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lunes 17 febrero 2020
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Mons.- Sergio: Raquel, “Estas llamada a ser misionera y a dar testimonio con tu vida “

Campanas. Raquel: Todo es gracia como dice  San Pablo, todo es un don, y como es un don “Yo lo dono”, “dono mi vida para todos ustedes”, para poder contribuir a lo que Jesús nos pide de llevar el Evangelio a todas partes.

Raquel  nació en Santa Cruz, es hija de Alejandro Gaspar Arredondo (+) y Margarita Poiquí Roca, es la séptima de ocho hermanos y desde muy pequeña sintió el llamado del Señor a la Vida Religiosa. Este sábado 01 de febrero, Raquel Gaspar Poiquí realizó sus votos perpetuos en la Congregación de las Hermanas Misioneras de las Bienaventuranzas. La Celebración Eucarística fue presidida por el Arzobispo de Santa Cruz, Mons. Sergio Gualberti. Concelebraron la celebración el P. Hipólito Michel, Párroco de la Parroquia la Purísima Concepción La Guardia y el P. Javier.

En su homilía el Arzobispo dijo: Tú Raquel vas a ser Consagrada para siempre al Señor, te integras a la comunidad de las Misioneras de las Bienaventuranzas, el encuentro con el salvador, con el Señor  hace que una persona ya no tema  a nada, ni siquiera a la muerte y por eso se abandona en Dios, y es eso es lo que tú Raquel estás haciendo esta tarde, es  decir “Sí yo he encontrado al Señor y por eso me  abandono en él”.

Junto a Simeón hay otra persona anciana, la profetiza Ana, mujer ya entrada en años, humilde y piadosa, que bonito que decía: “Noche y día me encuentro al servicio del Señor” y lo  reconoce en ese  niño al Salvador, ella también tiene esa mirada de Fe, su corazón salta de tanta alegría  que no puede guardarse para sí misma esa alegría y ese don y se puso a dar gracias a Dios  y hablar acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén, se vuelve misionera, encontrar a Cristo es un don que no lo tenemos que  guardar para nosotros mismos, sino que hay que compartirlo,  y tú como toda persona consagrada estas llamada a ser y  no solo de palabra sino con tu  testimonio de vida.

Simeón y Ana, estos dos ancianos pero jóvenes en espíritu,  nos enseñan que para encontrar al Señor tenemos que tener esa mirada de Fe, una mirada de esperanza y también la humildad de los pobres cómo ellos dos, que se dejan guiar por el Espíritu Santo, esa humildad de dejarse guiar, dijo Monseñor .

El prelado afirmó que San Juan Pablo II eligió la fiesta  de hoy como la Jornada de la Vida Consagrada, de religiosos y religiosas que con cariño entregan su vida al Señor y al pueblo de Dios. La consagración de Jesús se vuelve la imagen de la entrega total de la propia vida para las mujeres y los varones que están llamados a introducir y a reproducir en la Iglesia y en el mundo esa entrega de Jesús, mediante los votos de la pobreza, la obediencia y la castidad que son los rasgos característicos de Jesús virgen, pobre y obediente.

Así mismo el Arzobispo aseguró que a cultura y la sociedad de hoy no son el ambiente más favorable para que una persona decida consagrar toda su vida al Señor, sin embargo sigue habiendo jóvenes y señoritas que no se acobardan, que han experimentado el llamado de Dios que llega a su vida y deciden ser sus misioneros.

La profesión no es cuestión de un momento, es como la anciana Ana, noche y día, todo el día, una profesión perfecta y definitiva, una aventura detrás y con Cristo, toda una vida al encuentro definitivo con él, en el carisma de las Bienaventuranzas, ustedes han escuchado muchas veces que son las Bienaventuranzas, son caminos de la felicidad. Jesús proclama las Bienaventuranzas en la montaña, a orillas del mar de Galilea, un lugar espectacular  pero muy significativo se dirige a una multitud de personas, pobres y abandonadas así mismo, nadie se preocupaba por ellos, hambrientos de pan pero sobre todo de Dios, de vida, de justicia, de esperanza y de paz, pero Jesús no solo proclama, es la personificación, es la encarnación de las bienaventuranzas, él es la bienaventuranza. Vivir las bienaventuranzas es ser hombre y mujer totalmente realizada, hombres y mujeres que viven de la entrega a los demás, es fuente de dicha y felicidad, expresó.

