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martes 10 diciembre 2019
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Monseñor Braulio inaugura el Encuentro del Movimiento Familiar Cristiano recordando que “Por muy herida que pueda estar una familia, ésta puede crecer gracias al amor”

El Obispo auxiliar de Santa Cruz y responsable nacional de la Pastoral Familiar, Monseñor Braulio Sáez, ha presidido la tarde de este viernes 17 de agosto la Eucaristía de inauguración del Encuentro Latinoamericano del Movimiento Familiar Cristiano recordando que a pesar de las amenazas y dificultades que atraviesa “Evangelizar la familia, es la clave de la transformación social y cultural”.

El Encuentro se realiza en la ciudad de Santa Cruz del 17 al 19 de agosto. La Eucaristía inaugural y todo el Encuentro se realiza en la Parroquia San Martín de Pórres. Durante su homilía, el Prelado Cruceño hizo un recuento de las principales amenazas que sufre hoy la familia en el mundo por parte de corrientes ideológicas y organizaciones internacionales que buscan destruir el paradigma y modelo de familia cristiana.

Siguiendo al Papa Francisco en Amoris Laetitia, recordó también que esas amenazas no son solo de grupos de presión sino del “debilitamiento de la fe y de la práctica religiosa en algunas sociedades –que- afecta a las familias y las deja más solas con sus dificultades…. “somos CONSCIENTES que los individuos son menos apoyados que en el pasado por las estructuras sociales en su vida afectiva y familiar” señaló.

Ante este panorama insistió en que “La fuerza de la familia reside esencialmente en su capacidad de amar y enseñar a amar. Por muy herida que pueda estar una familia, ésta puede crecer gracias al amor”

Para el Obispo que acompaña como responsable a la Pastoral Familiar desde hace 6 años “La pregunta que debemos hacernos estos días es ¿qué podemos hacer y qué medios tenemos para proponer al mundo de hoy?”

Y en ese sentido se animó a proponer a nuestras comunidades Parroquiales, grupos y Movimientos eclesiales, tres urgencias que según señala debemos plantearnos en nuestras búsquedas:

– El TESTIMONIO DE LOS MATRIMONIOS cristianos: Si hay algo que  el mundo actual aprecia es el testimonio de los matrimonios con largos años de vida, que no sólo han perdurado en el tiempo, sino que siguen sosteniendo un proyecto común y conservan el afecto y el amor con la misma ilusión que en los primeros años.

– La URGENCIA DE ABRIR LA PUERTA A UNA PASTORAL POSITIVA, acogedora, una pastoral que posibilite una profundización gradual de las exigencias del Evangelio para llegar al sacramento sabiendo a qué se comprometen.

– Crear ESPACIOS DE ACOMPAÑAMIENTO y asesoramiento sobre cuestiones relacionadas con el crecimiento del amor, la superación de los conflictos, y también, porque no, la educación de los hijos.

Compartimos algunas fotos de la celebración:

HOMILÍA COMPLETA:

EUCARISTÍA DE INAUGURACIÓN – CONGRESO  M.F.C.

17 DE AGOSTO DE 2018

PARROQUIA SAN MARTÍN DE PORRES

MONSEÑOR BRAULIO SÁEZ GARCÍA, OBISPO AUXILIAR DE SANTA CRUZ

Reza un eslogan que seguramente habrán leído en algunos cruces de calles de nuestra ciudad de Santa Cruz: “La ley del cruceño es la hospitalidad”. Bienvenidos a todos queridos hermanos, los llegados de fuera de paises hermanos, y los que vienen de otras Jurisdicciones de esta nuestra querida  Iglesia en Bolivia. Siéntanse en su casa, sintámonos todos como hermanos alrededor de la mesa del Señor.

