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domingo 28 febrero 2021
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Al iniciar la cuaresma, Mons. Sergio nos invita a aceptar nuestras limitaciones humanas, y confiar en el amor de Jesús

Campanas. Al iniciar la cuaresma el próximo miércoles de ceniza, el camino que nos lleva a revivir el misterio de la muerte y resurrección de Cristo, sigamos los pasos del leproso del evangelio, sanado y purificado por Jesús. Él nos invita a aceptar nuestras limitaciones humanas, a confiar en el amor de Jesús, a ir donde él, a recurrir a su poder liberador y, finalmente, a convertirnos en discípulos – misioneros suyos, anunciando la buena noticia de la salvación y siendo testigos de las obras maravillosas de Dios. Felices los que van por un camino intachable, y buscan a Dios de todo corazón”. Expresó Mons. Gualberti desde la Catedral de la Arquidiócesis de Santa Cruz.

“Miércoles de ceniza, estos son los horarios de misas en la Catedral”

 El 17 de febrero miércoles de ceniza, a las 08:00 horas en la catedral se oficiará la misa principal por la festividad de Cenizas, la cual da inicio a la Cuaresma, que es la preparación de la pascua de resurrección de Jesús, según el calendario católico y será presidida por Mons. Sergio Gualberti, Arzobispo de Santa Cruz.

Horarios de las Misas

8:00 am – 18:00 pm – 19:30 pm.

La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos del Vaticano publicó unas instrucciones para el rito de las cenizas para adaptarlo a las restricciones sanitarias por la pandemia de coronavirus y evitar la propagación de los contagios.

Normalmente, la imposición de la ceniza se realizaba en la iglesia, con los fieles haciendo una fila para que el cura antes de poner la señal de ceniza en la frente, dijera algunas de estas dos frases, “Arrepiéntete y cree en el evangelio” o “en polvo eres y en polvo te convertirás” y así completar el rito*

Sin embargo, este año, en vez de repetirlo personalmente a cada persona, el sacerdote lo dirá solo una vez y dirigiéndose a todos. Así, de acuerdo con las medidas acordadas por el prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, el cardenal Robert Sarah, el sacerdote deberá usar gel para higienizarse las manos y con la mascarilla perfectamente colocada cubriendo adecuadamente boca y nariz, *realizará el rito de las cenizas respetando la distancia de seguridad. De manera, el cura tomará la ceniza y la dejará caer sobre la cabeza, sin imponerla en la frente y sin mediar palabra*

Con la imposición de las cenizas, se inicia una estación espiritual particularmente relevante para todo cristiano que quiera prepararse dignamente para la vivir el Misterio Pascual, es decir, la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor Jesús.

Este tiempo vigoroso del Año Litúrgico se caracteriza por el mensaje bíblico que puede ser resumido en una sola palabra: “metanoeiete”, es decir “Convertíos”. Este imperativo es propuesto a la mente de los fieles mediante el rito austero de la imposición de ceniza, el cual, con las palabras “Convertíos y creed en el Evangelio” y con la expresión “Acuérdate que eres polvo y al polvo volverás”, invita a todos a reflexionar acerca del deber de la conversión, recordando la inexorable caducidad y efímera fragilidad de la vida humana, sujeta a la muerte.

La sugestiva ceremonia de la ceniza eleva nuestras mentes a la realidad eterna que no pasa jamás, a Dios; principio y fin, alfa y omega de nuestra existencia. La conversión no es, en efecto, sino un volver a Dios, valorando las realidades terrenales bajo la luz indefectible de su verdad. Una valoración que implica una conciencia cada vez más diáfana del hecho de que estamos de paso en este fatigoso itinerario sobre la tierra, y que nos impulsa y estimula a trabajar hasta el final, a fin de que el Reino de Dios se instaure dentro de nosotros y triunfe su justicia.

 Tradición

En la Iglesia primitiva, variaba la duración de la Cuaresma, pero eventualmente comenzaba seis semanas (42 días) antes de la Pascua. Esto sólo daba por resultado 36 días de ayuno (ya que se excluyen los domingos). En el siglo VII se agregaron cuatro días antes del primer domingo de Cuaresma estableciendo los cuarenta días de ayuno, para imitar el ayuno de Cristo en el desierto.

Era práctica común en Roma que los penitentes comenzaran su penitencia pública el primer día de Cuaresma. Ellos eran salpicados de cenizas, vestidos en sayal y obligados a mantenerse lejos hasta que se reconciliaran con la Iglesia el Jueves Santo o el Jueves antes de la Pascua. Cuando estas prácticas cayeron en desuso (del siglo VIII al X), el inicio de la temporada penitencial de la Cuaresma fué simbolizada colocando ceniza en las cabezas de toda la congregación.

Hoy en día en la Iglesia, el Miércoles de Ceniza, el cristiano recibe una cruz en la frente con las cenizas obtenidas al quemar las palmas usadas en el Domingo de Ramos previo. Esta tradición de la Iglesia ha quedado como un simple servicio en algunas Iglesias protestantes como la anglicana y la luterana. La Iglesia Ortodoxa comienza la cuaresma desde el lunes anterior y no celebra el Miércoles de Ceniza.

 Significado simbólico de la Ceniza

La ceniza, del latín “cinis”, es producto de la combustión de algo por el fuego. Muy fácilmente adquirió un sentido simbólico de muerte, caducidad, y en sentido trasladado, de humildad y penitencia. En Jonás 3,6 sirve, por ejemplo, para describir la conversión de los habitantes de Nínive. Muchas veces se une al “polvo” de la tierra: “en verdad soy polvo y ceniza”, dice Abraham en Gén. 18,27. El Miércoles de Ceniza, el anterior al primer domingo de Cuaresma (muchos lo entenderán mejor diciendo que es el que sigue al carnaval), realizamos el gesto simbólico de la imposición de ceniza en la frente (fruto de la cremación de las palmas del año pasado). Se hace como respuesta a la Palabra de Dios que nos invita a la conversión, como inicio y puerta del ayuno cuaresmal y de la marcha de preparación a la Pascua. La Cuaresma empieza con ceniza y termina con el fuego, el agua y la luz de la Vigilia Pascual. Algo debe quemarse y destruirse en nosotros -el hombre viejo- para dar lugar a la novedad de la vida pascual de Cristo.

Graciela Arandia de Hidalgo



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