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miércoles 17 agosto 2022
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Iglesia exhorta a no cerrar los ojos ante el sufrimiento de las personas y mirar de cerca el rostro de los que sufren como Jesús

Campanas. Este domingo 07 de julio desde la Catedral, el Vicario General de la Arquidiócesis de Santa Cruz, P. Juan Crespo pidió no cerrar los ojos ante el sufrimiento de las personas y mirar de cerca el rostro de los que sufren como Jesús. VIDEO.

Así mimo el prelado nos exhortó a escuchar el clamor de los pobres, de las mujeres, de los indígenas, de los niños y ancianos. El hombre herido, son todas las víctimas del sistema actual. La pandemia ha desnudado estas situaciones de marginación y vulnerabilidad de los sectores pobres, la falta de recursos sanitarios para todos, las grandes diferencias sociales entre países y continentes, el peligro de que la vacuna no llegue a todos. 

El Vicario General destacó que esta semana la vida de la Iglesia Boliviana ha estado marcada por dos acontecimientos: uno Eclesial, la XXXV Asamblea Ordinaria de la Conferencia Boliviana del Clero Diocesano, que ha concluido con un hermoso “Mensaje al Pueblo de Dios en Bolivia” y otro Pascual, el Retorno al Padre de Mons. Waldo Barrionuevo, Obispo del Vicariato Apostólico de Reyes.

De la misma forma el sacerdote hizo hincapié que,  en estos días recordamos 5 años de la visita del Papa Francisco a Bolivia y a nuestra ciudad.

En la caridad no hay que mirar las etiquetas que ponemos los hombres

Ante la pregunta del doctor de la Ley ¿quién es mi prójimo? Jesús no hace un discurso bonito sobre el amor, sino que le deja ante un caso de extrema necesidad, aquel Hombre que estaba medio muerto no tenía nombre. No se dice que fuera un judío o un pagano. Era simple y llanamente: un Hombre. En la caridad no hay que mirar las etiquetas que ponemos los hombres. Basta que sea una persona. El sacerdote judío y el Levita que bajaban “casualmente” por ahí, están acostumbrados a los caminos que llevan al Templo, pero no frecuentan los caminos y las cunetas de los hombres con sus problemas. Dan un rodeo.Desde Jesús ya no se puede ir a Dios dando rodeos al hombre. El templo ya no es el gran templo de Jerusalén, el Templo es cada persona con sus derechos y su dignidad.

El Samaritano, el que nunca va al templo de Jerusalén, no pasa de largo, sino que se queda con aquel que lo necesita, lleva su marcha, su programa, su proyecto, pero ante aquel Hombre herido lo deja todo y se pone a servirle. Le vendo sus heridas, lo ungió con aceite y vino le montó en la cabalgadura.

La caridad no consiste en dar sino en darse, no en contentarse en dar limosna para que “ese” deje de molestarme.

Párate un poco, pregunta cómo se llama, de donde viene, qué le ocurre, no te va agradecer por lo que le des, sino por el pequeño tiempo que le has dedicado, al final, sonreirá y tú te marcharás contento.

El Papa Francisco inspirado en esta parábola nos ha regalado la hermosa *Encíclica Fratelli Tutti*, en la que nos ayuda a entender las claves de la Fraternidad y la amistad social.  En la Encíclica nos actualiza a los cuatro personajes de la parábola.

Se fomenta la violencia, la venganza, el odio, no hay diálogo ni perdón.

Los asaltantes, son aquellas personas y estructuras económicas, sociales y políticas que producen víctimas, desigualdades, descartados, refugiados, guerras y armamentos nucleares, hambruna, marginación de mujeres, de ancianos y niños, trata de personas; los que no respetan la vida, provocan hambre y paro juvenil, traficantes de órganos, mafias que explotan a los migrantes, empresas nacionales y multinacionales que destruyen la naturaleza, construyen muros contra los migrantes y les cierran sus puertos, no les dan papeles ni los reconocen como ciudadanos, no ayudan a que todos tengan techo, trabajo y tierra, fomentan la ideología del mercado y el consumismo, y todo ello con una globalización que destruye culturas locales, busca únicamente el lucro, ganancias, bienestar material, sin ninguna sensibilidad por los que quedan al margen.

Los que pasan de largo, son los dirigentes políticos, sociales y religiosos que no se comprometen, buscan sus intereses y se dejan corromper, cierran los ojos a los desastres y no cumplen lo prometido.

