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lunes 13 julio 2020
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Mons. Sergio: ¡Tenemos que preservar la Vida! y no aprovecharse de la pandemia para intereses económicos o políticos

Campanas. Este domingo 24 de mayo, Solemnidad de la Ascensión de Jesús al cielo, desde la Basílica Menor de San Lorenzo Mártir – Catedral, el Arzobispo de Santa Cruz, Mons. Sergio Gualberti, afirmó que cumplir el mandato de Jesús es particularmente necesario en la crisis profunda que vivimos a causa de la pandemia y sus consecuencias sanitarias, sociales, económicas y políticas.

Así mimo, el prelado dijo que no es el momento de la irracionalidad y la violencia, de las divisiones y la corrupción, ni de aprovecharse de la pandemia para intereses económicos o políticos, sino de unirnos todos en la oración, ser responsables, preservar la vida de todos, ayudar a los más desamparados y crear un clima de serenidad y paz.

Homilía de Mons. Sergio Gualberti, Arzobispo de Santa Cruz

Ascención del Señor y “54 Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales”

24/05/2020

 

Celebramos hoy la solemnidad de la Ascensión de Jesús al cielo, su vuelta al Padre, el fin de su misión redentora en la tierra y cumplimiento de la Pascua eterna, su manera definitiva de estar entre nosotros hasta al final de la historia. En esta última aparición a los apóstoles, después de la humillación de la pasión y de la cruz, Jesús Resucitado es exaltado como Hijo amado del Padre, Señor con todas las potestades sobre la creación y la humanidad: “Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra”.

El poder del Señor no es un poder de dominación y fuerza al estilo humano, objeto de luchas y pugnas, sino poder espiritual, expresión del amor de Dios que libera del pecado y el dolor, del miedo y las dudas, de las injusticias y todos los males como la pandemia que agobia a toda la humanidad. Con la liberación viene el grito de la alegría de Cristo que asciende glorioso al cielo, la alegría que también nos espera a nosotros en la morada que Él ha ido a prepararnos en el cielo, nuestra última patria.

En virtud de este poder, Cristo envía al mundo a los apóstoles testigos de las apariciones del Resucitado que compartió con ellos momentos de intimidad y convivialidad y que les instruyó bajo la acción del Espíritu Santo: “Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt 28,19).

El Señor confía su mandato a los discípulos de entonces y de siempre y por tanto también a nosotros, para que hagamos otros discípulos compartiendo el don gratuito de la fe con los que no conocen al Señor o que se han alejado de Él. “Enseñándoles a cumplir todo lo que les he mandado”. El Señor nos manda transmitir lo que Él ha enseñado, a seguir su ejemplo y a cumplir el mandamiento del amor, acompañando nuestra labor con el testimonio de nuestra vida entregada al servicio del reino de Dios y al amor al prójimo, en especial a las personas más necesitadas.

Después de esas palabras, “una nube ocultó a Jesús de la vista de ellos. Es la hora de la “despedida” y la “separación”, acompañada de una promesa: “Yo estoy con Uds. todos los días hasta el fin de la historia”.  El Señor no se aleja de nosotros, Él está caminando a nuestro lado, no físicamente sino  espiritualmente, en todas partes y para siempre, una nueva forma de presencia significada por la “nube” que lo oculta a la vista de los discípulos. Su presencia en nuestra vida cristiana y misión, es la que nos sostiene en la esperanza y nos da la fortaleza para cumplir su mandato.

Mientras los apóstoles sorprendidos “miran atentamente”, se les aparecen “dos hombres vestidos de blanco” que les pregunta: ¿Por qué se quedan mirando al cielo?”. Ya no es tiempo de esperar todo del cielo, sino de cumplir el mandato de anunciar la Buena Noticia del Evangelio al mundo entero.

