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martes 20 octubre 2020
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Mons. Sergio: “Pidamos perdón a Dios por los pecados en contra de la creación porque son pecados en contra de nuestra vida humana”

Campanas. El Arzobispo de Santa Cruz, Mons. Sergio Gualberti, desde la Basílica menor de San Lorenzo Mártir – Catedral, este domingo 27 de septiembre, nos pide que tomemos conciencia, de una vez por todas, que nuestra suerte está estrechamente unida a la suerte de la naturaleza, el medio ambiente y la biodiversidad. Así mismo nos exhorta a pedir perdón a Dios por los pecados en contra de la creación porque son pecados en contra de nuestra vida humana.

Así mismo el prelado nos invita a   a participar de las iniciativas en la semana de la creación, del 27 de septiembre al 4 de octubre del presente año, cuyo objetivo es trabajar en preservar la creación siempre amenazada también en nuestro país. Igual que otros años y a pesar de la pandemia, estamos sufriendo por los incendios de miles de hectáreas, provocados por acciones criminales en busca de un provecho económico, dijo Monseñor.

Semana de Oración de la Hermandad de nuestra Iglesia en Bolivia con las Diócesis alemanas de Tréveris e Hildesheim

También el arzobispo se refirió a la Semana de Oración de la Hermandad de nuestra Iglesia en Bolivia con las Diócesis alemanas de Tréveris e Hildesheim que iniciamos hoy iluminados por el lema: “Aprendiendo el uno con el otro. ¡Actuar  Juntos!”. Muy bello, aprender el uno del otro, compartir como hermanos la fe, encaminarnos juntos en anunciar y testimoniar el Evangelio, y este año en particular, trabajar unidos para sembrar vida y esperanza”, como dice el lema de la Semana de Oración por la Creación querida por el Papa Francisco.

“Nos cuesta confesar que somos pecadores y nos escudamos detrás de nuestras fragilidades y limitaciones humanas”

En nuestras relaciones familiares y sociales nos resulta fácil *atribuirnos los éxitos*, pero nos resistimos a reconocer nuestros reveses y fallas, por eso buscamos disculpas y pretextos. *De la misma manera actuamos con el Señor; nos cuesta confesar que somos pecadores y nos escudamos detrás de nuestras fragilidades y limitaciones humanas*.

“Dios nos pide ser cristianos coherentes con nuestra vocación de libertad y asumir la responsabilidad de nuestra conducta”

Dios nos pide también a nosotros, dijo el Arzobispo que tengamos la valentía de hacer un sincero examen de consciencia, de ser cristianos coherentes con nuestra vocación de libertad y asumir la responsabilidad de nuestra conducta. Dios al crearnos a imagen y semejanza suya, nos ha dado el don inestimable de la libertad, don que deja a nuestra consciencia el grave compromiso de optar entre el bien y el mal, entre la vida y la muerte.

así mismo el prelado afirmó que Dios no nos trata como marionetas, respeta plenamente nuestra condición de personas libres, inclusive podemos renegar de Él, transformar la libertad en libertinaje, dejar el camino del bien, de nuestra realización como personas y de la felicidad, para encaminarnos en las sendas equivocadas de la maldad, el fracaso, la tristeza y la muerte.

“El amor de Dios es tan grande que, aun cuando pecamos, Él siempre está dispuesto a perdonarnos”

Sin embargo, el amor de Dios es tan grande que, aun cuando elegimos el camino equivocado, nos alejamos de Él y pecamos, Él está siempre dispuesto a perdonarnos, con tal que sepamos reconocer nuestro error. Esta actitud de Dios nos llena de esperanza y nos anima a no tener miedo de Él y a reconocernos pecadores, arrepentirnos y convertirnos, y así experimentar el gozo de su amor misericordioso.

“Dios no es un patrón exigente, Él es nuestro Padre que quiere nuestra adhesión libre y por amor”

Dios, no es un patrón exigente ante el cual solo hay dos alternativas: rebelarse o plegarse. Él es un Padre, nuestro Padre que nos trata como hijos y que quiere nuestra adhesión libre y por amor, asegura Monseñor.

“Trabajemos en la viña al servicio del Reino de Dios, en particular de los últimos, los pobres y los más necesitados”

el Arzobispo de Santa Cruz, asegró que hoy: es el tiempo de nuestra existencia terrenal, el don precioso que no podemos desperdiciar según nuestros caprichos y que debemos aprovecharlo, trabajando en la viña al servicio del Reino de Dios y de su extensión en el mundo, en particular de los últimos, los pobres y los más necesitados.

