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lunes 19 agosto 2019
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Monseñor Sergio destaca el valiente testimonio de la Iglesia en Nicaragua que se solidariza con el dolor del pueblo

El Prelado Cruceño calificó de “Dictadura criminal” al gobierno de Nicaragua pues “sofoca con la violencia y las armas las manifestaciones pacíficas”. Pidió a todos los cristianos “ser artífices de paz” y “ser luz y sal” dando testimonio público de la fe en en medio de la sociedad. 

En su homilía de este domingo desde la Catedral, el Arzobispo Cruceño destacó la compasión y misericordia de Jesús para con su pueblo a quien “enseña y los alimenta con lo más importante: el Evangelio de la vida, de la salvación”.

En ese sentido, aseguró que “Como discípulos de Jesús, también nosotros estamos llamados a ser compasivos (…), ser justos y ser artífices de paz”, lo dijo en relación a una realidad de injusticia y opresión donde “El pueblo sufre por la ausencia de auténticos dirigentes que trabajen por la justicia, los derechos humanos y el bien común”.

En esa misma línea y recogiendo una de las conclusiones del V Congreso Americano Misionero subrayó que “todos los cristianos hemos sido hechos misioneros por el bautismo, llamados a llevar la misma misión de Jesús, a seguir con la obra de justicia y de la salvación integral del hombre, espiritual, social y física”.

Subrayó también que la misión de la iglesia es “Ser luz del mundo y sal de la tierra… dando testimonio público de la alegría del Evangelio”.

A continuación, calificó de ‘Valiente’ el testimonio de la Iglesia en Nicaragua que se solidariza con el dolor del pueblo y la lucha por la democracia, versus una Dictadura criminal que sofoca con la violencia y las armas las manifestaciones pacíficas.

Finalmente, el Arzobispo de Santa Cruz, pidió que se eleven oraciones al “Señor nuestra justicia, nuestra paz y nuestra misericordia” para que haga sentir su presencia cercana al sufrido país”.

El Evangelio de este domingo narra la escena en que Jesús debe tomar la decisión de enseñar a la multitud desorientada por quienes sintió compasión y misericordia “Jesús es el Pastor Bueno que se solidariza con los últimos y marginados de su pueblo y que ante todo les enseña y los alimenta con lo más importante: el Evangelio de la vida, de la salvación”.

En ese sentido, el Prelado cruceño aseguró que “Como discípulos de Jesús, también nosotros estamos llamados a ser compasivos, porque la compasión nos hace superar el miedo del otro, nos da la libertad de amar y de poner el bien de los demás por sobre todas las cosas, nos hace ser justos y ser artífices de paz”.

El pueblo sufre por la ausencia de auténticos dirigentes que trabajen por la justicia, los derechos humanos y el bien común”.

Siguiendo con esa misma reflexión aseguró que “Nuestra misión es seguir el ejemplo de Jesús, ser pregoneros y testigos del evangelio en nuestra sociedad que, como el pueblo de Israel al tiempo de Jesús, sufre por la ausencia de auténticos dirigentes, que trabajen por la justicia, los derechos humanos y el bien común. Esta es una conclusión del Quinto Congreso Americano Misionero: que todos los cristianos hemos sido hechos misioneros por el bautismo, llamados a llevar la misma misión de Jesús, a seguir con la obra de justicia y de la salvación integral del hombre, espiritual, social y física.

Ser luz del mundo y sal de la tierra dando testimonio público de la alegría del Evangelio

La misión de la Iglesia y de los cristianos es la de ser luz del mundo y sal de la tierra, una misión de justicia, paz, misericordia y cercanía ante toda miseria humana en particular con los pobres, los sufridos y los excluidos de la sociedad. Esto implica anunciar y dar testimonio público de la alegría del Evangelio y de nuestra fe con humildad y audacia, tanto a nivel personal así como en comunidad.

Valiente testimonio de la Iglesia en Nicaragua que se solidariza con el dolor del pueblo y la lucha por la democracia, versus una Dictadura criminal que sofoca con la violencia y las armas las manifestaciones pacíficas

“Es el testimonio valiente que está dando la Iglesia de Nicaragua, con sus pastores, los religiosos y los laicos, que se han solidarizado con el dolor del pueblo y la lucha por la democracia versus una dictadura criminal que sofoca con la violencia y las armas las manifestaciones pacíficas dejando detrás de sí un sin número de víctimas inocentes. La Iglesia no escatima esfuerzos para que cese la represión violenta y se instaure un sistema democrático y se alcance la paz”.

HOMILÍA DE MONSEÑOR SERGIO GUALBERTI, ARZOBISPO DE SANTA CRUZ.

DOMINGO 22 DE JULIO DE 2018

BASILICA MENOR DE SAN LORENZO MÁRTIR (CATEDRAL).

Las lecturas bíblicas de este domingo nos presentan a Dios que se preocupa y desvela para que se cumpla su plan de justicia, misericordia y salvación para toda la humanidad.

