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viernes 27 mayo 2022
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Reflexión dominical: El Espíritu santo y profético del Bautismo

Campanas/P. José Cervantes/La epifanía del Bautismo. Este domingo se celebra el bautismo de Jesús, con el cual concluye la fiesta  cristiana de la Navidad. El sentido de este acontecimiento en la vida de Jesús,  relatado en los evangelios como una verdadera epifanía, es mostrar que el Hijo de  Dios se ha puesto en la fila de los pecadores, sin haber cometido pecado  alguno, para destruir el pecado en los  seres humanos. Asumir la condición  pecadora de los humanos y amar a los  hermanos con una solidaridad sin igual  implica el extremo abajamiento de Jesús, el  Siervo, que no sólo se puso entre los  pecadores, sino que, por amor a nosotros,  experimentó la consecuencia última del  pecado de la humanidad en el asesinato  violento de la cruz.

El bautismo del Señor según Lucas

Los evangelios destacan en la narración bautismal el carácter divino de la  persona  de Jesús, pero este año se lee la versión lucana del relato (Lc 3,15-16.21- 22),  que  acentúa en Jesús tres rasgos esenciales: su plena humanidad al  bautizarse con  todo el pueblo, su carácter profético y su identidad como  hombre ungido por el  Espíritu Santo. Todo esto acontece en el marco de  la oración de Jesús.

La solidaridad sacrificial de Jesús con la fuerza del Espíritu

La apertura del cielo evoca al profeta Ezequiel (cf. Ez 1,1) y la bajada del  Espíritu  Santo en forma física de paloma contribuye a desvelar la identidad del  bautizado en  cuanto Siervo de Dios. Asimismo la dimensión de la oración presenta  a Jesús en un  permanente diálogo con Dios, lo cual es un elemento que está  presente en todo el  evangelio de Lucas. El bautismo de Jesús tiene como objetivo  presentar  su profunda solidaridad con los seres humanos apareciendo entre los  pecadores  y mostrándose como uno de tantos en el misterio de la cruz. Jesús  murió entre los  criminales, pero él convirtió ese crimen en un sacrificio redentor.  Se puede decir  que su muerte fue la peor de las muertes humanas, pero con la  fuerza del  Espíritu Santo, presente siempre en él y destacado en el Bautismo, él  la convirtió  en algo sagrado en virtud de su amor, un amor que irradia perdón,  fortaleza y vida.

El Siervo de Dios implanta la justicia

Los textos del Antiguo y Nuevo Testamento ayudan a comprender el sentido  de  esta manifestación divina en el bautismo. El primer poema del Siervo en Isaías  (Is  42,1-7) habla de un personaje enigmático, aplicado, según la  interpretación  cristiana, a Jesús, cuya prefiguración se completa con los otros  poemas del Siervo  sufriente (Is 49, 1-7; 50, 4-9; 52, 13-53, 12). En ese primer  cántico se revela  la figura del Siervo elegido por Dios para llevar adelante una  misión profética  singular, la de promover el derecho en la tierra e implantar la  justicia en la  historia, encabezando el proceso de liberación de los  oprimidos de este mundo,  en el máximo amor y respeto a lo más débil e  indigente de la humanidad y sin  ningún tipo de alarde ni de espectacularidad. Es  el Mesías servidor que, impulsado  por el Espíritu, consumó su entrega por la  justicia en la injusticia de la cruz.

El  bautismo de Jesús es la manifestación abierta  y profética de su misión y de su  destino.

Bautizados en el Espíritu de Jesús

Como cristianos, bautizados en el Espíritu de Jesús y sintiéndonos muy  amados  por Dios como hijos suyos,  auguramos, siempre guiados con la Palabra de  Dios, un  tiempo nuevo para promover todo lo que hay de bueno y de justo en cada  uno de  nosotros y podemos comprometernos con todo tipo de acciones solidarias y  justas  que estén a nuestro alcance, dispuestos a hacer todavía un sacrificio de  justicia  mayor para orientar los esfuerzos de las personas, de los estados y de los  que ostentan el poder económico mundial hacia los intereses de la justicia  internacional, de la promoción del derecho y de todos los derechos individuales,  sociales, políticos  y económicos en todos los pueblos y naciones de la tierra.

Benedicto XVI defiende a los pobres

 Benedicto XVI se expresaba en esta línea profética poco antes de dejar su  pontificado en su último mensaje de la jornada mundial de la paz:  “Causan alarma  los focos de tensión y contraposición provocados por la creciente  desigualdad  entre ricos y pobres, por el predominio de una mentalidad egoísta  e  individualista, que se expresa también en un capitalismo financiero  no  regulado”(n.1) […] “En el ámbito económico, se necesitan, especialmente  por  parte de los estados, políticas de desarrollo industrial y agrícola que se  preocupen  del progreso social y la universalización de un estado de derecho y  democrático. Es  fundamental e imprescindible, además, la estructuración ética de  los  mercados monetarios, financieros y comerciales; éstos han de ser  estabilizados y  mejor coordinados y controlados, de modo que no se cause daño  a los más pobres” (n.5).

El Papa Francisco y el compromiso por la justicia

Asimismo el papa Francisco orienta el compromiso cristiano por la justicia y  la opción por los pobres al decirnos en la Evangelii Gaudium , n.187: “Cada  cristiano y cada comunidad están llamados a ser instrumentos de Dios para la  liberación y promoción de los pobres, de manera que puedan integrarse  plenamente en la sociedad”. Y también en el n. 58…  “¡El dinero debe servir y no  gobernar! El Papa ama a todos, ricos y pobres, pero tiene la obligación, en nombre  de Cristo, de recordar que los ricos deben ayudar a los pobres, respetarlos,  promocionarlos. Os exhorto a la solidaridad desinteresada y a una vuelta de la  economía y las finanzas a una ética a favor del ser humano”.

José Cervantes Gabarrón, sacerdote misionero y profesor de Sagrada Escritura

Graciela Arandia de Hidalgo



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