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jueves 21 noviembre 2019
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Seguir a Jesús significa optar por Él en cada circunstancia de nuestra vida, dice el Padre Juan Crespo desde la Catedral

La homilía del Padre Juan Crespo estuvo referida al amor, la fidelidad y el seguimiento Cristiano. En ese sentido, habló de las dificultades que pueden hacer tambalear nuestra perseverancia y nuestra fe hasta creer que el lenguaje de Cristo “es muy duro”. “Creer y vivir el misterio del ‘Pan de Vida’ fue –para los discípulos de Jesús- el toque de distinción del verdadero seguidor de Cristo.  Y hoy también lo es” afirmó.

El Vicario General de la Arquidiócesis de Santa Cruz, Padre Juan Crespo Gutiérrez, presidió la Eucaristía desde Catedral Metropolitana en ausencia de Monseñor Sergio Gualberti quien acaba de retornar de Medellín-Colombia donde participó del Congreso Eclesial en ocasión de los 50 años de la histórica Conferencia de Medellín.

Para aprovechar el ‘Pan de vida’ Nuestra fe tiene que ser firme y perseverante

La reflexión dominical atendió la última parte del mensaje sobre “el pan de vida” donde el lenguaje de Jesús comienza a escandalizar a sus seguidores. Al respecto, el Padre Juan indicó que “Conviene señalar que los planteamientos de Jesús son opción y vida y van más allá de las ideologías e instituciones” situación que fue difícil de entender para los discípulos de Jesús de todos los tiempos.

“Pero para aprovechar este alimento hay que tener fe. Si no tenemos fe en este Pan, nos puede suceder como a Judas. Él era uno de los presentes.  Sabemos cómo terminó Judas” señaló el Padre Juan al tiempo que agregó que “Nuestra fe tiene que ser firme y perseverante. No podemos hacer lo de Judas, que comenzó siguiendo a Jesús y terminó vendiéndolo por unas cuantas monedas de plata” indicó.

Seguir a Jesús significa optar por Él en cada circunstancia de nuestra vida

En una realidad más cercana a la nuestra, el vicario General de la Arquidiócesis señaló que “Puede suceder que inicialmente elegimos a Dios, pero no basta elegir a Dios una sola vez en la vida y olvidarnos de Él.  Esa elección hay que renovarla constantemente, en especial ante ciertas disyuntivas…. Seguirlo a Él significa optar por El en cada circunstancia de nuestra vida. No basta elegirlo una sola vez y después irnos desviando poco a poco: nuestra elección tiene que ser renovada, constante y permanente” indicó.

También hoy en la Iglesia Jesús nos dice “¿También ustedes quieren dejarme?”. Y nuestra respuesta no puede ser otra que la de Pedro: “¿A dónde iremos, Señor si sólo Tú tienes palabra de Vida Eterna?”.

En ese mismo sentido, agregó que también puede suceder esto con el nuevo Pueblo de Dios, quienes hoy formamos la Iglesia “Esa elección hay que renovarla continuamente, en especial ante las disyuntivas difíciles, o ante otros escándalos… Esa elección se nos presenta también a nosotros. Y Cristo nos dice: “¿También ustedes quieren dejarme?”.  Y nuestra respuesta no puede ser otra que la de Pedro: “¿A dónde iremos, Señor si sólo Tú tienes palabra de Vida Eterna?”.

El Amor matrimonial es de entrega absoluta a ejemplo de cómo Cristo se ha entregado por la Iglesia

En la carta a los Efesios, San Pablo presentó el “amor matrimonial” en lo que el Padre Crespo puntualizó que desde el punto de vista cristiano la clave de este amor está en el “amor como el de Cristo a su Iglesia”.

En ese sentido pensó que “Muchos cónyuges dirán “duras son estas palabras” y seguirán con las infidelidades, el descuido en la concepción y educación de los hijos, con un sentido egoísta y funcional de la familia. Rechazando el compromiso y la fidelidad que el sacramento del matrimonio nos compromete”.

El Padre Crespo señala que para hablar del matrimonio cristiano se habla del romance de Cristo con su Iglesia “el matrimonio debe entenderse así en su realidad radical; es un romance de amor, de entrega, de generosidad, de fidelidad, de servicio, de dar la vida el uno por el otro, como Cristo y la Iglesia. Este romance de amor tiene todo su sentido si el amor de los esposos toma como prototipo el de Cristo a su Iglesia… Los cristianos viven, pueden vivir todos esos amores, sin duda, y los necesitan. Pero el que da sentido al matrimonio “cristiano” es el amor de entrega absoluta a ejemplo de cómo Cristo se ha entregado por la Iglesia. Es de la donación total a la persona amada” indicó.

El amor verdadero es una invitación al servicio mutuo

“Por eso Josué nos dirá “Yo y mi familia serviremos al Señor” porque el amor verdadero es una invitación al servicio mutuo a fiarse totalmente en el otro, hasta ser capaz de sacrificarse por quien se ama”.

