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miércoles 27 octubre 2021
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Mons. Braulio a las familias: “El Señor nos llama a formar una familia cristiana con los valores y principios de la Iglesia”

Campanas. Con una misa de acción de gracias y la renovación de las promesas matrimoniales, el domingo 16 de mayo a las 16:00 horas en la Parroquia Jubilar, San José Obrero, la Pastoral Familiar clausuró la semana de la familia, en la Arquidiócesis de Santa Cruz. Recordemos que del 10 al 16 de mayo la Iglesia en Bolivia celebró la “Semana de la Familia”.

En la misa de clausura de la semana de la familia, Monseñor Braulio Sáez, afirmó que, “El Señor nos llama a formar una familia cristiana con los valores y principios de la Iglesia”. Así mismo pidió al que el Señor de la vida multiplique las familias que tengan amor y la capacidad de tener a Dios en el corazón y en su Hogar.

La misa de renovación de las promesas matrimoniales se celebró con un grupo reducido de parejas, ya que debido a la pandemia del Covid – 19, no se pudo realizar con la participación masiva de matrimonios como se ha llevado adelante en años anteriores. La celebración Eucarística fue presidia por Mons. Braulio Sáez, Obispo Emérito de Santa Cruz, concelebraron: Mons. Estanislao Dowlaszewicz, Obispo Responsable de la Pastoral Familiar en Santa Cruz, el P. Mario Laveran, Párroco de la Parroquia San José Obrero y el P. Adrián Naben, sacerdote Verbita, de la Parroquia San Juan Diego. 

Al iniciar la celebración el Párroco de la Parroquia San José Obrero, P. Mario dio la bienvenida a los Obispos, sacerdotes, diácono y a todas las parejas que estaban presentes en la Iglesia jubilar.

Esta celebración fue el culmen de la semana de la familia, y una oportunidad para dar gracias a Dios por formar  esta familia, que es la Iglesia y que tienen una gran responsabilidad,  animar a las familias de la Arquidiócesis de Santa Cruz.

Homilía de Mons. Braulio Sáez

Durante su homilía Mons. Braulio, pidió al Señor de la vida que multiplique las familias cristianas y que multiplique a las familias que tengan amor y que tengan esa capacidad de tener a Dios en el corazón y en el Hogar. Celebramos hoy muchas cosas; las fiesta de la Ascensión de Jesús al cielo que nos da un  mensaje de vida nueva, de salvación, un mensaje de esperanza, Cristo se va, pero se queda con nosotros y nos hace una promesa que dice: “ustedes han sido bautizados con agua y yo les bautizaré con el Espíritu Santo”. Que hermoso queridos hermanos  que hoy, sintamos que nos estamos llenando de ese espíritu para vivir esa vocación que el Señor ha puesto en nuestros corazones, en nuestras vidas, para vivirla con plenitud, porque el Espíritu Santo es el que da la plenitud a la vida del  matrimonio, a la vida de todo vacacionado.

Estamos celebrando también, el año de la familia y tenemos que tomar conciencia del significado que tiene la familia dentro de la sociedad. También estamos celebrando a San José y justamente nos hemos reunidos aquí en la Parroquia San Jopé Obrero, el templo jubilar donde podemos ganar la indulgencia plenaria viniendo a celebrar aquí nuestra fe, reconciliándonos con el Señor y participando de esas riquezas maravillosas que tiene la Iglesia Católica.

Los Hechos de los Apóstoles nos dicen algo que es muy importante; mientras estaba comiendo con ellos, les recordó que no se alejaran de Jerusalén  y que esperaran  las promesas del Espíritu Santo, y nos dice cuál es esa promesa, esa promesa es que va enviar el Espíritu Santo. Durante todo el tiempo Jesús nos habló del Padre, nos habló de Dios amor, nos habló de Dios que es la vida, nos habló de ese Padre que nos espera a todos nosotros, y Jesús nos dice: “tengo que irme para prepararles un lugar”, y sabemos queridos hermanos, que todos tenemos una esperanza de encontrarnos después de la muerte. Estamos quizás demasiado acobardados con el tema de la pandemia, de las muerte de seres queridos, pero sin embargo como católicos, como cristianos, como creyentes, sabemos que tenemos un lugar, ese lugar que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni la mente humana se la puede imaginar. San Pablo nos dice:   que hermoso es saber que tenemos a alguien que nos está esperando, porque él ha vencido a la muerte y ha conquistado para el hombre una plenitud sin límites.

Nosotros tenemos una misión, la de anunciar el Reino de Dios, de instaurar el Reino de Dios y la de hacer presente el Reino de Dios, desde esa vocación que han recibido; el sacerdote como sacerdote, la religiosa como consagrada, el hombre y la mujer como pareja que dan testimonio de esa nueva vida que han emprendido juntos bajo la mirada de Dios.

Durante esta semana hemos estado reflexionando distintos aspectos  de la vida de San José, el Papa nos ha regalado esa hermosísima Carta apostólica del papa Francisco: “Patris corde”, con San José amó y bendijo a Jesús con corazón de Padre. Que  hermoso que esto Señor, porque tú justamente has querido decirnos, cual es la misión que tiene el padre, la madre, los responsables del hogar, dentro de la vida de la familia.  Y justamente esto hemos ido descubriendo estos días; cual es la obligación que tiene el padre y la madre dentro del hogar, ser cabeza, ser animador, ser promotor de vida, ser hombre justo, hombre de fe y sobre todo ser colaborador en el proyecto que Dios ha dado  cada uno de los hombres, para que Cristo sea conocido, para que Cristo sea escuchado y para que Cristo sea el que da ánimo y alienta la vida y el corazón de todas las personas.