Hoy el Señor nos ha reunido como una verdadera familia, venimos de diferentes lugares para expresar la comunión eclesial, para orar juntos como verdaderos hermanos y para buscar nuevos caminos, desde el carisma del Movimiento Familiar Cristiano, para responder a las grandes urgencias que hoy tiene la familia, tan amenazada desde diferentes frentes, tanto políticos, ambientales, como sociales. Hoy nosotros queremos reafirmar a la familia como el don mayor que tenemos, por eso mismo es tan querida y valorada por la Iglesia. Nos los recordaba el Papa Francisco en su bella Exhortación Apostólica “Amoris Laetitia”: EL BIEN DE LA FAMILIA ES DECISIVO PARA EL FUTURO DEL MUNDO Y DE LA IGLESIA.  Un valor del que no podemos desentendernos porque en él está la vida del mundo, de la Iglesia y nuestra propia vida.

La Palabra de Dios que acabamos de proclamar nos habla del proyecto de Dios respecto a la familia y, así mismo, de la misión de la Iglesia para salir al encuentro de aquellos que todavía no han descubierto la belleza de vivir el amor como familia, formando un hogar con los valores del Evangelio.

La carta de Pablo a los Efesios (5,21-35) nos enseña que todos nosotros somos parte de la Iglesia de Cristo, pero que es urgente buscar la santidad de vida en familia y desde la familia. Es desde Cristo que el amor recobra su verdadero sentido y es en la Iglesia donde ese amor se manifiesta en toda su plenitud viviéndolo como verdadera entrega. Con que ternura, pero a la vez con qué autoridad, Pablo exhorta a la comunidad a vivir el amor con dimensión Cristocéntrica: “Maridos, amen a sus esposas como Cristo amó a su Iglesia y se entregó a si mismo por ella….Amar a su esposa es amarse a sí mismo.

El amor no se queda en uno mismo, por el contrario se da, se entrega, se prolonga en los hijos, por eso San Pablo, reafirmará una verdad esencial entre los seguidores del Señor, “dejará el hombre a su padre y a su madre para unirse con su esposa y los dos formarán un solo cuerpo” y, fruto de ese amor generoso vienen los hijos y se constituye la familia.

Vivimos en una sociedad donde pareciera que estas palabras han perdido su valor y, peor aún, donde el amor como ideal de vida, y el amor vivido en familia ha dejado de ser un sueño que plenifica la vida del ser humano, o de toda pareja de enamorados. Un mundo en cambio, maravilloso ciertamente, que nos invita a sospechar en un mundo nuevo, pero a la vez desafiante, que progresa y se dan muchos aspectos positivos y negativos.

Cuando miramos la realidad de la familia vemos luces y sombras. Cierto, hoy constatamos que hay más espacios de libertad, se da un reparto más equitativo de cargas y de responsabilidades, mayor participación de ambos en las tareas de la estructura familiar. Hoy sobre todo se valoriza el lugar de la mujer en la sociedad con igualdad de derechos y deberes frente al varón. Se valorar más la comunicación personal entre los esposos, como factor este que contribuye a humanizar toda la convivencia familiar.

También vemos sombras, los jóvenes y muchos matrimonios influenciados por los MCS se dejan llevar por una CONCEPCIÓN PURAMENTE EMOCIONAL Y ROMÁNTICA DEL AMOR, el miedo de perder su libertad e independencia y el rechazo de todo lo que es concebido como institucional y burocrático.

Mis queridos hermanos, nos enfrentamos a fuerzas muy superiores a nosotros mismos, donde están implicados: organismos internacionales, fuerzas políticas con mucho poder y mucho dinero, los Medios de Comunicación Social, que sin ningún tipo de escrúpulos van en contra de la vida, a favor del aborto, el amor libre, y promueven la cultura de lo provisorio, el narcisismo y una mentalidad antinatalista. Nos quieren imponer culturas nuevas como la ideología de género, la explotación sexual de los niños y los jóvenes y tantas barbaridades más que llevan a la persona a la incapacidad para un compromiso permanente y duradero.

Los cristianos no podemos callar y quedarnos tranquilos ante estas situaciones que están cambiando la fisonomía de la sociedad y sobre todo están rompiendo los fundamentos sobre los que está asentada la familia cristiana: el amor, la fidelidad, la procreación, y la alegría de vivir el trabajo como tarea junto a los sinsabores de la vida en familia.

