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domingo 21 julio 2019
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Monseñor Sergio a los Sacerdotes: Como Jesús, nuestra mirada tiene que fijarse en los pobres

Más de 200 Sacerdotes de Santa Cruz renovaron sus promesas sacerdotales y abrazaron a los Obispos en señal de comunión durante la ‘Misa Crismal’ este Martes Santo en el atrio de la Catedral Metropolitana. Monseñor Sergio enfatizó la misión de los sacerdotes para la que han sido ‘ungidos y consagrados’ recordando que la primera tarea y primera mirada de Jesús se fija en los pobres, en los enfermos, los pecadores, los “don nadie” y excluidos de la sociedad” y en ese sentido afirmó que esa es también la primer tarea de los sacerdotes

Señalando la lectura del Evangelio donde Jesús en la sinagoga afirma que ha sido ungido y consagrado para su misión, el Prelado Cruceño afirmó: “…nosotros sacerdotes hemos sido ungidos y consagrados para que la gracia del Espíritu Santo que hemos recibido se irradie por medio nuestro sobre todo el pueblo de Dios”.

Como Jesús, nuestra primera tarea y primera mirada debe fijarse en los pobres

Subrayando el Evangelio que dice “El Espíritu del Señor está sobre mí y me envió anunciar la Buena Noticia a los pobres” explicó que “La primera tarea y primera mirada de Jesús se fija en los pobres, en los enfermos, los pecadores, los “don nadie” y excluidos de la sociedad” y en ese sentido afirmó que esa es también la primer tarea de los sacerdotes “nuestra mirada tiene que fijarse en los pobres, como reafirma el Papa Francisco “Dios está de lado de los pobres, él no es imparcial, está de lado de los últimos y de las víctimas, jamás con los opresores. Esta es y debe ser siempre también la tarea prioritaria de la Iglesia, un anuncio que tiene que ir acompañado por el testimonio” señaló.

La Misión de Jesús es la misión de la Iglesia: la liberación integral.

A tiempo de recordar que Jesús es la buena noticia que ha sido enviado a liberar a la humanidad de lo que la esclaviza: “Me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos” subrayó que “Jesús, con el poder del amor y con su entrega sin límites, nos ha traído la liberación integral de nuestros pecados, personales y sociales, de nuestras cadenas y de todos los males que degradan nuestra libertad y dignidad de Hijos de Dios” y en ese sentido afirmó que “Esta misión de Jesús es la misión de la Iglesia, llamados a anunciar y servir al Reino de Dios: el plan de vida plena para todos, plan del amor, la verdad, la justicia, la libertad y la paz…”.

Los Sacerdotes, ungidos y consagrados para ser servidores de la mesa de la palabra y de la Eucaristía, servidores de los pobres y de la esperanza.

El Arzobispo cruceño resaltó que los sacerdotes han sido “ungidos para ejercer el ministerio de Cristo Sumo y Eterno Sacerdote, servidores de la mesa de la palabra y de la Eucaristía”, también señaló otros ámbitos de este servicio:

– Servidores de la palabra profética que desnude las mentiras de una cultura secularizada, consumista y materialista y denuncie las injusticias y opresiones de una sociedad que se rige por la idolatría del poder y del tener y sobre cuyos altares se sacrifican tantas víctimas humanas inocentes. La palabra que anuncie la dignidad de toda persona y la sacralidad de la vida sin distinción alguna.


– Servidores del pan partido para todos, de la comunión fraterna, de la reconciliación y el perdón, para liberar al mundo de todo lo que divide y enfrenta.


– Servidores de los pobres, estando a su lado, compartiendo sus esperanzas, anhelos y luchas y con el testimonio una vida sobria y austera, para un mundo más justo y fraterno.
– Servidores de la esperanza en un mundo donde acampa la desorientación y a menudo la desesperación. Cristo es la Esperanza que da sentido a la vida y que llena el anhelo de felicidad, de verdad y libertad innatas en todo ser humano.

