Search
lunes 29 noviembre 2021
  • :
  • :

La Parroquia de Minero celebró a su Patrono ‘San Isidro Labrador’

Campanas. “San Isidro Labrador” es el Santo Patrono del Municipio de Minero que celebró 68 años de vida el domingo 16 de mayo. Minero se encuentra a 82 kilómetros al norte del departamento de Santa Cruz de la Sierra, hasta allá llegó el Arzobispo Cruceño. Mons. Sergio Gualberti para presidir la misa de fiesta el domingo 16 de mayo a las 10 de la mañana.

Minero, tercera sección municipal de la provincia Obispo Santistevan, catalogada como la capital cañera y soyera por excelencia, debido a su abundancia en la producción de la caña de azúcar y soya en su territorio agrícola, estuvo de fiesta. Celebró por sexagésima octava vez, de manera oficial, su Fiesta Patronal en honor de San Isidro Labrador.

Debido a esta característica agrícola y productiva, es que hace 68 años la población minereña, adoptó el patronazgo del Santo Labrador, San Isidro, al que tributan honor con una gran fiesta, disminuida en esta ocasión por las restricciones ocasionadas por la pandemia del coronavirus.

Terminada la celebración Eucarística, salieron en procesión por las calles aledañas a la Parroquia con el Santo Patrono en andas.

La Parroquia San Isidro Labrador, es administrada por  la comunidad religiosa de la Orden de Frailes Menores  Capuchinos. El Párroco es el P. Fr. Antonio E. Reyes, OFM Cap. El Vicario Parroquial es el P. Fr. Ivica Vrbic, OFM Cap y el P. Fr. Francisco Taipehuamán, OFM Cap. La Vida Consagrada que trabaja y acompaña el servicio pastoral en esta Parroquia son: las Hijas del Sagrado Corazón de Jesús y las Pequeñas Siervas de la Sagrada Familia.

El P. Fr. Ivica expresa que  debido a la situación actual marcada por la pandemia, se redujo la participación de fieles en la celebración. En el  aspecto espiritual de la celebración intentaron revivir e inspirar a los creyentes a seguir el  ejemplo de  vida y santidad de  San  Isidro Labrador.

Durante la celebración Eucarística, la misma que fue presidida por el  Arzobispo  de Santa Cruz, los feligreses presentaron significativamente ante el  Señor los frutos de su trabajo diario, el  trabajo de los misioneros y de sus  benefactores.

San Isidro Labrador

Sus padres eran unos campesinos sumamente pobres que ni siquiera pudieron enviar a su hijo a la escuela. Pero en casa le enseñaron a tener temor a ofender a Dios y gran amor de caridad hacia el prójimo y un enorme aprecio por la oración y por la Santa Misa y la Comunión.

Huérfano y solo en el mundo cuando llegó a la edad de diez años Isidro se empleó como peón de campo, ayudando en la agricultura a Don Juan de Vargas un dueño de una finca, cerca de Madrid. Allí pasó muchos años de su existencia labrando las tierras, cultivando y cosechando.
Se casó con una sencilla campesina que también llegó a ser santa y ahora se llama Santa María de la Cabeza (no porque ese fuera su apellido, sino porque su cabeza es sacada en procesión en rogativas, cuando pasan muchos meses sin llover).

Isidro se levantaba muy de madrugada y nunca empezaba su día de trabajo sin haber asistido antes a la Santa Misa. Varios de sus compañeros muy envidiosos lo acusaron ante el patrón por “ausentismo” y abandono del trabajo. El señor Vargas se fue a observar el campo y notó que sí era cierto que Isidro llegaba una hora más tarde que los otros (en aquel tiempo se trabajaba de seis de la mañana a seis de la tarde) pero que mientras Isidro oía misa, un personaje invisible (quizá un ángel) le guaba sus bueyes y estos araban juiciosamente como si el propio campesino los estuviera dirigiendo.

Los mahometanos se apoderaron de Madrid y de sus alrededores y los buenos católicos tuvieron que salir huyendo. Isidro fue uno de los inmigrantes y sufrió por un buen tiempo lo que es irse a vivir donde nadie lo conoce a uno y donde es muy difícil conseguir empleo y confianza de las gentes. Pero sabía aquello que Dios ha prometido varias veces en la Biblia: “Yo nunca te abandonaré”, y confió en Dios y fue ayudado por Dios.

Lo que ganaba como jornalero, Isidro lo distribuía en tres partes: una para el templo, otra para los pobres y otra para su familia (él, su esposa y su hijito). Y hasta para las avecillas tenía sus apartados. En pleno invierno cuando el suelo se cubría de nieve, Isidro esparcía granos de trigo por el camino para que las avecillas tuvieran con que alimentarse. Un día lo invitaron a un gran almuerzo. Él se llevó a varios mendigos a que almorzaran también. El invitador le dijo disgustado que solamente le podía dar almuerzo a él y no para los otros. Isidro repartió su almuerzo entre los mendigos y alcanzó para todos y sobró.

Los domingos los distribuía así: un buen rato en el templo rezando, asistiendo a misa y escuchando la Palabra de Dios. Otro buen rato visitando pobres y enfermos y por la tarde saliendo a pasear por los campos con su esposa y su hijito. Pero un día mientras ellos corrían por el campo, dejaron al niñito junto a un profundo pozo de sacar agua y en un movimiento brusco del chiquitín, la canasta donde estaba dio vuelta y cayó dentro del hoyo. Alcanzaron a ver esto los dos esposos y corrieron junto al pozo, pero este era muy profundo y no había cómo rescatar al hijo. Entonces se arrodillaron a rezar con toda fe y las aguas de aquel aljibe fueron subiendo y apareció la canasta con el niño y a este no le había sucedido ningún mal. No se cansaron nunca de dar gracias a Dios por tan admirable prodigio.

Volvió después a Madrid y se alquiló como obrero en una finca, pero los otros peones, llenos de envidia lo acusaron ante el dueño de que trabajaba menos que los demás por dedicarse a rezar y a ir al templo. El dueño le puso entonces como tarea a cada obrero cultivar una parcela de tierra. Y la de Isidro produjo el doble que las de los demás, porque Nuestro Señor le recompensaba su piedad y su generosidad.

En el año 1130 sintiendo que se iba a morir hizo humilde confesión de sus pecados y recomendando a sus familiares y amigos que tuvieran mucho amor a Dios y mucha caridad con el prójimo, murió santamente. A los 43 años de haber sido sepultado en 1163 sacaron del sepulcro su cadáver y estaba incorrupto, como si estuviera recién muerto. Las gentes consideraron esto como un milagro. Poco después el rey Felipe III se hallaba gravísimamente enfermo y los médicos dijeron que se moriría de aquella enfermedad. Entonces sacaron los restos de San Isidro del templo a donde los habían llevado cuando los trasladaron del cementerio. Y tan pronto como los restos salieron del templo, al rey se le fue la fiebre y al llegar junto a él los restos del santo se le fue por completo la enfermedad. A causa de esto el rey intercedió ante el Sumo Pontífice para que declarara santo al humilde labrador, y por este y otros muchos milagros, el Papa lo canonizó en el año 1622 junto con Santa Teresa, San Ignacio, San Francisco Javier y San Felipe Neri.

Graciela Arandia de Hidalgo



Nuestro sitio web utiliza cookies para que usted tenga una mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando estará dando su consentimiento y la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies