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domingo 28 febrero 2021
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José Aníbal Caballero será Ordenado Diácono Permanente el 26 de diciembre

Campanas. El sábado 26 de diciembre en la Parroquia San Miguel Arcángel, a horas 19:00, Monseñor Estanislao Dowlaszewicz, Obispo auxiliar de Santa Cruz, ordenará Diácono Permanente al Ingeniero, José Aníbal Caballero Toledo.

 José Aníbal Caballero Toledo, nació el 31 de julio de 1977 en Santa Cruz de la Sierra, es Ingeniero Electromecánico, formado en la Universidad Gabriel René Moreno, está casado hace 17 años  con la Sra. María del Rosario Fernández Adorno, y tiene 3 hijos: José Daniel, Diego Sebastián y María Alejandra Caballero Fernández.

José Aníbal afirma sentirse feliz y agradecido con Dios por el llamado al servicio con el diaconado permanente. El diácono permanente está llamado a servir en la palabra, en la liturgia y en la caridad, el Señor me ha llamado para cumplir esta misión, que recibo con mucha responsabilidad, compromiso, entrega y amor.

Desde muy joven ha trabajado como catequista en la Parroquia Santísimo Redentor, ahí conoció a su esposa y juntos trabajaron con niños y jóvenes. Luego cambiaron de residencia e iniciaron una nueva misión en la Parroquia San Miguel Arcángel, actualmente se encargan de la formación de los monaguillos.

Familia del Futuro Diácono Permanente

José Aníbal expresa con mucha alegría que este compromiso lo asume  con el apoyo incondicional de su esposa y su familia, el trabar juntos en la Iglesia  desde y después de nuestro matrimonio, ha sido fundamental para realizar este trabajo y compromiso juntos, ya que esta es una vocación de pareja, dice el futuro diácono permanente.

Servir en la humildad y desde mi pequeñez es el  compromiso que asumo, expresa José Aníbal, que es te 26 de febrero recibirá la ordenación al diaconado permanente.

  • Con la Ordenación de José Aníbal, la Iglesia cruceña tendrá 16 Diáconos Permanentes.
  • Como Diácono Permanente, José Aníbal será servidor de la Palabra, del altar y de los pobres de nuestra Iglesia.

¿Qué es un diácono permanente?

El ministerio eclesiástico, que es el ministerio de los hombres dedicados al servicio de Dios, comprende tres grados diversos del sacramento del orden sacerdotal: los obispos, los sacerdotes y los diáconos. Dos de estos grados participan ministerialmente del sacerdocio de Cristo: el orden episcopal, correspondiente a los obispos y el orden del presbiterado, correspondiente a los presbíteros o sacerdotes. El orden del diaconado, según lo afirma el Catecismo de la iglesia Católica en el número 1554 está destinado a ayudar y a servir a los obispos y a los presbíteros. Por eso, el término “sacerdote” designa en el uso de nuestros días a los obispos y a los presbíteros, pero no a los diáconos.

Sin embargo, la doctrina católica establece que el grado de diaconado es un grado de servicio, que viene establecido desde el tiempo de los apóstoles, como lo atestiguan los Hechos de los apóstoles y la Carta de san Pablo a Timoteo.

“Por aquellos días, al multiplicarse los discípulos, hubo quejas de los helenistas contra los hebreos, porque sus viudas eran desatendidas en la asistencia cotidiana. Los Doce convocaron la asamblea de los discípulos y dijeron: “No parece bien que nosotros abandonemos la Palabra de Dios por servir las mesas. Por tanto, hermanos, buscad de entre vosotros a siete hombres, de buena fama, llenos de Espíritu y de sabiduría, y los pondremos al frente de este cargo, mientras que nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la Palabra”. Pareció bien la propuesta a toda la asamblea y escogieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, A Nicanor, a Timón, a Pármenas y a Nicolás, prosélito de Antioquia; los presentaron a los apóstoles y, habiendo hecho oración, les impusieron las manos.” (Hch. 6, 1-6).