La Misa Crisma ha sido un momento de gracia y alegría que congregó a la Iglesia de Santa Cruz en la Catedral Metropolitana donde alrededor de 200 sacerdotes dieron gracias a Dios por la unción sacerdotal, renovaron las promesas del día de la ordenación y sellaron este compromiso con un abrazo emotivo al Arzobispo en señal de comunión.

En esta Solmene Eucaristía se consagró el Crisma para la administración de los sacramentos del bautismo, la confirmación y las órdenes sagradas y también se bendijo el óleo de los enfermos, alivio y fortaleza para esos nuestros hermanos sufridos y el óleo de los catecúmenos para los hermanos que están en camino hacia el bautismo.

HOMILÍA DE MONSEÑOR SERGIO GUALBERTI, ARZOBISPO DE SANTA CRUZ
MARTES SANTO, MISA CRISMAL Y DÍA SACERDOTAL
BASILICA MENOR DE SAN LORENZO MÁRTIR

Al verlos todos Uds. tan numerosos reunidos alrededor del altar esta noche aquí en el atrio de la Catedral, brota en mi corazón espontanea la expresión del Salmo 133: “¡Qué bueno y agradable que los hermanos vivan unidos! Como un ungüento fino en la cabeza que va bajando por todo el cuerpo”.

En esta celebración eminentemente sacerdotal, les invitamos a todos ustedes aquí presentes a orar y a unirse a la acción de gracias a Dios junto de nosotros Obispos, los sacerdotes diocesanos y religiosos, en particular de los sacerdotes ancianos y los enfermos que nos acompañan desde su lecho de dolor y de los que pasan por situaciones difíciles y también de los hermanos que han dejado el sacerdocio para que, en su nuevo estado de vida, experimenten el amor fiel del Señor.

Bienvenidos y gracias a los diáconos permanentes, hermanos y hermanas de la vida Consagrada, seminaristas y todos ustedes queridos feligreses que nos acompañan en este día sacerdotal con su afecto y oraciones y que nos animan a entregarnos con más entusiasmo en nuestra labor de pastores.

La Misa Crismal es un momento de gracia y de alegría que nos reúne como Iglesia de Santa Cruz y en la que los sacerdotes van a renovar las promesas del día de la ordenación, sellar este compromiso con un abrazo al pastor y agradecer a Dios por la unción sacerdotal.

En la imagen del ungüento que se esparce por todo el cuerpo del salmo 133 anteriormente citado, veo como la prefiguración del sacro Crisma con el que nosotros sacerdotes hemos sido ungidos y consagrados para que la gracia del Espíritu Santo que hemos recibido se irradie por medio nuestro sobre todo el pueblo de Dios.

Reviviremos intensamente este don en unos instantes, al consagrar el Crisma para la administración de los sacramentos del bautismo, la confirmación y las órdenes sagradas y también al momento de bendecir el óleo de los enfermos, alivio y fortaleza para esos nuestros hermanos sufridos y el óleo de los catecúmenos para los hermanos que están en camino hacia el bautismo.

La palabra de Dios de esta Misa Crismal nos ayuda a comprender mejor el sentido profundo de la unción recibida. En el Evangelio, Jesús se presenta como el hombre que, llevado por la inspiración del Espíritu, vuelve a Nazareth para anunciar la Buena Noticia del reino de Dios, corazón de toda su misión.

Jesús entra en la sinagoga y recibe el libro de Isaías que está cerrado, como a indicar que solo él, el hombre del Espíritu, lo puede abrir, leer, comprender y transmitirlo en su significado pleno y verdadero: “Tu eres digno de abrir el libro y abrir los sellos” (Ap 5,9). La Palabra de Dios es incomprensible sin Jesucristo, Él es su interpretación y su cumplimiento pleno. Jesús, puesto delante de la comunidad, lee: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar la buena noticia a los pobres, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor”.

Jesús cierra el volumen, a indicar que se cierra el tiempo de la promesa y de la espera del A.T. y se abre el tiempo de la realización en Él, la Palabra hecha carne, hecha historia. «Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír.». Jesús no solo explica la palabra sino que la traduce en acto, la hace realidad plena y de una vez por todas en la historia de la humanidad, en el hoy eterno de Dios.

