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sábado 28 mayo 2022
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Reflexión dominical: El Resucitado, Pastor espléndido

Campanas/P. José Cervantes/El  Buen Pastor de nuestras vidas. Tras haber contemplado en la Iglesia las apariciones del Señor Resucitado en los domingos anteriores y con la alegría de la pascua, la Iglesia proclama, ahora con diversas imágenes, tomadas de los Evangelios y de la Biblia, la grandeza del misterio de Cristo. Este domingo pascual se centra en la imagen del Buen Pastor, del Evangelio de Juan, y con este motivo la Iglesia Católica quiere dedicar una jornada a la oración por las vocaciones a la vida consagrada y sacerdotal. De este modo se quiere sensibilizar al pueblo de Dios de la gran importancia que en la marcha de la Iglesia tienen las vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa.

Jornada de oración por las vocaciones

Quienes responden a ese tipo de vocación al sacerdocio tienen una misión fundamental como pastores del rebaño de Dios que siguen las huellas del único Pastor. Seguir las huellas de Jesucristo en su camino hacia la cruz es dar la vida por amor para que todos los seres humanos puedan obtener la vida eterna, la cual se concibe no sólo como una vida que trasciende el tiempo y las coordenadas históricas, sino como una nueva forma de vivir y de comportarse, con la dignidad de los hijos de Dios, en la libertad, la paz y el amor que el Resucitado comunica a todos los suyos.

El Buen Pastor es espléndido

En el Evangelio de Juan se encuentra la alegoría dedicada a la imagen del Pastor (Jn 10,1-30). Jesús se revela como el Buen Pastor que, a diferencia del asalariado y de los dirigentes a los que éste representa, es el que da la vida por las ovejas, el que las defiende, las guía y las acompaña. De este modo el Señor Jesús aparece como modelo de Pastor frente a los dirigentes religiosos y políticos del pueblo y muestra una rotunda contraposición a las funciones, comportamientos y actitudes de todos ellos. Pero si nos concentramos en la alegoría podemos percibir que a Jesús como Pastor se le podría denominar no sólo “bueno” sino “espléndido” (Jn 10,11.14), recogiendo así los dos matices de “bueno” y “hermoso” que contiene el término griego originario, kalos.  De esa forma el Señor Jesús aparece espléndido por su generosidad, bondad y desprendimiento, y al mismo tiempo, espléndido por ser admirable en su ejemplaridad como modelo de Pastor. Al autodenominarse así, Jesús reivindica la propiedad de las ovejas (vv. 28-29), la dedicación inaudita a ellas hasta exponer su vida y un conocimiento profundo de cada una (vv. 11.14), así como la búsqueda y reconducción de las ovejas perdidas para formar un único rebaño con un solo Pastor (Jn 10,16; cf. 1P 5,4).

El espléndido Pastor es el que da la vida

La imagen del Pastor es una de las más frecuentes en la Biblia para referirse a Dios en su relación con el pueblo. Pero Jesús introduce un aspecto inédito en el Antiguo Testamento respecto a esa figura: El pastor espléndido es el que da la vida. Y es que no se puede comunicar vida si no es dando la propia vida. Pero él ha amado a los suyos hasta el fin, exponiendo y entregando su vida. Al entregarla libremente puede recuperarla porque muestra su amor al Padre y por eso el Padre lo ama (Jn 10,17) y lo resucita de entre los muertos. El Pastor espléndido es el Señor resucitado que comunica su vida.

La íntima relación con Cristo Pastor

En el breve fragmento que hoy se lee en la Iglesia Católica de este evangelio (Jn 10,27-30) destacan los elementos de la estrecha e íntima relación que el Pastor espléndido del Padre establece con todos los miembros de su rebaño. En esa relación hay una comunicación viva y profunda, pues hay una escucha permanente de la voz del Señor por parte de las ovejas, se da también un conocimiento mutuo entre las ovejas y su Pastor y por eso las ovejas siguen el ritmo del Pastor. Así pues, la escucha, el conocimiento y el seguimiento caracterizan la vida del discípulo en relación con su Pastor. Este Pastor espléndido es Jesús Resucitado que ha dado la vida por sus ovejas para que nadie se pierda. Su victoria sobre la muerte y sobre el mal comunica una gran alegría a la humanidad redimida y reconciliada con Dios, porque estando en sus manos nada ni nadie podrá arrebatar la vida de las ovejas. Esta palabra es la fuente de la esperanza para los creyentes.

El Pastor es la esperanza de las multitudes atribuladas

Esta misma esperanza es la que refleja también el texto del Apocalipsis que dibuja otra escena con la imagen del Cordero y del Pastor, Cristo glorioso, en torno al cual hay una incontable muchedumbre de seguidores de toda la tierra, de gentes de toda nación, raza, lengua, y pueblo (Apo 7,9-17). Ese mismo variopinto panorama de multitudes atribuladas se refleja también hoy el rostro multifacético de los sufrientes del mundo: refugiados, emigrantes, los que huyen de las guerras y de las penurias económicas, los hambrientos, los oprimidos y las víctimas de todo tipo de injusticia. Especialmente para todos ellos es esperanzadora la imagen del pastor que guía hacia manantiales de agua. El libro del Apocalipsis es el relato simbólico que revela la esperanza incombustible de los que resisten activamente en este mundo. Las víctimas provocadas por los poderes de este mundo se cuentan por millones. Aun estando en las cloacas de la historia, para los últimos del mundo, para los que sufren todo tipo de tribulaciones y persecuciones, el Buen Pastor se presenta vencedor desde el trono de la cruz, donde como Cordero, ha sido degollado. De esta gran tribulación, la de Jesús en la Cruz, ha nacido y sigue naciendo una nueva humanidad que lleva en sus manos las palmas como señales del triunfo y sus vestidos de fiesta. Es la manifestación de los que, desde la no violencia y encabezados por semejante Pastor y Cordero, anuncian que ya no habrá más hambre ni sed y que Dios secará las lágrimas de sus ojos.

Con Cristo, pastores de alegría y de vida eterna

Pablo y Bernabé son portavoces de esta palabra de alegría y de vida eterna que abría sus fronteras entre el mundo de los gentiles y, llenos de alegría y de Espíritu Santo, difundían la palabra en medio de las persecuciones y del rechazo de la primera evangelización (Hch 13,14.43-52). En el día de la oración por las vocaciones a la vida consagrada roguemos a Dios y a su espléndido Pastor por todos los que, con entrega generosa y fidelidad encomiable, quieren dar y siguen dando toda su vida al servicio de Dios y de los hermanos en la misión evangelizadora en la vida sacerdotal y religiosa. Que nuestros seminarios, en los cuales maduran las vocaciones sacerdotales, reciban junto a nuestra oración, nuestro apoyo permanente y toda la ayuda que necesitan.

José Cervantes Gabarrón, sacerdote misionero y profesor de Sagrada Escritura

Graciela Arandia de Hidalgo



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