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domingo 28 febrero 2021
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Mons. Gualberti exhortó al nuevo presbítero a ser un servidor celoso y apasionado de la Palabra, para que dé fruto abundante en el corazón de las personas

Campanas. Por la imposición de manos de Mons. Sergio Gualberti, Arzobispo de Santa Cruz,  fue ordenado Presbítero, César Rojas Mayta, hoy sábado 12 de diciembre en la Basílica Menor de San Lorenzo Mártir – Catedral.

La Eucaristía de Ordenación Sacerdotal fue concelebrada por los Obispos Auxiliares: Mons. Braulio Sáez (Obispo Emérito), Mons. Estanislao Dowlaszewicz, Mons. René Leigue, P. Juan Crespo, Vicario General, P. Hugo Ara, Rector de la Catedral y Vicario de Comunicación, el Canciller P. Bismark Terraza y hermanos en el sacerdocio. Acompañaron al nuevo Presbítero; familiares, compañeros de formación, Religiosas, Religiosos y Agentes de Pastoral.

El P. César Rojas es un joven de 27 años  nacido en la comunidad de Sallalli, provincia Inquisivi de la ciudad de La Paz, hijo de German Rojas López y Sofía Mayta Luvi, es el segundo de siete hermanos.

Hoy nuestra Iglesia está alegre porque celebra la festividad de la Virgen de Guadalupe, la Estrella de la Evangelización y la Patrona de América Latina y también porque, en esta fiesta, el Señor nos hace la gracia de la ordenación sacerdotal de César Rojas, un joven que ha decidido jugarse la vida por la Buena Noticia del Reino, siguiendo los pasos de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote, dijo el Arzobispo al iniciar su homilía.

Las limitaciones y sufrimientos de la pandemia, con sus graves consecuencias sanitarias, sociales y económicas, no pueden apagar nuestro gozo afirmó el prelado, en particular la dicha del papá, la mamá y los hermanos del diácono Cesar aquí presentes, a quienes, en nombre de toda la Iglesia, agradezco de todo corazón por entregar un hijo al Señor.  Sí, es un momento de gozo para todos, y sobre todo para ti, querido Cesar, porque terminas un largo camino e inicias una nueva aventura al servicio del pueblo de Dios.

Al dirigirse a al nuevo ordenado, Mons. Gualberti expresó sentir  alegría y gratitud al Señor por el don de su vocación, pero también temor porque estas llamado a ser presbítero en un mundo siempre más indiferente y a veces hasta opuesto a Dios, al Evangelio y a la Iglesia. Vas a ser un Joven – Presbítero, joven en edad y presbítero, es decir anciano, adulto y maduro en la fe, llamado a pastorear el pueblo de Dios, dijo Mons. Sergio. Vale la pena recordar lo que dice San Pablo a su discípulo Timoteo: “Que nadie te desprecie por ser joven. Procura más bien ser modelo para los creyentes en el hablar, en la conducta, en el amor, en la fe y en la pureza”.

Querido Cesar, tú también has recibido el llamado de Dios, has sentido temor y has dado la misma respuesta de Isaías: “«Aquí estoy, envíame»; una respuesta para toda la vida como sacerdote in eterno al igual que Jesús, Pastor, dispensador de la gracia de Dios y Profeta.

El prelado afirmó que Cesar como Pastor está llamado a servir el pueblo de Dios, como Jesús el Pastor Bueno, que ha entregado su vida por sus ovejas y que ha hecho visible en su persona y en su vida el amor de Dios.  

Así también dijo al nuevo sacerdote que su  misión es servir a los fieles, como Jesús que no vino a ser servido sino a servir; Esto te pide estar en medio de ellos, conocerlos y hacerte conocer, cuidarlos y apacentarlos, siempre pronto a defenderlos de los lobos que están siempre al acecho a fin de que, todos unidos en el amor, sigan al Señor por sendas seguras hacia la vida plena y sin fin.  Pero, ser el Pastor Bueno implica no solo cuidar los feligreses que están en el corral, sino salir en busca de las ovejas perdidas y meterse también en lugares peligrosos y hostiles.

Como Sacerdote este llamado a ser  dispensador de la gracia de Dios. La Oración Consagratoria que proclamaré en breves momentos dice: “Seas fiel dispensador de tus ministerios, para que el pueblo se renueve con el nuevo nacimiento del bautismo, y se alimente de tu altar; para que los pecadores sean reconciliados y sean confortados los enfermos”. En tu ministerio, merece particularísima atención la Eucaristía, como sacerdote eres hombres de la Eucaristía, llamado a participar de la santidad de Dios, para santificar a los demás. La Eucaristía te configura a Cristo y te lleva a conformar tu vida y ministerio sacerdotal a él y al misterio de la cruz para que seas otro Cristo, dispuesto a entregar toda tu vida por Él.