Monseñor Sergio  afirmó que Raquel  esta llamada a vivir las bienaventuranzas como tares cotidiana, practicando este nuevo mandamiento de una vida al servicio del Señor y al servicio de todos.

Raquel ingresó a la Congregación de las Misioneras de la Bienaventuranzas en el año 1992, realizó toda su formación en Bolivia, luego viajó a Sicilia – Italia, donde cursó  estudios superiores y nuevamente retornó a Santa Cruz de la Sierra, para incardinarse en la Congregación.

Raquel viene de una familia muy religiosa, su mamá fue la que le enseñó y transmitió toda su fe y amor por el Señor. Desde pequeña conoció a las hermanas de la congregación y nació en ella el deseo de servir a los demás  y entregar su vida a Dios, y así poco a poco fue creciendo su vocación, ingresó a la comunidad y fue profundizando este camino de donación.

Al finalizar la celebración, la Hermana Raquel,  agradeció a Monseñor Sergio Gualberti, Arzobispo de Santa Cruz al P. Hipólito, P, Javier y a toda la comunidad por acompañarla en este día se sus votos perpetuos. Raquel estaba muy emocionada y dijo que  Todo es gracia como dice  San Pablo, todo es un don, y como es un don “Yo lo dono”, “dono mi vida para todos ustedes”, para poder contribuir a lo que Jesús nos pide de llevar el Evangelio a todas partes.

Agradezco también a  mi comunidad, este es el sentimiento que pruebo en este momento, después de tantos años regreso y encuentro el mismo calor, el mismo afecto de todas las hermanas y de la Madre Micaela. He agradecido en un inicio a mi madre por la formación y la educación que me ha dado, en la vida espiritual, y en la vida religiosa agradezco a la Madre Micaela, Superiora General de la Congregación de las Misioneras de la Bienaventuranza y  a Monseñor Tito Solari, por la formación que he recibido a lo largo de estos años. He tenido momentos muy fuertes y momentos muy bellos pero la promesa del Señor es grande y a pesar de todo  ahora digo  mi “SI PARA SIEMPRE”, con la confianza y con la Fe de que el Señor continuará a cargo mío, Expresó Raquel.

Les digo a mis hermanas  y a todos los jóvenes que ahora me acompañan que escuchen el llamado del Señor y sigámoslo con autenticidad y así contribuiremos a la santidad dentro de la Iglesia que tanto nos necesita.

GRACIAS A TODOS….

Para Saber…

La profesión perpetua es “gracia” del Espíritu, porque es respuesta total a Dios, que es caridad52. La vida se convierte en un asunto de Dios, una iniciativa per-manente de su amor. En este sentido, es una pertenencia exclusiva a Dios que llama y envía, y, por lo mismo, constituye una realidad que no tiene nada de provisional, si no que es definitiva por sí misma. La Profesión perpetua es, pues, signo de una unión esponsal indisoluble, respuesta gratuita de amor al amor incondicional del Señor, que libremente atrae hacía Él para hacernos partícipes de su pasión por el reino del Padre.Esta consagración al Señor, tan radical como para constituir un nuevo estado de vida, se concreta esencialmente en los tres votos de castidad, pobreza y obedien-cia. Son tres, pero contienen un solo compromiso: dejarse arrastrar por el misterio de Cristo, para que, en la humanidad concreta del profeso, Él continúe siendo el Hijo pobre, casto y obediente, consagrado y enviado por el Padre. Por esta razón, la profesión religiosa del comboniano va unida al hecho de ser identificado con Cristo, Misionero del Padre. Se trata de vivir hoy la pobreza, la castidad y la obediencia para que el anuncio de salvación llegue a todos, especialmente a los “más pobres y abandonados”. Este es su regalo de bodas a la esposa, la Iglesia. El profeso lo vive in persona Eccleisae y la Iglesia lo vive en él. De ahí que la primera dimensión de la misión sea la consagración vivida en plenitud.

