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martes 20 octubre 2020
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Misioneras de la Inmaculada Padre Kolbe celebran el “Centenario del nacimiento de su fundador, P. Luis Faccenda

Campanas. Este año 2020 se cumple el centenario del nacimiento  y quince años de la entrada a la vida eterna, del Padre Luis (Mario) Faccenda OFMConv., fundador del Instituto de las Misioneras de la Inmaculada Padre Kolbe.

  •  Para recordar este  acontecimiento especial, en  cada comunidad donde está el Instituto de las Misioneras de la Inmaculada Padre Kolbe, se celebrará una misa.
  • El 11 de octubre a las 09:00 horas, en Montero  – comunidad Virgen de Cotoca, Mons. Estanislao Dowlaszewicz, presidirá la celebración Eucarística.
  • A continuiación compoartimos un artículo de la Hna. Ignacia Alba Borjas, recordando la vida y ministerio del P. Facenda.

En memoria de los 100 años del nacimiento del

Luis Faccenda, OFMConv.

“Artífices del presente, responsables del futuro”

 

El P. Luis (Mario) Faccenda OFMConv., fundador del Instituto de las Misioneras de la Inmaculada Padre Kolbe, nació el 24 de agosto de 1920 en San Benedetto Val di Sambro, pequeño pueblo de la Provincia de Bolonia en el centro norte de Italia.

En este año 2020 se cumple el centenario de su nacimiento y quince años de su entrada a la vida eterna, acontecida el 9 de octubre de 2005; es ésta una ocasión propicia para compartir algunos aspectos que caracterizaron su vida.

El P. Faccenda un religioso Franciscano Menor Conventual, a temprana edad se sintió atraído por el testimonio de un misionero y decidió ser franciscano, entró al seminario menor, pero debido a su precaria salud regresó a su casa, sin embargo, el llamado siguió latente y fue así que a los 18 años profesaba como franciscano.  Tres años más tarde hizo su profesión solemne, siendo ordenado sacerdote el 18 de mayo de 1944, en plena II Guerra Mundial, de este acontecimiento de su ordenación sacerdotal, el P. Luis siempre resaltó que fue mucho más grande su alegría de sentirse sacerdote, que el temor por los bombardeos que hacían temblar la pequeña iglesia de Fogniano (Emilia Romagna, Italia); era un día memorable en su vida de religioso franciscano, amaba su sacerdocio, y año tras año renovaba el amor al llamado recibido.

Un segundo aspecto es el de apóstol mariano, la precariedad de su salud lo dejó sin el anhelo que había tenido desde pequeño, ir anunciar el Reino de Dios a tierras lejanas, pero él pudo transformar la realidad que vivía Italia en ese momento, en un lugar de misión; le confiaron la tarea de ser Director de la Milicia de la Inmaculada, un movimiento mariano fundado por el entonces poco conocido P. Maximiliano Kolbe, un cohermano franciscano polaco, del que solo se sabía que  había dado la vida para salvar a un padre de familia en el campo de concentración nazi di Auschwitz.

El nuevo compromiso lo motivó y buscó material sobre la vida del P. Kolbe, conoció su vida, su espiritualidad y su misión, y fue así que inició una amplia actividad evangelizadora en pueblos, parroquias y colegios dando a conocer el ideal del Padre Maximiliano Kolbe: la consagración a la Inmaculada, como el don de confiar la propia vida en las manos maternas de María y dejarse transformar por Ella hasta asemejarse a Ella.  Esta ansia de ganar el mayor número de almas para Dios a través de María lo convirtió en un gran apóstol y comenzó un gran fermento con un grupo de adultos que adhirieron a la propuesta del movimiento y rápidamente surgió también la Milicia Juvenil con un grupo de chicas que estaban deseosas de conocer la espiritualidad y el apostolado de San Maximiliano Kolbe.

De este fermento de la Milicia de la Inmaculada surge un tercer aspecto de la vida del P. Luis Faccenda, y es el de la paternidad – Fundador, suscitado por un grupo de jóvenes de la Milicia de la Inmaculada, que insistían en que querían dedicarse por completo a la obra de la evangelización al estilo de vida mariano y según el espíritu del Padre Kolbe, y es así que en 1954 nace el Instituto de las Misioneras de la Inmaculada P. Kolbe, las primeras misioneras con mucha dedicación y abandono en la Divina Providencia, sostenidas por el P. Faccenda, siguieron esta vocación de vivir su consagración a Dios en medio de la gente, llevando el anuncio y la presencia de la Virgen en todos los lugares donde se encontraban.  Este camino y desafío a la vez, fue siempre guiado por el Espíritu Santo y confirmado por Iglesia, que en el año 1992 otorga la aprobación definitiva como Instituto Secular de Derecho Pontificio.