Este es el misterio de la “eucaristía” donación total de Dios hasta hacerse pan y alimento para la humanidad, “Pan partido para la vida del mundo” solo en este misterio se puede entender la entrega total, la donación total, de morir por la persona amada.

La fidelidad en Cristo en la vida matrimonial como en la vida sacerdotal encuentra su sentido en el Amor que Él nos tuvo: Él nos amó primero. La respuesta debe ser mutua.

HOMILÍA DEL VIARIO GENERAL DE LA ARQUIDIÓCESIS DE SANTA CRUZ, PADRE JUAN CRESPO GUTIÉRREZ

BASÍLICA MENOR DE SAN LORENZO MÁRTIR

DOMINGO 26 DE AGOSTO DE 2018

AMOR: Fidelidad y Seguimiento.

Este  domingo  es muy especial, a nivel Arquidiocesano  se inaugura el mes de la Biblia con la Feria de la Biblia; a nivel Latinoamericano recordamos los 50 años de la segunda  Conferencia Episcopal Latinoamericana,  a  tres años desde la clausura del Concilio Vaticano II  los Obispos de esta región del mundo se  reunieron para aplicar sus Conclusiones, tomando como tema central “La Iglesia en la actual transformación de América Latina a la luz del Concilio”, siendo hoy  válidos y proféticos los aportes de Medellín   y a nivel Universal, se celebra el Noveno Encuentro Mundial de Familias en Irlanda, Dublin. Donde el Santo Padre Francisco ha anunciado el Evangelio de  la familia.

En el Evangelio de este domingo,  en la última parte del capítulo sobre el Pan de Vida como momento culminante, y ante las afirmaciones tan rotundas de la teología Joánica sobre Jesús y la eucaristía, provoca en  los oyentes que no aceptan que Jesús pueda dar la vida eterna, reacciones encontradas.

Desde un punto de vista personal y cercano, para todos y cada uno de los que participamos en esta celebración litúrgica ¿cómo interpretamos la expresión “este modo de hablar es duro”? ¿es “duro” de entender el Evangelio?. Los discípulos escandalizados,  abandonan a Jesús, abandonan a la comunidad.

Todo el horizonte evangélico es bellísimo pero hay que partir para su contemplación de una cierta disponibilidad que se podría despertar sopesando lo que se vive y contemplando el mundo que se divisa. Pero la eucaristía es solamente un anticipo, no es toda la realidad de lo que nos espera en la comunión con la vida de Cristo. Por ello se recurre al símil del Hijo del hombre que ha de ser glorificado, como nosotros hemos de ser resucitados.

Conviene señalar que los planteamientos de Jesús son opción y vida y van más allá de las ideologías e instituciones qué bien lo resumió El en aquello de “Yo soy el camino, verdad  y vida”…para lograr la sintonía con Dios “en, por y con Jesús” se pasa por una serie de eventualidades que resultan difíciles y en cada persona se concreta en una serie de circunstancias.

Jesús es muy claro en sus manifestaciones  con   dos palabras  claves: Espíritu y Vida. Esta Vida  del Espíritu se nos anuncia mediante el único  Pan de Vida que es Cristo Eucaristía y Cristo Palabra. Así la Iglesia no ha dejado de tomar de la mesa y de distribuir a los fieles el Pan de Vida, tanto de la Palabra de Dios como del Cuerpo de Cristo, sobre todo en la Sagrada Liturgia.

Los presentes no lograban entender, mucho menos aceptar, cómo los alimentaría con su propia carne.  Y Jesús da una explicación un tanto difícil de captar: “¿Qué sería si vieran al Hijo del hombre subir a donde estaba antes?  El Espíritu es quien da la vida; la carne para nada aprovecha”.

¿Qué puede significar esa explicación del Señor?  Eso de comer la carne, que parece cosa muy terrenal, se justifica en el caso del Pan de Vida, porque esa carne es la de Cristo resucitado.  Es decir: El Señor nos está hablando de una realidad material transformada en una realidad espiritual por el Espíritu.  Y como es el Espíritu el que actúa, por eso da vida, Vida Eterna.

Pero para aprovechar este alimento hay que tener fe. Si no tenemos fe en este Pan, nos puede suceder como a Judas. Él era uno de los presentes.  Sabemos cómo terminó Judas.

Si nos fijamos bien, este pasaje del Evangelio da a entender que Judas pudo haber comenzado a apartarse de Jesús al escandalizarse también con este Pan.  Dice el Evangelio: “En efecto, Jesús sabía desde el principio quiénes no creían en El y quién lo habría de traicionar”.

Nuestra fe tiene que ser firme y perseverante.  No podemos hacer lo de Judas, que comenzó siguiendo a Jesús y terminó vendiéndolo por unas cuantas monedas de plata.

Puede suceder que inicialmente elegimos a Dios, pero no basta elegir a Dios una sola vez en la vida y olvidarnos de Él.  Esa elección hay que renovarla constantemente, en especial ante ciertas disyuntivas.

