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lunes 13 julio 2020
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Mons. Sergio: “La presencia de nuestros Ancianitos es un signo de que, “la vejez es un privilegio y no una enfermedad”

Campanas. Su presencia entre nosotros es un signo de que, “la vejez es un privilegio y no una enfermedad”, como dice el papa Francisco, por eso, es preciso que las generaciones adultas y jóvenes les expresen aprecio a través de  su solidaridad y cercanía, dijo Mons. Sergio Gualberti, en el  Hogar de Acianos Santa Cruz.

Este jueves 28 de mayo, el Arzobispo de Santa Cruz, Mons. Sergio Gualberti, llegó hasta el Hogar de Ancianos desamparados Santa Cruz, para rezar el Santo Rosario, la medicina espiritual que nos sana de nuestras dolencias de alma y cuerpo, de nuestros dolores y temores, y que nos fortalece y colma de paz y serenidad.

El rezo del santo rosario fue presidido por Mons. Sergio Gualberti, hoy jueves 28 de mayo a las 16:00 horas, acompañaron; Mons. Estanislao Dowlaszewicz, Obispo Auxiliar, el P. Hugo Ara, Rector de la Catedral y Vicario de Comunicación, P. Mario Ortuño, Capellán de Palmasola, P. Raúl Arrázola, Párroco de la Parroquia La Santa Cruz, P. Bismark Terraza, Canciller del Arzobispado y el P. Juan Sandoval La Serna. Este Rosario fue transmitido por las Plataformas digitales: Facebook: Campanas, Diakonía.edu.bo y Radio Betania.

Los pastores llegaron hasta el Hogar de ancianos, para expresarles su cercanía y solidaridad, a estos hermanos aquí internados y a todos los que están enfermos en los hospitales y en sus hogares, elevaron sus fervientes oraciones a la Virgen María, nuestra Madre, para que traiga alivio y consuelo a nuestro pueblo agobiado por el dolor y el sufrimiento. Hemos orado por todos ustedes que acá viven, por las hermanas y todo el personal que los atienden con su servicio abnegado y su entrega.

También hemos orado por tantos hermanos contagiados por el virus, por las familias que sufren escasez por la suspensión del trabajo, por los distintas instituciones públicas y privadas que atienden a los afectados por la enfermedad y por los que luchan para que el contagio no se extienda y también por las muchas personas fallecidas por esta enfermedad, para que el Señor los tenga en su misericordia y para que confirme sus familiares en la fe y les consuele y ayude a seguir adelante, dijo el Arzobispo.

El prelado aseguró que La Virgen María, nos ayuda a reafirmar nuestra confianza en su Hijo Jesús y nos asegura que no estamos solos, que Él está siempre a nuestro lado para animarnos a no desfallecer ante los miedos y tristezas, para liberarnos de la indiferencia y mirar al futuro con esperanza.

Así mismo, Mons. Sergio, afirmó que esta pandemia ha sembrado muerte y dolor en todo el mundo, en particular entre las personas de la tercera edad que representan más de mitad de los fallecidos.

En varios países se ha dado un hecho desconcertante: ante la emergencia por el alto número de contagiados, varios médicos han optado por atender antes a personas jóvenes que a los ancianos, como si la vida humana vale más para unos que para otros. Este dato interpela seriamente a nuestra sociedad y cultura consumista que se rige por la regla del provecho y del crecimiento ilimitado, descartando a las personas que no producen más y desconociendo el derecho inalienable de la vida de toda persona y el gran tesoro en sabiduría y valores que los ancianos llevan consigo, expresó el Arzobispo de Santa Cruz.

Nosotros esta tarde oramos al Señor para que Él siga siempre a lado de ustedes hermanos que, gracias a Dios y al cuidado de las Hermanitas, han sido preservados de esta pandemia, indicó Monseñor.

Pido al Señor que les de fortaleza y sosiego, para que nuestra sociedad reconozca en ustedes sus raíces y su historia y valoren su testimonio de fe, su amor a la tradición y a la cultura, su sabiduría y su sentido de pertenencia a nuestra tierra oriental. Su presencia entre nosotros es un signo de que la “vejez es un privilegio y no una enfermedad”, como dice el papa Francisco, por eso, es preciso que las generaciones adultas y jóvenes les expresen aprecio a través de solidaridad y cercanía, dijo el Prelado.