En la 1era lectura Jeremías, como portavoz del Señor, denuncia la conducta y el gobierno de los pastores de Israel, los reyes y las autoridades del pueblo: “¡Ay de los pastores que pierden y dispersan el rebaño de mi pastizal!”. Esos dirigentes, preocupados por sus intereses y por conservarse en el poder en vez que por servir al pueblo, han puesto a un lado la ley del Señor, se han vendido a las potencias extranjeras y se han enriquecido oprimiendo y esclavizando los más pobres. Dios no puede quedar indiferente ante tantos abusos e injusticias por eso interviene para castigar al rey y anunciar que pondrá al frente del pueblo un pastor que lo apacentará con justicia y rectitud: “Llegarán los días en que suscitaré para el pueblo un germen justo; Él practicará la justicia y el derecho en el país…”

El nombre del nuevo rey expresa la tarea principal que le espera: “y se lo llamará con este nombre – El Señor es nuestra justicia”. La “justicia” en la Biblia indica la intervención de Dios en la historia para salvar al ser humano, dándole la posibilidad de volver a estrechar la alianza con él. El nuevo rey será un pastor justo que con su actuación en bien del pueblo, en particular de los más desposeídos y sufridos, dará testimonio de la acción salvadora, gratuita y misericordiosa de Dios. A esa intervención de Dios, el pueblo tiene que responder manteniéndose fiel a la alianza,  observando a los mandamientos y practicando la justicia entre hermanos. Ese pastor, anunciado por Jeremías, que realiza en plenitud el plan de justicia, vida y misericordia de Dios es Jesucristo, quien ha venido a traer la salvación integral y la paz para todos, y por quien toda la humanidad llega a ser un único pueblo, sin separaciones ni discriminaciones. Es lo que dice San Pablo en la carta a los cristianos de Éfeso: Jesucristo “vino a proclamar la Buena Noticia de la paz” porque Él es nuestra paz”.

La paz que no es solo la ausencia de conflictos y de guerra, y la destrucción de los muros y barreras, sino sobre todo la suma de todos los bienes, la salvación. Esta es la paz que Jesucristo gratuitamente nos ha traído a todos ofreciéndonos la posibilidad de vivir en plenitud la comunión con Dios. En “Cristo nuestra paz”, la humanidad entera llega a ser un único pueblo, donde todos estamos llamados a vivir como hermanos, con igual dignidad y derechos.

En el Evangelio tenemos una muestra clara de cómo Jesús lleva la tarea de pastor misericordioso y solícito tanto con los apóstoles como con la gente sumida en la miseria material y espiritual. Los apóstoles regresan de su primera misión donde Jesús y comparten con él todo lo que han enseñado y hecho. Hay mucho que contar, pero “eran tantos los que iban y venían, que no tenían ni tiempo para comer”. Entonces Jesús mismo toma la decisión: “Vengan ustedes solos a un lugar desierto, para descansar un poco”. El maestro que los había enviado a la misión, ahora es el pastor que invita a los Apóstoles a ir donde él para descansar, y les ofrece el apoyo y la acogida que necesitan, los escucha a solas reforzando así los lazos de amistad en la intimidad de su nueva familia.

Pero el plan de Jesús toma un rumbo imprevisto. Las personas que estaban allí, “al verlos partir, los reconocieron, y de todas las ciudades acudieron por tierra a aquel lugar y llegaron antes que ellos. Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y sintió compasión de ella, pues eran como ovejas sin pastor y estuvo enseñándoles largo rato”. Jesús está en tensión entre dos urgentes opciones: como “pastor de sus discípulos”  hay la necesidad de estar a solas con ellos y como “pastor del pueblo sufriente” la urgencia de responder a la gente sedienta de la palabra de vida.

Jesús, al ver a aquella gente desorientada, agobiada y oprimida, “sintió compasión de ellos”, compasión que no es lástima sino conmoción profunda, misericordia que brota de sus entrañas. Es la compasión divina que se detiene, padece, escucha, se solidariza y hace suyos los problemas y sufrimientos de la humanidad.

Jesús no solo es nuestra justicia y nuestra paz sino también “nuestra misericordia”, la que lo mueve a optar por la necesidad más urgente e importante: “enseñara esa multitud desatendida y abandonada a sí misma. Jesús es el Pastor Bueno que se solidariza con los últimos y marginados de su pueblo y que ante todo les enseña y los  alimenta con lo más importante: el Evangelio de la vida, de la salvación.

Como discípulos de Jesús, también nosotros estamos llamados a ser compasivos, porque la compasión nos hace superar el miedo del otro, nos da la libertad de amar y de poner el bien de los demás por sobre todas las cosas, nos hace ser justos y ser artífices de paz.

Nuestra misión es seguir el ejemplo de Jesús, ser pregoneros y testigos del evangelio en nuestra sociedad, que como el pueblo de Israel al tiempo de Jesús, sufre por la ausencia de auténticos dirigentes, que trabajen por la justicia, los derechos humanos y el bien común. Esta es una conclusión del Quinto Congreso Americano Misionero: que todos los cristianos hemos sido hechos misioneros por el bautismo, llamados a llevar la misma misión de Jesús, a seguir con la obra de justicia y de la salvación integral del hombre, espiritual, social y física.

La misión de la Iglesia y de los cristianos es la de ser luz del mundo y sal de la tierra, una misión de justicia, paz, misericordia y cercanía ante toda miseria humana en particular con los pobres, los sufridos y los excluidos de la sociedad. Esto implica anunciar y dar testimonio público de la alegría del Evangelio y de nuestra fe con humildad y audacia, tanto a nivel personal así como en comunidad.

Es el testimonio valiente que está dando la Iglesia de Nicaragua, con sus pastores, los religiosos y los laicos, que se han solidarizado con el dolor del pueblo y la lucha por la democracia versus una dictadura criminal que sofoca con la violencia y las armas las manifestaciones pacíficas dejando detrás de sí un sin número de víctimas inocentes. La Iglesia no escatima esfuerzos para que cese la represión violenta y se instaure un sistema democrático y se alcance la paz. Elevemos nuestras oraciones al “Señor nuestra justicia, nuestra paz y nuestra misericordia” para que haga sentir su presencia cercana al sufrido país. Al finalizar la Eucaristía, se dará lectura al mensaje de la CEB al respecto. Amén.

Oficina de prensa de la Arquidiócesis de Santa Cruz

Encargado


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