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viernes 24 enero 2020
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Que en este nuevo año reine la reconciliación, la Paz y la unidad entre todos los bolivianos, pide Arzobispo

Campanas. La misa de Año nuevo, fue presidida por el Arzobispo de Santa Cruz, Mons. Sergio Gulberti, en la Basílica Menor de San Lorenzo Mártir – Catedral. En su mensaje Monseñor  pidió que en este nuevo Año 2020, reine la  esperanza, la reconciliación, la paz, la unidad y el bien común entre todos los bolivianos.

También el Arzobispo nos  exhortó a  ser  seguidores de Cristo, testigos del reino de Dios, reino de la vida, la caridad, la solidaridad, la verdad, la justicia, la libertad y la paz.  Así mismo nos pidió que en este camino nos dejemos acompañar por Santa María, la  Madre de Dios a la que está dedicado el 1º día del año, y sigamos su ejemplo cumpliendo cada día con fidelidad y alegría la voluntad de Dios.

El prelado aseguró que dentro de unos cuantos minutos, durante la cena y entre copas, música y cohetes, nos estaremos felicitando, abrazando, deseándonos bendiciones y lo mejor por el año nuevo, para nuestros seres queridos, las amistades y nuestro país. Muchos también pedirán la buena suerte recurriendo a costumbres y tradiciones, como vestir prendas de colores determinados, comer las doce uvas, tomar la maleta y leer el horóscopo. Al respecto permítanme una pregunta: ¿Realizar esas costumbres hará el 2020 mejor que el 2019? Les digo que ¡No! Pasado mañana, al volver a las faenas cotidianas, nos encontraremos puntalmente con todos nuestros problemas y responsabilidades.

El próximo año no será feliz ni bueno por arte de magia, sino  será nuevo si nosotros ponemos todos nuestros esfuerzos para hacerlo nuevo; si nosotros, en primer lugar, cambiamos en lo profundo de nuestro ser, nuestra mentalidad, nuestra manera de actuar y de relacionarnos con los demás y si nos convertimos en personas nuevas en Cristo, dijo el prelado

Los augurios de Año Nuevo nos tienen que comprometer también a dar testimonio de Cristo allí donde nos ha puesto, en particular a los niños y a los jóvenes, para que descubran que Él es el único que puede apagar la sed de autenticidad y de felicidad que está en sus corazones.

Homilía de Mons. Sergio Gualberti

martes 31/12/2019

La Eucaristía de esta noche al terminar el 2019 quiere ser nuestra sincera acción de gracias a Dios porque nos dio un año más de vida y por sus abundantes bendiciones. Al mismo tiempo es la ocasión para hacer, a la luz de la fe, un examen de conciencia acerca de las luces y sombras de este año, en nuestra vida espiritual, familiar y social.

En esta tarea nos pueden ayudar unas preguntas: ¿Hemos crecido en la fe, en la vida y valores cristianos y en nuestro compromiso con la comunidad? ¿En nuestra familia hemos sido personas que han creado unidad y armonía? ¿En nuestras relaciones sociales, hemos respetado y amado al prójimo y nos hemos solidarizado con los más pobres y necesitados? ¿En la profesión y el trabajo, hemos dado testimonio de honradez, honestidad y responsabilidad?

En nuestro examen, junto a muchos logros y avances saldrán a la luz también nuestros errores y pecados, por eso, además de expresar nuestra gratitud a Dios, es necesario que con humildad le pidamos perdón y hagamos el propósito de enmendar nuestras faltas y de cambiar el rumbo de nuestra vida.

Abramos ahora nuestra mirada de fe sobre lo que hemos vivido este 2019 en nuestro país. Lo que a primera vista  resalta son los hechos tristes y violentos que salen a flote, desgracias y conflictos que han sembrado desánimo, temor, dolor y lutos en tantos hogares y comunidades. Los conocemos muy bien y no me quiero detener en ellos, porque creo que han sido mucho más los hechos positivos, aunque a menudo no salen a la luz. Entre ellos hay un acontecimiento muy conocido que merece ser más profundizado: “el paro de las pititas”. Este hecho histórico nos ha abierto horizontes de esperanza y nos ha devuelto la confianza en nosotros mismos y en nuestras potencialidades. En esos 21 días, con grandes  esfuerzos e iniciativas pacíficas se ha logrado hacer respetar los votos ciudadanos y los principios democráticos, demostrando que la no violencia activa ha podido más que los discursos de odio, las provocaciones, la violencia y los enfrentamientos.