“También los diáconos deben ser dignos, sin doblez, no dados a beber mucho vino ni a negocios sucios, que guarden el Misterio de la fe con una conciencia pura. Primero se les someterá a prueba y después, si fuesen irreprensibles, serán diáconos.” (1 Tim. 3, 8-11).

Diakonía es la palabra griega que fijará la función de los diáconos Esta palabra significa servicio, y es de tanta importancia para la Iglesia que se confiere por un acto sacramental llamado “ordenación”, es decir, por el sacramento del orden.

San Ignacio de Antioquia fijó la importancia de los diáconos, con estas bellas palabras: “Que todos reverencien a los diáconos como a Jesucristo, como también al obispo que es imagen del Padre, y a los presbíteros como al senado de Dios y como a la asamblea de los apóstoles: sin ellos no se puede hablar de Iglesia (San Ignacio de Antioquia, Trall. 3, 1).

¿Qué servicio prestan a la Iglesia?

Hemos hablado mucho hasta ahora de servicio, ¿pero cuál es el servicio que prestan los diáconos a la Iglesia? “Corresponde a los diáconos, entre otras cosas, asistir al obispo y a los presbíteros en la celebración de los divinos misterios sobre todo de la Eucaristía y en la distribución de la misma, asistir a la celebración del matrimonio y bendecirlo, proclamar el Evangelio y predicar, presidir las exequias y entregarse a los diversos servicios de la caridad (Catecismo de la Iglesia Católica, 1570).

Entendido de esta manera, el diaconado no es solamente un paso intermedio hacia el sacerdocio, sino que ofrece a la Iglesia la posibilidad de contar con una persona de gran ayuda para las labores pastorales y ministeriales.

Un diácono puede bautizar, bendecir matrimonios, asistir a los enfermos con el viático, celebrar la liturgia de la Palabra, predicar, evangelizar y catequizar.

No puede, a diferencia del sacerdote, celebrar el sacramento de la Eucaristía (misa), confesar o administrar el sacramento de la unción de los enfermos.

Con todo lo que puede hacer, su ayuda es invaluable, especialmente en nuestros tiempos en que hacen falta tantas personas que ayuden al sacerdote en todas las labores encomendadas.

Como en el caso de los sacerdotes, sólo el varón bautizado recibe válidamente la sagrada ordenación para acceder al diaconado. Y esto es así, porque Jesús eligió a hombre (viri en latín) para formar el colegio de los doce apóstoles.

¿En qué se diferencia el diácono del sacerdote?

Sin embargo hay una diferencia muy importante entre los diáconos y los sacerdotes. Mientras que los sacerdotes ordenados de la Iglesia latina, son ordinariamente elegidos entre hombres creyentes que viven como célibes, es decir que no se han casado, y que tienen la voluntad de guardar el celibato por el Reino de los Cielos, el diaconado puede ser conferido a hombres casados.

Este “diaconado permanente” constituye un enriquecimiento importante para la misión de la Iglesia.

Desde el Concilio Vaticano II, la Iglesia latina ha restablecido el diaconado como un grado particular dentro de la jerarquía, mientras que las Iglesias de Oriente lo habían mantenido siempre.

De esta forma, los hombres casados que se dedican a ayudar a la Iglesia a través de la vida litúrgica, pastoral o en las obras sociales y caritativas pueden fortalecerse recibiendo el orden del diaconado y se unen más estrechamente al altar para cumplir con mayor eficacia su ministerio por medio de la gracia sacramental del diaconado.

De esta forma, la Iglesia católica, a semejanza de la parábola del hombre que de su tesoro saca lo nuevo y lo viejo, siempre está ofreciendo formas nuevas y atractivas en su labor de ayuda a todos los hombres. Artículo escrito por Germán Sánchez Griese

 

Graciela Arandia de Hidalgo



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