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viernes 24 enero 2020
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“Miremos hacia adelante para construir una Bolivia unida, en el Dios de la vida, por encima de las diferencias”, pidió Mons. Estanislao

Campanas. El Obispo auxiliar de Santa Cruz, Monseñor Estanislao Dowlaszewicz Bilman, este año fue quien  introdujo el Saludo Navideño con una profunda reflexión sobre la Navidad y pidió a todos los bolivianos que “Miremos hacia adelante para construir una Bolivia unida, en el Dios de la vida, por encima de las diferencias”.

Estanislao Dowlaszewicz pidió que  acojamos la invitación del Papa Francisco a apreciar el valor del pesebre; el pesebre es como un Evangelio vivo y el  pesebre manifiesta la ternura de Dios.

 Así mismo Monseñor aseguró que no  es importante cómo se prepara el pesebre, puede ser siempre igual o modificarse cada año; lo que cuenta es que este hable a nuestra vida. En cualquier lugar y, de cualquier manera, el belén habla del amor de Dios, el Dios que se ha hecho niño para decirnos lo cerca que está de todo ser humano, cualquiera que sea su condición”. En el pesebre se manifiesta que Dios nos ama y nunca nos deja solos, nos acompaña con su presencia escondida pero no invisible.

El Obispo Auxiliar pidió que Identifiquémonos con María, que puso a su Hijo en el pesebre, porque no había lugar en una casa. Con ella y con san José, su esposo, miremos al Niño Jesús. Que su sonrisa, surgida en la noche, disipe la indiferencia y abra los corazones a la alegría del que se siente amado por el Padre que está en los cielos.

Terminando esta reflexión dijo el Obispo  me hago portador de las felicitaciones de nuestro Pastor Mons. Sergio, Braulio, Rene y del mío propio con las palabras de los Obispos de Bolivia del día 13 del presente mes:

“Contemplando la sencillez y hermosura del pesebre de Belén, debemos despojarnos de orgullo para hacernos más humildes, más tiernos, más niños y más creyentes. Que el gozo de la Navidad nos reconcilie y pacifique y nos ayude a perdonarnos entre los bolivianos.

Por eso, esta Navidad 2019 cobra un sentido muy particular gracias a la fe que profesamos. Como cristianos bautizados, discípulos misioneros de Jesucristo, estamos llamados a celebrar el nacimiento del Hijo de Dios en las instituciones de Bolivia, en cada una de nuestras familias y en nuestra vida personal, dejando que se abra camino al perdón y la reconciliación que necesitamos todos los bolivianos.

Miremos hacia adelante para construir una Bolivia unida, en el Dios de la vida, por encima de las diferencias.

Es más, lo que nos une que lo que nos separa. Tenemos una historia común, un futuro común, un Salvador común que es Jesucristo y una tarea común que es construir una Bolivia con justicia y progreso.

Invitamos a celebrar esta Navidad con mucha alegría, uniéndonos al coro de los ángeles en Belén, proclamando: “Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad” (Lucas 2, 14). Feliz Navidad y un año nuevo 2020 con mayor verdad, justicia, libertad y amor para todos.

Reflexión Completa de Mons. Estanislao Dowlaszewicz

Saludo Navideño 2019

“El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande” (Isaías 9,1).

El domingo 1 de diciembre de 2019, el Papa Francisco visitó el Santuario del pesebre en Greccio, donde el 24 de diciembre de 1223, San Francisco decidió y comenzó “reconstruir” la gruta del nacimiento de Jesús en Belén. Así se empezó la costumbre de organizar un pesebre en la víspera de Navidad. Greccio se encuentra a una altitud de 750 m.s.n.m.,  y fue escenario del primer belén viviente.  San Francisco, quien debido a las difíciles condiciones de vida y la severidad de la naturaleza solía decir que este lugar es “rico en pobreza”.

El Papa Francisco llegó a Greccio, donde firmó la carta apostólica “Admirabile signum”, «El hermoso signo del pesebre, tan estimado por el pueblo cristiano, causa siempre asombro y admiración». Así da comienzo la carta apostólica sobre el significado y el valor del pesebre, una tradición con cerca de ocho siglos de antigüedad que ayuda, de una manera “dulce y exigente”, a transmitir la fe de padres a hijos. “La representación del acontecimiento del nacimiento de Jesús –se lee en el texto– equivale a anunciar el misterio de la encarnación del Hijo de Dios con sencillez y alegría”.

