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jueves 19 septiembre 2019
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Monseñor Sergio alerta que anunciar el evangelio trae incomprensiones y persecuciones

Palabra del Arzobispo: “…anunciar el Evangelio no nos esperan alabanzas, ni reconocimientos humanos, por el contrario poder chocar con incomprensiones, escarnios y hasta persecuciones.

En su homilía de este domingo, Monseñor Sergio Gualberti habló del envío que hace Jesús a cada Bautizado así como las condiciones que han de tener los misioneros…

HOMILÍA COMPLETA:

Esta mañana tenemos la alegría de contar en nuestra celebración con la presencia de delegados de la Pastoral Familiar de las jurisdicciones del Oriente de Bolivia, reunidos en Congreso con el lema “Vocación y Misión de la Familia en la Iglesia y el Mundo” y a la luz de la carta apostólica “Amoris laetitia” del Papa Francisco, para definir líneas comunes de acción a favor del proyecto cristiano de familia. El Papa, en ese amplio, detallado e iluminador documento, reafirma la actualidad y la belleza del plan de Dios sobre la familia, cimentada sobre el amor fiel y exclusivo entre un varón y una mujer.

Su carta inicia con esta hermosa afirmación: “La alegría del amor que se vive en las familias es también el júbilo de la Iglesia… y a pesar de las numerosas señales de crisis del matrimonio, «el deseo de familia permanece vivo, especialmente entre los jóvenes, y esto motiva a la Iglesia». Como respuesta a ese anhelo «el anuncio cristiano relativo a la familia es verdaderamente una buena noticia »…

 El papa Francisco también nos dice que: Jesús « refiriéndose al designio primigenio sobre el hombre y la mujer, reafirma la unión indisoluble entre ellos. La indisolubilidad del matrimonio – “lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre” (Mt 19,6) – no hay que entenderla ante todo como un “yugo” impuesto a los hombres sino como un “don” hecho a las personas unidas en matrimonio.

 Sobre la base de alianza de amor y fidelidad, cada familia, a pesar de su debilidad, puede llegar a ser capaz de afrontar mejor las vicisitudes de la vida y de la historia y a ser una luz en la oscuridad del mundo y la hace”. Las palabras del Papa llenan de esperanza y animan a los matrimonios cristianos a ser testigos alegres y fieles del amor de Dios que engendra vida y a hacer del hogar una pequeña Iglesia, cuya belleza se irradie y cautive en especial a las jóvenes generaciones.

Ser testigos del Evangelio de la vida y del amor es también el llamado que nos hace la Palabra de Dios de este Domingo, donde Jesús, el enviado del Padre, envía a su vez a setenta y dos discípulos delante de él a abrir caminos.

La misión de los doce Apóstoles estaba destinada en primer lugar al pueblo de Israel, ahora Jesús, al enviar a los 72, la abre a todos los pueblos. Además Jesús, con esa iniciativa, indica que la misión no está reservada solo a una categoría al interior del pueblo de Dios, sino que es tarea de todos los discípulos del Señor y que la Iglesia toda es apostólica y misionera.

Los envió de dos en dos“. El testimonio de dos tiene más valor y es signo de que Jesús confía la misión no a individuos sino a la comunidad, ya que su razón de ser es predicar el Reino.

 

La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos”. Jesús no mira solo al pequeño horizonte de su tierra, sino a todo el mundo y el envío de los 72 preanuncia la misión universal de la Iglesia, querida por el Señor Resucitado, como parte esencial de su identidad y vocación: “Vayan por todo el mundo y proclamen la Buena Noticia a toda criatura”.

Yo les envío como a ovejas en medio de lobos“. Jesús alerta a los 72 ante los poderes del mal que se oponen, con todas sus fuerzas y astucias, al crecimiento del Reino. La incomprensión y el rechazo será el sello de la misión apostólica y de su autenticidad, hecho que se cumple puntualmente a lo largo de toda la historia de la Iglesia hasta el día de hoy. Los que acogemos el mandato de Jesús, debemos estar conscientes de que salir a anunciar el Evangelio no nos esperan alabanzas, ni reconocimientos humanos, por el contrario poder chocar con incomprensiones, escarnios y hasta persecuciones.

