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sábado 28 mayo 2022
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“La Paz es fruto de la Justicia y del Amor”

Campanas. Concluyó el Seminario Virtual “Violencia: ¿Es posible erradicar esta pandemia cultural?”, con una mirada sobre la eficacia o ineficacia de las normas en la prevención y sanción de la violencia y los desafíos de la Iglesia en la promoción y testimonio de la cultura de paz.

El Dr. Julio Egüez Justiniano, Presidente del Ilustre Colegio de Abogados de Santa Cruz, recordó que la Ley 1674 de 1995 sobre “Violencia en la Familia o Doméstica”, fue la primera norma más significativa en la lucha contra la violencia hacia la mujer y con la Ley 348 del año 2013 para garantizar a las mujeres una vida libre de violencia se completa la visión integral sobre este mal, que, para muchos hombres, viene a representar la “1008”, en alusión a esa ley draconiana contra las sustancias controladas o tráfico de drogas ilícitas, aunque no siempre se aplica de forma correcta.

Señaló que, en general, la normativa boliviana es buena, pero el problema es la ineficacia en su aplicación y cumplimiento. Por una parte, la tendencia es que los casos de violencia, en sus diversas formas, va en ascenso. Según algunos datos, el 62% de mujeres que sufren violencia, están comprendidas entre los 27 a los 53 años que podría tener muchas interpretaciones. De hecho, Bolivia tiene uno de los índices más altos de violencia en relación al número de su población. Resulta que Santa Cruz es el Departamento donde hay mayor incidencia.

Por otra parte, el problema es la retardación de justicia. Por ejemplo, de 113 casos de feminicidio, apenas 12 tienen sentencia judicial, muchas veces porque los fiscales no son diligentes y los jueces tienen una sobrecarga procesal o, lamentablemente, han caído en la corrupción que nos recuerda las palabras duras de la Embajadora de los EEUU Donna Hrinak: “A veces es mejor pagar al juez que al abogado”.

Esta situación tiene que ver también con los medios de selección, elección o nombramiento de los jueces, muchos sin la meritocracia necesaria, pero si con el padrinazgo político u otras formas irregulares. No siempre es determinante la integridad moral que pasa por valorar su trayectoria profesional, patrimonial y reconocimiento social, que coloca a los litigantes frente a una justicia no independiente y corrupta, comprometiendo la libertad, el patrimonio y el honor de las personas. No hay seguridad jurídica.

Mons. Jesús Galeote, Obispo del Vicariato de Camiri y Presidente de Pastoral Social Cáritas de la Conferencia Episcopal Boliviana, señaló enfáticamente, con las palabras del Papa Juan II: “la violencia es un mal, la violencia es inaceptable como solución a los problemas, la violencia no es digna del hombre” y leyendo la Biblia, recordó que “la paz y la violencia no pueden habitar juntas, donde hay violencia no puede estar Dios” (ver 1 Crónicas 22,8-9).

Señaló que la raíz de tantos males que cristalizan en estructuras de injusticias y de pecado, es el corazón del hombre: “Desgarrado en su interior, el hombre provoca, casi inevitablemente, una ruptura en sus relaciones con los otros hombres y con el mundo creado” (Reconciliatio et Paenitentia, 15).

Propositivamente, desde la Fratelli Tutti, indicó que “una nueva cultura de paz exige tratar las heridas abiertas del pasado”, y que cada “proceso de paz es un compromiso constante en el tiempo. Es un trabajo paciente que busca la verdad y la justicia, que honra la memoria de las víctimas y que se abre, paso a paso, a una esperanza común, más fuerte que la venganza” (FT, 226) y que se funda en la relación primaria entre todo ser creado y Dios mismo, una relación marcada por la rectitud (ver Gn. 17,1).

Haciendo presente el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, dijo que “la paz no es simplemente ausencia de guerra, ni siquiera un equilibrio estable entre fuerzas adversarias, sino que se funda sobre una correcta concepción de la persona humana y requiere la edificación de un orden según la justicia y la caridad. La paz también es fruto del amor”: “La verdadera paz tiene más de caridad que de justicia, porque a la justicia corresponde sólo quitar los impedimentos de la paz: la ofensa y el daño; pero la paz misma es un acto propio y específico de caridad” (DSI, 494)

Finalmente señaló que el desafío de la Iglesia, de los cristianos y las personas de buena voluntad, desde las orientaciones de la Fratelli Tutti, es ser “artesanos de la paz”: “En muchos lugares del mundo hacen falta caminos de paz que lleven a cicatrizar heridas, se necesitan artesanos de la paz dispuestos a generar procesos de sanación y de reencuentro con ingenio y audacia” (FT, 225).

Concluyó con la Oración de San Francisco de Asís, símbolo de la paz, conscientes de que “Francisco no es patrimonio de los franciscanos, ni de la Iglesia católica; es patrimonio universal”.

Un encuentro muy especial, participativo, desde las diferentes posibilidades de conexión virtual, que abre una gran expectativa en este nuevo Curso de Doctrina Social de la Iglesia para nuestras comunidades, maravillosamente inserto en el espíritu de la sinodalidad.

 

 

Graciela Arandia de Hidalgo



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