El Papa Francisco nos lo dice valientemente “Los cristianos no podemos renunciar a proponer el matrimonio con el fin de no contradecir la sensibilidad actual, para estar a la moda, o por sentimientos de inferioridad frente al descalabro moral y humano. Estaríamos privando al mundo de los valores que podemos y debemos aportar. Es urgente, continúa: “presentar las razones y las motivaciones para optar por el matrimonio y la familia, de manera que las personas estén mejor dispuestas a responder a la gracia que Dios les ofrece”.

La iglesia está urgida, hoy más que nunca,  a “encontrar las palabras, las motivaciones y los testimonios que nos ayuden a tocar las fibras más íntimas de los jóvenes, allí donde son más capaces de generosidad, de compromiso, de amor e incluso de heroísmo, para invitarles a aceptar con entusiasmo y valentía el desafío del matrimonio”.

El Evangelio de San Juan que acabamos de proclamar (21, 1-27) nos presenta a la comunidad de los discípulos que vuelven a la vida ordinaria después de la pasión y muerte del Señor, desilusionados y abatidos porque pareciera que todo ha terminado. Es Jesús quien en ese momento de frustración se aparece y les pide que “echen las redes a la derecha y encontrarán pesca abundante”. Hoy la Iglesia y cada cristiano estamos obligados a ser verdaderos misioneros de la familia, cuanto más el MFC que lo tiene  como parte esencial de su vocación.

El Papa en Amoris Laetitia nos dice que: “El debilitamiento de la fe y de la práctica religiosa en algunas sociedades afecta a las familias y las deja más solas con sus dificultades…. “somos CONSCIENTES que los individuos son menos apoyados que en el pasado por las estructuras sociales en su vida afectiva y familiar”. Por eso el Papa nos recuerda que: “La fuerza de la familia reside esencialmente en su capacidad de amar y enseñar a amar. Por muy herida que pueda estar una familia, ésta puede crecer gracias al amor”

La pregunta que debemos hacernos estos días es ¿qué podemos hacer y qué medios tenemos para proponer al mundo de hoy?, en concreto a nuestras comunidades Parroquiales, grupos y Movimientos eclesiales. Me atrevería a proponer tres urgencias que debemos plantearnos en nuestras búsquedas:

– El TESTIMONIO DE LOS MATRIMONIOS cristianos: Si hay algo que  el mundo actual aprecia es el testimonio de los matrimonios con largos años de vida, que no sólo han perdurado en el tiempo, sino que siguen sosteniendo un proyecto común y conservan el afecto y el amor con la misma ilusión que en los primeros años.

– La URGENCIA DE ABRIR LA PUERTA A UNA PASTORAL POSITIVA, acogedora, una pastoral que posibilite una profundización gradual de las exigencias del Evangelio para llegar al sacramento sabiendo a qué se comprometen.

– Crear ESPACIOS DE ACOMPAÑAMIENTO y asesoramiento sobre cuestiones relacionadas con el crecimiento del amor, la superación de los conflictos, y también, porque no, la educación de los hijos.

V CAM – CONCLUSIONES FINALES

*Evangelizar la familia, es la clave de la transformación social y cultural. 

*Hay que dar mucha mayor atención pastoral a la familia y a sus problemas.

*Tomando como modelo la familia de Nazaret, las familias cristianas deben ser comunidades de vida y de amor.

*Para ello se debe formar a los jóvenes para que experimenten la vivencia madura del amor como entrega total a las personas necesitadas.

*Especialmente en las parroquias hay que atender a los que se preparan al matrimonio.

*Enseñar el respeto a la dignidad de la persona en el marco familiar, evitando los maltratos particularmente a las mujeres y a los niños.

*Desde las familias y desde las parroquias hay que educar a los jóvenes sobre el sentido y el valor de la sexualidad y de la vida como un don de Dios desde el primer momento de la concepción hasta la muerte natural.

Encargado


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