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viernes 19 julio 2019
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¿Pueden Comulgar los Divorciados y Casados de nuevo?

Pbro. Miguel Manzanera Conoze.com/ La Exhortación Apostólica Postsinodal “Amoris Laetitia” (AL) del Papa Francisco, fechada en la fiesta de San José, el 19 de marzo de este año 2016, clarifica y pone en vigencia las resoluciones más válidas a juicio del Papa que expresaron los obispos participantes en los dos sínodos episcopales de 2014 y 2015: Allí abordaron desde sus respectivas culturas los temas más importantes sobre el matrimonio y la familia a la luz de la razón y de la revelación cristiana.
 
La Exhortación AL constituye una enseñanza pontificia amplia y profunda sobre el matrimonio y la familia, no siempre fácil de entender. Por ello sería muy conveniente en las diócesis y en las comunidades religiosas y laicales en un ambiente de oración organizar jornadas de estudio sobre los diversos puntos allí expuestos.
 
Uno de los temas más esperados era la posible admisión a la comunión de los católicos casados por la Iglesia y luego divorciados que han contraído nuevas nupcias civiles. Pero, sin embargo, la Exhortación AL no trata directamente este problema, aunque ofrece pistas para desarrollar la enseñanza de la Iglesia Católica sobre este punto tan delicado que afecta a muchos de sus miembros.
 
La Iglesia parte de la definición del matrimonio como comunidad de vida y amor fiel e indisoluble, entre el varón y la mujer abierto a la fecundidad, elevada al rango de sacramento. Una característica clave del matrimonio es la indisolubilidad hasta la muerte de uno de los cónyuges. El mismo Jesús confirmó esa visión natural conyugal incluyendo en el pecado del adulterio a quien estando casado se divorcia y se casa civilmente y mantiene relaciones con el nuevo cónyuge: “Quien repudia a su mujer y se casa con otra, no en caso de fornicación, comete adulterio” (Mt 14,9). 
 
Por ello la Iglesia considera esta segunda unión como una unión irregular. Pero dado el gran número de personas, especialmente en los últimos tiempos, que viven en esa situación, la Iglesia trata de ayudarlas para que puedan recomponer su vida y vivir en gracia de Dios. Ya en 1983 el Papa San Juan Pablo II abordó este tema en la Exhortación apostólica  “Familiaris consortio” (84). Pedía a los divorciados y vueltos a casarse no sentirse excluidos de la comunidad de los fieles y  les invitaba a participar en la vida de la Iglesia, incluyendo la Santa Misa, y a vivir la caridad y la fe cristiana.
 
Pero al mismo tiempo les recordaba que su situación les impide recibir la comunión eucarística, que simboliza y realiza la unión de amor entre Cristo y la Iglesia. Sólo podrían ser admitidos si, arrepentidos de no haber sido fieles a la alianza fiel de Cristo con la Iglesia y no pudiendo dejar de convivir por motivos serios, se comprometen a vivir en continencia, absteniéndose de los actos sexuales conyugales. 
 
Esta vía ascética moral fue también reconocida en el año 2007 por el papa Benedicto XVI en la Exhortación Apostólica “Sacramentum caritatis” (29), donde explica una vía jurídica procesal más definitiva. Consiste en que el cónyuge divorciado, cuando tiene dudas legítimas sobre la validez de su anterior matrimonio religioso, acuda al tribunal eclesiástico competente para que, en caso de sentencia positiva, el cónyuge pueda si lo desea contraer nuevas nupcias.
 
Esa vía jurídica procesal hasta ahora poco conocida, y además morosa y costosa, ha sido simplificada por el Papa Francisco en su Carta Apostólica “Mitis Iudex Dominus Iesus”, vigente a partir del 8 de diciembre de 2015. Suprime la necesidad de una segunda instancia e incluso admite un proceso más breve. Si la sentencia del Tribunal Eclesiástico es favorable a la nulidad matrimonial, los hasta ahora considerados esposos quedan libres para contraer matrimonio religioso.
 
Ahora en la Exhortación “Amoris laetitia”, viendo que estas dos vías no llegan a solucionar el grave problema de los divorciados y vueltos a casar, el Papa, aún sin referirse expresamente al tema de la comunión sacramental, insinúa otros caminos posibles que constituirían una tercera vía práctica pastoral para vivir en gracia de Dios. Consiste en que los cónyuges casados irregularmente examinen su situación en oración y disciernan sobre si de su parte han hecho todo lo posible para intentar resolver el problema. 
 
Por ejemplo, sucede con relativa frecuencia que un cónyuge pide al otro cónyuge, casado y divorciado, que inicie el proceso de nulidad de su anterior matrimonio, pero éste se niega por dificultades reales o por diversos pretextos. También se da el caso de que un cónyuge, normalmente la esposa, estaría dispuesto a renunciar a tener relaciones sexuales conyugales, pero el otro cónyuge no quiere o incluso no lo ve recomendable para evitar caer en la tentación de la infidelidad.
 
En estas y en otras situaciones similares los cónyuges irregulares deben esforzarse en la oración y en la reflexión, preferentemente con el asesoramiento del confesor o asesor espiritual, para ver si es posible acercarse a recibir la comunión, acudiendo cuando sea necesario a la confesión sacramental. Recordemos cómo el Papa especialmente en este Año Jubilar de la Misericordia recomienda a los confesores que muestren la  compasión divina por quienes se arrepienten y están dispuestos a vivir con la bendición de Dios.
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Por Miguel Manzanera S.J
Graciela Arandia de Hidalgo



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