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martes 27 octubre 2020
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Mons. Aurelio: El Dios en quien yo creo, es el Dios de la vida

Campanas/Iglesia Viva / La Comisión de Comunicación de la Conferencia Episcopal Boliviana, converso con los Obispos de Bolivia, religiosos, religiosas, agentes pastorales y laicos que fueron portadores de COVID – 19 para conocer de primera mano sus testimonios en este tiempo de  enfermedad, en la serie titulada: “Testimonios de fe en tiempos de COVID – 19”. Conoceremos el primer testimonio de Mons. Aurelio Pesoa, Obispo auxiliar de la Arquidiócesis de La Paz y Secretario General de la Conferencia Episcopal Boliviana.

En la oportunidad Mons. Pesoa, comparte su testimonio, que es a su vez una invitación para acercarnos a la oración, fortalecer la fe y la esperanza, destacando un mensaje a los jóvenes para valorar y amar la vida.

El temor y la sorpresa

“El primer sentimiento es de sorpresa… ¿dónde me contagie?, y lo segundo probablemente es el temor, sobre todo porque en esos días (y ahora seguirá, no será menos) uno pensaba, no hay hospitales ¿y sí esto se acentúa más?. Viene el temor, no miedo pero sí el temor de decir ¿y ahora qué hago?”, de esta manera Mons. Aurelio Pesoa inicia el relato de su testimonio ante la confirmación de que era portador de COVID 19.

El Dios de la vida

La celebración de la Eucaristía, el rezo de la liturgia de las horas, la devoción particular, fue lo que fortaleció la fe del Obispo, “creo que eso se fortaleció más porque para mí esta experiencias ha sido de fortalecer mi confianza en Dios, mi seguridad en Dios y decir una vez más que el Dios en quien yo creo, es el Dios de la vida”, afirma asegurando que durante la cuarentena esta experiencia ha fortalecido su fe manteniendo este pensamiento una y otra vez, “Dios, es el Dios de la vida”.

Después de la pandemia

Para el Obispo con seguridad la pandemia marca un antes y un después. Según considera antes de la pandemia “la vida era rápida, ágil”, ahora desde su propia vivencia nos dice: “el detenerme en algunas cosas, reflexionar  algunas cosas, ir con más calma y pensar que lo que yo pueda hacer o no hacer, no depende tanto de mí sino de ese Dios en quien yo creo y en quien espero”.

Nos encontraremos en un mundo sin dolor

La pérdida de seres queridos ha tocado a miles de familias en Bolivia y el mundo, el propio Obispo manifiesta el gran dolor que sintió al perder a un ser querido y no poder estar para despedirse, “la muerte está allí y debemos estar preparados, debemos estar atentos, ella llegará, ojalá no de esta manera tan ingrata, tan dolorosa y hasta cierto punto inhumana. A estas familias o a estas personas que han sufrido este momento, darles unas palabras de aliento y de esperanza. Saber que la persona que se fue, se adelantó, pero que todos un día también nos encontrarnos y seguramente allí será la oportunidad de poder abrazarnos, de encontramos en un mundo en una situación en donde ya no habrá dolor, ya no habrá muerte, no habrá desesperación, sino que todo será distinto. Yo creo que no se debe perder la esperanza, sobre todo y también dejar partir a aquel ser querido que se fue”. 

Jóvenes valoren la vida, amen la vida

Monseñor dirige un mensaje especial a los jóvenes, porque considera que son los jóvenes quienes viven una vida dinámica y de cambios: “quiero decirles valoren la vida, hay solamente una y esa vida es frágil, y esa vida ya lo sabemos muy bien es pasajera, pero sobre todo quiero decir, es frágil. Porque lo hemos visto en este tiempo de la pandemia, cuando creíamos que la medicina había avanzado tanto y que la medicina ya era una respuesta a no enfermarse o tener por lo menos las medicinas necesarias para cualquier enfermedad, nos damos cuenta que no es así. Entonces yo me dirijo a los jóvenes, valoren la vida, amen esta vida que es la única que hay, yo creo que sí la valoramos, si amamos esta vida, entonces todo lo demás como dice el Señor, vendrá por añadidura.

Confiemos en Dios, el Dios en quien creemos, el Dios de Jesucristo, es el Dios de la vida y Él no nos va a fallar. Esto pasará y volveremos otra vez a abrazarnos, a estar cercarnos, a juntarnos y seguramente reír de todo aquello que ha podido pasar y también entristecernos por todo aquello que ha podido suceder en nuestra familia, con nuestros amigos y nuestros seres queridos”.

Graciela Arandia de Hidalgo



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