«La contemplación de la escena de la Navidad –escribe el Papa– nos invita a ponernos espiritualmente en camino, atraídos por la humildad de Aquel que se ha hecho hombre para encontrar a cada hombre. Y descubrimos que Él nos ama hasta el punto de unirse a nosotros, para que también nosotros podamos unirnos a Él.

Con esta carta quiere el papa Francisco alentar la hermosa tradición de nuestras familias que en los días previos a la Navidad preparan el belén, como también la costumbre de ponerlo en los lugares de trabajo, en las escuelas, en los hospitales, en las cárceles, en las plazas. Dice el papa:

“El belén es como un Evangelio viviente. Nos muestra la ternura de Dios y el hecho de que Él desciende a nuestra pequeñez”.

En ese sentido, para acoger la invitación del Papa Francisco a apreciar el valor del pesebre, meditemos un momento para comprender la carta apostólica Admirabile signum-el hermoso signo: ¿Cuáles son?

El pesebre es como un Evangelio vivo: “surge de las páginas de la Sagrada Escritura” para invitar a los hombres a ponerse en camino atraídos por Cristo, que se “ha hecho hombre para encontrar a cada hombre”. El evangelista Lucas narra que María “dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada”.

El pesebre manifiesta la ternura de Dios: “¿Por qué el belén suscita tanto asombro y nos conmueve?”. Porque se “manifiesta la ternura de Dios”, que, siendo Creador del universo, “se abaja a nuestra pequeñez”. Además, el belén “es desde su origen franciscano una invitación a ‘sentir’, a ‘tocar’ la pobreza que el Hijo de Dios eligió para sí mismo en su encarnación” y “una llamada a encontrarlo y servirlo con misericordia en los hermanos y hermanas más necesitados”.

En el belén la creación participa en la fiesta de la venida de Jesús:  Papa Francisco repasa los elementos que componen el nacimiento que se arma en los hogares, como el cielo estrellado, los paisajes, los animales y los pastores. Ellos, recuerdan lo que habían anunciado los profetas, “que toda la creación participa en la fiesta de la venida del Mesías”. Además, “los ángeles y la estrella son la señal de que también nosotros estamos llamados a ponernos en camino para llegar a la gruta y adorar al Señor”; asimismo, “los pastores se convierten en los primeros testigos de la salvación que se les ofrece”.

María es la madre que contempla a su hijo: en el pesebre su figura la muestra como la madre que contempla a su hijo y lo muestra a cuantos vienen a visitarlo. “Vemos en ella a la Madre de Dios que no tiene a su Hijo sólo para sí misma, sino que pide a todos que obedezcan a su palabra y la pongan en práctica”.

San José como custodio de la familia: “junto a María, en una actitud de protección del Niño y de su madre, está San José”. “Él es el custodio que nunca se cansa de proteger a su familia” y que no duda en ponerse en camino ante la amenaza de Herodes. Fue el primer educador de Jesús niño y adolescente; “y como hombre justo confió siempre en la voluntad de Dios y la puso en práctica”.

¿Y las otras figuras del pesebre?: En su carta, el Papa también se refiere a la costumbre de colocar “en nuestros belenes muchas figuras simbólicas, sobre todo, las de mendigos y de gente que no conocen otra abundancia que la del corazón”, pero que “están cerca del Niño Jesús. Pero también están otras figuras “que parecen no tener relación alguna con los relatos evangélicos”. Sin embargo, “esta imaginación pretende expresar que en este nuevo mundo inaugurado por Jesús hay espacio para todo lo que es humano y para toda criatura”.

Nos pone ante el gran misterio de la vida: Francisco asegura que cuando en Navidad colocamos la figura del Niño Jesús “el corazón del pesebre comienza a palpitar”. “Dios se presenta así, en un niño, para ser recibido en nuestros brazos”. Dios Creador esconde su poder “en la debilidad y en la fragilidad” de un niño cuyo nacimiento “suscita alegría y asombro, porque nos pone ante el gran misterio de la vida”. “

Los Reyes Magos nos recuerdan nuestra misión evangelizadora: Cuando llega la fiesta de la Epifanía está la costumbre de colocar las tres figuras de los Reyes Magos que llegan de Oriente para contemplar al Niño y ofrecerle los dones de oro, incienso y mirra. Esta escena llama “a reflexionar sobre la responsabilidad que cada cristiano tiene de ser evangelizador”. Además, los Magos, hombres sedientos de lo infinito, “enseñan que se puede comenzar desde muy lejos para llegar a Cristo”. Además “no se dejan escandalizar por la pobreza del ambiente; no dudan en ponerse de rodillas y adorarlo”; y cuando retornan a sus países, “habrán contado este encuentro sorprendente con el Mesías, inaugurando el viaje del Evangelio entre las gentes”.