El paro ha sido una experiencia de participación y responsabilidad ciudadana muy importante y reveladora para nuestro pueblo, por eso no se debe dejar en el olvido sino ser aprovechada para el camino que hemos iniciado.

Además de la actitud de paz y de la no violencia activa, hay que señalar otros grandes valores que han salido a la luz, como: la capacidad de sacrificio de las personas, en particular  de los más pobres; el espíritu de solidaridad; la recuperación del sentido de vecindad; la fe común y firme en la democracia y en los valores de la justicia, la libertad y los derechos humanos; la participación masiva y convencida de los jóvenes; los momentos públicos de oración en particular el rezo del Rosario y la proclamación de la Palabra de Dios; el sentido de fraternidad y unidad entre todos los bolivianos sin distinción ni discriminación alguna y las celebraciones ecuménicas entre Iglesias y denominaciones cristianas.

Estos son los primeros y acertados pasos de un largo y proceso que nos espera, para que seamos vigilantes y no se caiga en la tentación, siempre al asecho, de volver al caudillismo y al autoritarismo, y para que en nuestro País haya una verdadera democracia y paz duradera.

Estos logros nos hacen iniciar el Año Nuevo, año electoral, bajo el signo de la esperanza, la reconciliación, la paz, la unidad y el bien común entre todos los bolivianos.

Dentro de unos cuantos minutos, durante la cena y entre copas, música y cohetes, nos estaremos felicitando, abrazando, deseándonos bendiciones y lo mejor por el año nuevo, para nuestros seres queridos, las amistades y nuestro país. Muchos también pedirán la buena suerte recurriendo a costumbres y tradiciones, como vestir prendas de colores determinados, comer las doce uvas, tomar la maleta y leer el horóscopo. Al respecto permítanme una pregunta: ¿Realizar esas costumbres hará el 2020 mejor que el 2019? Les digo que ¡No! Pasado mañana, al volver a las faenas cotidianas, nos encontraremos puntalmente con todos nuestros problemas y responsabilidades.

El próximo año no será feliz ni bueno por arte de magia, sino  será nuevo si nosotros ponemos todos nuestros esfuerzos para hacerlo nuevo; si nosotros, en primer lugar, cambiamos en lo profundo de nuestro ser, nuestra mentalidad, nuestra manera de actuar y de relacionarnos con los demás y si nos convertimos en personas nuevas en Cristo.

Los augurios de Año Nuevo nos tienen que comprometer también a dar testimonio de Cristo allí donde nos ha puesto, en particular a los niños y a los jóvenes, para que descubran que Él es el único que puede apagar la sed de autenticidad y de felicidad que está en sus corazones. Nuestra conversión sincera, nos compromete a ser también operadores de paz, como nos pide el Papa Francisco en su mensaje de la 53 Jornada Mundial de la Paz en este Año Nuevo, cuyo lema dice: “La paz como camino de esperanza: diálogo, reconciliación y conversión ecológica”.

Sus palabras nos indican que nuestra conversión involucra no solo nuestra manera de relajarnos con Dios y el próximo, sino también con la creación confiada a nuestro cuidado. Es urgente que en nuestro país crezca la consciencia ecológica para que nunca más se repitan los desastrosos incendios de bosques y reservas forestales y para que no se amplien las fronteras agrícolas y ganaderas.

De la misma manera hay que decir no a la implementación de centrales hidroeléctricas en reservas forestales, dejar de contaminar los ríos y la tierra por la explotación salvaje de hidrocarburos y minerales, en el  respeto de los derechos de los pueblos indígenas. Preservar el medio ambiente es preservar nuestra existencia y la de las futuras generaciones.

Hemos mirado con ojos de fe al año pasado y también al compromiso que nos espera con el nuevo año: ser  seguidores de Cristo, testigos del reino de Dios, reino de la vida, la caridad, la solidaridad, la verdad, la justicia, la libertad y la paz.  En este camino dejémonos acompañar por Santa María, la  Madre de Dios a la que está dedicado el 1º día del año, y sigamos su ejemplo cumpliendo cada día con fidelidad y alegría la voluntad de Dios.

Con las palabras de los sacerdotes del A.T. pedimos la bendición de Dios para que el Año Nuevo sea un Buen Año para todos y cada uno de nosotros, nuestras familias, ciudad y país: “Qué el Señor te bendiga y te proteja; Qué el Señor te mire con agrado y te muestre su bondad; Qué el Señor te mire con amor y te conceda la paz“. Amén

Graciela Arandia de Hidalgo



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