El Rito de la Profesión Perpetua manifiesta las múltiples dimensiones de la espiri-tualidad misionera comboniana, que encuentran su expresión privilegiada en este único acontecimiento eclesial. La unidad de este momento, solemnidad en el sentido etimológi-co del término, es decir, acontecimiento irrepetible, se expresa en una rúbrica según la cual “el rito de la profesión perpetua no se puede unir a los otros ritos de profesión”53. Además, se invita a celebrarlo con numerosa participación de fieles54 y en alguna iglesia importante55. La celebración, en su conjunto, manifiesta tres componentes esenciales del acontecimiento que se celebra: la naturaleza de la entrega perpetua, la finalidad del servicio misionero y los medios que permiten la realización y garantizan la perseverancia.La naturaleza de la profesión perpetua está caracterizada por tres aspectos: la gratuidad de su origen, la duración del compromiso de por vida y la profundidad espiritual de la dedicación. Se subraya la gratuidad de la llamada, pero también de la respuesta, signo del amor de Dios y del amor del hombre56; amor que sólo puede ser fruto de la gracia del Espíritu de Dios57.

Dios es el “dador de todo bien”58, la “fuente y el origen de toda santidad”59. Siendo Dios generoso en sus dones, “florece la santidad de la Iglesia”60. Precisamente porque la profesión perpetua comboniana es “gracia” y, por consiguiente, un don irreversible como pacto nupcial entre Dios y el hombre en Cristo por obra del Espíritu Santo, es un compromiso ad vitam que exige la capacidad de “perseverar hasta la muerte”61, es decir, de “vivir para siempre”62 y de “empeñarse constantemente”63 al servicio del Evangelio, formando parte definitivamente de la familia comboniana64.

Este compromiso no puede ser un mero activismo, sino una decisión apasionada ya que se trata de “consagrarse más íntimamente a Cristo”65siguiéndole en una entrega total. Esta consagración se expresa “en perfecta castidad por el reino de los cielos, en pobreza fraterna y en filial obediencia”66 y atestigua el “dedicarse generosamente a la misión ad gentes”67.La finalidad de la vocación comboniana es descrita como “servicio al Señor”68, “servicio a la Iglesia en el mundo” y “servicio al prójimo”69 en el “anuncio del Evangelio”70. Este servicio está constituido por la espiritualidad del Corazón de Je-sús71, que orienta el espíritu hacia una progresiva “identificación con la imagen de Cristo Buen Pastor del Corazón traspasado”72, de manera que descubra la “sublimi-dad del conocimiento de Cristo y participe intensamente de su amor misericordioso haciendo causa común con los más pobres y abandonados”73. Inflamado del “celo apostólico de san Daniel Comboni”74, el profeso comboniano vive y muere “para que el Evangelio resplandezca hasta los confines de la tierra”75 y actúe como fermento de novedad, de liberación, de justicia y de paz”.

La profesión perpetua

He aquí sus partes:

  1. a) El llamamiento o la petición de los que van a profesar que puede omitirse, si se juzga conveniente.

  1. b) La homilía o alocución, para instruir al pueblo y a los que van a profesar sobre la excelencia de la vida religiosa.

  1. c) Las preguntas por las que el celebrante o superior se asegura de que los que van a profesar están dispuestos a entregarse a Dios, y avanzar por la senda de la caridad perfecta, según la Regla de la familia religiosa.

  1. d) La oración litánica, por la que se ruega a Dios Padre y se pi-de la intercesión de la Santísima Virgen y de todos los santos.

  1. e) La emisión de la profesión, ante la Iglesia, el superior legíti-mo del Instituto, los testigos y el pueblo.

  1. f) La bendición solemne o consagración de los profesos. Por ella, la Iglesia confirma la profesión religiosa con la consa-gración litúrgica, rogando al Padre celestial que derrame con abundancia los dones del Espíritu Santo sobre los nuevos.

 

  1. g) La entrega de las insignias de la profesión, si es costumbre en la familia religiosa, por las que se significa externamente la dedicación perpetua a Dios

 

Graciela Arandia de Hidalgo



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