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lunes 18 noviembre 2019
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Reconozcamos a Jesús Resucitado en la Eucaristía, invita el Padre Juan Crespo

Este domingo, la Eucaristía de 7 de la mañana en la Catedral Metropolitana ha sido presidida por el Padre Juan Crespo Gutiérrez, Vicario General de Santa Cruz debido a que los Obispos se encuentran participando de la Asamblea Ordinaria de la Conferencia Episcopal de Bolivia. 

El Padre Juan reflexionó la escena del Evangelio que este domingo narra la denominada “pesca milagrosa”, al respecto, señaló que “En el lenguaje simbólico de la pesca, entendemos cual debería ser la misión de los discípulos: ‘ser pescadores de hombres’ y descubrir a través de esa “pesca” que el rostro de Dios se manifiesta a través de los demás”. sin embargo, el Padre Juan precisó que “para ser buenos pescadores no basta con que salgamos a pescar, eso lo hicieron Pedro y los otros discípulos y no pescaron nada, sino que es necesario que escuchemos la llamada del Resucitado, porque sin la experiencia del Señor Jesús, sin su aliento y su guía orientadora no hay evangelización fecunda”.

Refiriéndose a la Resurreción de Jesús, el Padre Juan señaló que “quizás por nuestros miedos que todavía tenemos en nuestros corazones fruto de nuestra falta de fe” no logramos  reconocer a Jesús Resucitado “tanto en nuestras vidas como en los hermanos”.

“El Apóstol Pedro seguido de los  otros apóstoles se van a pescar, y nosotros junto con ellos vamos a la” pesca”  vamos a la “Misión”.  Muchas veces la misión  puede parecer inútil, sin resultados, pero no nos debe desilusionar ni menguar nuestros esfuerzos, puede ser que nosotros no veamos el fruto de nuestros esfuerzos, no tenemos que confiar solo en nuestros esfuerzos, que no somos nosotros los que predicamos, enseñamos que es el Señor Resucitado el que  acompaña en la Misión, es el que dirige y acompaña nuestros esfuerzos “Tiren la red a la derecha de la barca y encontraran” si solo confiamos en nuestros propios esfuerzos la pescar puede resultar inútil y sin resultados; ellos obedeciendo  a las palabras del Señor tiraron la red y se llenó tanto que no podían arrastrarla”.

HOMILÍA DE P. JUAN CRESPO GUTIÉRREZ

VICARIO GENERAL DE LA ARQUIDIÓCESIS DE SANTA CRUZ

BASÍLICA MENOR DE SAN LORENZO MÁRTIR

DOMINGO 5 DE MAYO DE 2019

Este tercer domingo de Pascua celebramos la Jornada Nacional de la Infancia y Adolescencia Misionera, nos unimos a toda la Iglesia Boliviana. Igualmente nos unimos en oración a nuestros Obispos que se encuentran en Cochabamba celebrando la CVI Asamblea de Obispos de Bolivia.

Ya hemos recorrido  en estos días con el Señor Resucitado, y las diversas apariciones del Señor nos han alentado en nuestro caminar, aunque ha sido difícil,  quizás por nuestros miedos que todavía tenemos en nuestros corazones fruto de nuestra falta de fe,  reconocerlo tanto en nuestras vidas como en los hermanos. Miedos nacidos de las prohibiciones  “nosotros les habíamos prohibido expresamente predicar en ese Nombre” porque su sola palabra descubre nuestras debilidades, nuestras flaquezas, nuestros errores y nuestros defectos, nos descubre en nuestras  intenciones muchas veces camufladas por palabras bonitas ocultando las  dobles intenciones, o de ser descubiertos de tantas acciones realizadas bajo la sombra de las tinieblas y de la noche, pensando que estas no van a ser descubiertas.   Miedos porque no habían logrado hacer desaparecer con su muerte, los discípulos comenzaron tímidamente a anunciar el evangelio, van perdiendo el miedo y están dispuestos a dar razón de su fe y de su nuevo modo de vida.   Para dar razón de su fe, recurren al Kerygma que anuncian con valentía la muerte y resurrección de Jesús, con las consecuencias que ello supone.

Las palabras de Pedro nos animan a descubrir las mentiras para que domine la verdad, “hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”, palabras que quema en nuestros corazones y nos impulsan a predicar la verdad, porque lo hemos vivido y nos hemos encontrado con el Señor Resucitado. El haberlo vivido y experimentado el misterio de la Resurrección en nuestras propias vida nos impulsa con el Espíritu Santo  que Dios ha enviado y nos anima a perder nuestros miedos y a seguir predicando en el nombre del Señor Jesús.

La Resurrección, no es solamente que Jesús ha resucitado y  ha sido constituido Salvador de los hombres, implica que su causa continua adelante por medio de sus discípulos que van comprendiendo mucho mejor lo que el Maestro les enseñó. La resurrección de Jesús cambia la vida y el horizonte de sus discípulos, da una identidad definitiva al discípulo y a la comunidad cristiana. La causa de Jesús apasiona, fascina y logra dar un sentido a nuestras vidas, lo que nos anima a “anunciar el evangelio”. 