El profeta Ezequiel, Jesús, con la parábola de un padre y sus dos hijos, pone ante su propia responsabilidad a los guías del pueblo de Israel porque, aunque aparentan ser fieles observantes de la ley, no están cumpliendo con la voluntad de Dios. Esta advertencia de Jesús vale también para nosotros hoy. Él inicia la narración con una pregunta involucrando, de esa manera, a los oyentes: “¿Qué les parece? Un hombre tenía dos hijos”. Ese hombre es Dios Padre, los dos hijos representan no solo al pueblo judío sino a nosotros y a nuestras actitudes ante los mandatos del Señor:

La respuesta inmediata del hijo es “No quiero” … pero después recapacitó y fue”. Ese hijo sigue viendo al Padre como patrón y por eso, reivindicando su autonomía y libertad, le dice no; pero su negativa le causa malestar y, callado, va a trabajar.  El padre se entonces se dirige al otro con el mismo pedido, y éste le responde: “Voy Señor”, pero no va. Este hijo sigue muy encerrado en su visión negativa del padre y le dice sí porque le tiene miedo y no se atreve a decir no, aunque esto es lo que desea y es lo que de hecho hace.

“Nosotros a veces actuamos como este hijo, no entendemos que Dios no nos impone su voluntad, Él nos ama por eso nos ofrece ser partícipes de su plan de la salvació”

Jesús con esta parábola apunta a que tomemos conciencia de nuestro “no” y que demos el paso al “sí”, que pasemos de nuestra propia justicia al amor gratuito de Dios que nos justifica y nos salva. Nosotros no nos salvamos por nuestros méritos, ni porque nos consideramos “los buenos, los mejores”, sino porque Dios, en su gran bondad, nos ama y nos perdona, dijo el Arzobispo.

Homilía de Mons. Sergio Gualberti, Arzobispo de Santa Cruz

Domingo 27/09/2020

 

Nuestra Iglesia en Bolivia celebra este Domingo la Jornada de la Biblia, con el lema: Escucha la palabra y camina ya”, invitación a abrir nuestra mente y nuestro corazón a la palabra de Dios, y caminar juntos en comunidad por las sendas de la vida, con esperanza y amor, detrás de Cristo en quien encontramos el verdadero sentido de nuestra vida.

La primera lectura del profeta Ezequiel, nos ayuda a hacer verdad en nosotros mismos y a descubrir en nuestra vida una tendencia que a menudo pasa desapercibida porque cuestiona nuestra presunción: la resistencia a asumir la responsabilidad de nuestras acciones y nuestras omisiones. En nuestras relaciones familiares y sociales nos resulta fácil atribuirnos los éxitos, pero nos resistimos a reconocer nuestros reveses y fallas, por eso buscamos disculpas y pretextos. De la misma manera actuamos con el Señor; nos cuesta confesar que somos pecadores y nos escudamos detrás de nuestras fragilidades y limitaciones humanas.

El profeta Ezequiel nos presenta un ejemplo de esta tendencia en la actuación del pueblo judío que, con atrevimiento y olvidándose de su traición a la Alianza, murmura en contra de Dios: “El proceder del Señor no es correcto”. La respuesta de Dios es firme:”¿Acaso no es el proceder de ustedes, y no el mío, el que no es correcto?”. Dios apela a la responsabilidad del pueblo y sus guías y les pide que abandonen su actitud de autosuficiencia y seguridad, reconozcan sus pecados, se conviertan y así vivirán y no morirán.

Dios nos pide también a nosotros que tengamos la valentía de hacer un sincero examen de consciencia, de ser cristianos coherentes con nuestra vocación de libertad y asumir la responsabilidad de nuestra conducta. Dios al crearnos a imagen y semejanza suya, nos ha dado el don inestimable de la libertad, don que deja a nuestra consciencia el grave compromiso de optar entre el bien y el mal, entre la vida y la muerte.

Dios no nos trata como marionetas, respeta plenamente nuestra condición de personas libres, inclusive podemos renegar de Él, transformar la libertad en libertinaje, dejar el camino del bien, de nuestra realización como personas y de la felicidad, para encaminarnos en las sendas equivocadas de la maldad, el fracaso, la tristeza y la muerte.

Sin embargo, el amor de Dios es tan grande que, aun cuando elegimos el camino equivocado, nos alejamos de Él y pecamos, Él está siempre dispuesto a perdonarnos, con tal que sepamos reconocer nuestro error. Esta actitud de Dios nos llena de esperanza y nos anima a no tener miedo de Él y a reconocernos pecadores, arrepentirnos y convertirnos, y así experimentar el gozo de su amor misericordioso.

