempre el mayor bien para toda su creación. Dios no es neutral ante los sufrimientos de la humanidad; es juez, capaz de perdonar todo, pero jamás permite que persiste la mentira y la injusticia. Entonces, invocando a Dios, busquemos la verdad mediante el diálogo sincero, comprometiéndonos a la escucha y al cumplimiento de acuerdos donde ganemos todos.

Legalmente, nuestro acuerdo más sagrado es la Constitución y las leyes coherentes con ella; pero para quienes creemos en Jesucristo, tenemos un acuerdo más sagrado: “amarse unos a otros como yo los he amado” (Juan 15,12). Las expresiones de violencia y atropello violan ambos acuerdos.

El conflicto actual surge precisamente en el contexto del Sínodo Pan-Amazónico que el Papa Francisco ha convocado para pedir el cuidado la “Casa Común”, en esta preciosa pero frágil parte del mundo. Quienes profesan una preocupación por la Madre Tierra y la ecología del planeta, no permitirán su fácil destrucción. Al mismo tiempo estos asentamientos en las reservas ecológicas del oriente, respondan a una estrategia política para diluir la identidad cultural de los pueblos del oriente, que suelen oponer el actual gobierno, poco sensible a las poblaciones originarias de esta región.

Como Iglesia, apoyamos la protesta de la población de Roboré, unida con toda la Chiquitanía, y pedimos que se busque soluciones para los pobres, sin atropellos a las reservas ecológicas y a la región, y sin olvidar que nuestra población es también en gran parte sumida en la pobreza y el olvido.

Mons. Robert Flock

Obispo de San Ignacio de Velasco.

Erwin Bazán Gutiérrez



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