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martes 18 mayo 2021
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Mons. Sergio: “Pidamos a María nos ayude a superar divisiones y enfrentamientos, a buscar lo que nos une y a ser forjadores de reconciliación y de paz”

Campanas. “Oremos a María consuelo y esperanza nuestra”. El Arzobispo de Santa Cruz, Mons. Sergio Gualberti, presidió la Misa central de fiesta de la Mamita de Cotoca, hoy martes 8 de diciembre a las 10:00 horas. Desde el Santuario de Cotoca nos exhortó a pedir a María que nos ayude a superar divisiones y enfrentamientos, a buscar lo que nos une y a ser forjadores de reconciliación y de paz”.

Este año a causa de la pandemia del Covid – 19, la festividad de la Virgen de Cotoca, Patrona del Oriente boliviano, se celebra de una manera distinta, sin romería, procesiones y con el 50% de aforo en el templo. También las celebraciones son transmitidas a través de las redes sociales del Santuario de Cotoca.

En este clima especial del Adviento, tiempo privilegiado de gracia y de espera de la venida del Salvador, celebramos hoy, con gran alegría, la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María, la Mamita de Cotoca, como la llamamos nosotros aquí en Santa Cruz, dijo el prelado al iniciar su homilía.

El Arzobispo afirmó  que en la novena de este año hemos rezado y meditado sobre el lema: “Oremos a María, nuestra esperanza y consuelo”, y hemos sentido su cercanía de Madre amorosa que nos ha confortado y protegido en estos duros tiempos de pandemia sanitaria, social y económica.

Así  mismo  expresó que a pesar de las necesarias restricciones y medidas de seguridad por la pandemia, con las atenciones debidas, hemos querido peregrinar y llegar acá en su casa, en el Santuario de Cotoca. A nuestra llegada hemos encontrado la mano premurosa de nuestra Madre que nos ha acogido en su regazo, le hemos presentado, con total confianza, nuestras penas y dolores, nuestras dudas y temores, pero también nuestros sueños y pedidos, por nosotros, por la familia, por la salud y tantos otros motivos.

Pero también nos hemos puestos de rodillas ante la Mamita, para elevarle nuestras plegarias, para venerarla, alabarla y para manifestarle nuestro aprecio y cariño. En particular queremos agradecerle porque, además de haber estado a nuestro lado en el sufrimiento y desconcierto de este año tan difícil, sobre todo nos ha sostenido en los momentos en que peligraban nuestra débil fe y nuestra vida cristiana.

También Monseñor Sergio Agradeció a María porque ella, la Virgen de la Esperanza, nos ha abierto horizontes de esperanza, y nos ha estimulado a trabajar para una sociedad mejor, para que todos gocemos de una vida digna, justa y fraterna desde ya, en nuestra existencia terrenal, mientras esperamos la vida eterna al final de nuestra peregrinación a la casa del Padre.

Así mismo el Prelado aseguró que  la solemnidad de la Inmaculada Concepción es la fiesta de “la gracia y de la belleza”. Con razón, el canto de la liturgia de hoy la proclama Purísima y «toda bella y toda pulcra”, porque como ella no hay otra igual.

También dijo, que la gracia de Dios que fue para María el punto de partida es el punto de llegada para nosotros creyentes. Desde el bautismo, nuestra meta es alcanzar la belleza y bondad de la Virgen María, no por nuestros méritos, sino por la gracia y misericordia del Señor y la intercesión de nuestra Madre.

Por eso, confiados en su gran amor, recurrimos nuevamente a su protección para que nos ayude a recibir a Jesús en nuestra vida personal, en nuestras familias y en nuestra sociedad.

El Arzobispo nos exhortó a pedir a María que nos ayude a superar divisiones y enfrentamientos, a buscar lo que nos une y a ser forjadores de reconciliación y de paz.

El camino a recorrer todavía es largo, seamos vigilantes ante la tentación, siempre al acecho, de caer en los errores del pasado, de dar escucha a los miramientos, resentimientos, rencores y venganzas. La Virgen María nos llama a todos a construir una Bolivia mejor y dejar en herencia, a nuestra niñez y juventud, un País más justo, solidario, humano y en paz.

 

Oremos a la María, nuestro consuelo y esperanza”, para que volvamos, a nuestras casas y a todos los lugares donde transcurre nuestra vida, más buenos, renovados y disponibles para servir al Señor y al prójimo, expresó el Arzobispo de Santa Cruz.

 

Desde el Santuario de Cotoca se ha pedido a los feligreses que asistan a las misas que se oficiarán durante toda la jornada del 8 y 15 de diciembre, cumpliendo con todos las medidas de Bioseguridad  para evitar el  contagio de coronavirus. El uso del barbijo y el  alcohol en gel para el desinfectado de manos es obligatorio.

 

Homilía de Mons. Sergio Gualberti, Arzobispo de Santa Cruz en la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de María, la Mamita de Cotoca/ 08/12/2020

En este clima especial del Adviento, tiempo privilegiado de gracia y de espera de la venida del Salvador, celebramos hoy, con gran alegría, la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María, la Mamita de Cotoca, como la llamamos nosotros aquí en Santa Cruz. En la novena de este año hemos rezado y meditado sobre el lema: Oremos a María, nuestra esperanza y consuelo”, y hemos sentido su cercanía de Madre amorosa que nos ha confortado y protegido en estos duros tiempos de pandemia sanitaria, social y económica.

