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martes 19 enero 2021
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Mons. Sergio: “Este tiempo que nos prepara a la navidad está teñido de incertidumbre y dolor por la crisis sanitaria, económica y social”

Campanas. Desde la Basílica Menor de San Lorenzo Mártir Catedral, el Arzobispo de Santa Cruz. Mons. Sergio Gualberti, afirmó que este tiempo que nos prepara a la Navidad, está teñido de incertidumbre y dolor por la crisis sanitaria, económica y social desatada por la pandemia en el mundo entero. Ante tanto sufrimiento, muerte y desconcierto puede vacilar nuestra fe y podemos caer en la tentación de desanimarnos, de encerrarnos en nuestro pequeño mundo y de pensar solo en nuestra propia seguridad, olvidándonos que hay hermanos que esperan nuestra mano solidaria y que el Señor está en medio de nosotros siempre dispuesto a ayudarnos.

Hoy domingo 29 de noviembre iniciamos el Adviento,  una oportunidad privilegiada para prepararnos a la celebración del misterio de la encarnación del Hijo de Dios, de su venida en el mundo hace más de dos mil años, pero también para prepararnos a la venida del Señor al final de la historia de cada uno de nosotros y de la humanidad.

 Las lecturas de hoy nos introducen en el espíritu de espera del Salvador, no una espera pasiva, sino cargada de vitalidad para el bien de cada uno y de los demás.

Asumir en nuestra vida cristiana una actitud de vigilancia y espera activa, fiel y perseverante de la venida del Señor

Esto nos exige poner particular atención a los signos cotidianos de nuestra existencia personal y de la historia presente, porque aquí y ahora se juega nuestra capacidad de leer las huellas de la presencia de Dios, de dejarnos interpelar por Él y de cumplir su voluntad.

Ser irreprochables ante Dios implica, entre otras cosas, no caer en las tentaciones de adorar a los ídolos del dinero y del poder, de oprimir a los demás denigrando la dignidad humana, de recurrir a la lógica del más fuerte y al uso de la violencia, de servirse de la justicia para perseguir a los opositores y de tener una conducta sin referencia a principios éticos y morales, dijo el prelado.

También el Arzobispo aseguró que Practicar la justicia, se ha vuelto clamor en nuestro país, donde la administración de la justicia ha perdido credibilidad por la corrupción, el manoseo y sumisión a intereses económicos y políticos. 

Es urgente contar con un sistema judiciario confiable

Practicar la justicia y acordarnos de los caminos del Señor, es una tarea de todos y cada uno de nosotros, afirmó Monseñor, el medio que nos lleva a encontrarnos con él y con los demás hermanos. transparente, ecuánime, libre de presiones y al servicio de la verdad, para favorecer un clima de serenidad y paz entre todos.

Así mismo el prelado dijo que la actual situación de crisis nos desafía a soñar juntos un futuro liberador, recorriendo los caminos del diálogo y la reconciliación para la solución pacífica de las divergencias y conflictos, de la vivencia de los valores humanos y cristianos: la dignidad y los derechos de las personas, la libertad, la verdad y la justicia.

Novena de la Mamita de Cotoca

En este clima especial del Adviento, tiempo de gracia y de esperanza, iniciamos hoy con alegría la novena de la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María, la Mamita de Cotoca, como nosotros la llamamos con cariño. Anteanoche la imagen de la Virgen María tenía que visitarnos y recorrer las calles de nuestra ciudad y quedarse ayer en nuestra Catedral. Pero, por las medidas sanitarias y de seguridad no ha sido posible, por eso se ha debido modificar el programa general de las celebraciones sin disminuir la solemnidad de la fiesta en intensidad, cariño y gozo.

La novena este año lleva como lema: “Oremos a María, nuestra esperanza y consuelo”, palabras que nos invitan a acudir a la protección de María, nuestra Madre amorosa, en estos tiempos difíciles. Esta noche rezaremos el primer día de la novena acá en la Catedral y en el Santuario de Cotoca, transmitido también por los medios sociales para que la mayor parte de los fieles podamos participar. Pidamos a la Mamita que interceda ante su Hijo para que haga realidad por nosotros el augurio de Pablo a los cristianos de Corinto: “Llegue a ustedes la gracia y la paz que proceden de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.”

 

Homilía de Mons. Sergio Gualberti, Arzobispo de Santa Cruz

1er. Domingo de Adviento 29/11/2020

Con este 1er Domingo de Adviento iniciamos nuestro camino espiritual de la mano del Evangelista San Marcos, quien durante todo el año litúrgico nos ayudará a configurarnos más plenamente con Jesucristo reviviendo los misterios de nuestra salvación. En particular estas cuatro semanas de Adviento son una oportunidad privilegiada para prepararnos a la celebración del misterio de la encarnación del Hijo de Dios, de su venida en el mundo hace más de dos mil años, pero también para prepararnos a la venida del Señor al final de la historia de cada uno de nosotros y de la humanidad.

Las lecturas de hoy nos introducen en el espíritu de espera del Salvador, no una espera pasiva, sino cargada de vitalidad para el bien de cada uno y de los demás. En el evangelio Jesús narra a sus discípulos la parábola de un hombre que, al irse de viaje, encarga a los servidores cuidar sus bienes y velar por su casa y los advierte que estén prevenidos, porque no saben cuándo él estará de regreso.