Los que pasan de largo, son los dirigentes políticos, sociales y también religiosos que no se comprometen, se limitan a pronunciamientos, buscan sus intereses nacionales y populares, se dejan corromper, cierran los ojos a los desastres, no cumplen lo prometido, creen que “la situación no es tan grave, que la ciencia y la técnica todo lo arreglará, o, por el contrario, que todo está tan mal que ya no hay remedio”.

El Buen Samaritano va más allá de su cultura y nación, se abre a toda la humanidad, al extranjero, al necesitado, al pobre y marginado.

El Buen Samaritano, miembro de un pueblo que en tiempo de Jesús era tenido como hereje, pagano, cismático e indeseable, representa a todas las personas de buena voluntad, que desde cualquier religión o sin ella, ayudan al necesitado, al prójimo, buscan la colaboración de otros.

El Papa Francisco propone luchar contra la pobreza y la desigualdad, la falta de trabajo, tierra y vivienda y la prioridad a la vida.

Pero Francisco no se limita a exhortar a curar a los heridos de hoy, sino que propone un cambio global de sociedad para evitar que estos hechos se vayan reproduciendo: luchar contra las causas estructurales de la pobreza y la desigualdad, la falta de trabajo, tierra y vivienda, la prioridad a la vida de todos por encima de la apropiación de bienes de algunos.

El Papa sueña y piensa en otra humanidad, no se mueve en la lógica del lucro personal para unos pocos, sino en la lógica de la solidaridad, la cooperación, la interdependencia y la corresponsabilidad, la amistad social, el caminar hacia un mundo de paz.           

Iglesia exhorta a no cerrar los ojos ante el sufrimiento de las personas y mirar de cerca el rostro de los que sufren como Jesús.

Como discípulos de Jesús, lo que hace que seamos hermanos, es el no cerrar los ojos ante el sufrimiento de las personas, es aprender a acercarse y mirar de cerca el rostro de los que sufren como Jesús: con ojos compasivos. Esta mirada nos libera del egoísmo que bloquea nuestra compasión, y de la indiferencia.

El discípulo de Jesús que conoce la compasión de Dios para con todos se acerca a todo el que sufre*, cualquiera que sea su raza, su origen o su ideología. No se pregunta «a quién debo amar» o «ayudar», sino quién me necesita cerca. Esta pregunta marca nuestro ser cristiano.

Nunca haremos lo suficiente ante tanto dolor como hay en nuestro mundo. Pero lo decisivo es romper la indiferencia y vivir sembrando gestos de bondad, y promoviendo respuestas eficaces.

Homilía del P. Juan Crespo Gutiérrez, Vicario General de la Arquidiócesis de Santa Cruz

10/07/2022

 

Décimo quinto domingo del tiempo ordinario

Parábola del Buen Samaritano

Esta semana que terminamos la vida de la Iglesia Boliviana ha estado marcada por dos acontecimientos: uno Eclesial, la XXXV Asamblea Ordinaria de la Conferencia Boliviana del Clero Diocesano, que ha concluido con un hermoso “Mensaje al Pueblo de Dios en Bolivia” y otro Pascual, el Retorno al Padre de Mons. Waldo Barrionuevo, Obispo del Vicariato Apostólico de Reyes.

En estos días recordamos 5 años de la visita del Papa Francisco a Bolivia y  a nuestra ciudad.   

Mirando el contenido de las tres lecturas, podemos resumir, el Plan de Dios está contenido en la Ley, en la primera lectura; Cristo representa la realización plena y definitiva de este Plan, en la segunda lectura y  en el evangelio se expresa que cumplir y obedecer la Ley, el Plan de Amor, se manifiesta en el encuentro con el prójimo, con la parábola del Buen Samaritano.

Demasiadas veces ponemos el centro de lo religioso en entender, aceptar, o creer verdades.  El centro no es solo el  cerebro, sino también, el corazón. El centro no es la teoría sino el comportamiento. El secreto no es la erudición sino la com-pasión. Dios no es un enigma de naturalezas y personas, de procesiones y trascendencias. Dios es amor. Y el amor no es entender, es sentir, conmoverse, acercarse, dar la mano, ser positivo, aceptar. No hace falta que nadie suba a las estrellas o viaje a los confines del mar. No hace falta que se escriban bibliotecas enteras sobre la divinidad y la humanidad. El evangelio es Buena Noticia sobre todo, porque es sabiduría de los sencillos, evidente para los hombres de buena voluntad. Ni Jesús es complicado, ni la Cristología es un crucigrama, ni la Divinidad es para especialistas. «Jesús, lleno del Espíritu, exclamó: Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado todo esto a los sabios y a los poderosos y lo has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, porque así lo has querido».