 

A pesar de las necesarias restricciones y medidas de seguridad por la pandemia, con las atenciones debidas, hemos querido peregrinar y llegar acá en su casa, en el Santuario de Cotoca. A nuestra llegada hemos encontrado la mano premurosa de nuestra Madre que nos ha acogido en su regazo, le hemos presentado, con total confianza, nuestras penas y dolores, nuestras dudas y temores, pero también nuestros sueños y pedidos, por nosotros, por la familia, por la salud y tantos otros motivos. Pienso que todos y cada uno de nosotros hemos experimentado en nuestro corazón el clima de sosiego y paz, de ternura y cercanía de nuestra Madre y de su Hijo Jesús, el clima que mitiga nuestros dolores y preocupaciones y que nos devuelve la esperanza.

 

 

 

Pero también nos hemos puestos de rodillas ante la Mamita, para elevarle nuestras plegarias, para venerarla, alabarla y para manifestarle nuestro aprecio y cariño. En particular queremos agradecerle porque, además de haber estado a nuestro lado en el sufrimiento y desconcierto de este año tan difícil, sobre todo nos ha sostenido en los momentos en que peligraban nuestra débil fe y nuestra vida cristiana.

 

También agradecemos a María porque ella, la Virgen de la Esperanza, nos ha abierto horizontes de esperanza, y nos ha estimulado a trabajar para una sociedad mejor, para que todos gocemos de una vida digna, justa y fraterna desde ya, en nuestra existencia terrenal, mientras esperamos la vida eterna al final de nuestra peregrinación a la casa del Padre.  

Pero ¿Cómo sabemos que Dios ha dado a María el don inconmensurable de ser la Inmaculada y Purísima Madre de su Hijo Jesucristo, nuestro Salvador?

 

El pasaje del libro del Génesis, que acabamos de escuchar, nos da la respuesta. El texto nos presenta, en forma de narración, el primer pecado de Adán y Eva, y en ellos de toda la humanidad, que no es solo de desobediencia, sino de orgullo y soberbia: “Si comes de ese árbol, serás como Dios”. Ser como Dios”, es la tentación de ayer y de hoy, en particular de los que piensan que la autoridad es poder y no servicio, de los que se creen dueños de la vida suya y de los demás y de los que se portan como pequeños dioses.

El resultado no pero no fue el esperado: Adán y Eva se ven desnudos, la desnudez de la fragilidad y de los limites humanos, del dolor y la muerte. Es un poco lo que nos está pasando en la grave crisis que estamos viviendo. Un virus minúsculo e invisible, nos ha hecho tocar con mano la fragilidad y limitaciones humanas, ha puesto de rodillas tantos poderosos e imperios económicos y ha humillado a las pretensiones de la ciencia y de la técnica de dominar los destinos de las personas y del mundo. Ojalá que todo el mundo aprenda la lección y de verdad se cambie de rumbo.

 

Adán y Eva desnudos se ocultan de Dios; en ellos domina el miedo y la desconfianza y no se animan a dialogar con él. Desde ese momento, para ellos, la tierra amiga se vuelve hostil; para vivir tienen que sudar y trabajar, la vida se ha vuelto frágil y vulnerables y pronto experimentan la muerte; el asesinato de Abel de mano de su hermano Caín. Pero la muerte y el mal no son la última palabra: Dios les hace entrever una luz de esperanza. A la serpiente, símbolo de satanás, enemigo de Dios y nuestro, el Señor le sentencia: “Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya. Él te aplastará la cabeza y tú le acecharás el talón”. 

 

María Virgen es esa mujer de la que habla Dios, la mujer de la esperanza, de ella desciende Jesús, Él que ha aplastado la cabeza de satanás, que nos liberado del pecado y salvado de la muerte eterna. Por este motivo Dios preservó a María de toda mancha de pecado desde el primer instante de su concepción, para hacer de ella el Santuario sin mancha alguna que acogiera a su Hijo Jesucristo, el sin pecado. El autor de la vida que vino a liberarnos de nuestros pecados, que nos abrió las puertas de la vida para siempre, no podía ser contagiado por la sombra del pecado, por eso fue concebido en el vientre purísimo la Virgen María.

 

Este hecho maravilloso se da en una humilde casa de Nazaret, donde el Ángel Gabriel, visita a la humilde joven María saludándola con esas palabras asombrosas: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Alegría, porque ha recibido de Dios la gracia divina, la belleza interior que emana de la participación de la vida de Dios, la belleza de la bondad, la santidad y la gracia.

Por eso, la solemnidad de la Inmaculada Concepción es la fiesta de “la gracia y de la belleza”. Con razón, el canto de la liturgia de hoy la proclama Purísima y «toda bella y toda pulcra”, porque como ella no hay otra igual.

La gracia de Dios que fue para María el punto de partida es el punto de llegada para nosotros creyentes. Desde el bautismo, nuestra meta es alcanzar la belleza y bondad de la Virgen María, no por nuestros méritos, sino por la gracia y misericordia del Señor y la intercesión de nuestra Madre.

Por eso, confiados en su gran amor, recurrimos nuevamente a su protección para que nos ayude a recibir a Jesús en nuestra vida personal, en nuestras familias y en nuestra sociedad. También queremos pedirle que nos ayude a superar divisiones y enfrentamientos, a buscar lo que nos une y a ser forjadores de reconciliación y de paz.

El camino a recorrer todavía es largo, seamos vigilantes ante la tentación, siempre al acecho, de caer en los errores del pasado, de dar escucha a los miramientos, resentimientos, rencores y venganzas. La Virgen María nos llama a todos a construir una Bolivia mejor y dejar en herencia, a nuestra niñez y juventud, un País más justo, solidario, humano y en paz.

 

Oremos a la María, nuestro consuelo y esperanza”, para que volvamos, a nuestras casas y a todos los lugares donde transcurre nuestra vida, más buenos, renovados y disponibles para servir al Señor y al prójimo. Amén

VER GALERÍA FOTOGRÁFICA

“Programa de las misas en la festividad de la Mamita de Cotoca”

 

Graciela Arandia de Hidalgo



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