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jueves 19 septiembre 2019
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Cuaresma, tiempo del silencio interior para vencer las tentaciones y hacer claridad en nuestra vida, dice Monseñor Sergio

El Prelado cruceño habló de las tentaciones de Jesús y nuestras tentaciones de cada día, pidió aprovechar la cuaresma como un tiempo de silencio interior para hacer claridad en nuestra vida, destapar los pecados, los males y los falsos ídolos que ahí anidan, despojarnos de ellos y salir de nuestras falsas seguridades para hacer campo a Dios el verdadero y sumo bien.

Este primer domingo de cuaresma y desde la Catedral Metropolitana de Santa Cruz, Monseñor Sergio reflexionó sobre las tentaciones de Jesús en el desierto señalando que “La tentación es siempre una opción entre dos amores: ganamos cuando elegimos a Dios el amor más grande, y perdemos cuando optamos por amores engañosos y pasajeros, o peor todavía cuando optamos por el mal”.

En ese sentido afirmó que “Las tentaciones de Jesús se refieren propiamente a su ser “hijo de Dios” y su misión de Mesías. Él tiene que elegir entre el “primado de Dios”, de la vida y del amor o el “primado de Satanás”, el enemigo de Dios y del hombre, la potencia maléfica que divide y que siembra muerte. Satanás busca retener a Jesús de su misión a través de las tentaciones del materialismo, la magia religiosa y la idolatría del poder, el dinero, el prestigio y el sexo”.

El Prelado recordó que “Jesús, citando la palabra de Dios, desenmascara ese gran engaño y escoge a Dios, el auténtico bien para  todo hombre, se proclama siervo y no dueño del plan de salvación y emprende el camino de la solidaridad, la verdad, el amor y el servicio hasta la entrega total de su vida en la cruz”.

“La tentación de Jesús de pensar y actuar conforme a la lógica del mundo y no conforme a la palabra de Dios, es la que está presente en nuestra vida de cada día. Es la lucha y la tensión entre el bien que vemos, pero que nos parece inalcanzable y lejano y el mal que luce más fácil y accesible” señaló Monseñor a tiempo de añadir que precisamente por eso, “La cuaresma es el tiempo del silencio interior para hacer claridad en nuestra vida, destapar los pecados, los males y los falsos ídolos que ahí anidan, despojarnos de ellos y salir de nuestras falsas seguridades para hacer campo a Dios el verdadero y sumo bien”.

Conviértanse” es el llamado de Jesús a “volver de todo corazón a Dios” nuestro único bien.

Vencidas las tentaciones e iniciada su misión, Jesús exhorta a convertirse y creer en el evangelio “Conviértanse” es el llamado de Jesús a “volver de todo corazón a Dios” nuestro único bien, a dar nuestra adhesión activa y amorosa a su Reino y a buscar la renovación interior, la transformación de nuestra mentalidad y el cambio profundo y radical de nuestro modo de ser y vivir, exhortó el Arzobispo cruceño.

“Convertirnos y creer en el Evangelio implica también cumplir con las prácticas cuaresmales, del ayuno, penitencia y caridad. Concretamente en estos días tenemos la urgencia de solidarizarnos con tantos hermanos y hermanas que sufren las consecuencias de las inundaciones y tenderles las manos en sus muchas necesidades. Qué a través de nuestros gestos y ayudas fraternas, experimenten la cercanía del Señor que les abre nuevos horizontes de esperanza” puntualizó.

HOMILÍA DE MONSEÑOR SERGIO GUALBERTI, ARZOBISPO DE SANTA CRUZ

DOMINGO 18 DE FEBRERO DE 2018

BASÍLICA MENOR DE SAN LORENZO MÁRTIR

El miércoles de ceniza hemos iniciado el tiempo litúrgico de la cuaresma, el camino de cuarenta días que nos prepara a la gran alegría de la Pascua. Seguimos los pasos de Jesús que, en la preparación inmediata a la misión apostólica y profética de hacer realidad la Buena Noticia del reino de Dios, fue “empujado por el Espíritu y se quedó cuarenta días en el desierto, dejándose tentar por Satanás”.

Empujado por el Espíritu… en el desierto”, Jesús fue conducido por el Espíritu desde los inicios de su misión hasta el final y mientras sufría la muerte, como víctima de la maldad humana, también fue vivificado en el Espíritu. Jesús es el hombre del Espíritu. Sigamos su ejemplo y dejémonos guiar por el Espíritu de vida que nos habilita y fortalece para vencer al pecado.

“En el desierto: en la Biblia el desierto es considerado símbolo de la experiencia espiritual intensa y decisiva, lugar de la prueba a la que una persona tiene que enfrentarse en su vida: elegir entre el bien y el mal. La tentación es siempre una opción entre dos amores: ganamos cuando elegimos a Dios el amor más grande, y perdemos cuando optamos por amores engañosos y pasajeros, o peor todavía cuando optamos por el mal.