El Arzobispo de Santa Cruz, expresó su agradecimiento a las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, por atender y cuidar con tanto cariño a nuestros abuelitos, así mismo pidió al Señor que las bendiga y haga brotar muchas vocaciones para la congregación. Queridos hermanos y hermanas, esta tarde vamos a decir nuestro sincero gracias a la Virgen María y le pedimos que siga extendiendo su manto maternal sobre todos ustedes y nosotros, protegiéndonos de todos los males de la vida presente y futura, concluyó Monseñor Sergio Gualberti.

Exhortación completa  de Mons. Sergio Gualberti

Queridos hermanos y hermanas,

Hemos venido acá en este hermoso Hogar, nosotros Obispos, los sacerdotes de la parroquia la Santa Cruz y de la Catedral, las autoridades de nuestra ciudad y departamento de Santa Cruz, para rezar juntos el Rosario, la corona de María”, la medicina espiritual que nos sana de nuestras dolencias de alma y cuerpo, de nuestros dolores y temores, y que nos fortalece y colma de paz y serenidad.

Con el amor y la mirada de María hemos contemplado los misterios luminosos de su Hijo Jesús y en cada decena hemos confiado en sus manos maternas una intención común. Hemos orado por todos ustedes que acá viven, por las hermanas y todo el personal que los atienden con su servicio abnegado y su entrega. También hemos orado por tantos hermanos contagiados por el virus, por las familias que sufren escasez por la suspensión del trabajo, por los distintas instituciones públicas y privadas que atienden a los afectados por la enfermedad y por los que luchan para que el contagio no se extienda y también por las muchas personas fallecidas por esta enfermedad, para que el Señor los tenga en su misericordia y para que confirme sus familiares en la fe y les consuele y ayude a seguir adelante.

La Virgen María, a quien ustedes tienen tanto cariño y representada en la preciosa imagen aquí en el altar, esta tarde nos ha ayudado a reafirmar nuestra confianza en su Hijo Jesús y nos ha asegurado que no estamos solos, que Él está siempre a nuestro lado para animarnos a no desfallecer ante los miedos y tristezas, para liberarnos de la indiferencia y mirar al futuro con esperanza.

Esta pandemia ha sembrado muerte y dolor en todo el mundo, en particular entre las personas de la tercera edad que representan más de  mitad de los fallecidos.

En varios países se ha dado un hecho desconcertante: ante la  emergencia por el alto número de contagiados, varios médicos han optado por atender antes a personas jóvenes que a los ancianos, como si la vida humana vale más para unos que para otros. Este dato interpela seriamente a nuestra sociedad y cultura consumista que se rige por la regla del provecho y del crecimiento ilimitado, descartando a las personas que no producen más y desconociendo el derecho inalienable de la vida de toda persona y el gran tesoro en sabiduría y valores que los ancianos llevan consigo.

Nosotros esta tarde oramos al Señor porque Él siga siempre a lado de ustedes hermanos que, gracias a Dios y al cuidado de las Hermanitas, han sido preservados de esta pandemia. Oramos para que les de fortaleza y sosiego, para que nuestra sociedad reconozca en ustedes sus raíces y su historia y valoren su testimonio de fe, su amor a la tradición y a la cultura, su sabiduría y su sentido de pertenencia a nuestra tierra oriental. Su presencia entre nosotros es un signo de que la “vejez es un privilegio y no una enfermedad”, como dice el papa Francisco, por eso, es preciso que las generaciones adultas y jóvenes les expresen aprecio a través de solidaridad y cercanía.

Estamos muy agradecidos a las Hermanitas de los Ancianos Desamparados que les han ofrecido una casa, que les atienden y cuidan con tanto cariño, pedimos al Señor que las bendiga y haga brotar muchas vocaciones para la congregación.

Queridos hermanos y hermanas, esta tarde vamos a decir nuestro sincero gracias a la Virgen María y le pedimos que siga extendiendo su manto maternal sobre todos ustedes y nosotros, protegiéndonos de todos los  males de la vida presente y futura. Amén

Graciela Arandia de Hidalgo



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