Profeta; el portavoz de la palabra de Dios, por tanto, una palabra que no es tuya. Por eso, en todo tu ministerio, tienes que ser un servidor celoso y apasionado de la Palabra, para que dé fruto abundante en el corazón de las personas y llegue hasta los confines del orbe, fue la invitación que hizo el Arzobispo al P. Cesar Rojas.

Así mismo pidió al  nuevo ordenado preparar  con mucho esmero la predicación y hacer que la Palabra se vuelva su vida, con un testimonio coherente y valiente, al estilo de Jesús.

Querido César, dijo el Arzobispo de Santa Cruz,  te espera un programa desafiante, pero, no estás solo. Cristo, que te ha llamado, te acompaña y sostiene: «Yo estaré con Ustedes hasta el fin del mundo». De la misma manera, la Virgen María, Madre de Jesús y nuestra, está contigo, te abriga con cariño bajo su manto maternal y vela por tu bienestar espiritual y material.

No estás solo porque el sacramento del Orden te une a los demás sacerdotes en un solo presbiterio, en unión fraterna y en sincera comunión con el Pastor de esta Iglesia Local, llevando juntos la atención pastoral del pueblo de Dios. También vas a contar con el pueblo santo de Dios, que ora por ti y que será para ti la familia más grande; sus dolores y tristezas, sus gozos y esperanzas serán también los tuyos.

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Homilía de Ordenación Sacerdotal de Cesar Rojas Mayta

Sábado 12 de diciembre de 2020

Is. 6, 1-2ª. 3-8,b -12.14-17.24-25ª; Heb. 5. 1-10;  Lc. 4, 16-30

Hoy nuestra Iglesia está alegre porque celebra la festividad de la Virgen de Guadalupe, la Estrella de la Evangelización y la Patrona de América Latina y también porque, en esta fiesta, el Señor nos hace la gracia de la ordenación sacerdotal de Cesar Rojas, un joven que ha decidido jugarse la vida por la Buena Noticia del Reino, siguiendo los pasos de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote.

Las limitaciones y sufrimientos de la pandemia, con sus graves consecuencias sanitarias, sociales y económicas, no pueden apagar nuestro gozo, en particular la dicha del papá, la mamá y los hermanos del diácono Cesar aquí presentes, a quienes, en nombre de toda la Iglesia, agradezco de todo corazón por entregar un hijo al Señor.  Sí, es un momento de gozo para todos, y sobre todo para ti, querido Cesar, porque terminas un largo camino e inicias una nueva aventura al servicio del pueblo de Dios.

Alegría y gratitud al Señor por el don de tu vocación, pero también temor porque estas llamado a ser presbítero en un mundo siempre más indiferente y a veces hasta opuesto a Dios, al Evangelio y a la Iglesia. Vas a ser un Joven – Presbítero, joven en edad y presbítero, es decir anciano, adulto y maduro en la fe, llamado a pastorear el pueblo de Dios. Vale la pena recordar lo que dice San Pablo a su discípulo Timoteo: “Que nadie te desprecie por ser joven. Procura más bien ser modelo para los creyentes en el hablar, en la conducta, en el amor, en la fe y en la pureza”. Has llegado a este paso con tu respuesta al llamado de Dios, dispensador de todo don y gracia, él que te ha elegido gratuita y libremente por amor desde la eternidad.  Sacerdote por pura gracia de Dios, llamado a contemplar y testimoniar la gran maravilla que Él ha operado en ti y a enfocar, desde esta certeza, toda tu vida y ministerio sacerdotal.  Las lecturas, que has escogido, expresan lo que tú has sentido y vivido al momento de responder al llamado del Señor. En algún momento de la formación, te habrás preguntado porque Dios se ha fijado en tu persona y habrás sentido un cierto temor pensando en tus limitaciones y debilidades. Sentimientos comunes a todos los que hemos sido llamados por el Señor a una vocación particular en la Iglesia, como lo atestigua la primera lectura de Isaías.

El él recibe el llamado de Dios en el templo de Jerusalén, la experiencia trascendental de su vida e historia de profeta. En una grandiosa visión, Dios se hace presente con todo su resplandor y poder, rodeado por los coros de los serafines que aclaman: “Santo, Santo, Santo”. Su presencia llena y desborda todos los espacios: la túnica y el humo llenan el templo y la gloria toda la tierra, signos que expresan la plenitud, la santidad y la trascendencia de Dios. Ante ese escenario magnífico Isaías siente toda su pequeñez y límites de criatura: «¡Ay de mí, estoy perdido!… soy un hombre de labios impuros ».

Pero Dios envía a uno de los serafines que, con una braza encendida tomada del altar, le toca su boca, y dice: «Mira: esto ha tocado tus labios, tu culpa ha sido borrada y está perdonado tu pecado». Con ese gesto, Isaías queda purificado y es consagrado profeta, llamado a volver entre los suyos como mensajero de Dios. Ahora sí puede dar su respuesta al Señor: “¿A quién enviaré y quién irá por nosotros?» Yo respondí: «Aquí estoy, envíame»

Querido Cesar, tú también has recibido el llamado de Dios, has sentido temor y has dado la misma respuesta de Isaías: “«Aquí estoy, envíame»; una respuesta para toda la vida como sacerdote in eterno al igual que Jesús, Pastor, dispensador de la gracia de Dios y Profeta.

Pastor; llamado a servir el pueblo de Dios, como Jesús el Pastor Bueno, que ha entregado su vida por sus ovejas y que ha hecho visible en su persona y en su vida el amor de Dios.  Tu misión es servir a los fieles, como Jesús que no vino a ser servido sino a servir; Esto te pide estar en medio de ellos, conocerlos y hacerte conocer, cuidarlos y apacentarlos, siempre pronto a defenderlos de los lobos que están siempre al acecho a fin de que, todos unidos en el amor, sigan al Señor por sendas seguras hacia la vida plena y sin fin.  Pero, ser el Pastor Bueno implica no solo cuidar los feligreses que están en el corral, sino salir en busca de las ovejas perdidas y meterse también en lugares peligrosos y hostiles.

Sacerdote, dispensador de la gracia de Dios. La Oración Consagratoria que proclamaré en breves momentos dice: “Seas fiel dispensador de tus ministerios, para que el pueblo se renueve con el nuevo nacimiento del bautismo, y se alimente de tu altar; para que los pecadores sean reconciliados y sean confortados los enfermos”. En tu ministerio, merece particularísima atención la Eucaristía, como sacerdote eres hombres de la Eucaristía, llamado a participar de la santidad de Dios, para santificar a los demás. La Eucaristía te configura a Cristo y te lleva a conformar tu vida y ministerio sacerdotal a él y al misterio de la cruz para que seas otro Cristo, dispuesto a entregar toda tu vida por Él.

Profeta; el portavoz de la palabra de Dios, por tanto, una palabra que no es tuya. Por eso, en todo tu ministerio, tienes que ser un servidor celoso y apasionado de la Palabra, para que dé fruto abundante en el corazón de las personas y llegue hasta los confines del orbe. Prepára con mucho esmero la predicación y haz que la Palabra se vuelva tu vida, con un testimonio coherente y valiente, al estilo de Jesús, como nos dice el Evangelio de hoy: “Esta lectura que acaban de oír se ha cumplido hoy“.  Es el hoy que sigue siendo vigente y actual, la Buena Noticia de Cristo muerto y resucitado para nuestra salvación, la Buena Noticia para los pobres, los enfermos, los abandonados, los despreciados, los sufridos y los “don nadie” de la sociedad. Pero también es el hoy de la palabra profética que denuncia las injusticias, las opresiones, los signos de muerte y todo lo que se opone a la instauración del reinado de amor y de vida de Dios.

Querido Cesar, te espera un programa desafiante, pero, no estás solo. Cristo, que te ha llamado, te acompaña y sostiene: «Yo estaré con Ustedes hasta el fin del mundo». De la misma manera, la Virgen María, Madre de Jesús y nuestra, está contigo, te abriga con cariño bajo su manto maternal y vela por tu bienestar espiritual y material.

No estás solo porque el sacramento del Orden te une a los demás sacerdotes en un solo presbiterio, en unión fraterna y en sincera comunión con el Pastor de esta Iglesia Local, llevando juntos la atención pastoral del pueblo de Dios. También vas a contar con el pueblo santo de Dios, que ora por ti y que será para ti la familia más grande; sus dolores y tristezas, sus gozos y esperanzas serán también los tuyos.

Ahora, todos nosotros aquí presente y los que nos acompañan por los Medios de Comunicación, nos unimos a ti como hermanos y amigos, en una oración unánime a Dios, para agradecerle, alabarle y pedirle que te acompañe a lo largo de todo tu ministerio sacerdotal. Amén

 

Graciela Arandia de Hidalgo



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