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domingo 27 noviembre 2022
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Pastoral Universitaria – UCB de Santa Cruz: “POR UN DEFENSOR DEL PUEBLO Y NO CÓMPLICE DEL PODER POLÍTICO”

Campanas. Desde la Pastoral Universitaria de la Universidad Católica en Santa Cruz, comparten la preocupación por la elección del Defensor del Pueblo. Esperábamos y aún somos optimistas acerca de la elección de esta figura, de manera que se constituyera en verdadera semilla de rehabilitación del verdadero sentido de la política: la búsqueda del Bien Común.

Piden que el Defensor del Pueblo dé señales claves de independencia política. Que la ciudadanía recupere un cierto optimismo sobre la inteligencia y voluntad política que todos echamos en falta. Por tanto, que pueda ejercer su derecho al control social sobre la conducta del nuevo Defensor del Pueblo.

Son algunas cuestiones que desean expresar en esta motivación  para la reflexión tan sensible e intuitiva que corresponde por cabalidad e intuición social a toda la ciudadanía.

“POR UN DEFENSOR DEL PUEBLO Y NO CÓMPLICE DEL PODER POLÍTICO”

“Revístanse del hombre nuevo, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad” (Ef. 4, 24)

El 23 de septiembre, con 95 de los 97 votos emitidos, la Asamblea Legislativa eligió a Pedro Callisaya como Defensor del Pueblo en una sesión convocada sin que estuviera en agenda la elección de esta autoridad nacional, estando presentes 128 senadores y diputados presentes y con licencia 34 asambleístas, de los cuales 32 son opositores, que posibilitó al MAS alterar el orden del día por mayoría calificada según su Reglamento, para contar con dos tercios de voto de los miembros presentes, con la rapidez forzada y sin oír a los pocos opositores que protestaban, culminado con su posesión el 27 de septiembre con características de mitin político, a pesar de los pataleos de la oposición.

¿Qué significa esta forma de elección? En la praxis política una maniobra reglamentaria del oficialismo y un error, por decir lo menos, de la oposición, tal como lo reconoció públicamente Comunidad Ciudadana. Pero, desde el punto de vista del deber ser del Defensor del Pueblo, un golpe al Estado Democrático y Constitucional de Derecho y una ofensa al pueblo que, en una buena parte, percibe que no tiene un “defensor”.

Sea por ignorancia o por falta de conciencia, al parecer, ya no es un criterio ni fuente de inspiración la razón fundante y fundamental de la figura de Defensor del Pueblo (Ombudsman) que nace, precisamente, frente el abuso de poder político o, dicho de otro modo, para poner límites, en nombre del pueblo, a ese poder arbitrario, cuya autoridad o representante, por tanto, debe ser independiente del Gobierno, moralmente probo (recto, honesto, íntegro) y funcionalmente efectivo, además de legítimo, es decir, en el caso boliviano, elegido por dos tercios de voto de los representantes del pueblo, que, entonces, debieran haber sido 110 y no solo 95 votos.

Ciertamente, en cinco intentos anteriores de elección del Defensor del Pueblo, la Asamblea legislativa no había logrado los dos tercios requeridos por la Constitución, en vista de que los postulantes, en este caso, el elegido, eran considerados por la oposición afines al MAS y que sería una falacia considerar, a cualquiera de estos, defensor “del pueblo” y que el oficialismo, buscaba, como sea, su elección, incluso, recurriendo a una Acción de Cumplimiento. Pero, este antecedente no justificaba la forma amañada de elección de una autoridad de defensa de los Derechos Humanos frente al Estado.

Lo que nos preocupa y cuestiona en el fondo es:

1) En el plano de las conductas, ¿seguirá “naturalizándose”, no solamente la ausencia de señales de un sentido de vergüenza o escrúpulo moral en los oficialistas, sino que, al contrario, el alarde de sus maniobras antiéticas y antidemocráticas disfrazadas de justificativos y descalificaciones que no van a la esencia de las cosas?

2) En el plano de las fines y funciones, el nuevo Defensor del Pueblo, ¿podrá “(…) velar por la vigencia, promoción, difusión y cumplimiento de los derechos humanos individuales y colectivos (con) autonomía funcional (y que) en el ejercicio de sus funciones no recibe instrucciones de los Órganos del Estado (…)” tal como señala nuestra normativa? (Ver Art. 218, CPE y Art. 2, Ley 870)

3) En el plano de la institucionalidad democrática, ¿seguirá siendo una práctica tolerada o incombatible el control de los órganos de poder y de otros órganos por una hegemonía política que niega los ideales de independencia, los principios y valores democráticos y el espíritu de la Constitución?

Lo que pedimos:

1) Que el Defensor del Pueblo dé señales claras y contundentes de independencia político partidaria y tome acciones ante hechos de vulneración de derechos pendientes, especialmente en la administración de justicia, en relación a las demandas de los Pueblos Indígenas y, ahora, en relación al Informe, cuando lo reciba oficialmente, de la CIDH sobre las víctimas de tortura y ejecución en el Hotel Las Américas el 2009, entre otros casos, como condición del requisito del cargo de “contar con probada integridad personal y ética, determinada a través de la observancia pública” (Art. 7, Numeral 9, Ley 870).

2). Que las autoridades de los Órganos de Poder del Estado actúen por conciencia moral en apego a la norma superior y a la vocación de servicio, más allá de los cálculos y dictámenes políticos, sin presión directa o indirecta en la acción de quien se debe poner de lado del pueblo y no del Gobierno. Como enseña la Doctrina Social de la Iglesia, “la autoridad debe dejarse guiar por la ley moral: toda su dignidad deriva de ejercitarla en el ámbito del orden moral que tiene a Dios como primer principio y último fin (…)”. (Compendio DSI, 396).

3) Que la ciudadanía, en la diversidad de las representaciones civiles, ejerza efectivamente su derecho al control social sobre la conducta del nuevo Defensor del Pueblo y las acciones de la Defensoría del Pueblo, que la Constitución (Art. 242-242, CPE) y la Ley de Participación y Control Social (Art. 2 y 9, Inciso 1 de la Ley 341) le reconocen.

4) Que la oposición actúe con mayor responsabilidad y previsión frente a un poder que es mañudo e inescrupuloso en su acción, evitando que su ya minoría desventajosa, se convierta en concesiones ingenuas que colocan en situación de indefensión al pueblo.

Finalmente, le recordamos o hacemos saber al Defensor del Pueblo y, en general, a las autoridades públicas, la “Caridad y virtudes humanas para una política al servicio de los Derechos Humanos y de la Paz” que propone el Papa Francisco, expresando la reflexión del cardenal vietnamita François-Xavier Nguyễn Vãn Thuận:

  • Bienaventurado el político que tiene una alta consideración y una profunda conciencia de su papel.  Bienaventurado el político cuya persona refleja credibilidad.  Bienaventurado el político que trabaja por el bien común y no por su propio interés.
  • Bienaventurado el político que permanece fielmente coherente.
  • Bienaventurado el político que realiza la unidad.
  • Bienaventurado el político que está comprometido en llevar a cabo un cambio radical.
  • Bienaventurado el político que sabe escuchar.  Bienaventurado el político que no tiene miedo” (Mensaje del Papara Francisco en la 55 Jornada Mundial de la Paz, 1° de enero 2019, numeral 3).

Santa Cruz, 27 de septiembre de 2022

Elaborado por Pastoral Universitaria de la Universidad Católica Boliviana (UCB), Sede Santa Cruz

 

 

 

Graciela Arandia de Hidalgo



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