Esta misión se abre a los laicos o clérigos en 1988, con el nacimiento de los Voluntarios de la Inmaculada P. Kolbe, quienes comparten plenamente la espiritualidad y misión del Instituto.

El 11 de febrero de 1997, junto a su cohermano Franciscano Conventual P. Sebastián Quaglio, funda en Brasil el Instituto de los Misioneros de la Inmaculada P. Kolbe, por ahora presentes solo en Brasil.

El último aspecto elegido para presentar la figura y el legado del P. Luis Faccenda es el misionero, su fascinación por atravesar las fronteras se vieron truncados por su delicada situación de salud, pero como todo obstáculo lo convertía en un desafío, ese ahínco lo hizo alcanzar tierras lejanas, acogiendo la invitación del Papa VI para evangelizar América Latina, y así en julio de 1969 envía las primeras tres misioneras a la Diócesis de Azul en Argentina. Su oído atento a los signos de los tiempos en los años posteriores lo llevaron a abrirse paso en otros lugares de misión como Estados Unidos, Bolivia, Luxemburgo, Brasil, Polonia, México y Nigeria, respondiendo al siempre actual grito de Jesús “Tengo sed…” (Jn 19, 28), obediente al mandato de evangelizar “Vayan y hagan discípulos en todas las naciones” (M t 28, 19), P. Faccenda repitió hasta sus últimos días aquello que aprendió con tanto amor de San Maximiliano Kolbe “…Tender la mano a todos y llevarlos a Dios por medio de la Inmaculada: es una misión por la cual vale la pena vivir, trabajar, sufrir y morir” (E.K. 31), ese es nuestro ideal.

Y así llegamos a la mañana del 9 de octubre de 2005, cuando termina el recorrido terreno del P. Luis Faccenda, dejando un testimonio de una vida donada con generosidad y en plenitud desde el inicio hasta el final, pero la misión permanece en cada Misionera y en cada Voluntario de la Inmaculada – Padre Kolbe, en el eco de su voz que resuena con su emblemática frase “Ahora les toca a ustedes”, esa es su herencia, ese es su legado.

El Espíritu que ha guiado cada uno de los pasos del P. Faccenda, hoy también nos sacude, nos despierta, nos vuelve a enviar a buscar y encontrar a Cristo en los ojos de cada hermano y cada hermana. Precisamente, una  de las principales razones de la misión en Bolivia, promocionar la dignidad de cada hombre y de cada mujer que encontremos, sea en la acción pastoral del Centro Pastoral Virgen de Cotoca de la ciudad de Montero, o en cada niño o en cada familia a la que se le brinda ayuda a través del Centro de Promoción Integral P. Kolbe, de igual manera en el Jardín de la Inmaculada de Cochabamba, o en la animación de la Milicia de la Inmaculada,  en las misiones al pueblo y en tantas otras actividades que la creatividad apostólica nos inspira, es un caminar al lado de cada hermano y cada hermana que busca incesantemente calmar su sed de Dios y  redescubrir la dignidad de ser amado por Él.

Hoy más que nunca nos reapropiamos del carisma mariano misionero que nos dejó el P. Faccenda, teniendo presente que nuestra vida es mariana porque “…nace con María, crece con Ella en la fidelidad al Señor, se transforma en testimonio de fe y de amor, se expande en fecundidad apostólica” (Const. 104).

De allí brota nuestro testimonio gozoso de vida, de una vida plena, alimentada por el pan de la Palabra y de la Eucaristía, viviendo a la luz del Evangelio la cotidianidad de la vida, tal como lo hizo María, mujer de su tiempo y también de nuestros tiempos, con la que podemos renovar cada día la disponibilidad al proyecto salvífico de Dios en este momento concreto de la historia.

 El lema del centenario del nacimiento del P. Luis Faccenda es: “Artífices del presente, responsables del futuro”, estas son las palabras con las que el fundador nos llama a renovar el amor a la propia vocación y vivir con esperanza alegre y con fidelidad creativa el carisma que el Espíritu ha suscitado y por medio del cual seguiremos respondiendo a los desafíos del mundo de hoy y de la Iglesia.

Ignacia Alba Borjas

 

Graciela Arandia de Hidalgo



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