Search
lunes 27 enero 2020
  • :
  • :

P. Juan Crespo: Mamita de Cotoca “ Ayúdanos a Curar nuestras heridas”

Campanas. El P. Juan Crespo Gutiérrez, Vicario General de la Arquidiócesis de Santa Cruz, celebró la misa central de la festividad de la Mamita de Cotoca, este domingo 15 de diciembre  a las 10:00 horas y en su homilía pidió a la Patrona del Oriente boliviano que nos  ayude  a Curar nuestras heridas.

Homilía Completa

Este domingo 15 de diciembre celebramos el tercer domingo de adviento y la octava de la fiesta de nuestra patrona de la Arquidiócesis de Santa Cruz y de todo el Oriente Boliviano, la Virgen de Cotoca. Las lecturas ricas en el mensaje y el significado nos ayudan a un compromiso de hacer posible el nacimiento del Señor Jesús en nuestros corazones y en nuestras familias.

La lectura del profeta Isaías nos trae a la memoria imágenes  creativas y creadoras, es como una caravana de repatriados que atraviesa un  desierto que se transforma en valles y cañaverales por la abundancia de agua, sanan los mutilados, se alejan las fieras, la caravana se convierte en procesión que lleva a la ciudad ideal del mundo, Sion, Jerusalén, Ciudad de paz,  con canticos. Es una procesión  que está encabezada por la personificación de una de las necesidades de nuestro corazón, la alegría. Se corta de raíz la procesión para que queden alejadas la pena y la aflicción, que son el desierto, la infelicidad, la opresión, la injusticia. El tiempo de adviento es un tiempo para anunciar estas cosas cuando las previsiones son desastrosas, como puede ser el exilio o el desierto. Solo los que tienen esperanza en el Señor comprenderán estos valores que son distintos de los valores con los que se construye este mundo, economicista y  avasallador, egoísta y soberbio. El adviento es un camino a recorrer en la búsqueda de Dios con nosotros y en nosotros, del Enmanuel.

En la segunda lectura Santiago nos habla de la “parousia” del Señor y de la paciencia, para ello nos pone el ejemplo del labrador, nada hay como la paciencia del labrador esperando las gotas de agua que vengan  sobre la tierra, hasta que un día llega y ve que se salva su cosecha. De nada vale desesperarse llegaran días en que terminaran la larga sequía.  Este texto pretende llamarnos la atención de la venida del Señor, esta próxima pero tengan paciencia, no desesperen, no escuchemos a aquellos que anuncian catástrofes sino a aquellos profetas que construyen.

El evangelio viene a ser el cumplimiento de la promesa, “eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?”, “vayan a contar a Juan lo que ustedes oyen y ven: los ciegos ven y los paralíticos caminan, los leprosos son purificados, los sordos oyen y los muertos resucitan, la Buena Nueva es anunciada a los pobres”.   Jesús está moviendo esa caravana por el desierto de la vida para llegar a la ciudad de Sion, “ciudad de paz”, está haciendo todo lo posible para que los ciegos de todas las cegueras vean, que todos los enfermos de todas las enfermedades contagiosas del cuerpo y del alma queden limpios. “Dichoso el que no se escandalice de mí”, Jesús busca y propone soluciones, los apocalípticos anuncian juicios, los verdaderos profetas y Jesús es el modelo, no solamente detecta los males sino que ofrece remedios: curan, ayudan y dan oportunidades de salvación y de auténtica liberación.

En esta octava de fiesta,  hagamos nuestras estas palabras juntamente con María, que ante las palabras del Ángel: “Ave María, llena de gracia” nos da el sentido profundo a la solemnidad que celebramos. La “Llena de gracia” a través de los siglos ha hecho que la Iglesia tome conciencia de que este privilegio singular  por los méritos de su Hijo Jesucristo, sea una imagen a alcanzar para toda la humanidad.   Nos hace comprender la voluntad salvífica de Dios para la humanidad, el hombre creado a imagen y semejanza de Dios, sufre una herida de incalculables consecuencias, el pecado; pero “donde abundo el pecado sobreabundo la gracia”, en su plan eterno, Dios  ha creado al hombre para llenarlo de amor y lo ha elegido para ser santo e inmaculado en su presencia. “El Señor se enamoró de su criatura”  y el Verbo de Dios ha habitado en el hombre. Cristo ha venido a la tierra para tomar de la mano al hombre y presentarlo nuevamente al Padre según la gracia desde el principio. De aquí que el cultivo de la vida de gracia en la vida del cristiano le mueve a luchar contra el mal, los hombres tienen necesidad de Dios para ser verdaderamente felices, para poder realizarse como personas,  la gracia la tenemos en Cristo. Nuestra participación en la obra de redención nos nueve a peregrinar, a mover nuestro cuerpo y nuestro espíritu hacia Dios.

El lema que nos ha acompañado en las fiesta de nuestra patrona, la mamita de Cotoca: “ María, cuida con tu amor de madre este mundo herido”, nos haga tomar conciencia de nuestra gran responsabilidad de curar las heridas provocadas por la falta de responsabilidad en el cuidado de la “Casa Común”, de la naturaleza, el cuidado del medio ambiente, de nuestros bosques. Las Conclusiones del Sínodo de los Obispos para la Amazonia, nos hacen descubrir nuestra responsabilidad en la curación de estas heridas.

De la misma manera, las  heridas provocadas a la democracia en nuestro país y los  sucesos de octubre y noviembre nos hacen  recordar una vez más que la política debe estar  al servicio de la vida en  Común. La política es una cuestión seria, es un espacio esencial y un instrumento fundamental para construir una sociedad digna del hombre. Por la misma razón es necesario dar nuevo impulso y esperanza a la política. Se necesita una política que ponga a la persona humana en el centro, respetando sus derechos fundamentales, especialmente el de la vida; una política que sirva al bien común, inspirada en un humanismo integral y solidario; una política que sea subsidiaria de los cuerpos sociales intermedios, especialmente de la familia. Es necesaria una política que sea trascendente y que este enriquecida por los valores de la verdad, de la justicia, de la libertad, de la democracia y de la caridad, especialmente a los más pobres. Muchas personas consideran hoy que la Iglesia no debe intervenir en política y es verdad. La Iglesia no hace política, no forma parte de la política partidaria, pero debe formar y educar para la labor social y político, haciendo un tesoro de su Doctrina Social. La Doctrina Social es un instrumento estratégico fundamental en la tarea política de los cristianos, pues vincula la política a la caridad en un entrelazamiento de conexiones teológicas, espirituales, éticas y culturales, de una extraordinaria y estimulante actualidad. 

Hacemos un llamado a la clase política, a descubrir que la unión hace la fuerza. Que tomen conciencia de la importancia de su rol y su responsabilidad con el país. Que no se olviden que  el político  trabaja siempre por el bien común y no por su propio bien, que sea  fiel y  coherente  que  respete las promesas electorales, que sepan  escuchar al pueblo.

“Miremos hacia adelante una Bolivia unida, en el Dios de la vida, por encima de las diferencias”, como indican nuestros Obispos en el mensaje de la Navidad.

Que la mamita de Cotoca nos proteja bajo su manto y por su intersección nos alcance de su Hijo Jesucristo, su bendición. AMEN.

Juan Crespo Gutiérrez.

Vicario General de la Arquidiócesis de Santa Cruz.

Graciela Arandia de Hidalgo



Nuestro sitio web utiliza cookies para que usted tenga una mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando estará dando su consentimiento y la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies