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jueves 19 septiembre 2019
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Papa Francisco: la idolatría del dinero hace morir de hambre a muchos niños

Aleteia. En estos tiempos en que los medios de comunicación nos informan sobre “tantas calamidades, tantas injusticias”, que conciernen en particular a los niños, elevamos una oración “fuerte” a Dios para que convierta el corazón de los hombres: que conozcan al Señor y “no adoren al dios del dinero”. Lo dijo el papa Francisco en la homilía de la misa de la mañana en la Casa Santa Marta.

El Evangelio de Lucas de hoy, habla de la parábola del hombre rico en que el dinero – subraya Francisco – “es su dios”, y nos lleva a reflexionar sobre la banalidad de apoyarse en los bienes terrenales, subrayando que el verdadero tesoro radica en la relación con el Señor.

Frente a la abundancia de su historia, ese hombre no se detiene: piensa en ampliar sus propios almacenes, y “en su fantasía” explica el pontífice, “alargar la vida”: se centra en tomar “más bienes, hasta la nausea”, sin conocer la “saciedad”: entra por lo tanto, enfatiza Francisco, “en ese movimiento del consumismo exacerbado”.

“Es Dios quien pone el límite a este apego al dinero. Cuando el hombre se vuelve esclavo del dinero. Y esta no es una fábula que Jesús se inventa: es la realidad. Es la realidad de hoy. Es la realidad de hoy. Muchos hombres que viven para adorar el dinero, para hacer del dinero el propio dios. Hay muchas personas que viven sólo para esto y la vida no tiene sentido. ‘Esto es lo que sucede al que acumula riquezas para sí – dice el Señor – y no es rico a los ojos de Dios’: no sabe qué es ser rico a los ojos de Dios”.

El Papa cita un episodio que sucedió hace años en Argentina – en “la otra diócesis”, como le gusta definir Buenos Aires – cuando un rico empresario, aunque sabía que estaba gravemente enfermo, compró testarudamente una mansión sin pensar en cambio que pronto se presentaría “frente a Dios”. Y también hoy hay personas hambrientas de dinero y bienes terrenales, gente que tiene “muchísimo”, frente a “niños hambrientos que no tienen medicinas, que no tienen educación, que están abandonados”: se trata, no duda en decir Francisco, de “una idolatría que mata”, que hace “sacrificios humanos”.

“Esta idolatría hace morir de hambre a mucha gente. Pensemos sólo en un caso: en los 200 mil niños rohingya en los campos de prófugos. Ahí hay 800 mil personas. 200 mil son niños. Apenas tienen qué comer, están desnutridos, sin medicinas. También hoy sucede lo mismo. No es algo que el Señor dice de aquellos tiempos: no. ¡Hoy! Y nuestra oración debe ser fuerte: Señor, por favor, toca el corazón de estas personas que adoran al dios, el dios del dinero. Toca también mi corazón para que no caiga en eso, que sepa ver”.

Otra “consecuencia”, prosigue el pontífice, es la guerra. Incluso esa “de familia”.

“Todos conocemos lo que pasa cuando está en juego una herencia: las familias se dividen y terminan odiándose, unos a los otros. El Señor subraya con suavidad, al final: ‘Esto es lo que sucede al que acumula riquezas para sí, y no es rico a los ojos de Dios’. Es el único camino. La riqueza, pero en Dios. Y no es un desprecio por el dinero, no. Es precisamente la avaricia, como dice Él: la avaricia. Vivir apegados al dios dinero”.

Es por eso, concluye, que nuestra oración debe ser fuerte, buscando en Dios la base sólida de nuestra existencia.

Por Giada Aquilino

Graciela Arandia de Hidalgo



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