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martes 17 septiembre 2019
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P. Pepe Cervantes: “El Resucitado, Pastor espléndido”

Con la alegría de la pascua, tras haber contemplado en la Iglesia las apariciones del Señor Resucitado en los domingos anteriores, ahora la Iglesia proclama con diversas imágenes, tomadas de los Evangelios y de la Biblia, la grandeza del misterio de Cristo. Este domingo pascual se centra en la imagen del Buen Pastor, del Evangelio de Juan, y con este motivo la Iglesia Católica quiere dedicar una jornada a la oración por las vocaciones a la vida consagrada y sacerdotal. De este modo se quiere sensibilizar al pueblo de Dios de la gran importancia que en la marcha de la Iglesia tienen las vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa en cuanto que los que responden a ese tipo de vocación tienen una misión fundamental como pastores del rebaño de Dios que siguen las huellas del único Pastor. Seguir las huellas de Jesucristo en su camino hacia la cruz es dar la vida por amor para que todos los seres humanos puedan obtener la vida eterna, la cual se concibe no sólo como una vida que trasciende el tiempo y las coordenadas históricas, sino como una nueva forma de vivir y de comportarse, con la dignidad de los hijos e hijas de Dios, en la libertad, la paz y el amor que el Resucitado comunica a todos los suyos.

En el Evangelio de Juan se encuentra la alegoría dedicada a la imagen del Pastor (Jn 10,1-30). Jesús se revela como el Buen Pastor que, a diferencia del asalariado y de los dirigentes a los que éste representa, es el que da la vida por las ovejas, el que las defiende, las guía y las acompaña. De este modo el Señor Jesús aparece como modelo de Pastor frente a los dirigentes religiosos y políticos del pueblo y muestra una rotunda contraposición a las funciones, comportamientos y actitudes de todos ellos. Pero si nos concentramos en la alegoría podemos percibir que a Jesús como Pastor se le podría denominar no sólo “bueno” sino “espléndido” (Jn 10,11.14), recogiendo así los dos matices de “bueno” y “hermoso” que contiene el término griego originario, kalos.  De esa forma el Señor Jesús aparece espléndido por su generosidad, bondad y desprendimiento, y al mismo tiempo, espléndido por ser admirable en su ejemplaridad como modelo de Pastor. Al autodenominarse así, Jesús reivindica la propiedad de las ovejas (vv. 28-29), la dedicación inaudita a ellas hasta exponer su vida y un conocimiento profundo de cada una (vv. 11.14), así como la búsqueda y reconducción de las ovejas perdidas para formar un único rebaño con un solo Pastor (Jn 10,16; cf. 1P 5,4). La imagen del Pastor es una de las más frecuentes en la Biblia para referirse a Dios en su relación con el pueblo.Pero Jesús introduce un aspecto inédito en el Antiguo Testamento respecto a esa figura: El pastor espléndido es el que da la vida. Y es que no se puede comunicar vida si no es dando la propia vida. Pero él ha amado a los suyos hasta el fin, exponiendo y entregando su vida. Al entregarla libremente puede recuperarla porque muestra su amor al Padre y por eso el Padre lo ama (Jn 10,17) y lo resucita de entre los muertos. El Pastor espléndido es el Señor resucitado que comunica su vida.

En el breve fragmento que hoy se lee en la Iglesia Católica de este evangelio (Jn 10,27-30) destacan los elementos de la estrecha e íntima relación que el Pastor espléndido del Padre establece con todos los miembros de su rebaño. En esa relación hay una comunicación viva y profunda, pues hay una escucha permanente de la voz del Señor por parte de las ovejas, se da también un conocimiento mutuo entre las ovejas y su Pastor y por eso las ovejas siguen el ritmo del Pastor. Así pues, la escucha, el conocimiento y el seguimiento caracterizan la vida del discípulo en relación con su Pastor.

Este Pastor espléndido es Jesús Resucitado que ha dado la vida por sus ovejas para que nadie se pierda. Su victoria sobre la muerte y sobre el mal comunica una gran alegría a la humanidad redimida y reconciliada con Dios, porque estando en sus manos nada ni nadie podrá arrebatar la vida de las ovejas. Esta palabra es la fuente de la esperanza para los creyentes.