Hoy sabemos que la familia está viviendo una situación muy grave, se están viviendo momentos muy difíciles, por esta sociedad de consumo en la que estamos sumergidos, que está minada en lo más profundo de la esencia del matrimonio, que es la fe y que es el amor, porque hoy ya el amor no existe en esa dimensión en que tiene que vivir el cristiano, el amor , un amor sin límites, un amor que perdona , un amor para siempre, un amor que espera, un amor sobre todo que lo pone siempre en relación con Dios. Hoy así como  el amor está corrompido, también está corrompido el tema de la vida, hoy hay una gran cantidad de matrimonios, que ya  no quieren tener hijos, o a lo sumo uno o dos, para que, para satisfacer solamente su apetito y no por los hijos, no por ellos mismos, no por la vida y justamente la pareja y el matrimonio es sacramento de vida, templo de vida y por eso hoy nosotros, hoy ustedes mis queridos amigos y  hermanos, quieren renovar ese compromiso que hicieron con tanta ilusión, con tanta esperanza, con tanta alegría el día de su matrimonio.

Hoy quieren renovar su matrimonio porque siguen creyendo  en el matrimonio, siguen creyendo en el amor, porque siguen esperando que la otra persona me siga amando para juntos construir un mundo de paz, un mundo de justicia  y un mundo de mor.

Queremos dar gracias al Señor porque todavía hay personas  que creen en el amor, en la familia y en Dios. Y hoy todas estas parejas están aquí reunidas porque creen que el amor vale la pena, porque creen que la familia es lo más hermoso de toda la vida del ser humano, porque creen que la pequeña Iglesia doméstica se realiza primero en el hogar, con la educación de los hijos, con la promoción de la familia y sobre todo con ese amor que tiene que inundar de esperanza a  aquellas personas  que se reúnen junto a la mesa del altar.

Ustedes aquí presentes dijo el prelado, representan a todas las familias de la Arquidiócesis  de Santa Cruz, que creen en renovar, que creen en la familia, que creen en sus hijos  y por eso quieren renovar sus compromisos matrimoniales.  Así mismo Monseñor pidió a las familias que vayan y anuncien la buena noticia, la “AMORIS LAETITIA”, la encíclica del Papa Francisco que dice: el amor es una buena noticia, es una noticia que la tiene que saber todo el mundo  y nosotros que estamos dispuestos a hacer que otras personas se entusiasmen, que se metan en esta corriente de vida que es la pareja cristiana, el hogar cristiano.

  

Mis queridos hermanos y hermanas, vamos a pedirle hoy al Señor por todos los hogares que están viviendo situaciones muy difíciles, no es fácil ser una pareja, no es fácil formar un matrimonio, no es fácil amarse hoy en día, cuando hay otros amores rondando, amor al dinero, amor al placer, amor al qué dirán, otros amores que no son verdaderos amores, sino que desgastan el amor verdadero, que es el amor cristiano, que es: “No hay amor más grande que dar la vida por los amigos”, y ese es el amor que nos da Jesucristo en la cruz, con dolor, con sufrimiento, con renuncia, con acompañamiento y con tantas cosas.

Yo les invito mis queridos hermanos, dijo Monseñor, a que vivamos este misterio maravilloso que es el misterio del amor cristiano y sobre todo el misterio de formar un hogar  para dar al mundo testimonio de lo que Dios ha hecho para cada uno de nosotros, él nos ha llamado y nos ha convocado  a formar una familia cristiana con los valores y principios de la Iglesia.

Antes de la bendición final, las parejas presentes renovaron sus votos matrimoniales, actualizando el sacramento que ya recibieron y en cual se comprometieron a respetarse y  amarse durante toda la vida. Se vivió un momento muy especial en el cual las parejas se tomaron de la mano, con una mirada profunda y en el cual reafirmaron que vale la pena luchar por el amor y por la familia en Cristo resucitado.

Mons. Estanislao Dowlaszewicz, Obispo Responsable de la Pastoral Familiar, al finalizar la celebración Eucarística, agradeció a Mons. Braulio Sáez, Obispo Emérito que durante muchos años estuvo al frente de la Pastoral familiar de la Arquidiócesis de Santa Cruz. El Obispo destacó el gran trabajo y el apoyo que siempre brindó  a las familias de nuestra Arquidiócesis. Juntos formaron una relación muy cercana con el equipo de Pastoral familiar y con todas las parejas aquí presente, y se siente en esta celebración, el cariño y la cercanía profunda que sienten por ti, dijo Mons. Estanislao a Mons. Braulio.

Gracias de todo corazón, no  es una despedida porque queremos seguir contando con tu experiencia no solo de la Iglesia, sino con la experiencia de haber participado del Sínodo de los Obispos sobre la familia. También  el prelado agradeció al Equipo arquidiocesano de Pastoral Familiar, por preparar esta gran celebración de la renovación de las promesas matrimoniales y al ver los ojos de todas las personas y parejas en la renovación, con tanto amor, con tanta alegría, me incentivan a seguir trabajando por la familia, dijo Monseñor Estanislao.

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Graciela Arandia de Hidalgo



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