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martes 17 septiembre 2019
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Dejar la indiferencia y ser solidarios con los discapacitados pide Monseñor Sergio en su homilía

Este 4º domingo de Pascua o domingo del Buen Pastor, en la Iglesia está dedicado a la oración por las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada, oportunidad para que tomemos conciencia de la gran importancia de orar para que jóvenes y señoritas escuchen el llamado del Señor y con generosidad decidan seguir sus huellas.

Seguir los pasos de Jesucristo es entregar la vida por amor al Evangelio y a los hermanos, para compartir con ellos la alegría y la gracia de haber descubierto la vida nueva del Resucitado. En el Evangelio de San Juan, del que hemos escuchado unos pocos versículos, encontramos a Jesús que se presenta como un Pastor que conoce a sus ovejas, las guía, las acompaña, las defiende y da la vida por ellas. “Yo conozco a mis ovejas… ellas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos”. Jesús es en verdad el Buen Pastor, está con sus seguidores y los conoce personalmente, comparte su vida cotidiana y entabla con ellos lazos de amistad y amor.

Esta entrega total de Jesús está en clara contraposición con las funciones, comportamientos y actitudes de las autoridades políticas y religiosas del pueblo de Israel de entonces que, al igual que asalariados y mercenarios, se preocupaban sólo por sí mismos y sus intereses, descuidando el bien del pueblo y dejándolo a la merced de los lobos, de los prepotentes y abusivos.

Ya en el A.T. los profetas y los salmos presentaban a Dios como el Pastor que tiene un inmenso amor para con el pueblo elegido, que se preocupa por él y lo defiende, versus los malos pastores. Sin embargo ahora Jesús, al definirse como el Buen Pastor, asume en plenitud la misma misión del Padre, con un aspecto nuevo y decisivo: Él es el pastor verdadero que no duda en entregar su vida para dar vida y liberar de la esclavitud de la muerte y del pecado a los que lo siguen. Jesús no solo nos hace saborear la vida en abundancia en nuestra existencia terrenal, sino que nos da la vida en plenitud y para siempre: “Yo doy la vida eterna a mis ovejas”. Ante semejante actitud de entrega y amor, las ovejas responden poniendo toda su confianza en Él: “Mis ovejas escuchan mi voz… y ellas me siguen”. De la misma manera nosotros tenemos que poner toda nuestra atención para descubrir a Jesús como el Buen Pastor que actúa en nuestra vida, conocerlo, encontrarlo personalmente y seguirlo sin miedo, seguros de que nadie nos arrebatará de sus manos y que en él se apaga el deseo de felicidad y de amor que tenemos en nuestro corazón.