“No es importante cómo se prepara el pesebre, puede ser siempre igual o modificarse cada año; lo que cuenta es que este hable a nuestra vida. En cualquier lugar y, de cualquier manera, el belén habla del amor de Dios, el Dios que se ha hecho niño para decirnos lo cerca que está de todo ser humano, cualquiera que sea su condición”.

Por ello, concluye Francisco, “el belén forma parte del dulce y exigente proceso de transmisión de la fe. Comenzando desde la infancia y luego en cada etapa de la vida, nos educa a contemplar a Jesús, a sentir el amor de Dios por nosotros, a sentir y creer que Dios está con nosotros y que nosotros estamos con Él, todos hijos y hermanos gracias a aquel Niño Hijo de Dios y de la Virgen María. Y a sentir que en esto está la felicidad”.

En el pesebre se manifiesta que Dios nos ama y nunca nos deja solos, nos acompaña con su presencia escondida pero no invisible.

Como los pastores de Belén, aceptemos la invitación a ir a la cueva, a ver y reconocer el signo que Dios nos ha dado. Entonces nuestro corazón estará lleno de alegría, y podremos llevarla donde haya tristeza; estará lleno de esperanza, para compartirla con los que la han perdido.

Nuestra esperanza en estos días difíciles que hemos vivido en Bolivia se escondió en las pititas, en el rosario, en la oración a Dios y a la Virgen María, en el encuentro entre los vecinos bloqueando las rotondas o esquinas de las calles, en la solidaridad, en ayuda entre los vecinos, entre los más pobres, compartiendo lo básico para sobrevivir.

La esperanza se escondió en la olla común, que la idea nació en una de nuestras parroquias. La esperanza en vivir, compartir y rezar juntos con otros hermanos cristianos.

Lo que hemos vivido es la historia de la esperanza y ahora con el nacimiento del Señor queremos fortalecerla más.

Identifiquémonos con María, que puso a su Hijo en el pesebre, porque no había lugar en una casa. Con ella y con san José, su esposo, miremos al Niño Jesús. Que su sonrisa, surgida en la noche, disipe la indiferencia y abra los corazones a la alegría del que se siente amado por el Padre que está en los cielos.

Terminando esa reflexión me hago portador de las felicitaciones de nuestro Pastor Mons. Sergio, Braulio, Rene y del mío propio con las palabras de los Obispos de Bolivia del día 13 del presente mes:

“Contemplando la sencillez y hermosura del pesebre de Belén, debemos despojarnos de orgullo para hacernos más humildes, más tiernos, más niños y más creyentes. Que el gozo de la Navidad nos reconcilie y pacifique y nos ayude a perdonarnos entre los bolivianos.

Por eso, esta Navidad 2019 cobra un sentido muy particular gracias a la fe que profesamos. Como cristianos bautizados, discípulos misioneros de Jesucristo, estamos llamados a celebrar el nacimiento del Hijo de Dios en las instituciones de Bolivia, en cada una de nuestras familias y en nuestra vida personal, dejando que se abra camino al perdón y la reconciliación que necesitamos todos los bolivianos.

Miremos hacia adelante para construir una Bolivia unida, en el Dios de la vida, por encima de las diferencias.

Es más, lo que nos une que lo que nos separa. Tenemos una historia común, un futuro común, un Salvador común que es Jesucristo y una tarea común que es construir una Bolivia con justicia y progreso.

Invitamos a celebrar esta Navidad con mucha alegría, uniéndonos al coro de los ángeles en Belén, proclamando: “Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad” (Lucas 2, 14). Feliz Navidad y un año nuevo 2020 con mayor verdad, justicia, libertad y amor para todos.

 

 

 

 

 

 

Graciela Arandia de Hidalgo



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