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miércoles 17 agosto 2022
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¡Qué el Dios de la Vida haga realidad nuestro sueño de una nueva Bolivia, reconciliada y unida, un hogar donde haya paz!, pide Arzobispo

Campanas. Conmemorando los 196 años de la Independencia de Bolivia, hoy  viernes  6 de agosto desde la Basílica Menor de San Lorenzo Mártir –  Catedral, el Arzobispo de Santa Cruz, Mons. Sergio Gualberti pidió,  ¡Qué el Dios de la Vida haga  realidad nuestro sueño de una nueva Bolivia, reconciliada y unida, un  hogar donde haya paz, concordia y bienestar para todos! ¡Qué el Dios de la Vida sostenga nuestro propósito y camine a nuestro lado por las sendas de la historia, a fin de que nuestro sueño se haga realidad en un futuro no muy lejano!

El  “TE DEUM”  – Oración  Ecuménica de acción de  Gracias por Bolivia, fue presidido por el Arzobispo de Santa Cruz, Mons. Sergio Gualberti,  participaron los Obispo Auxiliares: Mons. René Leigue, Mons. Estanislao Dowlaszewicz, Sacerdotes, las Iglesias que conforman el diálogo ecuménico en Santa Cruz: Iglesia Copta Ortodoxa de Bolivia; Mons. Anba Youssef, Iglesia Anglicana Episcopal de Bolivia; Mons. Rhaphael Samuel, la Iglesia Evangélica Metodista de Bolivia ; Pastor Eusebio Calderón, de la Comisión Arquidiocesana de Ecumenismo, el P. Humberto Lira Ramos, Srta. Emma Inés Veliz, Sra. María Piedades  Mercado, Hermana  María Ester Ledezma FMMDP, Srta. Zulema Tórrez y la Sra. Elba. También participaron Autoridades Municipales, Departamentales y Nacionales y todo el Pueblo de Dios.

Hermanos y hermanas, el Señor nos ha reunido esta mañana, junto a las hermanas Iglesias Anglicana, Copto-Ortodoxa y Metodista, para celebrar el Te Deum, la solemne acción de gracias a Dios en el 196 aniversario de la Proclamación de la Independencia de nuestra querida patria Bolivia. Sinceramente no pensaba que, también este año, nos tocaría celebrar este acontecimiento, en un clima de medidas de seguridad y de relaciones personales restringidas por el persistir de la pandemia del COVID, con sus secuelas de dolor, muerte y crisis económica y social. Ante esta situación, es lógico esperar que el contagio pase de una vez por todas, y volver a la praxis común del pasado. Para eso, no hay que dudar en seguir con las prescripciones sanitarias, incluida la vacuna, dijo el prelado al iniciar su homilía.

Un país reconciliado y dialogante

Antes de intentar responder a estas preguntas, hace falta una consideración preliminar. En nuestro País, estamos sufriendo por la falta de diálogo, la crispación y los enfrentamientos a nivel social y político, hechos que impiden la reconciliación, la paz y la preparación de un sueño común.

La Verdad nos hará libres

En el primer paso hacia un futuro distinto, hay un elemento básico que no puede faltar: el señorío de la verdad. Recordemos el octavo mandamiento: “No darás falso testimonio ni mentirás”: Con estas palabras lapidarias, Dios prohíbe falsear la verdad y divulgar falsas noticias y medias verdades. Dios y la historia un día se encargarán de cobrarnos.  Jesús nos anima a practicarla, porque “La verdad los hará libres” y porque la verdad tiene la virtud de liberarnos de toda atadura que esclaviza, entristece y aliena y porque sin ella no puede haber justicia ni relaciones auténticas con los demás.

Sobre todo, la verdad da sentido a nuestra vida personal y social y, junto a la justicia y a la libertad, forma la base sólida de un País fundado sobre la roca y no sobre arena movediza.

Una justicia ecuánime e independiente

La justicia tiene la noble misión de hacer brillar la realidad objetiva, y la correcta interpretación de los hechos, conforme a la verdad. Esta tarea debe ejercerse en total libertad y autonomía de los demás poderes del Estado y de las influencias políticas, económicas y sociales. Sin embargo, es notorio el sentimiento de frustración y desconfianza de nuestra población hacia la administración de la justicia, una de las instituciones más cuestionadas en nuestro País, cuando los derechos pisoteados, las desigualdades, la indefensión y el atropello a las leyes y a la institucionalidad, solamente causan violencia, enfrentamientos y lutos.