Ante la pregunta del doctor de la Ley ¿quién es mi prójimo? Jesús no hace un discurso bonito sobre el amor, sino que le deja ante un caso de extrema necesidad, aquel Hombre que estaba medio muerto no tenía nombre. No se dice que fuera un judío o un pagano. Era simple y llanamente: un Hombre. En la caridad no hay que mirar  las etiquetas que ponemos los hombres. Basta que sea una persona .El sacerdote Judío y el Levita que bajaban “casualmente” por ahí, están acostumbrados a los caminos que llevan al Templo, pero no frecuentan los caminos y las cunetas de los hombres con sus problemas. Dan un rodeo. Desde Jesús ya no se puede ir a Dios dando rodeos al hombre. El templo ya no es el gran templo de Jerusalén, el Templo es cada persona con sus derechos y su dignidad.

El Samaritano, el que nunca va al templo de Jerusalén, no pasa de largo, sino que se queda con aquel que lo necesita, lleva su marcha, su programa, su proyecto, pero ante aquel Hombre herido  lo deja todo y se pone a servirle. Le vendo sus heridas, lo ungió con  aceite y vino le montó en la cabalgadura. La caridad no consiste en dar sino en darse, no en contentarse en dar  limosna para que “ese” deje de molestarme. Párate un poco, pregunta cómo se llama, de donde viene, qué le ocurre, no te va agradecer por lo que le des, sino por el pequeño tiempo que le has dedicado, al final, sonreirá y tú te marcharás contento.

Aquel maestro preguntó a Jesús:¿Quién es mi prójimo? ¿Quién me está próximo, cercano, ¿quién se me aproxima para darle? Pero la pregunta de Jesús es otra: ¿Quién se hizo prójimo?  ¿Quién se acercó al que lo necesitaba? El  cristiano no espera a que el pobre venga a pedirme, a humillarse delante de mí. El cristiano dice: ¿Quién me necesita? ¿Quién necesita mi ayuda, mi tiempo, mi persona?… El prójimo no lo elijo, se me da. Yo puedo cerrar los ojos para no verlo; pero no por eso su pobreza y su miseria dejarán de mirarme. Jesús tiene necesidad de mí: de mis manos, de mis pies, de mi corazón. Me necesita para servir a los más pequeños, los más débiles, los más abandonados.

El Papa Francisco inspirado en esta parábola nos ha regalado la hermosa Encíclica Fratelli Tutti, en la que nos ayuda a entender las claves de la Fraternidad y la amistad social.  Nos dice que esta parábola es un “icono iluminador, capaz de poner de manifiesto la opción de fondo que necesitamos tomar para reconstruir este mundo que nos duele”

En la Encíclica nos actualiza a los cuatro personajes de la parábola.

  1. Los asaltantes, son aquellas personas y estructuras económicas, sociales y políticas que producen víctimas, desigualdades, descartados, refugiados, guerras y armamentos nucleares, hambruna, marginación de mujeres, de ancianos y niños, trata de personas; los que no respetan la vida, provocan hambre y paro juvenil, traficantes de órganos, mafias que explotan a los migrantes, empresas nacionales y multinacionales que destruyen la naturaleza, construyen muros contra los migrantesy les cierran sus puertos, no les dan papeles ni los reconocen como ciudadanos, no ayudan a que todos tengan techo, trabajo y tierra, fomentan la ideología del mercado y el consumismo, y todo ello con una globalización que destruye culturas locales, busca únicamente el lucro, ganancias, bienestar material, sin ninguna sensibilidad por los que quedan al margen. Se fomenta la violencia, la venganza, el odio, no hay diálogo ni perdón.
  2. El hombre herido, son todas las víctimas del sistema actual. La pandemia ha desnudado estas situaciones de marginación y vulnerabilidad de los sectores pobres, la falta de recursos sanitarios para todos, las grandes diferencias sociales entre países y continentes, el peligro de que la vacuna no llegue a todos. Hay que escuchar el clamorde los pobres, de las mujeres, de los indígenas, de los niños y ancianos.
  3. Los que pasan de largo, son los dirigentes políticos, sociales y también religiosos que no se comprometen, se limitan a pronunciamientos, buscan sus intereses nacionales y populares, se dejan corromper, cierran los ojos a los desastres, no cumplen lo prometido, creen que “la situación no es tan grave, que la ciencia y la técnica todo lo arreglará, o por el contrario, que todo está tan mal que ya no hay remedio”.
  4. El Buen Samaritano, miembro de un pueblo que en tiempo de Jesús era tenido como hereje, pagano, cismático e indeseable, representa a todas las personas de buena voluntad, que desde cualquier religión o sin ella, ayudan al necesitado, al prójimo, buscan la colaboración de otros. Son los que van más allá de su cultura y nación, se abren a toda la humanidad, al extranjero, al necesitado, al pobre y marginado.

