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domingo 18 abril 2021
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Reflexión dominical: “La protección de los débiles desde la familia cristiana”

Campanas/La fiesta de la Sagrada Familia. La fiesta de la Navidad nos acerca en el día de la Sagrada Familia a la contemplación particular de las tres figuras que la componen concentrando siempre la atención en Jesús. El texto evangélico es el de la presentación de Señor Jesús en el templo narrado por Lucas (Lc 2,22-40). En el templo de Jerusalén dos figuras no sacerdotales, la de Simeón y Ana, hombre y mujer, se presentan como testigos de toda la humanidad redimida que se abraza a su Señor, reconociendo, celebrando y proclamando que el encuentro con Jesús, el Mesías Salvador, es la causa de la gran alegría del ser humano, pues en él se cumplen todas las promesas divinas, se contempla la salvación y se revela la luz de Dios a todos los pueblos y naciones de la tierra. Éste es el contenido del maravilloso himno de Simeón. Pero Lucas muestra, además, la misión singular de la Virgen María.

María en el primer anuncio de la pasión

A ella particularmente, como primera discípula de Jesús, va destinado el segundo oráculo de Simeón que es de estilo profético y constituye también un primer anuncio de la pasión al revelar el camino y el destino paradójico del mesianismo de Jesús, pues él será al mismo tiempo piedra de choque (cf. Is 8,14) y de resurrección para la multitud. Jesús será signo discutido a lo largo de su vida pública hasta la entrega de la vida en la cruz. La participación discipular de María en el destino de su hijo queda reflejada en la imagen de que una espada traspasará su vida, con lo cual se revela que ella es la candelaria de la luz mesiánica que su Hijo en la cruz será para el mundo. La otra mujer de la escena, la profetisa Ana, viuda, representante de los pobres que esperan siempre la liberación, glorifica a Dios al contemplar a Jesús el Mesías, como también hará el centurión al contemplar la muerte de Jesús en la cruz. También Ana  se convierte así en mensajera del evangelio, pues habla de Jesús a todos los que aguardan la liberación.

La Sagrada Familia

De la mano de la Virgen María y de San José, su esposo, y como Simeón y Ana, que tuvieron la dicha de tener en sus brazos a Jesús, hoy es un día hermoso para presentar ante el mundo a Jesús como luz de todos los pueblos y como nuevo templo de Dios, al cual pueden tener acceso todos los seres humanos. Gracias a la mediación solidaria y fraternal de Jesús, nuestro hermano, el hermano de toda la familia humana, y con él la humanidad entera constituye el nuevo templo de Dios, es decir, el lugar de la presencia de Dios en la historia. Como Ana, hablemos de Jesús abiertamente a los demás, pues quien se encuentre con él, encuentra la alegría de la vida.

La familia de Dios

En estos días de Navidad, concentrados en Jesús, junto a María y José, nace la familia de Dios, la fraternidad mesiánica universal, la nueva familia que encabezada por Jesús abre un tiempo irreversible de luz en esta tierra de sombras. De esta familia ya forman parte los pobres, como Ana y Simeón. La misión de José y María fue proteger y cuidar al niño Jesús para que éste saliera adelante en su vida. La de Ana y Simeón fue anunciarlo al mundo, después de encontrarse con él. Ésta es también la gran misión de la familia cristiana y de las conciencias responsables en la vida de la Iglesia.

La preocupación eclesial por las familias

La familia es, al mismo tiempo, la gran preocupación de la Iglesia en este momento: La familia vive un proceso de desintegración, erosionada por el egoísmo, la infidelidad, el amor libre, las separaciones, la falta de respeto mutuo, la falta de comunicación y de diálogo, el machismo, la rutina y la rivalidad entre los esposos. En nuestro tiempo la desestructuración familiar es clamorosa pues el número de matrimonios civiles se ha incrementado muchísimo en relación con los matrimonios sacramentales, como también ha aumentado mucho el número de las parejas que ni siquiera se casan, ni por lo civil ni por la iglesia. Asimismo la legislación permisiva del aborto se va ampliando, atentando claramente contra el derecho a la vida de los no nacidos. También se van abriendo camino, en países como España, leyes como la de la eutanasia, que reflejan un crecimiento de una mentalidad nada respetuosa con la vida de los demás.

La misión de la familia es cuidar la vida

Sin embargo, proteger y defender a los más débiles y a los inocentes, particularmente a los no nacidos y a los no fallecidos, a las mujeres maltratadas, víctimas de la violencia asesina, a los niños, a los jóvenes y a los ancianos abandonados, a los enfermos desahuciados y terminales y a todo tipo de pobres, es la gran tarea de la familia cristiana en la Iglesia. Y si esto conlleva como resultado la confrontación con poderes públicos, con instituciones, con Estados o con ideologías que persiguen, descuidan o abandonan a los inocentes, hemos de tener como referente a San José, el hombre justo que, más allá de la legalidad imperante, y a veces permisiva del mal, se sitúa en el orden de la justicia divina y concentra su misión en sacar adelante la vida del Niño Jesús, confiando siempre en que el plan de Dios se cumplirá. Sacar adelante la vida de toda persona es la gran misión de la familia cristiana.

Actitudes y valores cristianos en el interior de la familia

La Carta a los Colosenses, por su parte, despliega todo un elenco de actitudes y de conductas centradas también en Dios para exhortar a los creyentes a vivir y enseñar la auténtica sabiduría (Col 3,12-21). Por eso, especialmente en las relaciones familiares, se requiere misericordia, bondad, humildad, dulzura, comprensión y, sobre todo, una vida en la que fluya el perdón recíproco. El libro del Eclesiástico proyectaba (Eclo 3,3-7.14-17) estas actitudes particularmente en las relaciones de los hijos hacia los padres, y concedía al respeto y a la honra hacia el padre y la madre, así como la atención y el cuidado hacia ambos, el altísimo valor de perdonar pecados. Todas estas virtudes tienen su culmen en el amor y han de ser las señas de identidad de quienes viven en continua acción de gracias al Padre, dejando que la Palabra habite en todos nosotros y enriquezca nuestras vidas.

En permanente acción de gracias

La carta a los Colosenses repite hasta tres veces la necesidad de dar gracias a Dios. “De bien nacidos es ser agradecidos” dice nuestro refrán popular. Esa orientación de la vida hacia la gratuidad en todos los órdenes, gratuidad que es anterior a todo derecho,  y con una gratitud constantemente celebrada ante Dios es la clave de la verdadera fuente de la alegría humana, que encuentra su culmen en toda Eucaristía.

 José Cervantes Gabarrón, sacerdote misionero y profesor de Sagrada Escritura

Graciela Arandia de Hidalgo



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