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martes 29 septiembre 2020
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Mons. Sergio: Pidamos a María, la Reina del cielo, “Danos días de Paz para Bolivia”

Campanas. Hoy la Iglesia celebra la Solemnidad de la asunción de María al cielo, fiesta de la belleza, de la luz, la esperanza y  de la dicha. Desde la Basílica Menor de San Lorenzo Mártir – Catedral, el Arzobispo de Santa Cruz, Mons. Sergio Gualberti, pidió a María la Reina del cielo, que nos dé días de Paz para Bolivia”.

El prelado afirmó que necesitamos paz en nuestro País,   hemos visto en todos estos días, además de la tragedia de la pandemia, la tragedia de los bloqueos, violencia  y desencuentros entre los hermanos bolivianos, una cosa totalmente irracional, por eso necesitamos pedirle a nuestra Madre; “Danos días de  paz”.

La celebración Eucarística de la Asunción de la Virgen María al cielo fue presidida por el Arzobispo de Santa Cruz y concelebrada por el Vicario de Comunicación, P. Hugo Ara y  el Capellán de Palmasola, P. Mario Ortuño, hoy sábado 15 de agosto a las  08:00 am, en la Catedral.

Con la asunción de la Virgen María, celebramos que la Madre de Dios fue glorificada en cuerpo y alma al cielo al término de su vida.

El Arzobispo destacó que en Arani, un pueblo  del departamento de Cochabamba hoy se celebra la fiesta de la bella, y tenemos nosotros una antífona de la liturgia que dice la toda bella, en latín toda pulcra, es María, una belleza exterior pero sobre todo la belleza interior, la belleza porque no ha tocado pecado, ni siquiera el pecado original, ella ha sido preservada del pecado original, por eso nosotros también estamos llamados como cristianos a vivir esa belleza interior, hacer que resplandezca en nosotros la belleza de Dios, la belleza de la gracia de  los que creen que aman y viven de Dios.

“Homilía de Mons. Sergio Gualberti, en la Solemnidad de la Asunción de la Virgen María al cielo”

En Arani, un pueblo  del departamento de Cochabamba hoy se celebra la fiesta de la bella, y tenemos nosotros una antífona de la liturgia que dice la toda bella, en latín toda pulcra, es María, una belleza exterior pero sobre todo la belleza interior, la belleza porque no ha tocado pecado, ni siquiera el pecado original, ella ha sido preservada del pecado original, por eso nosotros también estamos llamados como cristianos a vivir esa belleza interior, hacer que resplandezca en nosotros la belleza de Dios, la belleza de la gracia de  los que creen que aman y viven de Dios.

En el prefacio escucharemos; Dios no quiso que María  que por obra del Espíritu Santo concibió en su seno al autor de la vida, conociera la corrupción del sepulcro. Ella en su seno ha tenido al autor de la vida, como ella va conocer la muerte, por eso la asunción de la Virgen al cielo.

En la Iglesia oriental cuando se habla de la Virgen María, no se habla nunca de muerte, tampoco nosotros pero ellos tienen una expresión muy bonita “La dormición de la Virgen”, se ha dormido y se ha despertado en el cielo. La misma Virgen  proclama desde ahora me felicitarán todas las generaciones porque el poderoso ha hecho obras grandes  en mí. Nosotros somos parte de estas generaciones de hace dos mil años que estamos alabando a Dios  por el don de María.

María fue una joven campesina que dijo SÍ a Dios, ha sido la primera en acoger la voluntad de Dios  y en acoger a su hijo, ella que ha tomado en sus brazos a Dios su creador, lo ha tomado en brazos como una criatura, ella que ha sido su discípula, ella estaba con los discípulos y caminaba junto a Jesús y los servía junto al grupo de mujeres. Ella también dijo SÍ  a los pies de la cruz, compartiendo el dolor y el sufrimiento  de su hijo. Ella es la primera criatura humana llevada al cielo con todo su ser, cuerpo y alma en el Reino eterno del Padre.

Esta realidad nos llena de gozo, no solo  fiesta de la belleza, fiesta de la luz, fiesta también del gozo, saber que la Madre de Jesús y Madre nuestra está en la gloria de Dios. Esto es un anticipo del destino glorioso reservado a todos los que reconocemos como Madre a la Virgen  María, porque como dice también el prefacio, ella es figura y primicia de la Iglesia y allí donde está ella nosotros podemos estar. María es el primer eslabón de esta inmensa cadena del cristiano a los que Dios reserva la vida eterna en virtud de la muerte y resurrección de Cristo.

Esta fiesta también la llamamos la fiesta de la esperanza, el júbilo, la dicha de María  se vuelve canto de toda la humanidad entera que se complace en ver al Señor inclinarse sobre toda la humanidad, sobre todos nosotros humildes criaturas para llevarnos con él al cielo. Es también la fiesta de la victoria sobre la muerte, la victoria del bien sobre el mal, la muerte ni el mal tuvieron poder sobre ella, la lucha entre la vida y la muerte, la gracia y el pecado estaban representados en la grandiosa escena del apocalipsis que hemos escuchado, la joven mujer es el pueblo de Dios, es ella y todo el pueblo de Dios versus el dragón está al acecho para devorar a su hijo, pero el niño fue llevado antes Dios.

Todos en algún momento de nuestra vida  y de manera particular  en este tiempo donde la muerte nos está rodeando  muy de cerca a todos, nos hacemos alguna pregunta ¿Qué pasa con nuestra muerte?, ¿Todo se acaba?, ¿Habrá otra vida?,  creo que en lo honde de nuestro corazón tenemos la esperanza de que nuestra vida no termine con la muerte, que algo de nosotros va quedar. La asunción de la Virgen María es la respuesta llena de esperanza  a esta pregunta, si seguimos sus pasos, si decimos Sí a Dios, si tenemos fe en sus hijo Jesús también tendremos las puertas abiertas para gozar de la eterna comunión con Dios, que es lo que nos dice la segunda lectura, por lo tanto nuestra vida no termina con la muerte, se transforma. En el prefacio en la misa de difuntos  decimos eso, nuestra vida no se acaba, nuestra vida no termina sino que se transforma en la vida para siempre en la gloria del Señor.

Maria nos ha indicado el camino y nos acompaña para alcanzar esta meta, como decía antes, es el SÍ el secreto  de la Virgen María. Me llama la atención en este día de tanta fiesta, de tanta solemnidad como vemos,  el Evangelio presenta una escena muy cotidiana, muy humilde, un encuentro entre dos mujeres embarazadas, sabemos que el bebé que está en el vientre de su prima Isabel sobresalta al escuchar el saludo, y es ahí en esa humildad, en el servicio al Señor que se juega nuestra vida también. Por eso la victoria  sobre el mal se juega en las cosas de todos los días, todo lo que vivimos tiene valor de eternidad, aquí estamos construyendo todos, nuestro paraíso, nuestra gloria, nuestro destino se juega en nuestro Sí a Dios, a Jesús, al Evangelio y por el amor, solidaridad y servicio a los hermanos como ha hecho la Virgen María con su prima.

Pidamos a María la Reina del cielo de manera particular, “Danos días de Paz”, y necesitamos días de paz en Bolivia, hemos visto en todos estos días, además de la tragedia de la pandemia, la tragedia de los bloqueos, violencia  y desencuentros entre los hermanos bolivianos, una cosa totalmente irracional, por eso necesitamos pedirle, danos días de  paz. Vigila sobre  nuestro camino, que bonito, que ella nos guie, haz que veamos a tu hijo, llenos de la alegría del cielo. Amen.

 

 

 

 

 

 

Graciela Arandia de Hidalgo



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