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lunes 16 septiembre 2019
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Iglesia habla de la corrupción, el tráfico de influencias, mentiras y engaños en el país

Domingo de Ramos. Monseñor Sergio dijo que “Hay necesidad de verdad y que la justicia haga una investigación imparcial, objetiva y libre de toda presión” y lamentó “la tentación de endiosar al poder –que- afecta particularmente a los que ejercen alguna autoridad, pensando encontrar allí la satisfacción del propio ego, de su interés y de su vanidad”.

El Arzobispo de Santa Cruz, Monseñor Sergio Gualberti abrió la Semana Santa presidiendo la celebración del domingo de Ramos desde la Catedral ante un gran marco de fieles que participaron con sus palmas en la mano y mucha devoción. Desde allí habló fuerte en relación al actual escándalo de corrupción, tráfico de influencias, mentiras y engaños que envuelven a altas esferas de gobierno.

“Cada día los medios de comunicación nos presentan noticias de personas que se aprovechan del poder para enriquecerse, recurriendo incluso a la corrupción, el tráfico de influencias, la mentira y el engaño” dijo la autoridad religiosa a tiempo de lamentar que “En el intento de ocultar hechos reñidos con la ley, se difunden declaraciones contradictorias y ambiguas que, en vez que hacer luz sobre los hechos, enredan más la situación y confunden a la opinión pública, como si se quisiera distraer la atención del verdadero problema”.

El prelado cruceño aseguró que “Hay necesidad de verdad y que la justicia haga una investigación imparcial, objetiva y libre de toda presión –ya que- Solo en la verdad se supera el clima de desconfianza y la falta de credibilidad que provocan estos hechos y que amenazan la convivencia pacífica y el estado de derecho en una nación” sostuvo.

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Cuestionó también a quienes idolatran y endiosan al poder afirmando que “la tentación de endiosar al poder (…) afecta particularmente a los que ejercen alguna autoridad, pensando encontrar allí la satisfacción del propio ego, de su interés y de su vanidad”.

Las palabras de Monseñor Sergio Gualberti son una de las primeras que hace la Iglesia Católica en relación a este caso que viene provocando vergonzosos escándalos en el país.

En su homilía, también exalto la humildad de Jesús que entró en Jerusalén “como Mesías sencillo y humilde, sentado en un burrito, rodeado no por la corte real, el ejército y las autoridades sino por sus discípulos, los peregrinos, la gente sencilla y los que no cuentan nada en la sociedad” y llamó a todos a practicar las actitudes humilde de Jesús.

“Para nosotros los cristianos, la humildad es una virtud que debemos cultivar, sin embargo sería plausible que todas las personas, en especial las autoridades y los que cumplen oficios públicos, busquen practicar la humildad, como actitud opuesta a la ambición, el orgullo y la arrogancia” señaló.

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La autoridad religiosa recordó que a pesar de que Jesús sabía de los planes para matarlo “no claudicó en su misión y, su fidelidad a la voluntad del Padre y solidaridad con la humanidad” llegando hasta la muerte y muerte de cruz “Pero no todo terminó allí, sino que la cruz abrió de par en par las puertas de la luz, de la vida y de la gloria definitiva de la resurrección” dijo el Arzobispo.

Al final, Monseñor Sergio hizo “un llamado muy fuerte para nosotros creyentes a recorrer y a seguir los pasos de Jesús en el camino de la cruz. No tengamos miedo a la cruz, Jesús está a nuestro lado y nos acompaña” manifestó.

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“La tentación de endiosar al poder está siempre al acecho de todos y a todos los niveles tanto personal como social, y afecta particularmente a los que ejercen alguna autoridad, pensando encontrar allí la satisfacción del propio ego, de su interés y de su vanidad. El ídolo del poder exige sus víctimas, y sobre su altar se sacrifica todo: sentimientos, amistad, derechos humanos, principios democráticos, y hasta las mismas personas, los pobres, los débiles y marginados y la familia.

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Cada día los medios de comunicación nos presentan noticias de personas que se aprovechan del poder para enriquecerse, recurriendo incluso a la corrupción, el tráfico de influencias, la mentira y el engaño. En el intento de ocultar hechos reñidos con la ley, se difunden declaraciones contradictorias y ambiguas que, en vez que hacer luz sobre los hechos, enredan más la situación y confunden a la opinión pública, como si se quisiera distraer la atención del verdadero problema.

Hay necesidad de verdad y que la justicia haga una investigación imparcial, objetiva y libre de toda presión. Solo en la verdad se supera el clima de desconfianza y la falta de credibilidad que provocan estos hechos y que amenazan la convivencia pacífica y el estado de derecho en una nación.

Oficina de prensa de la Arquidiócesis de Santa Cruz

HOMILÍA COMPLETA DE MONSEÑOR SERGIO GUALBERTI, ARZOBISPO DE SANTA CRUZ, 20 DE MARZO, DOMINGO DE RAMOS. BASILICA MENOR DE SAN LORENZO MÁRTIR.

Con el Domingo de Ramos damos inicio a la Semana Santa, el tiempo litúrgico más fuerte e importante de todo el año cristiano, días en los que celebramos el misterio central de nuestra fe: la pasión, muerte y resurrección de Jesús.

Nos hemos congregados caminando con los ramos desde las parroquias del centro, con la misma actitud de júbilo y alegría de los discípulos y la gente sencilla que siguió a Jesús en su entrada a Jerusalén. La gente contenta le da la bienvenida con aclamaciones y lo acoge como a un rey: “¡Bendito sea el rey que viene en el nombre del Señor! ¡Paz en el cielo y gloria en las alturas”.   Lo reconocen como el MESIAS tanto tiempo esperado, y exultan de gozo porque pueden caminar y estar a lado de aquel que ha compartido las penas y necesidades de los pobres y enfermos y les ha abierto horizontes de esperanza y de vida.