Así lo refleja también el texto del Apocalipsis que dibuja otra escena con la imagen del Cordero y del Pastor, Cristo glorioso, en torno al cual hay una incontable muchedumbre de seguidores de toda la tierra, de gentes de toda nación, raza, lengua, y pueblo (Apo 7,9-17). Ese mismo variopinto panorama de multitudes es el que actualmente vemos también en nuestras calles y plazas, especialmente en las grandes ciudades. Ante los fenómenos de la inmigración en el mundo de la globalización económica y en la era de la gran fluidez de las comunicaciones del planeta, ante las masas de refugiados que atraviesan las vastas regiones de África, de Turquía y de los países sureños de Europa, así como el mar Mediterráneo, como huída de sus países, sumidos en guerras y hambrunas, la hermosa imagen del pastor que guía hacia manantiales de agua sigue siendo hoy más que nunca una palabra de esperanza para los que sufren las consecuencias de la injusticia de este mundo inmerso todavía en grandes tribulaciones. El libro del Apocalipsis, lejos de ser una película de ficción y de miedo elaborada con efectos especiales, es más bien el relato simbólico que revela la esperanza incombustible de los que resisten activamente en este mundo. Las víctimas provocadas por los poderes de este mundo se cuentan por millones. Son los pobres del mundo, explotados y oprimidos por los pastores perversos que engordan a costa de sus víctimas. Aun estando en las cloacas de la historia, para ellos, para los últimos del mundo, para los que sufren todo tipo de tribulaciones y persecuciones, el Buen Pastor se presenta vencedor desde el trono de la cruz, donde como Cordero, ha sido degollado. De esta gran tribulación, la de Jesús en la Cruz, ha nacido y sigue naciendo una nueva humanidad que lleva en sus manos las palmas como señales del triunfo y sus vestidos de fiesta, pues se abre paso la gran manifestación de una marcha humana más que internacional. Es la manifestación de los que desde la no violencia y encabezados por semejante Pastor y Cordero anuncian que ya no habrá más hambre ni sed y que Dios secará las lágrimas de sus ojos.

Pablo y Bernabé son portavoces de esta palabra de alegría y de vida eterna que abría sus fronteras entre el mundo de los gentiles, y llenos de alegría y de Espíritu Santo difundían la palabra en medio de las persecuciones y del rechazo de la primera evangelización (Hch 13,14.43-52). Del mismo modo, nuestra Iglesia Boliviana, seguidora del Pastor espléndido, consciente de su misión evangelizadora en todos sus miembros y con sus pastores a la cabeza, sigue proclamando la vida nueva a través de la carta pastoral última sobre la drogadicción y el narcotráfico, “Hoy pongo ante ti la vida o la muerte”. Con potencia profética y lucidez de mirada, con dolor solidario y con amor misericordioso y sobre todo con la alegría pascual, los obispos anuncian la inquebrantable esperanza a la que hemos sido llamados, y lo hacen aun en medio de las malas interpretaciones y de la mala recepción de su mensaje que en algunos ámbitos económicos y políticos pueda haber. Los obispos desean con esta carta “abrir un diálogo franco y sincero con todos los sectores de la sociedad, en particular con las autoridades para emprender acciones conjuntas”  para implementar la prevención y la lucha en contra del narcotráfico y la drogadicción, para atender la rehabilitación integral de las víctimas de la drogadicción, para ofrecer un futuro más esperanzador a las jóvenes generaciones, para cuidar y respetar la naturaleza, para garantizar el respeto a los derechos y dignidad de las personas, y para implementar un modelo económico solidario y sostenible en una convivencia justa y fraterna, con particular atención a los sectores más pobres y marginados.

Felicidades a los Obispos de Bolivia por esta carta extraordinaria. Cuenten con el apoyo incondicional y la gran admiración de nuestra Iglesia por mostrar con esta carta una faceta más de lo que es ser también en nuestro país “pastores espléndidos”. 

Finalmente en el día de la oración por las vocaciones a la vida consagrada roguemos a Dios y a su espléndido Pastor por todos los que, con entrega generosa y fidelidad encomiable, quieren dar y siguen dando toda su vida al servicio de Dios y de los hermanos en la misión evangelizadora en la vida sacerdotal y religiosa.

 José Cervantes Gabarrón, sacerdote misionero y profesor de Sagrada Escritura

 

 

 

Graciela Arandia de Hidalgo



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