Vida y Bienestar para todos

Gran parte de la población en Bolivia se encuentra sumida en una situación de pobreza que se ha agudizado y extendido a causa de la pandemia. A nuestro lado, están tantos hermanas y hermanos descartados del sistema económico de libre mercado y consumista, donde el ser humano está sometido al dominio de la economía, hecho aberrante que además de vulnerar la dignidad de la persona, hace perder el sentido comunitario y solidario de nuestros pueblos y culturas indígenas.

La salvaguarda de la Hermana Madre Tierra

Otro ámbito vital, que está en peligro, es la drástica reducción del hábitat silvestre y de la biodiversidad en el mundo, por la expansión constante de las fronteras agrícolas, ganaderas y habitacionales, vulnerando el equilibrio ecológico. Si miramos con objetividad el trato que damos a la naturaleza en nuestro País, debemos reconocer que estamos procediendo en manera irracional, hiriendo gravemente a la “Madre Tierra”, en pos de intereses económicos o políticos. Se incendian bosques y florestas, Reservas y Parques Nacionales, se implementan asentamientos ilegales manipulando a gente pobre, se explotan recursos no renovables en manera salvaje y se contamina el subsuelo, el aire y el agua.

 

GALERÍA FOTOGRÁFICA

“Te Deum por los 196 aniversarios de la Independencia de Bolivia”

Hermanos y hermanas, el Señor nos ha reunido esta mañana, junto a las hermanas Iglesias Anglicana, Copto-Ortodoxa y Metodista, para celebrar el Te Deum, la solemne acción de gracias a Dios en el 196 aniversario de la Proclamación de la Independencia de nuestra querida patria Bolivia. Sinceramente no pensaba que, también este año, nos tocaría celebrar este acontecimiento, en un clima de medidas de seguridad y de relaciones personales restringidas por el persistir de la pandemia del COVID, con sus secuelas de dolor, muerte y crisis económica y social. Ante esta situación, es lógico esperar que el contagio pase de una vez por todas, y volver a la praxis común del pasado. Para eso, no hay que dudar en seguir con las prescripciones sanitarias, incluida la vacuna.

Aunque este deseo es más que legítimo, sin embargo considero que es parcial y limitado. El hecho que esta plaga mortífera, muy pocas veces vista en la historia de la humanidad, haya golpeado al mundo entero con una rapidez inaudita, nos cuestiona y nos llama a hacer una reflexión pormenorizada sobre sus causas y consecuencias. Desde las omisiones y los errores del pasado, tenemos que saber avizorar un futuro nuevo y esperanzador y pensar en una nueva manera de vivir las relaciones con Dios, el prójimo y la naturaleza.

Este pensamiento es fruto de la razón humana y de nuestra fe en el Dios de la historia que guía las suertes del mundo a través de su los acontecimientos de cada día. Estemos atentos a lo que nos quiere decir el Señor, escuchando al profeta Isaías y al apóstol San Pablo: “Ya no recuerdes el ayer, no pienses más en cosas del pasado. Yo voy a hacer algo nuevo, y verás que ahora mismo va a aparecer (Is, 43, 18s). Lo viejo ya ha pasado, ¡ahora todo es nuevo!… (2 Cor 5,17)”. 

A la luz de estas palabras, debería brotar en nosotros unas preguntas: ¿Cuáles son los errores y esclavitudes del pasado que nos han llevado a esta crisis general en todo el mundo? ¿Y cuál es el nuevo sueño común de mundo y País en sintonía con el plan de Dios que debemos implementar?

Un país reconciliado y dialogante.

Antes de intentar responder a estas preguntas, hace falta una consideración preliminar. En nuestro País, estamos sufriendo por la falta de diálogo, la crispación y los enfrentamientos a nivel social y político, hechos que impiden la reconciliación, la paz y la preparación de un sueño común. En una sociedad reconciliada no puede haber cabida para la violencia y los conflictos, como medios para resolver los problemas, porque “la violencia destruye lo que pretende defender: la dignidad, la vida, la libertad del ser humano“. (El Papa San Juan Pablo II, 1-1- 2005). Por eso, hay que promover un acercamiento entre partes enfrentadas y entablar un diálogo sincero y real, en el marco de la verdad, el respeto, la escucha y aceptación del otro, teniendo el valor y la humildad de reconocer las propias equivocaciones y de pedir y recibir perdón.

Es lo que nos decía también el Papa Francisco, en su primer saludo a la llegada al Aeropuerto de “El Alto” en la visita a Bolivia de hace seis años: “El Diálogo, es indispensable. Construir puentes en vez de levantar muros... todo esto requiere un espíritu de colaboración ciudadana, de diálogo y participación de los individuos y los actores sociales en las cuestiones que interesan a todos”.

La Verdad nos hará libres.