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Estas aclamaciones molestan a algunos fariseos que asistían a la escena y piden a Jesús que reprenda a sus seguidores. Pero él acepta que la gente manifieste su alegría y lo proclame como el rey que viene, no en nombre propio, sino del Señor, aún cuando sabe que ellos tienen en su mente a un rey que tiene poder y domina al estilo de este mundo. Jesús entra en Jerusalén como Mesías sencillo y humilde, sentado en un burrito, rodeado no por la corte real, el ejército y las autoridades sino por sus discípulos, los peregrinos, la gente sencilla y los que no cuentan nada en la sociedad.

En los años de su ministerio público, Jesús siempre actuó con humildad y espíritu de servicio, no buscó su gloria, sino la de Dios: “Santificado sea tu nombre…”, instaurando y a haciendo presente la cercanía del Reino de Dios, que es verdad y vida, justicia y amor, santidad y gracia, solidaridad y paz.

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San Pablo en la 2ª lectura nos dice que la humildad de Jesús fue el marco del mismo misterio de la Encarnación. Al hacerse hombre, el Hijo de Dios se humilló, se hizo la nada del mundo: “siendo de condición divina… se anonadó a sí mismo, asumiendo la condición de esclavo… y se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz”.

Jesús se puso como ejemplo de humildad a sus discípulos y seguidores: “Aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso para sus vidas.”  Los discípulos no entraron en la visión de Jesús y, como hemos escuchado en el evangelio, durante la última cena iniciaron una discusión acerca de quién era el mayor entre ellos, manifestando afanes de competitividad y ansias de grandeza. La toma de posición de Jesús fue muy firme: “Los reyes de las naciones dominan sobre ellas… y se hacen llamar bienhechores. Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, en que es más grande, que se comporte como el menor, y el que gobierna como un servidor”.

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Para nosotros los cristianos, la humildad es una virtud que debemos cultivar, sin embargo sería plausible que todas las personas, en especial las autoridades y los que cumplen oficios públicos, busquen practicar la humildad, como actitud opuesta a la ambición, el orgullo y la arrogancia.

Además Jesús a la humildad unió el testimonio de su servicio: “Yo no he venido para ser servido, sino para servir y dar mi da en rescate por todos”. Solamente una persona humilde como él, pudo rebajarse haciéndose como uno de nosotros y pudo gastar toda su vida sirviendo a los demás.

Jesús no se apoyó en la violencia, no emprendió una insurrección militar contra el imperio romano, su poder fue de carácter diferente y residió en el amor, la pobreza y la paz de Dios, que es el único poder salvador.

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Estas palabras y actitudes de Jesús suenan muy actuales también hoy. La tentación de endiosar al poder está siempre al acecho de todos y a todos los niveles tanto personal como social, y afecta particularmente a los que ejercen alguna autoridad, pensando encontrar allí la satisfacción del propio ego, de su interés y de su vanidad. El ídolo del poder exige sus víctimas, y sobre su altar se sacrifica todo: sentimientos, amistad, derechos humanos, principios democráticos, y hasta las mismas personas, los pobres, los débiles y marginados y la familia.

Cada día los medios de comunicación nos presentan noticias de personas que se aprovechan del poder para enriquecerse, recurriendo incluso a la corrupción, el  tráfico de influencias, la mentira y el engaño. En el intento de ocultar hechos reñidos con la ley, se difunden declaraciones contradictorias y ambiguas que, en vez que hacer luz sobre los hechos, enredan más la situación y confunden a la opinión pública, como si se quisiera distraer la atención del verdadero problema. Hay necesidad de verdad y que la justicia haga una investigación imparcial, objetiva y libre de toda presión. Solo en la verdad se supera el clima de desconfianza y la falta de credibilidad que provocan estos hechos y que amenazan la convivencia pacífica y el estado de derecho en una nación.

Jesús, con su palabra y su testimonio, nos ha demostrado claramente que la auténtica dicha no está en el poder y en el tener, sino en la humildad y en la actitud de servicio, en ponerse a disposición de Dios, del evangelio, de los hermanos, en particular de los pobres y necesitados.

Este programa de Jesús se reveló muy peligroso para las autoridades del pueblo judío y del imperio romano, socavaba desde las raíces su sistema injusto y opresor que les aseguraba su poder, privilegios e intereses. Por esta razón, no dudaron en poner en marcha el plan para eliminarlo.

Sin embargo Jesús no claudicó en su misión y, su fidelidad a la voluntad del Padre y solidaridad con la humanidad, en particular con los pobres y descartados de la sociedad, lo llevó a la pasión y muerte en cruz. Pero no todo terminó allí, sino que la cruz abrió de par en par las puertas de la luz, de la vida y de la gloria definitiva de la resurrección.

 

La palabra de Dios de estos días santos resuena como un llamado muy fuerte para nosotros creyentes a recorrer y a seguir los pasos de Jesús en el camino de la cruz. No tengamos miedo a la cruz, Jesús está a nuestro lado y nos acompaña. Hagamos de nuestra existencia un don generoso y un servicio humilde al Señor y a los demás, con la esperanza firme de que nos espera la dicha y la vida definitivas. Cómo y con Jesús,  pongamos nuestra confianza en la bondad y misericordia del Padre, abandonándonos en sus manos amorosas: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Amén

Oficina de prensa de la Arquidiócesis de Santa Cruz.

Encargado


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