Pero Francisco no se limita a exhortar a curar a los heridos de hoy, sino que propone un cambio global de sociedad para evitar que estos hechos se vayan reproduciendo: luchar contra las causas estructurales de la pobreza y la desigualdad, la falta de trabajo, tierra y vivienda, la prioridad a la vida de todos por encima de la apropiación de bienes de algunos.

El Papa sueña y piensa  en otra humanidad, no se mueve en la lógica del lucro personal para unos pocos, sino en la lógica de la solidaridad, la cooperación, la interdependencia y la corresponsabilidad, la amistad social, el caminar hacia un mundo de paz.

Jesús nos presenta en la parábola tres miradas diferentes en cada uno de los tres personajes que pasan por el camino. Dos de ellos parecen tener algún problema de visión, porque ambos «dan un rodeo».  Están al tanto de lo que ocurre, y dan un rodeo. Tienen una mirada «calculadora», han visto por dónde no tienen que ir, y los dos «pasan de largo». 

¿Y qué han visto aquellos dos para decidirse a dar el rodeo? Han visto que aquel que está en la cuneta les puede retrasar de sus obligaciones, dudan “si realmente está herido, o es una trampa». Han visto que, según las leyes religiosas, si se manchan de sangre o tocan un cadáver, quedarían impuros, y tan satisfechos que vienen del Templo, su culto y  su oración ritualista que no le has dejado ver allí a un prójimo, incluso se los ha impedido, han visto a alguien ante quien mejor es dar un rodeo, «ese» no es su problema.

 Sólo la tercera mirada, la de un Samaritano, mira al herido con compasión.  La compasión no brota de cumplir los ritos, mandamientos y leyes. La compasión no brota de hacer una reflexión o un análisis de la realidad. La compasión o misericordia se despierta en nosotros por medio de una mirada atenta y responsable al que sufre, que le hace «acercarse», por más que pueda implicar algunos  inconvenientes. Las distancias, mirar desde lejos, mirar con prejuicios  son un buen «antídoto» contra la «humanidad». Nos hacen inhumanos.

Como discípulos de Jesús, lo que hace que seamos hermanos, es el no cerrar los ojos ante el sufrimiento de las personas, es aprender a acercarse y mirar de cerca el rostro de los que sufren como Jesús: con ojos compasivos. Esta mirada nos libera del egoísmo que bloquea nuestra compasión, y de la indiferencia.

Al final de la parábola, Jesús pregunta al Maestro de la Ley: «¿Quién de los tres viajeros se ha hecho prójimo del herido?». La pregunta que hemos de hacernos es:  quien mira a las personas con compasión,  ¿quién está necesitado de que yo me acerque y me haga su prójimo? ¿Qué necesita ese que anda tirado y abandonado.  El discípulo de Jesús que conoce la compasión de Dios para con todos se acerca a todo el que sufre, cualquiera que sea su raza, su origen o su ideología. No se pregunta «a quién debo amar» o «ayudar», sino quién me necesita cerca. Esta pregunta marca nuestro ser cristiano.

El compromiso de los gesto

Este samaritano sencillamente, responde a la necesidad de un herido, inventando toda clase de gestos para aliviar su sufrimiento y restaurar su vida. 

Nunca haremos lo suficiente ante tanto dolor como hay en nuestro mundo. Pero lo decisivo es romper la indiferencia y vivir sembrando gestos de bondad, y promoviendo respuestas eficaces.

         Jesús le dice: “Vete y haz tú lo mismo”

Ahora sabemos lo que hemos de hacer: 

+ Mirar al que sufre sin dar rodeos, abrir los ojos atentamente a tantos hombres y mujeres asaltados, robados, golpeados, abandonados en los mil caminos de la vida. 
+ Acercarnos a las cunetas de la vida, no importa quiénes son los que están allí caídos.
+ Hacernos cargo, levantarles, y hacer lo que podamos para aliviar y ayudar al hermano.

 

 

Graciela Arandia de Hidalgo



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