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lunes 9 diciembre 2019
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“Quiero hacer del servicio mi vida y no dejarlo para el fin de semana” afirma misionero laico que regresa a su país después de 6 años en Santa Cruz

Cuando vino a Bolivia como voluntario por primera vez tenía 28 años y estaba graduado como abogado en Milán-Italia. Recuerda vívidamente que fue a su diócesis y les dijo que se ponía al servicio como misionero para lo que lo necesiten. En ese momento no sabía a dónde lo llevaría la misión, tampoco hubiera podido imaginarse que en Bolivia conocería a su esposa con quien tendría dos hijos y que juntos consagrarían su vida a la misión.

Ha terminado el tiempo que la diócesis de Milán lo envió como misionero a la Arquidiócesis de Santa Cruz y debe regresar. En los días previos a su viaje de retorno Mirko Pozzi está hecho un manojo de nervios, tiene una “enredadera” como él mismo describe la emoción y los sentimientos encontrados por la partida.

Su primera experiencia fue de 3 años como misionero en la Pastoral Penitenciaria en Cochabamba y ahora acaba de concluir 6 años como colaborador en la Delegación Episcopal de Obras de Servicio Social en Santa Cruz. Como un gesto de agradecimiento a su generoso servicio, Monseñor Sergio Gualberti, Arzobispo de Santa Cruz, junto a todos los Obispos, el personal de la curia y el directorio de las Obras de Servicio Social, hicieron un alto en las labores diarias para tomarse un tiempo y expresar a Mirko la gratitud de la Iglesia cruceña por este servicio donado, deseándole lo mejor para su vida de misión en su nuevo destino.

A continuación una breve conversación con Mirko Pozzi para conocer cómo encaminó su vida a la misión.

¿Recuerdas cómo empezó el camino de tu vida cristiana que después te llevó a ser misionero?

 En mi adolescencia colaboré con la Cáritas de mi pueblo, fuimos a la guerra de Bosnia, Gugoslavia llevando camiones llenos de medicamentos; también hice experiencia de servicio a personas con discapacidad en lugares cerca de mi casa.

Cuando me licencié de los estudios me pregunté ¿Qué quieres hacer  de tu vida?

Y mi respuesta fue que quería hacer del servicio mi vida y no dejar el servicio para el sábado por la tarde o los fines de semana; hay mucha gente buena que trabaja en el la oficina o en cualquier otro tipo de trabajo y el fin de semana lo dedica al voluntariado y eso está bien, pero yo sentía que eso no me bastaba.

 ¿Y Cómo se dio tu misión a Bolivia la primera vez?

 Cuando me gradué de abogado recuerdo que fui a mi diócesis y les dije que me ponía a disposición para que lo necesiten. Al principio recibí tres propuestas para hacer misión, una en África, otra en Ucrania y otra en Bolivia. Sin embargo, la propuesta de Bolivia me pareció más desafiante pues el Padre Eugenio Cotter, que en ese entonces era responsable de Pastoral Social Cáritas en Cochabamba, me propuso ser voluntario y apoyarlos en la Pastoral Penitenciaria.

“Mi idea era un par de años, luego me voy a hacer otra experiencia a África, pensé” pero ese par de años se transformaron en 9 años, 3 años en Cochabamba  luego 6 en Santa Cruz” recuerda Mirko.

Después de esa primera experiencia de tres años, regresó a Milán junto a su esposa. Allí tuvieron un hijo y se podría decir que estaban haciendo una vida “normal” hasta el día en que bautizaron a su hijo y recordaron aquel sueño de ser misioneros, después de eso el tema no estuvo fuera de sus conversaciones, la llama de la misión se fue avivando hasta que un día se pusieron de nuevo a disposición de la diócesis de Milán para ser una “familia misionera”. Así llegaron a Santa Cruz bajo el convenio “fidei donum” para la misión.

¿Cuál fue el servicio que hicieron en Santa Cruz?

Mi esposa es Psicóloga así que nos hicimos cargo de un proyecto de acogida y abrimos una “Casa Familia” para acoger a adolescentes que venían de los hogares, una experiencia intermedia entre la sobre protección de los hogares y la soledad de la independencia. Queríamos que vivan la experiencia de una familia funcional, mientras las apoyábamos en su camino a la independencia.

También apoyé en la Delegación Episcopal de Obras de Servicio Social. Traté de ser un apoyo técnico para el padre Octavio Sabaddín, el Delegado Episcopal de estas obras. La idea era poner un poco de orden en el panorama de las obras de servicio social.

A Monseñor Sergio, que por entonces era Obispo Auxiliar y responsable del área de las Obras de Servicio Social, le preocupa mucho este trabajo. Me dijo que eran muchas obras sociales y muy buenas pero que estaban un poco al aire desde el punto de vista jurídico.

En este tiempo se consiguió un poco de orden. Ahora tenemos claridad de cuáles obras son jurídicamente católicas, queda claro cuáles son los hogares que dependen directamente de la diócesis, cuáles de sus congregaciones y cuáles de sus asociaciones privadas.

¿Qué aspectos crees que falta profundizar para dar continuidad a tu trabajo?

 Hace falta más conexión entre las obras de servicio social, que se sientan parte de algo unitario. No es lo mismo que un Hogar se presente solo para una gestión frente a las autoridades a que si se presentan en conjunto, eso obviamente adquiere más fuerza.

¿Y después de 6 años de servicio, qué te deja esta experiencia de misión?

Me deja contento, estoy a pocas horas de salir y tengo una enredadera de emociones que no se desenredar.

La experiencia de la casa familia ha sido la experiencia más fuerte de nuestra permanencia en Santa Cruz. Traer a las chicas a la casa ha sido muy bueno y una experiencia en la que hemos crecido con ellas, intentamos ser un eslabón intermedio entre la sobre protección de los hogares y la soledad de la vida afuera, para prepararlas a la independencia.

En nuestra diócesis nos pidieron sembrar no cosechar, ni traer resultados concretos, nos dijeron vayan y sean testimonio.

Es por eso que al regresar a Italia hemos buscado de seguir con nuestra misión. Así que vamos a apoyar en un proyecto de ayuda a niños, adolescentes y jóvenes con problemas de drogadicción en un pequeño pueblo de unos 12 mil habitantes donde está este centro.

¿Y por qué crees que deberíamos ser misioneros?

Porque creemos que la dimensión misionera es parte integrante de nuestro ser católico. El mover los pies para ir al encuentro de los otros, de los que necesitan y no esperar, es parte de nuestra identidad y visión de ser católicos”.

 

 

 

Encargado


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