En la breve narración, Jesús por tres veces repite el llamado: Estén vigilantes”. Tanta insistencia denota que importante es asumir en nuestra vida cristiana una actitud de vigilancia y espera activa, fiel y perseverante de la venida del Señor. Esto nos exige poner particular atención a los signos cotidianos de nuestra existencia personal y de la historia presente, porque aquí y ahora se juega nuestra capacidad de leer las huellas de la presencia de Dios, de dejarnos interpelar por Él y de cumplir su voluntad.

Esta exhortación a la esperanza, propia de este tiempo que nos prepara a la Navidad, es tanto más actual cuanto más el horizonte es teñido de incertidumbre y dolor por la crisis sanitaria, económica y social desatada por la pandemia en el mundo entero. Ante tanto sufrimiento, muerte y desconcierto puede vacilar nuestra fe y podemos caer en la tentación de desanimarnos, de encerrarnos en nuestro pequeño mundo y de pensar solo en nuestra propia seguridad, olvidándonos que hay hermanos que esperan nuestra mano solidaria y que el Señor está en medio de nosotros siempre dispuesto a ayudarnos.

Por eso, la memoria viva de la primera la venida del Hijo de Dios en la historia y la tensión por la expectativa de su vuelta definitiva, no tienen que ser el pretexto para caer en la pasividad y perder de vista la tarea y la meta del Reino de Dios que apunta a la realización de la humanidad. Por el contrario, este tiempo debe ser el motivo de la esperanza y la fuerza crítica que nos empujan a ser creativos, dando un testimonio coherente de nuestra fe en todos los ámbitos de nuestra existencia.

En esta espera tenemos que poner toda nuestra confianza en Dios porque, como dice San Pablo en su carta a los cristianos de Corinto, nunca nos hace faltar su ayuda permanente: “Mientras esperan la revelación de nuestro Señor Jesucristo, no les falta ningún don de la gracia”. Los primeros cristianos esperaban con ansia este momento, como expresa su invocación entrañable: “Maranathá – Ven Señor Jesús”. Como ellos, también nosotros tenemos que reavivar el deseo de la venida del Salvador e intensificar los momentos de silencio, recogimiento, oración y la meditación de la palabra de Dios, medios privilegiados para el diálogo y el encuentro personal con él y para mantenernos “firmes hasta el fin” en nuestro camino. Al respecto, el profeta Isaías, con una hermosa imagen plástica, nos llama a abandonarnos en las manos del Señor y dejarnos moldear por él.

Tú, Señor, eres nuestro Padre; nosotros somos la arcilla, y Tú, nuestro alfarero: ¡Todos somos la obra de tus manos!”. Nuestra actitud de cristianos es de ponernos en total disponibilidad de Dios para que nuestras decisiones y actuaciones se muevan en el horizonte seguro y firme de su voluntad y seamos” irreprochables hasta el día de la venida de nuestro Señor”.

Ser irreprochables ante Dios implica, entre otras cosas, no caer en las tentaciones de adorar a los ídolos del dinero y del poder, de oprimir a los demás denigrando la dignidad humana, de recurrir a la lógica del más fuerte y al uso de la violencia, de servirse de la justicia para perseguir a los opositores y de tener una conducta sin referencia a principios éticos y morales.

Ser irreprochables, exige también acoger a Dios que “va al encuentro de los que practican la justicia y se acuerdan de sus caminos”. Practicar la justicia y acordarnos de los caminos del Señor, es una tarea de todos y cada uno de nosotros, el medio que nos lleva a encontrarnos con él y con los demás hermanos. En particular, practicar la justicia, se ha vuelto clamor en nuestro país, donde la administración de la justicia ha perdido credibilidad por la corrupción, el manoseo y sumisión a intereses económicos y políticos. Es urgente contar con un sistema judiciario confiable, transparente, ecuánime, libre de presiones y al servicio de la verdad, para favorecer un clima de serenidad y paz entre todos.

Además de la oración, la palabra de Dios y la práctica de la justicia, Dios Padre nos pide vivir en comunión con su hijo Jesucristo, nuestro Señor y dejar que su corriente de gracia inunde todo nuestro ser, nuestras facultades y nuestro espíritu.

La comunión con el Señor, necesariamente nos compromete a vivir en comunión con el prójimo, a desterrar lo que nos divide, y a buscar lo que nos une. La actual situación de crisis nos desafía a soñar juntos un futuro liberador, recorriendo los caminos del diálogo y la reconciliación para la solución pacífica de las divergencias y conflictos, de la vivencia de los valores humanos y cristianos: la dignidad y los derechos de las personas, la libertad, la verdad y la justicia.

En este clima especial del Adviento, tiempo de gracia y de esperanza, iniciamos hoy con alegría la novena de la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María, la Mamita de Cotoca, como nosotros la llamamos con cariño. Anteanoche la imagen de la Virgen María tenía que visitarnos y recorrer las calles de nuestra ciudad y quedarse ayer en nuestra Catedral. Pero, por las medidas sanitarias y de seguridad no ha sido posible, por eso se ha debido modificar el programa general de las celebraciones sin disminuir la solemnidad de la fiesta en intensidad, cariño y gozo.

La novena este año lleva como lema: “Oremos a María, nuestra esperanza y consuelo”, palabras que nos invitan a acudir a la protección de María, nuestra Madre amorosa, en estos tiempos difíciles. Esta noche rezaremos el primer día de la novena acá en la Catedral y en el Santuario de Cotoca, transmitido también por los medios sociales para que la mayor parte de los fieles podamos participar. Pidamos a la Mamita que interceda ante su Hijo para que haga realidad por nosotros el augurio de Pablo a los cristianos de Corinto: “Llegue a ustedes la gracia y la paz que proceden de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.” Amén

Graciela Arandia de Hidalgo