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sábado 30 mayo 2020
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En estos días difíciles que estamos viviendo “no tengamos miedo” y Renovemos nuestra fe en Dios, pide Arzobispo

Campanas. Desde la Basílica Menor de San Lorenzo Mártir – Catedral, y respetando la Cuarentena por el Coronavirus, hoy miércoles 25 de marzo a las 08:00 am, el Arzobispo de Santa Cruz, Mons. Sergio Gualberti, celebró la misa de la Solemnidad de la “Anunciación del Señor”. En su homilía el prelado nos pidió que en estos días difíciles que estamos viviendo en todo el mundo, no tengamos miedo  y que  Renovemos nuestra fe en la presencia y actuación de Dios en nuestra historia y en nuestra vida, no estamos a la merced del azar ciego y de la muerte, sino de su corazón providente de Padre.

Homilía de Mons. Sergio Gualberti, Arzobispo de Santa Cruz

 “ANUNCIACION DEL SEÑOR”

Amados hermanos y hermanas, en este clima casi surreal de la cuarentena por el coronavirus, celebramos hoy la solemnidad de la “Anunciación del Señor”, la noticia asombrosa del Angel Gabriel a la Virgen María: “¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo…. Concebirás y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús, el Será grande y será llamado Hijo del Altísimo“.

Este anuncio gozoso vuelve a resonar hoy para toda la humanidad: el niño que se va gestando en el seno virginal de María es el Hijo del Altísimo“, el Hijo de Dios que viene a traer vida y a salvar a la humanidad. La palabra de Dios nos habla de este misterio, nos presenta ante todo y sobre todo al Señor que se hace visible y presente en nuestra historia humana para traernos la vida y la salvación.

Este acontecimiento es la coronación de lo anunciado por el profeta Isaías al rey de Israel, como hemos escuchado en primera lectura: el nacimiento de un niño que se llamará Emanuel, el Dios con nosotros y que traerá una época de prosperidad. Esta noticia esperanzadora de que Dios se hará presente y cercano a su pueblo, se cumple paulatinamente en la historia del pueblo elegido y se hace realidad plena en Jesús, cuyo nombre significa El Salvador.

En la 2da lectura de la carta a los Hebreos, Jesús mismo dice el por qué ha venido entre nosotros:” Yo vengo para hacer, oh Dios, tu voluntad”. Y la voluntad de Dios Padre es hacer partícipe de su vida divina a la humanidad entera, salvándola de la esclavitud del mal. Para eso Jesús se ha hecho uno de nosotros y ha asumido nuestra naturaleza humana. Toda su vida, ha sido cumplir la voluntad de Dios: muy a menudo se retiraba en lugares solitarios a orar para que todo lo que predicaba y hacía estuviera en comunión plena con el Padre. Su fidelidad a la voluntad de Dios y su solidaridad con nuestra condición humana llevó a Jesús al extremo de entregar libremente su vida en la cruz.

Sin embargo, para que Dios cumpliera su plan de vida, junto al sí de Jesús, hacía falta otro sí, el de una mujer: María. El encuentro de estos dos “sí“, el sí divino y el sí humano, ha abierto las puertas para que Dios cumpla su plan de salvación. El sí de María es un sí consciente y sufrido que pasa por el desconcierto. El Angel se encarga de serenarla: “No temas, María, porque Dios te ha favorecido”.

De la misma manera el Ángel despeja su duda muy razonable:¿Cómo puedo ser madre, si yo no tengo relación con ningún hombre? “El Espíritu Santo descenderá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso ese niño será Santo y será llamado Hijo de Dios”. Aceptando ser la madre de Jesús, María no pierde su virginidad sino que esta asume un nuevo sentido espiritual: ser el signo de la pobreza radical de la criatura humana ante Dios y de la disponibilidad de persona creyente al proyecto del Señor.

Confiada en estas palabras María dice sí a Dios y a su voluntad, un sí a la vida, aun sabiendo que por la ley judía podía sufrir la marginación, el rechazo del pueblo y hasta la lapidación: “Yo soy la servidora del Señor, que se haga en mí según tu Palabra”. La actuación de Dios nos sorprende; elige a una joven humilde de una pequeña aldea del campo, para hacer grandes cosas.

De esta manera, en ella resalta el poder de Dios, como María misma proclama ante su prima Isabel: “Mi alma engrandece al Señor,… porque se fijó en la humildad de su servidora…. Porque obras grandes hizo en mí el Poderoso”.

María desde ese primer momento profesa la obediencia de la fe y se abandona por completo a la voluntad Dios. Es un sí que le acompaña a lo largo de toda su vida, que le da la fortaleza de superar dudas y dolores, de acompañar a su hijo Jesús durante toda su vida en Nazareth y en su ministerio público hasta los pies de la cruz.

Jesús y María nos han trazado el camino para que recibamos el don de la gracia que salva: cumplir la voluntad de Dios, decir nuestro sí sincero a Él, sabiendo que es el sí a su amor y a la vida para siempre, porque Él es el Dios de la vida y por eso nos ha creado.

En estos días difíciles por todo el mundo, no tengamos miedo en  abandonarnos en sus manos de Padre, porque detrás de sus designios misteriosos, está su amor y nuestro bien. Renovemos nuestra fe en la presencia y actuación de Dios en nuestra historia y en nuestra vida, no estamos a la merced del azar ciego y de la muerte, sino de su corazón providente de Padre.

El Ángel Gabriel esta mañana nos repite a cada uno de nosotros: ”No temas”. Confiados en su palabra, de la mano de la Virgen María y siguiendo los pasos de Jesús digamos: “Aquí estoy Señor para hacer tu voluntad”. Con el Señor a nuestro lado, miremos al futuro con esperanza y sigamos adelante firmes en la fe y animados por la fuerza del Espíritu del Señor.  Amén

Graciela Arandia de Hidalgo



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