En el primer paso hacia un futuro distinto, hay un elemento básico que no puede faltar: el señorío de la verdad. Recordemos el octavo mandamiento: “No darás falso testimonio ni mentirás”: Con estas palabras lapidarias, Dios prohíbe falsear la verdad y divulgar falsas noticias y medias verdades. Pero, en nuestra sociedad, con fines más o menos ocultos de tipo económico, político u otro, es muy común recurrir a esta praxis. No deberíamos olvidar que la verdad, más temprano que tarde, flota y que Dios y la historia un día se encargarán de cobrarnos.  Jesús nos anima a practicarla, porque “La verdad los hará libres” y porque la verdad tiene la virtud de liberarnos de toda atadura que esclaviza, entristece y aliena y porque sin ella no puede haber justicia ni relaciones auténticas con los demás.

Sobre todo, la verdad da sentido a nuestra vida personal y social y, junto a la justicia y a la libertad, forma la base sólida de un País fundado sobre la roca y no sobre arena movediza.

Una justicia ecuánime e independiente.

La justicia tiene la noble misión de hacer brillar la realidad objetiva, y la correcta interpretación de los hechos, conforme a la verdad. Esta tarea debe ejercerse en total libertad y autonomía de los demás poderes del Estado y de las influencias políticas, económicas y sociales. Sin embargo, es notorio el sentimiento de frustración y desconfianza de nuestra población hacia la administración de la justicia, una de las instituciones más cuestionadas en nuestro País, por la corrupción, el manoseo y el desprecio a la que está sometida, y cuyas víctimas son las personas y sectores más vulnerables. Los derechos pisoteados, las desigualdades, la indefensión y el atropello a las leyes y a la institucionalidad, solamente causan violencia, enfrentamientos y lutos. Por eso, es urgente emprender la reforma de la justicia, conscientes que sin la justicia ecuánime y libre no habrá un país en paz.

Vida y Bienestar para todos.

Gran parte de la población en Bolivia se encuentra sumida en una situación de pobreza que se ha agudizado y extendido a causa de la pandemia. A nuestro lado, están tantos hermanas y hermanos descartados del sistema económico de libre mercado y consumista, donde el ser humano está sometido al dominio de la economía, hecho aberrante que además de vulnerar la dignidad de la persona, hace perder el sentido comunitario y solidario de nuestros pueblos y culturas indígenas. El Papa Francisco lo afirma sin medios términos: “En este mundo intoxicado con el consumismo,… se genera la cultura del descarte que no respeta nada ni a nadie: desde los animales a los seres humanos, e incluso al mismo Dios”.

Ante esta realidad, la lucha en contra de la pobreza debe ser una prioridad del Estado a través de un sistema donde la economía esté al servicio del ser humano, para que todos los bolivianos podamos gozar de una vida digna y en paridad de condiciones. En esta tarea, los gobernantes están llamados a propiciar el bien común, en el marco de la justicia distributiva, y a privilegiar la atención de los más pobres y necesitados. Pero, también todos los ciudadanos tenemos que practicar la solidaridad que consiste en ocuparnos no solo de nosotros mismos, sino de los demás, ya que el sentido de la vida está en echarnos de menos, ayudar y cuidar a los demás, siguiendo el ejemplo de Jesús.

La salvaguarda de la Hermana Madre Tierra.

Otro ámbito vital, que está en peligro, es la drástica reducción del hábitat silvestre y de la biodiversidad en el mundo, por la expansión constante de las fronteras agrícolas, ganaderas y habitacionales, vulnerando el equilibrio ecológico. Si miramos con objetividad el trato que damos a la naturaleza en nuestro País, debemos reconocer que estamos procediendo en manera irracional, hiriendo gravemente a la “Madre Tierra”, en pos de intereses económicos o políticos. Se incendian bosques y florestas, Reservas y Parques Nacionales, se implementan asentamientos ilegales manipulando a gente pobre, se explotan recursos no renovables en manera salvaje y se contamina el subsuelo, el aire y el agua. No se piensa que, con las heridas infligidas al medio ambiente, se pone en riesgo nuestra propia subsistencia y la de las generaciones que nos siguen.

Hermanos y hermanas, nos apremia una tarea muy desafiante, y cada cual está llamado a asumirla de acuerdo a las responsabilidades que el Señor y la historia le han encomendado. Por eso, en breves instantes, todos juntos expresaremos las promesas que nos comprometen a hacer realidad nuestro sueño de una nueva Bolivia, una tierra de hermanos, reconciliada, unida, hogar bendecido por Dios donde haya paz, concordia y bienestar para todos. ¡Qué el Dios de la Vida sostenga nuestro propósito y camine a nuestro lado por las sendas de la historia, a fin de que nuestro sueño se haga realidad en un futuro no muy lejano! Amén

Graciela Arandia de Hidalgo



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