Cumplir el mandato de Jesús es particularmente necesario en la crisis profunda que vivimos a causa de la pandemia y sus consecuencias sanitarias, sociales, económicas y políticas. No es el momento de la irracionalidad y la violencias, de las divisiones y la corrupción, ni de aprovecharse de la pandemia para intereses económicos o políticos, sino de unirnos todos en la oración, ser responsables, preservar la vida de todos, ayudar a los más desamparados y crear un clima de serenidad y paz.

En plena sintonía con el mandato de comunicar el Evangelio de la vida y de la esperanza y hacer discípulos a todos los pueblos, mensaje central de la fiesta de la Ascensión, la Iglesia celebra hoy la 54 Jornada Mundial para las Comunicaciones Sociales.

Este año el Papa Francisco ha centrado su reflexión sobre “la vida que se hace historia”, a la luz del pasaje bíblico “para que puedas contar y grabar en la memoria” (cf. Ex 10,2). El Papa nos pide que se cuenten y graben en la memoria tantas historias de vida que están brotando de la experiencia de dolor de la pandemia global: “Necesitamos respirar la verdad de las buenas historias: historias que construyan, no que destruyan; historias que ayuden a reencontrar las raíces y la fuerza para avanzar juntos”.

El nos llama a conservar la memoria para que la vida se haga historia, la maestra de vida que se renueva y que nos renueva. “Necesitamos una narración humana, que nos hable de nosotros y de la belleza que poseemos. Una narración que sepa mirar al mundo y a los acontecimientos con ternura; que cuente que somos parte de un tejido vivo; que revele el entretejido de los hilos con los que estamos unidos unos con otros”. Con este espíritu de esperanza y con el deseo de cambiar lo que afea nuestra sociedad, tenemos que mirar a la pandemia que está trastornando la vida, las referencias y certezas del mundo entero. Solo haciendo tesoro de esta experiencia de dolor y evitando los errores del pasado, podremos construir un futuro distinto con inventiva y pasos firmes hacia nuevos caminos de fraternidad y humanidad.

Queridos comunicadores católicos, el Papa les ha lanzado el gran desafío de contar no solo los males de la pandemia, sino tantas buenas historias de amor, entrega y solidaridad, y de vidas compartidas en el servicio generoso de los enfermos, cuidando la dignidad de toda historia humana, una dignidad que no puede suprimirse. A nombre de nuestra Iglesia, agradezco a todos ustedes comunicadores, en particular a los que están en primera línea para cubrir el desarrollo de la pandemia. Les animo a que sigan, con pasión y amor a la verdad y a la persona humana, en su servicio sumamente necesario, a pesar de los peligros que esto representa.

Este Domingo también inicia en Bolivia la Semana de Oración por la unidad de los cristianos, con el lema “Nos trataron con una solicitud poco común” (Hech. 28,2), palabras del apóstol San Pablo cuando, en un viaje misionero, fue rescatado del naufragio por los habitantes de Malta. Por la cuarentena no podremos celebrarla de manera presencial entre las distintas Iglesias y denominaciones cristianas, pero sí lo haremos en profunda comunión de espíritu, de oración y de amor al único Dios y Señor en quien todos creemos. Les invito a todos a orar y reflexionar con las cartillas del octavario que se han enviado por los medios digitales, para que Dios nos conceda el don de la unidad, signo de la esperanza y de la cercanía entrañable del Señor en la historia de la humanidad. 

Antes de concluir, les invito también a unimos al gozo y a la acción de gracias de la Arquidiócesis de La Paz por el nombramiento del nuevo Arzobispo, Mons. Percy Galván, pidiendo al Espíritu Santo que lo ilumine y guíe en su nueva y delicada misión, y acompañamos con nuestras oraciones al anterior Pastor Mons. Edmundo Abastoflor al cumplirse su ministerio pastoral.

Queridos hermanos y hermanas, vivamos con profundidad y gozo la fiesta de la esperanza, la Ascensión, la fiesta de las puertas del cielo que Jesús Resucitado, “nuestra cabeza”, nos ha abierto para que un día, también nosotros, su cuerpo, podamos estar junto a Él en la dicha eterna de nuestro Padre. Amén

Graciela Arandia de Hidalgo



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