Las tentaciones de Jesús se refieren propiamente a su ser “hijo de Dios” y su misión de Mesías. Él tiene que elegir entre el “primado de Dios”, de la vida y del amor o el “primado de Satanás”, el enemigo de Dios y del hombre, la potencia maléfica que divide y que siembra muerte. Satanás busca retener a Jesús de su misión a través de las tentaciones del materialismo, la magia religiosa y la idolatría del poder, el dinero, el prestigio y el sexo.

Jesús, citando la palabra de Dios, desenmascara ese gran engaño y escoge a Dios, el auténtico bien para  todo hombre, se proclama siervo y no dueño del plan de salvación y emprende el camino de la solidaridad, la verdad, el amor y el servicio hasta la entrega total de su vida en la cruz.

La tentación de Jesús de pensar y actuar conforme a la lógica del mundo y no conforme a la palabra de Dios, es la que está presente en nuestra vida de cada día. Es la lucha y la tensión entre el bien que vemos, que pero nos parece inalcanzable y lejano y el mal que luce más fácil y accesible. La cuaresma es el tiempo del silencio interior para hacer claridad en nuestra vida, destapar los pecados, los males y los falsos ídolos que ahí anidan, despojarnos de ellos y salir de nuestras falsas seguridades para hacer campo a Dios el verdadero y sumo bien.

Vencidas las tentaciones Jesús inicia su misión con un anuncio: “El tiempo se ha cumplido: El Reino está cerca”. Palabras cargadas de esperanza: Dios se hace cercano a nuestra historia a través de la persona, las palabras, actuación y vida de Jesús gastada haciendo el bien en favor de todos, en especial de los más pobres, débiles y marginados.

Conviértanse” es el llamado de Jesús a “volver de todo corazón a Dios” nuestro único bien, a dar nuestra adhesión activa y amorosa a su Reino y a buscar la renovación interior, la transformación de nuestra mentalidad y el cambio profundo y radical de nuestro modo de ser y vivir.

Y crean en el Evangelio”: Convertirnos, es creer en la Buena Noticia que Jesús por su pasión, muerte y resurrección ha traído la salvación para todos e instaurado la nueva y definitiva Alianza para llevarnos a Dios, cumpliendo a plenitud la primera Alianza de vida con la humanidad que Dios había sellado con Noé.

Convertirnos y creer en el Evangelio es vivir nuestro bautismo despojándonos del hombre viejo para revestirnos del hombre nuevo en Jesucristo y gozar de la gracia de la salvación. “Cristo padeció por los pecados –el justo por los injustos-  para que los llevara a ustedes a Dios… Por el bautismo ustedes son salvados”, son las palabras de la 1era carta de San Pedro que hemos escuchado. Por eso, la cuaresma es el tiempo favorable para redescubrir y valorar el don del  bautismo y asumir “el compromiso con Dios de una conciencia pura”, es decir una manera de pensar y de vivir acorde con el Evangelio.

Convertirnos y creer en el Evangelio implica también cumplir con las prácticas cuaresmales, del ayuno, penitencia y caridad. Concretamente en estos días tenemos la urgencia de solidarizarnos con tantos hermanos y hermanas que sufren las consecuencias de las inundaciones y tenderles las manos en sus muchas necesidades. Qué a través de nuestros gestos y ayudas fraternas, experimenten la cercanía del Señor que les abre nuevos horizontes de esperanza.

De la misma manera la Cuaresma nos llama a mirar a la luz del Evangelio otros hechos lamentables de estos días. Nos preocupa grandemente el enorme número de víctimas en el carnaval, más de cuarenta, a causa de las borracheras, la violencia, las explosiones en Oruro y otros motivos.

Estos graves hechos, además de vaciar el sentido alegre del carnaval, son injustificables y condenables de todo punto de vista y nos tienen que cuestionar. No podemos cerrar los ojos y quedarnos indiferentes. Como cristianos oramos por las víctimas de la tragedia de Oruro y nos solidarizamos con las familias sumidas en el dolor por la pérdida de sus seres queridos. Pero también esperamos que las investigaciones sean llevada en forma transparente y que se establezca la verdad de lo acontecido y las responsabilidades correspondientes, para despejar toda duda y especulaciones que generan un clima de incertidumbre y miedo en la población.

Por otra parte, en la inminencia de las manifestaciones programadas para los próximos días, hago un llamado a los distintos sectores de nuestro país a no caer en la tentación de recurrir a la fuerza, la violencia y los enfrentamientos que no ayudan a resolver los problemas y que causan dolor y muerte y hagamos que todo se desarrolle en forma democrática y pacífica.

Todo esto no será posible si confiamos solo en nuestras fuerzas,  necesitamos de la luz, la asistencia y el impulso del Espíritu. Por eso, en esta cuaresma intensifiquemos momentos de oración, de escucha de la Palabra de Dios, de vivencia de los sacramentos de la Eucaristía y la Penitencia. No nos dejemos vencer por la tentación de la apatía y la indiferencia y recurramos con Jesús los “senderos de amor y fidelidad que, cruzando por la pasión, nos llevan a la dicha de la Pascua. Amén.

Oficina de prensa de la Arquidiócesis de Santa Cruz

Graciela Arandia de Hidalgo



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