Jesús encomienda a los misioneros dos tareas puntuales: el anuncio del Reino de Dios y la proclamación de la paz: “Digan a la gente – El Reino de Dios está cerca de ustedes-”.

También acompaña el envío con algunas condiciones y recomendaciones, que son las mismas de su propia misión: «No lleven dinero, ni alforja, ni provisiones, ni calzado y no se detengan a saludar a nadie por el camino». Los enviados son hombres pobres, campesinos y pescadores, gente sencilla que no cuenta en la sociedad, llamados a hacer presente, con su palabra y su acción, la potencia salvadora del Reino de Dios que transforma este mundo. Condición fundamental de los misioneros es la libertad de toda seguridad humana, de sus convicciones y de sus pertenencias, para que nada ni nadie puedan desviarles de su cometido. En cambio, ellos deben asumir su tarea con actitud de servicio y total disponibilidad, como servidores del Evangelio del Reino y su predicación tiene que ir acompañada por el testimonio personal y comunitario de las virtudes y valores del Reino y por signos concretos de liberación del mal personal y social.

Sobre todo Jesús pide que confíen sólo en la fuerza de la Palabra que anuncian y de la que son portavoces y no en los medios económicos, en las relaciones sociales o en alianzas políticas. Los misioneros que no poseen nada, en realidad lo poseen todo: la gracia del evangelio y la fuerza del Reino de Dios, que tienen en sí mismos la energía para difundirse entre todas las gentes y para llegar a los corazones de los hombres.

“¡Que descienda la paz sobre esta casa!”. Este saludo es un augurio y al mismo tiempo proclamación de la paz del Mesías anunciado por los profetas y cumplida por Jesús, fruto y signo tangible del Reino, síntesis de toda la Buena Noticia y plenitud de las bendiciones del Señor. La paz que llevan los mensajeros de Jesús anticipa la paz que traerá el Resucitado, en su primera aparición a los discípulos: “La paz esté con ustedes”.  

Si en alguna ciudad no los reciben… sacudan el polvo de sus sandalias“.  El gesto de sacudir el polvo es signo de ruptura y la triste ratificación de una opción equivocada por parte de las personas que no acogen el anuncio de la paz de Jesús.

El rechazo toca en primera persona a Jesús que ha experimentado la insensibilidad de la gente incluso en los lugares donde él había gastado más tiempo y energías en anunciar y multiplicar los signos del Reino. Jesús sufre porque esas personas, se autoexcluyen de la salvación, así como llorará sobre la suerte de Jerusalén: “ ¡Si conocieras también tu el camino de la paz” (Lc 19,42).

A pesar de que los discípulos sean rechazados por la gente, Jesús les dice que no se desanimen ni asusten, por el contrario tienen que anunciar también a esas personas la Buena Noticia, para que “¡Sepan que el Reino de Dios está cerca!”.  

Los discípulos obedecen al mandato de Jesús, salen a la misión y regresan llenos de gozo por el éxito alcanzado: “Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre”. Están entusiasmados sobretodo porque hasta Satanás ha sido vencido en el nombre de Jesús, en virtud de su presencia y su poder. Pero Jesús, una vez más, se esfuerza para quitar de su cabeza la idea del éxito y de la notoriedad:” Alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo”. Hermosa expresión: “sus nombres están escritos en el cielo. El hecho de haber cumplido con el anuncio de la Buena Noticia de la salvación y así participar del gozo definitivo en el Reino de Dios debe ser el motivo de su alegría y no el resultado de su misión.

Todo lo que Jesús ha hecho con los setenta y dos, vale también para nosotros que hemos sido constituidos, por el bautismo, discípulos misioneros del Evangelio del Reino de Dios. De hecho, las recomendaciones, exigencias e indicaciones de Jesús siguen siendo muy actuales hoy, son una luz que nos llena de esperanza, ardor y confianza, y que nos indica el camino a seguir para anunciar y testimoniar valientemente el Reino de Dios. ”Alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo”. Amén

Oficina de prensa de la Arquidiócesis de Santa Cruz.

Encargado


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