El Papa Francisco ha enviado un mensaje para esta Jornada por las vocaciones, recordando que “la comunidad cristiana está siempre presente en el surgimiento, formación y perseverancia de las vocaciones”. La vocación nace en la Iglesia, crece en la Iglesia y está sostenida por la Iglesia. Por eso, el Papa nos llama a todos a tomar conciencia de nuestra responsabilidad por las vocaciones, y a orar por las personas que perciben la llamada de Dios y acompañarlas con nuestro afecto y apoyo. Después de la comunión tendremos le testimonio de un joven seminarista, que nos hablará de su decisión de seguir a Jesús el Buen Pastor. Cumpliendo con humildad la misión de Pastores que Jesús nos ha confiado, los obispos reunidos en la 101 Asamblea, hemos publicado el martes pasado hemos publicado el martes pasado mensaje del que paso a presentar dos puntos. El primero, acerca de las reacciones suscitadas con la publicación sobre Carta Pastoral sobre el Narcotráfico y la Drogadicción: “Hoy pongo ante ti la vida o la muerte”, los obispos afirmamos que: “ Como pastores y ciudadanos, en continuidad con pronunciamientos de décadas pasadas, hemos querido expresar nuestra preocupación desde la responsabilidad moral que tenemos y hacernos eco del clamor de tantas personas y familias que sufren las heridas causadas por el creciente tráfico y consumo de drogas ilícitas. Reconocemos los esfuerzos y alcances que desde varios años se están dando para combatir el narcotráfico, sin embargo, creemos que hace falta dar pasos más decididos por parte de todos. Esta reflexión pastoral es un llamado a la conciencia y un aporte más para colaborar a un diálogo sincero y abierto entre las diversas instancias de la sociedad, cada una en lo que le corresponde, a fin de que tomemos en cuenta la magnitud y gravedad del problema que amenaza la convivencia pacífica y democrática del país. En efecto el narcotráfico, además de causar la drogadicción, trae consigo violencia, corrupción, mentiras, injusticias y muerte. No tengamos miedo de mirar la cara de esta realidad nefasta, ni seamos pasivos, ni resignados en afrontar las verdades incómodas que conlleva este problema. Por el contrario, las fuerzas vivas de la sociedad hagamos causa común, convencidos que la unidad y la verdad son el camino para liberarnos de este mal, como nos  indica el Papa Francisco: “la plaga del narcotráfico, que favorece la violencia y siembra dolor y muerte, requiere un acto de valor de toda la sociedad” (Rio de Janeiro). Es el momento de decidir: “Yo he puesto delante de ti la vida y la muerte…. Elige la vida”  (Dt 30,19). El segundo tema se refiere a otro signo de muerte en nuestro país: la práctica del aborto impune, que se opone al mandato de Dios de defender el don de la vida que él nos ha dado, desde la concepción hasta la muerte natural. “Hace poco el Ministerio de Salud ha enviado a los Hospitales y centros de salud la Resolución Ministerial No. 1508 del 24.11.2015 con el protocolo para la práctica de la así pretendida “interrupción del embarazo”, a aplicarse en los casos de violación y de grave riesgo para la salud y la vida de la madre.

El protocolo indica implementar el aborto impune, porque de esto se trata, hasta las veintidós semanas de gestación, dejando la decisión a la discrecionalidad de la mujer y del médico. Consideramos que este protocolo, además de inconstitucional, no sólo niega el derecho a la vida del niño concebido, sino que pone en peligro la misma salud de la madre que se pretende preservar. El caso es aún más grave porque obliga a los médicos a practicar el aborto, hecho que viola la libertad y el ejercicio de la profesión médica. Es urgente que las instancias judiciales correspondientes se pronuncien sobre la constitucionalidad de ese protocolo, y reconozcan el derecho a la vida del niño por nacer, la objeción de conciencia de los médicos y la opción de abstenerse de practicar un aborto en cualquiera de sus fases. La profesión médica puede y debe proteger la salud de la madre sin sacrificar a la vida del hijo. Nos preocupa la situación de las mujeres víctimas de la violencia, en especial del crimen de violación, y la sociedad tiene que apoyarlas con todos los medios necesarios, psicológicos, médicos, espirituales y materiales, para que puedan llevar adelante la maternidad en el mejor modo posible”. Por último me refiero a un hecho que debería cuestionarnos en lo más profundo: la indiferencia y el trato insensible ante la larga y difícil marcha de los hermanos discapacitados hacia la ciudad de La Paz, en busca de una mayor atención del Estado.

Lo más triste es la actitud de algunos pueblos y comunidades que a lo largo del camino, no sólo les han negado su ayuda, sino que los han atemorizado, acatando consignas inhumanas de sus dirigentes. En mi memoria, nunca se ha negado una ayuda humanitaria y solidaria a todas las marchas, independientemente de los motivos de la movilización. La indiferencia y hostilidad en este caso, es un serio llamado de atención para nuestra sociedad: además de desconocer el llamado del Señor a la misericordia y al amor al prójimo, estamos perdiendo la solidaridad y sensibilidad humana, hecho más grave por tratarse de personas discapacitadas. Reaccionemos ante estas actitudes de indiferencia y seamos solidarios con estos hermanos nuestros para que pronto se de una solución justa y digna a su pedido. Amén.

Graciela Arandia de Hidalgo



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