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viernes 12 agosto 2022
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Mons. Braulio Sáez: “Jesús nos envía hoy en este mundo cargado de violencia, de muertes y desigualdad, a ser anunciadores de Paz”

Campanas. Desde la Catedral, hoy domingo 03 de julio, Mons. Braulio Sáez Obispo Emérito de Santa Cruz de la Sierra, afirmó que, Jesús nos envía hoy en este mundo tan polarizado y cargado de violencia, de muertes y desigualdad, a ser anunciadores de Paz. Cuando entren en una casa digan primero: “Paz a esta casa”. Y si hay allí gente de paz descansará sobre ellos vuestra paz”. Todos hablamos de paz, pero nos damos cuenta que no todos entendemos la paz de la misma manera, ya que es una palabra manipulada y usado al antojo y según los intereses que más nos conviene. VIDEO.

Todos estamos llamados a vivir nuestra dignidad de criaturas de Dios en libertad y dignidad.

Así mismo el prelado aseguró que, hoy hablar de Dios hasta puede escandalizar a muchos, sobre todo si hablamos de un Dios que pide justicia, transparencia y reparto equitativo de los bienes que él ha puesto al servicio del hombre: “la gloria de Dios, decía San Ireneo en el s. IV, consiste en que el hombre viva y la vida del hombre consiste en la visión de Dios”. Todos, absolutamente todos, somos llamados a participar de la visión y la gloria de Dios.

Hay muchos miedos al compromiso, y sobre todo mucha indiferencia frente a las situaciones que viven tantos hermanos.

El Papa Francisco en la celebración de la festividad de San Pedro y San Pablo en Roma durante la entrega del “Palio” a Mons. René Leigue nos decía que en la Iglesia hoy, más que nunca, hay lugar para todos y la evangelización es de todos: “lamento, remarcaba, las muchas resistencias interiores que no nos permiten caminar y la pereza que le impiden para ponernos en marcha”. Hay muchos miedos al compromiso, y sobre todo mucha indiferencia frente a las situaciones que viven tantos hermanos.

No hagamos diferencias pues para Dios todos somos iguales, todos somos hermanos.

El mismo Papa Francisco nos recalcaba un deseo fuerte que bulle en su corazón: el deseo de “una Iglesia libre y humilde que se alza de prisa y no se queda atrás ante los retos de la actualidad, ni permanece en los recintos sagrados, sino que se mueve por el deseo de llegar a acoger a todos. No olvidemos estas palabras, todos, acudan a las calles y lleven a todos: ciegos, sordos lisiados, enfermos, justos y pecadores”. Por favor, no hagamos diferencias pues para Dios todos somos iguales, todos somos hermanos.

La Iglesia tiene una misión muy concreta: anunciar el Reino de Dios, y denunciar todo aquello que impide la instauración de ese reino.

La Iglesia tiene una misión muy concreta: anunciar el Reino de Dios, un reino que no consiste en palabras bonitas y sugerentes, que adormecen las conciencias, sino que se trata de anunciar, y denunciar todo aquello que impide la instauración de ese reino, la vida, la justicia la fraternidad entre todos, el respeto y el derecho que tiene toda persona humana a ser tratada como hijo de Dios.

La Palabra de Dios es palabra perseguida, porque hiere las conciencias y molesta a quienes no viven de acuerdo a los principios propuestos por Dios.

Hoy como siempre predicar el Evangelio molesta, molesta a quien lo predica porque se exige una coherencia entre lo que dice y lo que hace, y a quienes lo escuchan; por eso Jesús nos dirá “les envío como ovejas en medio de lobos”. La Palabra de Dios es palabra perseguida, porque hiere las conciencias y molesta de quienes no viven de acuerdo a los principios propuestos por Dios.

 Jesús nos envía hoy en este mundo tan polarizado y cargado de violencia, de muertes y desigualdad, a ser anunciadores de Paz.

Cuando entren en una casa digan primero: “Paz a esta casa”. Y si hay allí gente de paz descansará sobre ellos vuestra paz”. Todos hablamos de paz, pero nos damos cuenta que no todos entendemos la paz de la misma manera, ya que es una palabra manipulada y usado al antojo y según los intereses que más nos conviene.

La paz que nos propone Jesús en el Evangelio de hoy es una paz que nace de la confianza total en Dios y afecta al centro mismo de la persona.

No es una paz que adormece, sino una paz que iguala y que eleva la condición de todos aquellos que la buscan y la viven, pues cada uno es tratado con la misma dignidad.  La paz que viene de Dios es la primera señal del Reino, una paz que aúna corazones y que promueve el mandamiento del Señor que nos dice: “que todos sean uno”, “ámense los unos a los otros”, y “donde dos o más están reunidos, allí estoy yo”, este es el corazón de todo el Evangelio.

El cristiano que se propone ser constructor de una paz según los valores de Cristo es aquel que invita a la convivencia, promueve el diálogo, e incentiva la fraternidad.

Por el contrario, los que promueven el desorden, la lucha de unos contra otros y la muerte, son el anti-signo del Reino de Dios; o si quieren: el anti-Reino.

La paz es un regalo de Dios, pero también es fruto de nuestro esfuerzo y del esfuerzo de todos aquellos que se saben animados por el ideal cristiano: acoger la paz, guardarla y contagiarla a los demás. Si hermanos, esto exige el esfuerzo de unificar la vida desde Dios.

Ante un mundo crispado por la violencia, los intereses partidistas, el armamentismo y la lucha de clases. Un mundo que está infectado por las ideas anticristianas, la ausencia de Dios y la promoción de los ídolos del dinero, el placer y el tener, quisiera terminar con las palabras del poverello de Asís:

Señor, hazme un instrumento de tu paz:
donde haya odio, ponga yo amor,
donde haya ofensas, ponga yo perdón,
donde haya discordia, ponga yo unión,
donde haya error, ponga yo verdad,
donde haya duda, ponga yo fe.

Porque dando es como se recibe,
olvidándose de sí es como se encuentra,
perdonando es como se es perdonado,
muriendo es como se resucita para la vida eterna.

Podemos decir con toda verdad, que esta intuición de Francisco de Asís es nuestra definición de cristianos: ser instrumentos de Dios y su causa el Reino, en esta hora de Bolivia y del mundo. Amen. –

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Graciela Arandia de Hidalgo



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