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lunes 29 noviembre 2021
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Reflexión dominical: Anunciemos lo que hemos visto y oído

Campanas/P. José Cervantes/ El día del Domund 2021. Este año la Jornada Misionera de la Iglesia en el Mundo, el Domund 2021, se celebra este domingo, día 24 de octubre, con el lema “Cuenta lo que has visto y oído”. La Iglesia católica pretende que todos los cristianos reflexionemos sobre la identidad misionera de todos los creyentes del Pueblo de Dios impulsando la toma de conciencia y el compromiso personal ante la urgencia de anunciar el Evangelio y de ser testigos de Jesucristo, el Señor y Salvador, en el mundo de hoy. Al mismo tiempo la Iglesia quiere avivar la solidaridad y la ayuda, espiritual y material, a los misioneros, por parte de las gentes de buen corazón y de los creyentes que habitan en cualquier parte del mundo. Por eso, además de la oración, se hace también una campaña de apoyo económico a todos los misioneros del mundo y a las múltiples obras que realizan en favor de la Evangelización y de la atención a los pobres y a los que sufren.

La realidad y la importancia de la curación del ciego Bartimeo

En el Evangelio de hoy resuena la súplica de un mendigo ciego que implora misericordia. Es el episodio del encuentro de un mendigo ciego con Jesús en Jericó (Mc 10, 46-52). El ciego se llamaba Bartimeo, era un marginado que estaba sentado junto al camino y que encontró en Jesús la salvación que cambió su vida, pues se puso en marcha siguiendo a Jesús por el camino tras haber conseguido una nueva visión rehabilitadora de la vida. La realidad histórica acontecida en este episodio así como su importancia significativa, simbólica y teológica, desde la narración de Marcos constituyen dos elementos dignos de consideración para fundamentar, en el encuentro personal con Cristo a través de esta palabra evangélica, un motivo de ánimo y esperanza que nos saque de cualquier estado de paralización, de ceguera y de miseria.

Los discípulos, mediadores del encuentro con Jesús

En los tres evangelios sinópticos se repite el grito del ciego, donde se invoca la misericordia de Jesús, el Mesías davídico, con la súplica heredada en nuestra tradición litúrgica del “Kyrie eleison” (Señor, ten piedad). Marcos destaca que los discípulos son, por encargo del Señor, mediadores del encuentro entre el ciego y Jesús. La misión dada por el Señor a todo discípulo es ser mediador del encuentro de Jesús con los necesitados, dando ánimo, levantando a los marginados y haciéndoles percibir la llamada de Jesús, que siempre escucha el clamor del pobre y del mendigo.

La recuperación de la dignidad, de la alegría y de la visión

También destaca Marcos que la respuesta del ciego a esta llamada es extraordinaria, pues, tirando el vestido y brincando, fue al encuentro de Jesús. El que era mendigo y ciego recupera la dignidad, la libertad y la alegría incluso antes que la visión, pues se ha encontrado con el Jesús de la misericordia entrañable de Dios. La fe ciega en Jesús se manifiesta en todo el proceso. Y esa fe conduce al camino de la salvación, prometido por Dios en Jeremías (Jr 31,7-9) para cojos y ciegos, que eran exponentes de la población de los indigentes en un pueblo oprimido, pero llamado por Dios al consuelo, a la libertad y a la alegría exultante.

Recuperado por Jesús y discípulo suyo

Por eso la trascendencia de este milagro de Jesús radica en su profundo significado desde la fe cristiana. En la presentación evangélica de este encuentro liberador del ciego con Jesús es fácil percibir la connotación de una catequesis bautismal. La recuperación de la vista se vincula al bautismo como iluminación de la vida mientras que el abandono del manto por parte del ciego representa la ruptura con el pasado para comenzar una vida nueva. La correlación existente entre el oír y el creer del ciego, y, a partir de su encuentro personal con Jesús, la recuperación de la visión y el ulterior seguimiento de Jesús en su camino a Jerusalén, convierten al ciego Bartimeo en otro prototipo del auténtico discípulo y seguidor de Jesús.

La Iglesia mediadora anima al encuentro con Jesús

También hay que destacar el énfasis de Marcos en el papel mediador de los discípulos, que, siguiendo la indicación de Jesús, llaman al ciego dándole ánimo para encontrarse con el Señor. Así se dibuja también en el evangelio la misión mediadora de la Iglesia atenta a las personas que, como el mendigo ciego, sufren enfermedades, ceguera física y espiritual, marginación, desempleo forzoso y pobreza. Hacia todas ellas los creyentes estamos llamados a decir una palabra de aliento y de esperanza, abriendo caminos inéditos de solidaridad, que conduzcan al encuentro salvador con Jesús. “¡Ánimo, levántate!” debe ser también nuestra palabra en este momento crítico de la historia.

La Iglesia misionera llamada a dar una nueva visión desde el Evangelio

Nuestra sociedad está también un poco ciega. Como creyentes hemos de activar una respuesta múltiple en la Iglesia para que ejerza su verdadera misión mediadora, que permita dar una nueva visión de la situación de pobreza, de miseria y de marginación que predomina en nuestro mundo. Es preciso el análisis riguroso, la toma de conciencia de la situación crítica, la intervención solidaria amorosa y rehabilitadora de la dignidad de los últimos, de los ninguneados y de los marginados.

Jesucristo, sumo sacerdote, mediador entre Dios y los hombres

La carta a los Hebreos (Heb 5,1-6) sigue exponiendo los elementos del sacerdote supremo que es Cristo como mediador entre Dios y los hombres. El primer rasgo del sacerdocio de Cristo es su profunda solidaridad con los seres humanos, sus hermanos, con cuyas debilidades ha de ser siempre indulgente y compasivo, tal como muestra Jesús en el milagro de la curación del ciego. Por eso un sacerdote no es más que otra persona, sino uno más entre los demás, un verdadero hermano solidario, no pertenece a ninguna casta, ni heredada ni conquistada por carrera eclesiástica. En todo caso el sacerdocio es el don de una llamada de Dios, el cual confiere la dignidad sacerdotal mediante una ofrenda existencial, celebrada en la Eucaristía de la ordenación sacerdotal y que no tiene nada que ver con ritos ni ofrendas, sino con la entrega de la propia vida. La alusión a la Pasión de Cristo (Heb 5,7-10) revela que la ofrenda de la vida en el sufrimiento y mediante la oración fue aceptada por Dios y por eso la Pasión de Cristo es su consagración sacerdotal.

Sacerdotes, mediadores de la dignidad, del consuelo y de la libertad

El sacerdocio ministerial participa de esta misma gracia sacramental, pues la comunión con el sacerdocio de Cristo se va realizando en la vida mediante la transformación existencial de los sacerdotes, sobre todo cuando éstos aprenden la voluntad de Dios en la escuela del dolor humano y de la solidaridad con sus hermanos crucificados, convirtiéndose para todos en mediadores de los dones divinos. De estos dones, a la luz del evangelio de hoy, se pueden resaltar la dignidad, el consuelo, la libertad y la alegría. Igual que el ciego se convirtió en discípulo, que contaba lo que le había pasado en el encuentro con Jesús, todos nosotros, tanto sacerdotes, religiosos y laicos, tenemos la gran misión de anunciar lo que hemos visto y oído al encontrarnos con Jesús. Feliz día del Domund.

José Cervantes Gabarrón, sacerdote misionero y profesor de Sagrada Escritura

Graciela Arandia de Hidalgo



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