Seguirlo a Él significa optar por El en cada circunstancia de nuestra vida. No basta elegirlo una sola vez y después irnos desviando poco a poco: nuestra elección tiene que ser renovada, constante y permanente.

Lo mismo  sucede con el Nuevo Pueblo de Dios, todos nosotros que formamos su Iglesia de hoy.  Esa elección hay que renovarla continuamente, en especial ante las disyuntivas difíciles, o ante otros escándalos.

Esa elección se nos presenta también a nosotros. Y Cristo nos dice: “¿También ustedes quieren dejarme?”.  Y nuestra respuesta no puede ser otra que la de Pedro: “¿A dónde iremos, Señor si sólo Tú tienes palabra de Vida Eterna?”.

Creer y vivir el misterio del “Pan de Vida” fue en ese momento el toque de distinción del verdadero seguidor de Cristo.  Y hoy también lo es.

En la Carta a los Efesios,  presenta San  Pablo el “amor matrimonial”: cristianamente hablando la clave está en un “amor como el de Cristo a su Iglesia”. Muchos cónyuges dirán “duras son estas palabras”  y seguirán con las infidelidades, el descuido en la concepción y educación de los hijos, con un sentido egoísta y funcional de la familia. Rechazando  el compromiso y la fidelidad que el sacramento del matrimonio nos compremete.

El Apóstol trata de hacer una lectura de la familia  aplicando los principios de la eclesiología: la Iglesia no es nada sin su Señor, que ha dado su vida por ella. Eso no  es lo mismo en el matrimonio, donde hombre y mujer están en el mismo plano de igualdad, pero donde cada uno desempeña su papel y su misión. La sumisión es de uno a otro si se entiende positivamente, ya que en el matrimonio no hay sumisión, sino entrega mutua. Entrega mutua que al igual de la entrega de Jesucristo en la eucaristía se hace perfecta donación el uno para el otro.

Pues a pesar de todo, como el prototipo de esta forma de hablar es el romance de Cristo con su Iglesia, el matrimonio debe entenderse así en su realidad radical; es un romance de amor, de entrega, de generosidad, de fidelidad, de servicio,  de dar la vida el uno por el otro, como Cristo y la Iglesia. Este romance de amor tiene todo su sentido si el amor de los esposos toma como prototipo el de Cristo a su Iglesia. Quiere eso decir que el amor del que aquí se habla es el de pura amistad,  que es un amor específico. Los cristianos viven, pueden vivir todos esos amores, sin duda, y los necesitan. Pero el que da sentido al matrimonio “cristiano” es el amor de entrega absoluta a ejemplo de cómo Cristo se ha entregado por la Iglesia. Es de la donación total a la persona amada.

Por eso Josué nos dirá ”Yo y mi familia serviremos al Señor” porque el amor verdadero es una invitación al servicio mutuo  a  fiarse totalmente en el otro, hasta ser capaz de sacrificarse por quien se ama.

Este es el misterio de la “eucaristía” donación total de Dios hasta hacerse pan y alimento para la humanidad, “Pan partido para la vida del mundo” solo en este misterio se puede entender la entrega total, la donación total, de morir por la persona amada.

Igualmente se puede hacer el planteamiento en la Iglesia. Por una parte hasta qué punto se  es fiel al mensaje evangélico y en épocas, grupos y personas se ha caminado  en huidas y mediocridades y se han dado demasiadas condescendencias para no hacer “tan duro el Evangelio”… La consecuencia será  “la graciosa huida” de tantas personas que no encuentran en ella lo convincente y apasionado del Evangelio.

La fidelidad en Cristo en la vida matrimonial como en la vida sacerdotal encuentra su sentido en el Amor que Él nos tuvo: Él nos amó primero. La respuesta debe ser mutua.

La Eucaristía no se celebra desde la memoria del pasado solamente: la muerte de Jesús en la cruz. Es también un sacramento escatológico que adelanta la vida que nos espera tras la muerte. Esto es lo admirable de la eucaristía. Jesús, pues, les pide a sus discípulos, a los que se quedan, si están dispuestos a llegar hasta el final, a estar con El siempre, más allá de esta vida. Las palabras de Pedro, que son una confesión de fe,  descubren la verdadera respuesta cristiana: ¿A dónde iremos? ¡Tú tienes palabras de vida eterna!

Para nosotros, es importante recordar estas palabras de Pedro. En los momentos de dificultad y vacilación, cuando sentimos la tentación de abandonar a Jesús, de dejar la comunidad, de entregarnos a una vida cómoda y descomprometida, cuando todo se nos hace cuesta arriba, estas palabras se pueden convertir en nuestra oración: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.” Seguro que en ellas y en la gracia de Dios encontramos la fuerza para volver a empezar.

Oficina de prensa de la Arquidiócesis de Santa Cruz 

 

 

Encargado


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