En la misma línea que el profeta Ezequiel, Jesús, con la parábola de un padre y sus dos hijos, pone ante su propia responsabilidad a los guías del pueblo de Israel porque, aunque aparentan ser fieles observantes de la ley, no están cumpliendo con la voluntad de Dios. Esta advertencia de Jesús vale también para nosotros hoy. Él inicia la narración con una pregunta involucrando, de esa manera, a los oyentes:“¿Qué les parece? Un hombre tenía dos hijos”. Ese hombre es Dios Padre, los dos hijos representan no solo al pueblo judío sino a nosotros y a nuestras actitudes ante los mandatos del Señor: “Hijo, ve hoy a trabajar a mi viña”. Hijo: Dios, no es un patrón exigente ante el cual solo hay dos alternativas: rebelarse o plegarse. Él es un Padre, nuestro Padre que nos trata como hijos y que quiere nuestra adhesión libre y por amor.

Hoy: es el tiempo de nuestra existencia terrenal, el don precioso que no podemos desperdiciar según nuestros caprichos y que debemos aprovecharlo, trabajando en la viña al servicio del Reino de Dios y  de su extensión en el  mundo, en particular de los últimos, los pobres y los más necesitados.

La respuesta inmediata del hijo es “No quiero”… pero después recapacitó y fue”. Ese hijo sigue viendo al Padre como patrón y por eso, reivindicando su autonomía y libertad, le dice no; pero su negativa le causa malestar y, callado, va a trabajar.  El padre se entonces se dirige al otro con el mismo pedido, y éste le responde: “Voy Señor”, pero no va. Este hijo sigue muy encerrado en su visión negativa del padre y le dice sí porque le tiene miedo y no se atreve a decir no, aunque esto es lo que desea y es lo que de hecho hace.

Nosotros a veces actuamos como este hijo, no entendemos que Dios no nos impone su voluntad, Él nos ama por eso nos ofrece ser partícipes de su plan de la salvación. Ante esa oferta es importante ver si nuestra respuesta de fe se sustenta en el miedo, si presumimos ser justos y no necesitados de conversión, porque cumplimos los mandamientos, participamos de la comunidad y recibimos los sacramentos.

Luego Jesús involucra directamente a los oyentes: “¿Cuál de los dos cumplió con la voluntad de su padre?”. La respuesta es fácil: “El primero”. En el diálogo con esos notables, Jesús apunta a que ellos, que se creen justos ante Dios y en paz con el próximo porque observan la ley, tomen consciencia de que son pecadores y que necesitan volver al Padre. Por eso, Jesús los enfrenta con palabras muy chocantes: “Les aseguro que los publicanos y las prostitutas llegan antes que ustedes al Reino de Dios”.

Tantos las prostitutas como los publicanos, funcionarios judíos que cobraban los impuestos para el imperio opresor, eran considerados pecadores públicos, excluidos de la vida de la comunidad religiosa y de la sociedad. Ciertamente la conducta de esas categorías, no es conforme a la ley de Dios, sin embargo, su situación representa una ventaja: ellos no pueden fingirse justos, nadie les creería. Por eso ellos, desde su realidad de pecadores, tienen más posibilidad de convertirse y recibir el perdón de Dios.

Los notables del pueblo, en cambio, se cierran a la conversión y al perdón de Dios porque, en su engreimiento, se consideran justos y sin pecados. “Porque Juan vino a ustedes enseñándoles el camino de la salvación, y no creyeron en él; en cambio los publicanos y las prostitutas le creyeron. Y ustedes a pesar de esto no se arrepintieron ni creyeron en él”.

Jesús con esta parábola apunta a que tomemos conciencia de nuestro “no” y que demos el paso al “sí”, que pasemos de nuestra propia justicia al amor gratuito de Dios que nos justifica y nos salva. Nosotros no nos salvamos por nuestro méritos, ni porque nos consideramos “los buenos, los mejores”, sino porque Dios, en su gran bondad, nos ama y nos perdona.

Antes de terminar, unas palabras sobre la Semana de Oración de la Hermandad de nuestra Iglesia en Bolivia con las Diócesis alemanas de Tréveris e Hildesheim que iniciamos hoy iluminados por el lema: “Aprendiendo el uno con el otro. ¡Actuar  Juntos!”. Muy bello, aprender el uno del otro, compartir como hermanos la fe, encaminarnos juntos en anunciar y testimoniar el Evangelio, y este año en particular, trabajar unidos para “sembrar vida y esperanza”, como dice el lema de la Semana de Oración por la Creación querida por el Papa Francisco.

Queridos hermanos y hermanas, les invito a participar de estas iniciativas y trabajar en preservar la creación siempre amenazada también en nuestro país. Igual que otros años y a pesar de la pandemia, estamos sufriendo por los incendios de miles de hectáreas, provocados por acciones criminales en busca de un provecho económico. Tomemos conciencia, de una vez por todas, que nuestra suerte está estrechamente unida a la suerte de la naturaleza, el medio ambiente y la biodiversidad. Por eso, pidamos perdón a Dios por los pecados en contra de la creación porque son pecados en contra de nuestra vida humana. Amén

Graciela Arandia de Hidalgo



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