En el Evangelio nuevamente se nos manifiesta el Señor Resucitado, esta vez en el mar del Tiberíades, en Galilea,  es lo que conocemos como la pesca milagrosa. El apóstol  San Juan acierta con palabras de fe y de confianza, es el que señala el camino, el que descubre que “es el Señor” y nos muestra un cierto itinerario de la Resurrección como en Emaús; ahora las experiencias de la resurrección van calando poco a poco en ellos, por eso no se les ocurrió preguntar, lo reconocieron enseguida que era el Señor, que quería reconducir  sus vidas. De nuevo tendrán que abandonar como al principio las redes y las barcas, para anunciar al Señor entre los  hombres.

El Apóstol Pedro seguido de los  otros apóstoles se van a pescar, y nosotros junto con ellos vamos a la” pesca”  vamos a la “Misión”.  Muchas veces la misión  puede parecer inútil, sin resultados, pero no nos debe desilusionar ni menguar nuestros esfuerzos, puede ser que nosotros no veamos el fruto de nuestros esfuerzos, no tenemos que confiar solo en nuestros esfuerzos, que no somos nosotros los que predicamos, enseñamos que es el Señor Resucitado el que  acompaña en la Misión, es el que dirige y acompaña nuestros esfuerzos “Tiren la red a la derecha de la barca y encontraran” si solo confiamos en nuestros propios esfuerzos la pescar puede resultar inútil y sin resultados; ellos obedeciendo  a las palabras del Señor tiraron la red y se llenó tanto que no podían arrastrarla.  

Vengan a Comer!!, es en la comida, en la Eucaristía donde verdaderamente lo “reconocerán” que es el Señor, es en el compartir donde lo reconocerán plenamente, donde afirmaran su encuentro con Cristo Resucitado. “Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar” “vengan a comer”, la comida es el signo visible de la comunión de la fe y del encuentro con Cristo vivo entre nosotros.    

La Eucaristía, signo de comunión perfecta con Dios y con nuestros hermanos se convierte en la señal perfecta de nuestro ser cristiano, es la comunión con Cristo que renueva nuestros corazones  para ir al encuentro de nuestros hermanos. Así la Eucaristía fuente y culmen de nuestras vidas nos renueva y nos anima en la hermosa misión de la Iglesia.

La Jornada nacional de la infancia y adolescencia misionera nos compromete con nuestros niños y jóvenes a animarlos con nuestras vidas, con nuestro testimonio  a ser testigos valientes del evangelio.

El evangelio de este domingo termina con el hermoso testimonio de amor y fidelidad del apóstol San Pedro, porque a él se le debe encomendar la responsabilidad de la primera comunidad de los discípulos y de la Iglesia universal.  Al apóstol San Pedro se nos presenta como el primero, pero entendido su “primado” desde la experiencia del amor que es la experiencia básica joánica. Estas tres interpelaciones sobre el amor recuerdan necesariamente las tres negaciones de la Pasión. Sus negaciones, sus debilidades y sus miserias no impiden que pueda ser el guía de la comunidad de los discípulos, han sido superadas por su amor al Señor, en realidad todo se cura con el amor, esta es la experiencia fundamental de la resurrección, porque en esta aparición es el Señor resucitado el que pide amor y da amor.   

La fidelidad del Apóstol San Pedro en la respuesta a las preguntas ¿Me amas?: Señor tu sabes que te quiero, “apacienta mis ovejas” viene  la confianza del Señor a continuar en la tarea de la Iglesia, “Apacienta a mis corderos” nos hace  responsables de nuestra respuesta que dimos un día ante aquella invitación Sígueme!.

En el lenguaje simbólico de la pesca, entendemos cual debería ser la misión de los discípulos: “ser pescadores de hombres” y descubrir a través de esa “pesca” que el rostro de Dios se manifiesta a través de los demás. Pero para ser buenos pescadores no basta con que salgamos a salir a pescar, eso lo hicieron Pedro y los otros discípulos y no pescaron nada, sino que es necesario que escuchemos la llamada del Resucitado, porque sin la experiencia del Señor Jesús, sin su aliento y su guía orientadora no hay evangelización fecunda.  

Que el “cordero inmolado”, que es el Señor crucificado,  aunque ya resucitado con el que está toda la plenitud de la vida y del poder divino nos anime a responderle positivamente a la invitación para   proclamar y celebrar el misterio de la muerte y resurrección del Señor con los hombres de todas las naciones, razas y culturas todo lo que se ha hecho por nosotros, logrando la plenitud y la universalidad de la Iglesia.

Acompañados con la Virgen María, vamos a anunciar a los hermanos, que Cristo no está muerto, está vivo,  ha Resucitado. 

Pbro. Juan Crespo Gutiérrez.  

Vicario General

Arquidiócesis de Santa Cruz de la Sierra.

 

Graciela Arandia de Hidalgo



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