“El Señor me ha “ungido”: escogido de entre el pueblo y reservado para Dios Padre y su plan de salvación, consagrado para la misión como los profetas y sacerdotes del A.T.

En el cumplimiento de su misión Jesús no ha querido actuar solo, ha asociado a sus discípulos, y en ellos a toda la Iglesia y a los cristianos ungiéndonos, por medio del bautismo, como sacerdotes del reino de Dios, como nos dice Apc: “Jesucristo el testigo fiel… que nos amó y nos purificó de nuestros pecados por medio de su sangre e hizo de nosotros un reino sacerdotal para su Dios, su Padre”.

A igual que Jesús, por el don del Espíritu Santo, hemos sido constituidos discípulos misioneros del reino de Dios: “El Espíritu del Señor está sobre mí y me envió anunciar la Buena Noticia a los pobres”. La primera tarea y primera mirada de Jesús se fija en los pobres, en los enfermos, los pecadores, los “don nadie” y excluidos de la sociedad. Y como él, también nuestra mirada tiene que fijarse en los pobres, como reafirma el Papa Francisco “Dios está de lado de los pobres, él no es imparcial, está de lado de los últimos y de las víctimas, jamás con los opresores. Esta es y debe ser siempre también la tarea prioritaria de la Iglesia, un anuncio que tiene que ir acompañado por el testimonio”.

Y la buena noticia es Jesús ha sido enviado a liberar a la humanidad de lo que la esclaviza: “Me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos”. Jesús, con el poder del amor y con su entrega sin límites, nos ha traído la liberación integral de nuestros pecados, personales y sociales, de nuestras cadenas y de todos los males que degradan nuestra libertad y dignidad de Hijos de Dios.

Esta misión de Jesús es la misión de la Iglesia, llamados a anunciar y servir al Reino de Dios: el plan de vida plena para todos, plan del amor, la verdad, la justicia, la libertad y la paz. La Iglesia, su caminar y su historia, existe al servicio del reino de Dios, donde todo lo que acontece en Cristo es gracia y salvación y donde se instaura una nueva relación de amor Dios y nosotros y una nueva relación de misericordia, reconciliación, justicia y solidaridad entre nosotros como hermanos, hijos del mismo Padre.

Si esta es la misión de todo cristiano, hecho sacerdote, rey y profeta por el bautismo, en particular lo es para nosotros sacerdotes ungidos para ejercer el ministerio de Cristo Sumo y Eterno Sacerdote, servidores de la mesa de la palabra y de la Eucaristía.

Servidores de la palabra profética que desnude las mentiras de una cultura secularizada, consumista y materialista y denuncie las injusticias y opresiones de una sociedad que se rige por la idolatría del poder y del tener y sobre cuyos altares se sacrifican tantas víctimas humanas inocentes. La palabra que anuncie la dignidad de toda persona y la sacralidad de la vida sin distinción alguna.

Servidores del pan partido para todos, de la comunión fraterna, de la reconciliación y el perdón, para liberar al mundo de todo lo que divide y enfrenta.

Servidores de los pobres, estando a su lado, compartiendo sus esperanzas, anhelos y luchas y con el testimonio una vida sobria y austera, para un mundo más justo y fraterno.

Servidores de la esperanza en un mundo donde acampa la desorientación y a menudo la desesperación. Cristo es la Esperanza que da sentido a la vida y que llena el anhelo de felicidad, de verdad y libertad innatas en todo ser humano.

El Espíritu Santo que nos ha ungido para esta misión, nos afiance en el camino de la santidad, para santificar a la comunidad y al mundo que nos rodea. Queridos hermanos y hermanas: es una tarea ardua que nos espera a todos los cristianos, en particular a nosotros sacerdotes, por eso pidan al Señor que en cada sacerdote “avive el don de Dios que está en nosotros por la imposición de las manos”, (2 Tim 1,6) la llama que ha encendido en nuestros corazones y vidas. Amén.

Oficina de prensa de la Arquidiócesis de Santa Cruz

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Erwin Bazán Gutiérrez



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