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lunes 18 noviembre 2019
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P. Garbari: ayudar a que Dios se manifieste dónde y como quiera

El P. Fabio Garbari, misionero jesuita italiano llegó a Bolivia hace 32 años. Todo este tiempo le ha permitido aprender con los pueblos indígenas, primero en el Altiplano, después en el Chaco Guaraní y desde hace seis años en la Amazonia, en San Ignacio de Mojos.
 

Ciudad del Vaticano

El P. Garibari reconoce que la misión de la Iglesia es “estar a disposición de la gente”, algo que ha ido aprendiendo. Esta es una actitud fundamental para quien llega de fuera, que no es quien debe proponer, pues cuando se impone el Evangelio, éste acaba provocando heridas profundas. Para él, las relaciones de poder deben ser transformadas en relaciones de confianza, hermandad, amistad, ayudando como Iglesia a que Dios se manifieste dónde y cómo quiera. Entrevista de Luis Miguel Modino, misionero en Brasil.

El Sínodo para la Amazonía está ayudando a escuchar, a formar redes, lo que está siendo una agradable novedad para los propios indígenas, de quienes la Iglesia quiere que sean protagonistas. Ellos piden la presencia de la Iglesia entre ellos, diciendo abiertamente que “la Iglesia nos ha abandonado, la Iglesia tiempo atrás estaba más cercana a nosotros de lo que está ahora”. En definitiva, que el sacerdote “esté presente, que quiera, que genere confianza”.

¿Qué es lo que has aprendido en más de treinta años de convivencia con los pueblos indígenas?

He aprendido a escuchar, a relativizar tantas seguridades que uno tiene. Recuerdo una invitación de uno de los jesuitas que estaba cuando yo llegué, que me decía, déjate llevar por la fe de los aimara, que es algo que siempre me ha quedado. Hace años decía que eso no se puede del todo, pero después sí, es algo que descubres que es así, dejarse llevar por la fe de la gente, descubrir que representan otras caras del Evangelio, otros valores que no contemplamos nosotros, pero que son evangélicos, y que por tanto, te enriquecen tu ser cristiano, tu fe.

Eso supone un cambio de evangelización, de llevar a cabo la misión. ¿Es difícil asumir ese cambio interior?

Yo he estado mis primeros casi veinte años en el mundo aimara. En el mundo aimara lo que notas es una herida profunda, que viene del tipo de evangelización que se ha tenido allá, una evangelización que impone, una evangelización formal, que no va a la sustancia, que no presenta a Cristo, sino que te arma un tinglado de sacramentos, de ritos y de doctrina. Esta herida la notas y, notas también una dicotomía entre la gente. A veces la gente se preguntaba, ¿puedo ser aimara y cristiano al mismo tiempo? Son cristianos, evidentemente, y han asumido el cristianismo de verdad, pero ellos mismos ven que esto les choca todavía, después de quinientos años, con maneras de ser suyas.

Allá el Evangelio ha sido un elemento de protección suya, y han logrado unir muy bien el lenguaje indígena de la gente, también el lenguaje simbólico, que está expresando la religión católica. Tengo la suerte de que los párrocos, desde comienzos del siglo pasado, han sido personajes de mucha categoría, que han asumido, aceptado, fortalecido esto, respetado la manera de ser de la gente.

Aporte del Papa Francisco a esta forma de hacer misión

Este mundo amazónico, el cual el Papa está teniendo un poco en la mira para ver qué cosas nos puede aportar, está en esta diversidad, en esta identidad suya, en esta capacidad de darnos mucho para hacernos crecer en humildad y descubrir que hay espiritualidades fuera de nosotros, que Dios está y que lo que tenemos que hacer como Iglesia es ayudar a que Dios se manifieste dónde y cómo quiera.

¿Cómo el Sínodo para la Amazonía puede ayudar en ese proceso que usted dice que estamos?

Creo que la mayor ayuda que nos puede dar es fortalecer este proceso. Ahora todo el trabajo para el Sínodo nos está ayudando a fortalecer el proceso, se está viendo quien se reúne, quien no se reúne, nos estamos juntando, estamos viendo cómo vamos, estamos ayudando a reunir a la gente, a escucharla, de manera que hagamos un ejercicio. Lo más importante del Sínodo es este trabajo que se está haciendo y la red que se forma a través de este trabajo.

Después, confío también que pueda salir un documento que nos ayude, que nos dé pistas, que nos ayude a enfocar el camino. A nivel eclesial no sé si saldrán novedades importantes, pero lo más importante es este proceso, que tiene que seguir más allá del Sínodo, y ojalá que después se pueda apoyar en los documentos del Sínodo para poder seguir fortaleciéndose.

¿Cómo se están implicando los indígenas con los que convive en este proceso sinodal?

En las primeras asambleas que se han hecho, hay como una sorpresa. Cuando se les dice que el Papa quiere que ustedes digan, hay una sorpresa, preguntándose porque el Papa ha puesto los ojos sobre nosotros. Pasado este momento de sorpresa, no es sólo que se estén implicando en el Sínodo, sino que es fortalecer el proceso de cercanía que se tiene. Ven que no solamente estoy a su lado, que no solamente los acompaño en sus luchas, en sus amenazas que tienen, grandes y numerosas, en su territorio, en su cultura, sino que además la Iglesia les quiere escuchar, cosa que muestra que no son solamente ayudados, sino que son, de alguna manera, protagonistas.

¿Y qué es lo que ellos piden, qué es lo que dicen cuando se les da la oportunidad de hablar?

Una cosa es la presencia, piden una presencia de la Iglesia, dicen que la Iglesia nos ha abandonado, la Iglesia tiempo atrás estaba más cercana a nosotros de lo que está ahora. Esta es una voz que en Bolivia he encontrado en otros pueblos, aparte de mis cinco pueblos, en otros pueblos donde hemos hecho asambleas presinodales, este reclamo de que la Iglesia nos ha abandonado. Esta presencia de Iglesia, cercana, de cariño. A una ONG le piden una presencia técnica, a nosotros nos piden una presencia de cariño. Si el empleado de la ONG es también cariñoso, macanudo, y si el cura también sabe algo de técnica, macanudo, pero al cura le piden lo cariñoso, que esté presente, que quiera, que genere confianza. Después, ayudarles en la defensa de su territorio, de su cultura.

Graciela Arandia de Hidalgo



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